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La parábola del Camino de Emaús (?) – John Dominic Crossan

Una más en este Domingo de Resurrección, y una más de John Dominic Crossan y las parábolas. Este es un tema difícil: para muchos/as cristianos/as dudar que las historias de la Resurreción realmente ocurrieron es estar a un paso a dudar de toda su fe. La “pendiente resbaladiza”, etc. Pero consideren esto: primero, algo que realmente ocurrió puede ser una muy buena parábola (es por eso, supongo, que gustan tanto las películas basadas en “historias de la vida real”); segundo, al igual que un director que decide adaptar una historia al cine, los evangelistas no sólo querían narrar una historia, sino entregar un mensaje. Para hacerlo tuvieron que seleccionar material (Juan 21:25) y también interpretarlo. Decir que la historia de Emaús es una parábola funciona tanto si “realmente ocurrió” como si no, pero lo que cuenta finalmente es la intención del autor, que Lucas la pensara para que funcionara como parábola en sus lectores (lo que se argumenta en el texto abajo).  Crossan cree que nunca ocurrió, y algunos estarán de acuerdo con él; otros, por ejemplo N. T. Wright, piensan que sí ocurrió, y también tendrá quienes lo acompañen. En cualquier caso, el mensaje y la reflexión merecen la pena como para perdérselos discutiendo sólo eso. El texto es una traducción libre de parte del prólogo del libro El poder de la parábola (enlace original, en inglés, aquí).

por John Dominic Crossan

[…] Yo había observado que las historias parabólicas de Jesús parecían notablemente similares a las historias acerca de la resurrección de Jesús. ¿Habían sido pensadas como parábolas, tanto como las anteriores? ¿Habíamos estado leyendo parábolas suponiendo que eran Historia, y por tanto comprendiéndolas mal las dos, por lo menos desde que el literalismo deformó tanto la imaginación pro-cristiana como la anti-cristiana en respuesta a la Ilustración? Pensemos, por ejemplo, en el camino de Jerusalén a Jericó con su buen samaritano y el camino de Jerusalén a Emaús con su Jesús de incógnito después de la resurrección. Casi todo el mundo acepta a la anterior en Lucas 10:30-35 como una historia de ficción con un mensaje teológico, pero ¿qué hay de la segunda en Lucas 24:13-33? ¿Es esta última hechos o ficción, historia o parábola? Muchos dirían que esta última historia sucedió realmente, pero ¿por qué si tan sólo unos capítulos antes una historia similar se considera puramente ficción, completamente parábola? Veamos un poco más de cerca.

Una primera pista de que Lucas 24:13-33 fue pensado como una parábola y no como Historia es que cuando Jesús se une a la pareja en el camino, no lo reconocen. Él está, por así decir, viajando de incógnito. Una segunda es que, incluso cuando explica en detalle cómo las escrituras bíblicas apuntaban a Jesús como el Mesías, ellos todavía no lo reconocen. Pero la tercera y definitiva pista del propósito de la narración está en el clímax y exige un cita completa:

“Llegaron a la aldea adonde iban, y él hizo como que iba más lejos. Mas ellos le obligaron a quedarse, diciendo: Quédate con nosotros, porque se hace tarde, y el día ya ha declinado. Entró, pues, a quedarse con ellos. Y aconteció que estando sentado con ellos a la mesa, tomó el pan y lo bendijo, lo partió, y les dio. Entonces les fueron abiertos los ojos, y le reconocieron; mas él se desapareció de su vista. Y se decían el uno al otro: ¿No ardía nuestro corazón en nosotros, mientras nos hablaba en el camino, y cuando nos abría las Escrituras?” (24:28-32).

Eso es parábola, no Historia. La liturgia cristiana implica la Escritura y la Eucaristía, pero no son iguales. La Escritura, incluso interpretada por el mismo Jesús, no hará más que crear “corazones que arden”, es decir, corazones listos, pero ¿para hacer qué? La Eucaristía invita al extraño a compartir la comida y encontrar que el extraño es Jesús. Ustedes se darán cuenta de que los verbos clave, “tomó, bendijo, partió, dio”, en el clímax de la historia de Emaús fueron también utilizados en la última cena de Pascua antes de la ejecución de Jesús (Marcos 14:22).

Esa narración es una parábola sobre amar, es decir, alimentar, al extraño como a ti mismo y encontrar a Jesús todavía (¿o sólo?) totalmente presente en ese encuentro. Eso me quedó muy claro hace décadas y resumí la antigua intención cristiana y el sentido cristiano moderno de esa parábola diciendo que “El cami­no de Emaús no existió nunca. Siempre se está camino de Emaús”. Esa es, por cierto, una definición introductoria de parábola: una historia que nunca ocurrió, pero que siempre ocurre, o que al menos debería.

