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¿Qué significa “imagen de Dios”? (Parte 4 de 4) – Peter Enns

Detalle de “Cristo apareciendo a sus discípulos después de la resurrección”, de William Blake (c. 1803-5)

Cuarta parte y final del significado de la “imagen de Dios” explorado por Peter Enns. Enlace original (en inglés) aquí.

por Peter Enns

Peter EnnsLa semana pasada vimos que Jesús es el humano completo, el verdadero portador de la imagen de Dios. Él es la representación exacta de Dios, el soberano de la creación. Esa “humanidad completada” se confiere a los que creen que Jesús es el Cristo. La imagen se echó a perder en la humanidad en general; se restaura en el hombre, Jesús. Todos los que están “en Cristo” (como a Pablo le gusta ponerlo) participan en la humanidad restaurada que se inició en la resurrección de Jesús. La nueva humanidad está abierta a todos, pero el camino de entrada es a través del Mesías resucitado.

Por lo tanto, ¿qué significa para los cristianos ser portadores de la imagen de Dios? Significa que estamos llamados a vivir todos los días de una manera tal que encarne cada vez más la imagen. Jesús es a la vez la causa de nuestra imagen renovada y el modelo que seguimos al tratar de vivir de esa manera.

Y esto nos lleva a una paradoja que es fundamental para la forma en que los cristianos ven a sí mismos como re-creados a imagen de Dios. Jesús elevó a la humanidad a su verdadera función de portadora de la imagen, pero su encarnación fue un acto de vaciarse a sí mismo de su derecho divino, como dice Pablo en Filipenses 2:6-7. Jesús se humilló a sí mismo (v. 8). La encarnación es un acto de humillación.

Para los cristianos, también, participar en la imagen renovada de Dios significa seguir a Cristo tanto en su exaltación como en su humillación. En pocas palabras, llevamos la imagen renovada de Dios todos los días que nuestras vidas se ajustan a la de Jesús.

Pablo resume el asunto muy bien en Filipenses 3:10. Conocer a Cristo —que nunca es una actividad mental simple, sino una trayectoria de vida— significa experimentar tanto el poder de su resurrección, y la participación de sus sufrimientos. Esto no es una elección de una cosa o la otra, sino una proposición de esto y aquello. Los que forman parte de esta nueva humanidad en Cristo llevan las marcas de la exaltación y la humillación de Jesús todos los días.

Ser parte de la renovada imagen de Dios significa ser “conformados a la imagen” de Jesús (Romanos 8:29). Llegamos a ser más y más como él en todos los sentidos.

Los cristianos son ahora representantes plenos de Dios en su creación, pero no en el sentido de gobernante del Antiguo Cercano Oriente, o incluso del Antiguo Testamento. No estoy descartando eso, pero “gobierno” no es el énfasis del Nuevo Testamento. El énfasis se ha trasladado a otras cosas. Los cristianos representan a Dios a toda la creación a través de la humildad, el amor, la santidad.

Uno de los muchos pasajes que nos recuerdan de esto es 1 Pedro 2:9-12. Tomando prestado lenguaje del Éxodo, Pedro les dice a sus lectores que son un “pueblo elegido, un sacerdocio real, una nación santa, un pueblo adquirido por Dios” (v. 9). Esta noble condición no sólo les hace parte del “club de Dios”. Son el pueblo de Dios que viven vidas buenas entre los habitantes del mundo “para que vean [sus] buenas obras y glorifiquen a Dios en el día que nos visite” (v. 12).

Es posible que hayan oído la expresión “Ten cuidado de tu forma de actuar. Puede que seas la única Biblia que las personas leerán”. Ese es un buen punto, pero la realidad es mucho más grave. Nosotros representamos al mundo lo que Dios ha hecho en Cristo, por lo que una mejor frase podría ser: “Ten cuidado de tu forma de actuar. Es posible que seas el único Jesús que las personas verán”.

Esto está más allá de lo que Génesis 1:26-27 era en su contexto original. No hay nada ahí acerca de la humildad, el sufrimiento con Cristo, o vivir una vida santa. Es cierto. Pero lo que Jesús hace a la imagen de Dios en Génesis 1:26-27 es lo que hace con todo lo demás en el Antiguo Testamento: la transforma y la llena más allá de su limitado significado del Antiguo Testamento. La sombra da paso a la realidad.

