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La Biblia dice cosas que no están bien, y negarlo no es la solución

     La imagen va a raíz de la entrevista al historiador y teólogo Marcus J. Borg que publicamos anteriormente, y las muchas interesantes reflexiones que se pueden sacar de ella. Mucha gente se ofende al escuchar que la Biblia está equivocada en algunas de las cosas que dice porque creen que tiene un valor especial  (ya sea como Palabra de Dios o alguna otra forma más difusa de reverencia), pero si realmente están comprometidos con esa opinión entonces es más honesto devocional e intelectualmente asumir que hay cosas en ella que no están bien que simplemente ignorar las partes que no nos gustan. Si piensa que al hacerlo puede perder su fe, hay algunos puntos que pueden servir para iniciar una reflexión:

  • Para el cristianismo tradicional (sí, también los protestantes) la Biblia es una guía para la salvación, por lo tanto no hay que buscar ni esperar encontrar en ella verdades de otro tipo, por ejemplo, científicas. Que la Biblia esté equivocada al considerar aves a los murciélagos (Lev 11:19) parece irrelevante y poca cosa comparado con lo que de verdad importa, ¿no? Quizá también lo sea que el Universo no haya sido creado en seis días hace seis mil años, sino que tenga 13.700 millones de años. Entonces, ¿por qué no aceptar que en eso la Biblia está equivocada? 
  • Hay una serie de principios para la lectura de la Biblia que han demostrado ser más fructíferos y útiles que las lecturas “literales” o “al pie de la letra”. Por ejemplo, considerar siempre la intención del autor al escribir el texto y no asumir que la interpretación correcta es la que nos parece a nosotros. Hay dos dichos que resumen bien este principio: (1) “el texto, sin el contexto, no es más que un pretexto para hacerle decir lo que queremos que diga”; (2) “la Biblia fue escrita para nosotros, pero no directamente a nosotros”. Esto último significa que siempre debemos considerar la cultura y forma de pensar del escritor para entender el significado que él quería entregar, o si no además de distorsionarlo no vamos a entender nada.

  • Pero incluso cuando aplicamos principios de interpretación hay cosas con las que no podemos estar de acuerdo, como los ejemplos de la foto arriba (o Salmos 137:8-9). Lo único decente en esos casos, me parece, es rechazarlos de plano, y entender que si aparecen en el texto bíblico se debe a que sus escritores eran humanos, y como tales se equivocaban. La esclavitud en el Mundo Antiguo era algo que simplemente se daba por hecho; la violencia hacia la mujer es frecuente en las culturas patriarcales (hasta el día de hoy). Una forma básica de tratar esos textos problemáticos es aplicar la regla de oro, ponernos en el lugar del otro, y darnos cuenta de que también podemos aprender de los errores de la Biblia (al respecto ver: ¿Qué hacer con el problema de la violencia en los textos de la Biblia?).
  • Por último, insisto con el tema que ha aparecido en los últimos posteos: una doctrina de la inspiración divina no es necesariamente incompatible con la presencia en el texto bíblico de errores o cosas que están equivocadas (de hecho, parece casi imposible que no los tenga, y eso está bien). Para algunos cristianos que se asoman al tema esto es motivo de mucha preocupación y hasta rechazo, pero buscar la verdad implica seguirla aunque nos lleve a formas de pensar que no nos agradan (¿todavía?). Si ese es el motivo por el cual le cuesta aceptar aunque sea la posibilidad de que la Biblia esté equivocada, depende de usted ser fiel a sus convicciones. Se puede vivir feliz y contento sin preguntarse jamás nada sobre estos problemas, pero si uno se toma su fe en serio una vez que nos planteamos la pregunta no podemos seguir como si no pasara nada.

Respecto a este tema ver también la columna ¿Errores y contradicciones en la Biblia? del biblista argentino Ariel Álvarez Valdés, y el libro de Gordon Fee y Douglas Stuart La lectura eficaz de la Bibliaque pueden descargar en el enlace. Hasta la próxima.

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¿Qué hacer con el problema de la violencia en los textos de la Biblia?

Eric Seibert

Nuestro posteo anterior en que John Dominic Crossan explica cómo la Biblia promueve la igualdad y la justicia plantea un problema: que hay partes del Antiguo Testamento (y también del Nuevo Testamento) que no se condicen con esa visión sino que promueven la violencia, e incluso la violencia divina. Resulta difícil conciliar esa imagen de justicia y derecho con la matanza de bebés en el Salmo 137, el cual, con o sin razón, es uno de los pasajes de brutalidad bíblica más frecuentemente citados. Acerca de este tema, Peter Enns publicó recientemente en su blog una serie de tres partes escrita por Eric Seibert, profesor de Antiguo Testamento en el Messiah College, EE.UU., cuyos argumentos resumimos a continuación. Los posts (en inglés) son los siguientes: Parte 1, Parte 2, y Parte 3.

En el primero de los posts, Seibert llama a cuestionar las descripciones violentas de Dios. Su tesis central es que la Biblia nunca debiera usarse para herir a otros. Nos recuerda que aunque parece algo evidente esto no ha sido así, sino que se la ha usado, por ejemplo, para justificar guerras, oprimir a las mujeres, condenar a homosexuales y lesbianas, apoyar la esclavitud y legitimar los colonialismos.