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Reseña de “El poder de la parábola” de John Dominic Crossan (parte 2)

Segunda parte (y final) de la columna del erudito bíblico Greg Carey sobre el libro The Power of Parable [El poder de la parábola] de John Dominic Crossan (primera parte aquí). Enlace original (en inglés) aquí.

No le tema a este libro: Crossan sobre las parábolas y los Evangelios

por Greg Carey

Greg Carey

[…] Ahora bien, ¿qué hay de los Evangelios? Aquí es donde el argumento de Crossan causará controversia en las iglesias – y es un debate que los cristianos harían bien en seguir. Es vergonzoso, pero esta es la verdad: muchos líderes religiosos no comparten lo que saben acerca de los Evangelios. No confían en sus congregaciones: predican y enseñan como si nunca hubieran tomado un curso de estudios bíblicos.

Esto es lo que cualquier estudioso decente del Nuevo Testamento le dirá acerca de los Evangelios, y el libro de Crossan es valioso por señalarlo claramente. Los Evangelios no proporcionan crónicas directas de la enseñanzas y actividades de Jesús. Sus autores nunca pretendieron ofrecer ese servicio. En cambio, los evangelios ofrecen interpretaciones sobre Jesús y su importancia. Con seguridad recurrieron a las tradiciones acerca de lo que Jesús hizo y dijo, pero reformularon (y con frecuencia inventaron) material para promover su verdadera intención, es decir, formar la fe de sus audiencias.

Tenemos espacio para examinar sólo dos ejemplos de Crossan. Mateo incluye el famoso Sermón del Monte, en el que Jesús instruye a sus discípulos a amar a sus enemigos (5:43-48). Un discípulo no debe ni siquiera insultar a otra persona (5:21-26). Sin embargo, Mateo 23 nos presenta a Jesús en una invectiva contra sus adversarios, llamándolos hipócritas una y otra vez, entre otras cosas. ¿Qué pasa? ¿Jesús es inconsistente, o Mateo tiene una intención oculta? Crossan, al igual que la mayoría de los intérpretes, dice que Mateo 23 no refleja las enseñanzas de Jesús, sino un conflicto que surgió décadas después: un conflicto entre los seguidores judíos de Jesús a los que Mateo escribe y otros grupos judíos. La violencia retórica de Mateo refleja esas tensiones posteriores, dice Crossan, no una contradicción dentro de las enseñanzas de Jesús. Desafortunadamente, los 28 capítulos de Mateo funcionan como una parábola de ataque contra las facciones judías rivales, muy lejos de las enseñanzas no-violentas de Jesús y muy lejos de las parábolas-desafío.

Brevemente, un segundo ejemplo. A lo largo de su carrera a Crossan le han fascinado las historias de la resurrección. Sólo la versión de Juan contrapone al anónimo Discípulo Amado con Pedro. Cuando María les cuenta acerca de la tumba vacía, el Discípulo Amado deja atrás a Pedro camino a la tumba, es el primero que ve que está vacía, y es el primero en creer (20:3-9). Si el autor fuera un entrenador de fútbol, diría que el Discípulo Amado “tenía más ganas” que Pedro. No por casualidad, el Discípulo Amado proporciona la autoridad detrás del Evangelio de Juan (21:24-25), una autoridad mayor incluso que la de Pedro.

El libro de Crossan puede inquietar a algunos lectores. Sin embargo, este brillante y humilde erudito está ofreciendo un regalo. Muchos de los relatos de los Evangelios no sucedieron realmente, por lo menos no en la forma en que se les narró. Y los cristianos no deben encontrar inquietante ese hecho. En su lugar, esta toma de conciencia debería liberar a los lectores para percibir niveles de significado más profundos en los Evangelios.

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Reseña de “El poder de la parábola” de John Dominic Crossan (parte 1)

Ya que venimos hablando sobre las parábolas de Jesús en la visión del historiador John Dominic Crossan, les recomendamos encarecidamente la lectura de esta reseña de El poder de la parábola, el libro que resume sus argumentos. Esta columna fue publicada originalmente (en inglés) en el Huffington Post y acá se las ofreceremos en dos partes, en éste y en el próximo posteo. Greg Carey, es profesor de Nuevo Testamento en el Lancaster Theological Seminary, una institución cristiana de Pennsylvania, EE.UU.

No le tema a este libro: Crossan sobre las parábolas y los Evangelios

por Greg Carey

Greg CareyEl nuevo libro de John Dominic Crossan El poder de la parábola (The Power of Parable: How Fiction by Jesus Became Fiction about Jesuspuede provocar controversia entre algunos lectores religiosos. Sin embargo, para quienes aspiran a tomar en serio el Evangelio, Crossan tiene algunas cosas importantes que decir.