Sin embargo, hay una dimensión más de la renovada imagen de Dios que se parece más a lo que vemos en el Antiguo Testamento. No es un tema dominante, pero está ahí, no obstante. En 2 Timoteo 2:12 leemos que soportar el sufrimiento presente tiene una dimensión futura aún no realizada: “Si sufrimos, también reinaremos con él.”

No sé lo que esto significa, pero parece que el paso final del camino cristiano es algún tipo de autoridad gobernante escatológica. Esto no se explica en ningún lugar, y yo no voy a aventurar una conjetura en cuanto a cómo es esto. Baste decir que hay “algo más” en lo que Cristo en su resurrección ya ha hecho al restaurar de la imagen de Dios. El Nuevo Testamento está más preocupado por cómo el pueblo de Dios aquí y ahora encarna la vida del liderazgo-servidor de Jesús.

Dios hizo a la humanidad a su imagen. Esta imagen tiene un significado muy concreto en el Antiguo Testamento: ser los gobernantes representantes de Dios sobre su creación. Esa imagen fue estropeada, y finalmente restaurada y transformada en Jesús, el Hijo del Hombre, la representación exacta de la imagen de Dios. Los que están en Cristo toman parte en esta nueva humanidad.


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¿Qué significa “imagen de Dios”? (Parte 3 de 4) – Peter Enns

“Cristo el mediador”, de William Blake (1799-1800)

Tercera parte del significado de la “imagen de Dios” explorado por Peter Enns. Pueden ver las partes anteriores de esta serie aquí. En esta entrega, Enns pasa del Antiguo al Nuevo Testamento y explica por qué Jesús es el verdadero portador de la imagen de Dios. Enlace original (en inglés) aquí.

 por Peter Enns

Peter EnnsUno de los retratos que el Nuevo Testamento pinta de Jesús es el del portador definitivo de la imagen de Dios. Jesús refleja totalmente la imagen de Dios; él es el verdadero representante de Dios en su creación. Nadie encarna más plenamente esta cualidad verdaderamente humana.

Podemos empezar donde lo dejamos la semana pasada, con el Salmo 8. Este salmo alaba a Dios por la forma en que ha exaltado a la humanidad: el hombre es un poco menor que Dios, coronado de gloria y honor, y todo ha sido puesto bajo sus pies. La humanidad, en otras palabras, está un paso por debajo de Dios, se le ha dado autoridad para gobernar la creación. Salmos 8 es plenamente compatible con Génesis 1:26-27, donde “imagen de Dios” se describe como gobernar sobre toda la creación.

En Hebreos 2:5-9, el autor anónimo cita el Salmo 8 por una razón que podría no ser obvia a primera vista: el estatus de Jesús es superior a los ángeles, un tema que se inició en 1:5. (De hecho, todo Hebreos es un largo argumento de “Jesús es mejor que…”, por ejemplo, que Moisés, el sumo sacerdote, y el tabernáculo).

Salmos 8 apoya su argumento. La creación no estaba sujeta a los ángeles, sino a la humanidad. El autor de Hebreos nos recuerda que “todo” es puesto bajo la autoridad regia humana, todo está sujeto a él (v. 8). Pero el autor de Hebreos se lamenta: “Sin embargo, en la actualidad no vemos que todo esté sujeto a él” (v. 8). El “él” se refiere a la humanidad. Lo que vemos, sin embargo, es Jesús quien ahora está coronado de gloria y de honor, a causa de su muerte (v. 9).

Jesús, que es igual que sus hermanos y hermanas en todos los sentidos (2:17), es el “humano absoluto”, porque todo está realmente bajo su autoridad. La elevada condición de la humanidad como portadores regios de la imagen de Dios, aunque verdadera, no está realizada plenamente en la humanidad en su conjunto. Está realizada plenamente en Jesús como, paradójicamente, el Hijo de Dios crucificado y resucitado.