La mayoría de los cristianos culpa de esto a las malas interpretaciones o intérpretes, pero Seibert dice que el problema es más profundo: que no todo lo que sale en la Biblia es bueno, ni bueno para nosotros. Esto puede parecer algo impensable para los cristianos, sobre todo para aquellos acostumbrados a pensar en la Biblia como la Palabra de Dios y por tanto por sobre toda crítica o reproche. Pero para Seibert cuestionar ética y teológicamente lo que leemos en la Biblia es un acto de fe: cuando reconocemos que la Biblia fomenta valores que debemos rechazar, alaba acciones que debemos condenar y describe a Dios en formas que no podemos aceptar; y luego le sigue la búsqueda de entender correctamente a esos pasajes y a Dios, de maneras en que no corramos el riesgo de lastimar a otros (ni a nosotros mismos). De no hacerlo así, si por ejemplo se aceptan las descripciones positivas de la violencia en la Biblia como la del genocidio de la población local en la conquista de Canaán en el libro de Josué, entonces resulta mucho más fácil que legitimemos otros tipos de violencia en nuestro mundo, como la colonización de poblaciones indígenas o las consecuencias de guerras imperialistas como la guerra de Iraq. Por lo tanto, concluye Seibert, para evitar lastimar a otros con la Biblia debemos aprender a tener problemas con lo que dice: protestar contra lo que es objetable y condenar lo que es inmoral.

En su segundo post, Seibert muestra que condenar la violencia en la Biblia es algo que en parte ya hacemos: nadie lee la historia de Caín y Abel pensando que es algo bueno que Caín mate a su hermano, ni tampoco que en ese pasaje la Biblia fomente los asesinatos. Pero hay historias que describen a la violencia como positiva, una especie de violencia “virtuosa” (como el Diluvio, o que todo el ejército de Egipto muera ahogado en el Mar Rojo) y la pregunta para Seibert es: cuando la Biblia aprueba la violencia, ¿nosotros también debemos hacerlo? Como es de esperar, la respuesta es un rotundo no, y sobre todo los cristianos tienen la obligación moral de criticar el que la violencia tenga algo “virtuoso”, a pesar de lo que sugiera la Biblia: “la violencia no es una virtud”, escribe Seibert, “no es un fruto del Espíritu ni una marca del discipulado”.

Finalmente, en su tercer post, Seibert aborda el problema de qué hacer con la presencia de la violencia “virtuosa”, proponiendo el aprender a leer la Biblia de forma no violenta, en una forma que fomente el amor a Dios y al prójimo, promueva la justicia y valore a todas las personas; por ejemplo, leyendo los pasajes violentos desde la perspectiva de las víctimas (leyendo la historia del Diluvio desde la perspectiva de las personas que quedaron fuera del Arca; o la conquista de Jericó desde la perspectiva de los habitantes de la ciudad, que se ven sitiados por un ejército extranjero). Leer las historias de esta forma, indica Seibert, nos sensibiliza frente al problema de la violencia en el texto y nos muestra que la violencia no es algo positivo: “La violencia es algo  destructivo y dañino. No es el tipo de comportamiento que debemos aprobar o celebrar, incluso cuando la Biblia lo sugiera así”.

Por otra parte, el criticar la violencia en esos textos no los vuelve inútiles, sino que permite usarlos de forma más responsable y constructiva. El ejemplo usado es el de la conquista de Canaán: Seibert (al igual que yo) no cree que Dios haya ordenado a los israelitas que asesinaran a los canaanitas, pero igualmente podemos usar esa historia para mostrar lo peligroso de la violencia religiosa y, si vinculamos esa historia con los intereses del rey Josías, (1) vemos también el peligro de la violencia religiosa con fines políticos. De esta forma, dice Seibert, aunque se critique la violencia en los textos bíblicos se debe buscar la forma de usarlos para fines positivos, fomentando la dignidad y el bienestar de todas las personas.

¿Qué les parece esta forma de leer los textos bíblicos? ¿Están de acuerdo, lo encuentran demasiado difícil de aplicar (o derechamente hereje)? ¿Qué otras formas de leer la Biblia han usado para lidiar con este problema?

Notas:

(1) El libro de Josué fue escrito, junto a Deuteronomio, Jueces, 1 y 2 de Samuel, y 1 y 2 de Reyes, en la época del rey Josías de Judá (c. 649-609 a.C.) y cumplió una función importante en legitimar el proyecto del rey de unificar los reinos de Judá e Israel y centralizar el culto a YHWH en Jerusalén. Los libros mencionados (que forman la llamada Historia Deuteronomística), alaban grandemente al rey Josías y lo presentan como el cumplimiento de las promesas de Dios. La narración de la violenta conquista de Canaán en cierta forma anticipa las futuras victorias militares de Josías, las cuales no llegaron a ocurrir luego de que el Faraón Necao asesinara al rey y su proyecto fracasara (2 Reyes 23:28-30).

Para más información sobre Josías y su relación la Historia Deuteronomística consultar: Friedman, R.E., ¿Quién escribió la Biblia?, capítulos 5 y 6 (pueden descargarlo aquí); Finkelstein y Silberman, La Biblia desenterrada: una nueva visión arqueológica del antiguo Israel y de los orígenes de sus textos sagrados, capítulo 11 (que pueden descargar aquí) y el documental “Desenterrar la Biblia: Los Reyes”, basado en el libro anterior (que pueden descargar aquí, o ver en nuestro canal de Youtube). En nuestra sección de evidencia a favor de la Hipótesis Documentaria pueden ver también los vínculos con Josías en el texto de la Historia Deuteronomística.

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