Este libro enlaza dos de los temas principales del área de investigación de Crossan. Conocido entre el público por su trabajo sobre el Jesús histórico, Crossan se ganó su reputación entre los expertos por sus provocadoras interpretaciones de las parábolas de Jesús. El poder de la Parábola comienza repasando cómo Crossan comprende el medio de enseñanza más distintivo de Jesús: la parábola. Luego explica que los autores de los evangelios hicieron algo muy similar a lo que hizo Jesús: Jesús inventaba historias sobre personas y situaciones comunes para transmitir su visión contracultural del reino de Dios. Los autores de los evangelios inventaron historias sobre Jesús para expresar sus visiones sobre quién era Jesús y porqué era importante. Los relatos de Jesús involucraban “eventos ficticios sobre personajes ficticios”, los Evangelios “eventos ficticios sobre personajes reales” (pág. 5).

The Power of ParableLa interpretación de Crossan sobre las parábolas de Jesús constituye aproximadamente la primera mitad del libro, su relato de los evangelios constituye la segunda. La segunda parte es la que generará más controversia en el público general, aunque los especialistas han estado lidiando con las ideas de Crossan acerca de las parábolas de Jesús durante 40 años.

Crossan define la parábola como “una historia metafórica” ​​(pág. 8), pero las parábolas de Jesús representan sólo un tipo específico de parábola. En este sentido, afirma Crossan, Mateo, Marcos y Lucas tergiversan la naturaleza de las parábolas de Jesús (Jesús no habla en parábolas en Juan).

Marcos, el evangelio más antiguo, presenta las parábolas como enigmas: pruebas que determinan si una persona “capta” la visión de Jesús del reino de Dios. Según Marcos 4:10-12, Jesús en realidad utiliza parábolas para distinguir entre los que están adentro, a los que se le ha entregado el misterio del reino, de los que están afuera. Y en Marcos 12:1-12 Jesús usa parábolas como un arma contra sus oponentes.

Lucas, sin embargo, utiliza las parábolas de Jesús como ejemplos. El Buen Samaritano es una lección sobre cómo comportarse, la Viuda Insistente enseña a orar insistentemente. Los investigadores con mentalidad de historiador como Crossan identifican fácilmente las señales de que Lucas ha domesticado las parábolas de Jesús añadiéndoles explicaciones que las convierten en lecciones.

Crossan sostiene que ni Marcos ni Lucas presentan correctamente las parábolas de Jesús. Las parábolas de Jesús no eran ni enigmas ni historias ejemplificadoras. En cambio, Jesús hablaba en “parábolas-desafío”: parábolas que desafiaban a sus oyentes a dar un paso atrás y reflexionar sobre el mundo y sobre Dios en maneras nuevas y contra-intuitivas. Invitaban a sus oyentes a reflexionar sobre “lo que se da por descontado en nuestro mundo” (pág. 63).

¿Quieren un buen ejemplo de una parábola-desafío? La famosa parábola del Buen Samaritano (Lucas 10:25-37) ha proporcionado durante mucho tiempo el caso típico de Crossan. La escena presenta un diálogo entre Jesús y un “abogado” – un experto en la ley de Israel – y termina con Jesús diciendo: “Vete y haz tú lo mismo”. En otras palabras, Lucas utiliza la parábola para enseñar a la gente que no hay ningún límite para el mandamiento de amar al prójimo.

Siendo una historia dentro de una historia, la propia parábola ocupa sólo unos pocos versículos dentro de la escena más grande. Un hombre, probablemente judío, se encuentra medio muerto al costado del camino. Y cuando pasan dos judíos supuestamente respetables, evitan a la víctima y lo dejan a su suerte. Sin embargo, casi todas las parábolas de Jesús vienen con un “gancho” o sorpresa. El “gancho” de esta parábola no está en el hecho de que un tercer transeúnte se detiene para ayudar, sino en la identidad de ese hombre. Ese hombre es un samaritano, considerado alguien inferior si es que no un enemigo por la mayoría de los judíos (el Evangelio de Juan recuerda a los lectores que los judíos no se trataban con los samaritanos).

No es de extrañar, afirma Crossan, que un hombre se detenga y ayude. Lo sorprendente es qué clase de hombre lo hace. Y esa es la esencia de una parábola-desafío. Una parábola-desafío toma las expectativas normales y las da vuelta. ¿En qué clase de mundo vivimos cuando los “buenos” judíos no muestran compasión, sino que un “malvado” samaritano ofrece misericordia?

Crossan ha influido en muchos intérpretes, que ahora tienen la expectativa de encontrar sorpresas en las parábolas de Jesús. No muchos intérpretes estarían de acuerdo en que Jesús sólo pronunció parábolas-desafío, pero las interpretaciones de Crossan sobre algunas de esas parábolas todavía dan forma al debate. […]

*Segunda parte aquí

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