Jesús es el verdadero portador de la imagen. Se podría decir que Jesús es la única figura verdadera y plenamente humana que ha vivido. Al observar al Hijo crucificado y resucitado, vemos lo que “humano” significa en realidad, no la versión corrupta y disfuncional que nos devuelve la mirada desde el espejo, o que vemos en otros.

Colosenses 1:15-20 hace la misma observación de una manera diferente. Jesús es la “imagen del Dios invisible” (v. 15): gobierna la creación porque todas las cosas fueron creadas por él. Es comprensible leer este pasaje y pensar que sólo se centra en la divinidad de Jesús, pero eso se perdería la mitad del punto. Como el hijo resucitado, Jesús es “cabeza del cuerpo, la iglesia, el principio y primogénito de entre los muertos” (v. 18). Por su resurrección, Jesús es el primero en incorporar plenamente el papel de portador de la imagen conferido a toda la humanidad en Génesis.

Jesús hace esto no para sí mismo, sino para los que vendrían después, el pueblo de Dios. Jesús no es simplemente “sobre toda la creación”. Él es el “primogénito de toda la creación” (v. 15). Los cristianos, en otras palabras, siguen sus pasos. Como primogénito de la creación se encarga de que los nacidos después logren el mismo estado. En pocas palabras, en su resurrección, Jesús “completa” Génesis 1: 26-27, para él y para nosotros.

Este tema ya se anunció a principios de Hebreos, 1:1-4. En el pasado, Dios había hablado a través de profetas, pero ahora él está hablando a través del Hijo que él mismo ha nombrado. El eco del Salmo 2, donde el rey de Israel es el Hijo nombrado por Dios, es confirmado en v 5, donde el autor cita Salmos 2:7. Como Hijo, Jesús es el rey davídico recién nombrado, el monarca representante. Pero este Hijo lo lleva a un nivel superior: él es el “resplandor de la gloria de Dios y la imagen misma de su ser”. Jesús es el representante de Dios como ningún otro.

La imagen de Dios en el Génesis no se trata de “lo que nos hace humanos”, tal como el alma de uno. Se trata de la elevada función que Dios ha dado a la humanidad para ser sus gobernantes representantes. Eso es lo que significa la imagen: nada más, pero nada menos.

Entendido de esta manera, podemos y debemos hablar de la imagen de Dios como estropeada, incompleta, sujeta al pecado en todos nosotros. La verdadera imagen de Dios es realizada sólo en el Hijo de Dios crucificado y resucitado. Y esto nos da una comprensión más plena de la encarnación. El Hijo de Dios encarnado es plenamente Dios y plenamente humano.

Jesús es el completo portador de la imagen de Dios. Él es el más humano de cualquier ser humano que haya vivido alguna vez. Por la fe, nosotros también participamos en la humanidad restaurada. La próxima semana vamos a ver lo que esto significa para nosotros hoy.


 

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¿Qué significa “imagen de Dios”? (Parte 2 de 4) – Peter Enns

“Elohim creando a Adán”, de William Blake (1795)

Segunda parte de cuatro en la serie de Peter Enns sobre la “imagen de Dios”. Enlace original (en inglés) aquí.

por Peter Enns

Peter EnnsLa semana pasada vimos que la “imagen de Dios” en Génesis 1: 26-27 significa ser gobernantes representantes de Dios en su creación. Esto es similar a dos prácticas antiguas: reyes poniendo imágenes de sí mismos en lugares distantes de su reino y el uso de ídolos en el culto del templo. Ambos representan al rey  o al dios y señalan que ellos están presentes.

Vamos a tomar esta idea y ver a dónde va en el Antiguo Testamento.

Sin ídolos

En la antigua Mesopotamia, toda nación tenía panteones de dioses y todos adoraban a sus dioses a través de imágenes. Los primeros dos Mandamientos de Israel estaban totalmente fuera de sincronía con el Mundo Antiguo. A los israelitas se les dijo: “Yo soy el único Dios que van a adorar” (Éxodo 20:3), y “no adoren ninguna imagen en absoluto” (20:4-6). El segundo mandamiento incluye hacer imágenes de Yahvé, que los hijos de Israel quebrantaron en el incidente del becerro de oro en Éxodo 32.

Hay dos razones por las que a Israel se le dijo que no hiciera imágenes de Yahvé. En primer lugar, a diferencia de los otros dioses, Yahvé es distinto de lo que él ha hecho. Él no puede ser capturado por una imagen tallada de animales o cualquier otra parte de la creación.

En segundo lugar, Dios ya hizo una imagen de sí mismo: la humanidad, una imagen viva. Al tallar imágenes para adorar a Jehová, Israel estaría creando una “conexión” alternativa con el Señor.

El rey de Israel a imagen de Dios

Hay otro ángulo importante que traer al cuadro. En el Mundo Antiguo de Mesopotamia, los reyes eran los gobernantes representantes de los dioses; gobernaban al pueblo en nombre de los dioses. Los reyes eran considerados como un dios, a veces se les llamaba “hijos” de uno u otro dios, y a menudo eran adorados como dioses.

Miren el Salmo 2. Este salmo se trata de la coronación del rey de Israel. Este rey no es un hombre común: él es el “ungido” de Dios (v. 2). Dios mismo instaló a este rey “en Sion, mi santo monte” (v. 6).

El corazón del salmo es v 7. Dios dice al rey “Eres mi hijo; hoy me he convertido en tu padre”. Dios ha puesto rey de Israel, su hijo, en el trono para gobernar al pueblo en su nombre. Esta relación padre/hijo entre Yahvé y el rey se alinea con el pensamiento antiguo de Mesopotamia. También tiene algunas implicaciones para comprender a Jesús, a las que llegaremos la próxima semana.

A diferencia de las otras naciones, los reyes israelitas no eran adorados. Israel incluso tenía una actitud escéptica hacia la monarquía (por ejemplo, 1 Samuel 8). De hecho, los reyes estaban tan sujetos a la autoridad de Dios como cualquier otra persona (por lo tanto, los profetas eran libres para llamar a los reyes a rendir cuentas). Pero todavía eran ungidos para encarnar el papel regio de portador de la imagen. La historia de la monarquía de Israel es tan trágica porque los reyes fracasaron en gran medida en reflejar esta imagen.

La humanidad a imagen de Dios

Único de Israel, el papel regio de portador de la imagen fue conferido no sólo a un linaje de reyes, sino también a todas las personas, una idea sorprendente en el Mundo Antiguo.

El Salmo 8:4-6 resume acertadamente lo que “imagen de Dios” significa.

4 ¿Qué es el hombre para que te acuerdes de él,
el hijo del hombre para que de él te ocupes?
5 Le has hecho un poco menor que Dios
y lo coronaste de gloria y honor.
6 Le has hecho señorear sobre las obras de tus manos;
pusiste todo debajo de sus pies.

Una reacción común de los cristianos al leer Salmos 8 es decir, “Sin duda, esto no puede describir al ‘hombre’ en general. Se debe estar hablando de Jesús”. No tan rápido. Llegaremos a él la próxima semana. Más bien, lean este salmo a la luz de Génesis 1:26-27.

Este salmo habla del alto estatus de la humanidad. Al igual que en español, “el hombre” aquí significa “humanidad”. Los pronombres en singular “él” y “su” simplemente reflejan el hecho de que “el hombre” es gramaticalmente singular (hacemos lo mismo en español). Del mismo modo, es tentador leer “hijo del hombre” en el v. 4 y saltar adelante al Nuevo Testamento y pensar que quiere decir Jesús. No lo hace (no aquí, no todavía). Simplemente significa “humano”.

Así “el hombre” es hecho “un poco menor que Dios” (v. 5). Esto es sorprendente, de hecho, la NIV pone un poco de obstáculo traduciendo “Dios”[“God”] como “seres celestiales” [“heavenly beings”]. En una nota al pie, sin embargo, la NIV agrega “Dios” como una lectura posible. La NRSV tiene “Dios” [“God”]. La Jewish Publication Society (Tanaj) tiene “lo divino” [“the divine”].

En realidad, no deberíamos atascarnos demasiado en ese punto. El hebreo (Elohim) puede significar cualquiera de ellos, y no importa mucho al final. “Seres celestiales” encaja muy bien con “hagamos” en Génesis 1:26, una referencia a una corte celestial divina, una idea común en el Mundo Antiguo. (“Hagamos” no es una referencia a la Trinidad, lo que no habría hecho ningún sentido a los israelistas, como Juan Calvino señaló hace cientos de años). Los seres humanos están un paso por debajo de Dios y de su concilio divino.

Si Elohim significa “Dios”, eso también refleja Génesis 1:26-27. Los seres humanos como el pináculo de la creación, los únicos seres hechos a imagen de Dios. De cualquier manera, el punto es que el ser humano es muy importante.

El resto del v. 5 y v. 6 rellena lo que “un poco menor que Dios” significa. Los seres humanos son “coronados de gloria y honor” (v. 5), una frase típicamente reservada para Dios. También gobiernan sobre la obra de las manos de Dios (v. 6), una clara alusión a Génesis 1:26-27. El salmista incluso va tan lejos como para decir que Dios ha puesto todo bajo los pies de la humanidad.

Este salmo es un buen resumen de lo que significa la imagen de Dios. No hay nada en toda la creación que tenga un rango superior al de la humanidad. No hay nada en toda la creación que sea más semejante a Dios que la humanidad. El salmo es recogido por el autor de Hebreos para hablar de Jesús. La próxima semana veremos Hebreos y otros pasajes del NT para ver cómo Jesús, y los que lo siguen, son la “imagen de Dios”.


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¿Qué significa “imagen de Dios”? (Parte 1 de 4) – Peter Enns

Detalle de “Creación de Eva”, de William Blake (c. 1803-5)

Comenzamos con esta serie de 4 partes acerca de la “imagen de Dios” a cargo de Peter Enns. Enns es Ph.D. por la Universidad de Harvard en lenguajes y cultura del Antiguo Cercano Oriente, y un autor sumamente estimulante e interesante de leer en muchos temas, pero particularmente en uno clave: la doctrina de la inspiración de la Biblia y la presencia de errores (y horrores) en ella (pueden leer más artículos suyos en español aquí, gracias a l@s muchach@s de La conversación en curso). Publicado originalmente en BioLogos (enlace en inglés aquí).

por Peter Enns

No el alma

Génesis 1:26-27 dice que Dios hizo al hombre a su “imagen” y “semejanza”. Ambos términos significan lo mismo, y así generalmente se le conoce como la “imagen de Dios” (del latín imago Dei).

Algunos entienden a la imagen de Dios en el sentido de esas cualidades que nos hacen humanos, por ejemplo: poseer un alma, el razonamiento de orden superior, la auto-conciencia, la conciencia de Dios y la capacidad de tener una relación con él. Esto parece una buena definición, ya que sólo los humanos son a imagen de Dios y estas son cualidades que nos hacen humanos.

La interpretación de la imagen de Dios como el alma también ayuda a algunas personas a conciliar la evolución y el cristianismo. En algún lugar a lo largo de la línea evolutiva Dios dio a dos homínidos almas inmortales, convirtiéndose así en los primeros seres humanos verdaderos. En otras palabras, a pesar del largo proceso evolutivo, los seres humanos fueron “creados” sólo en este punto. Estos dos homínidos “con alma” son Adán y Eva. Algunos dicen que esto podría haber ocurrido hace unos 10.000 años, lo que alinea las cosas muy bien con la cronología aproximada presentada en el Génesis.

Comprendo la motivación para esta explicación: mantener de alguna manera la descripción bíblica de los orígenes humanos de cara a la evolución. Pero soy bastante escéptico al respecto. Por un lado, es pura conjetura. También es difícil ver lo que se gana aquí. Preservar la descripción bíblica de los orígenes humanos de esta manera significa que tiene que ser reajustada mucho más allá de lo que dice.

Más importante aún, equiparar la imagen de Dios con el alma u otras cualidades que nos hacen humanos impone una carga a Génesis 1:26-27 que no puede soportar, lo cual nos lleva al siguiente punto.

Los gobernantes representantes de Dios

La imagen de Dios es importante teológicamente, y el tema está abierto a la discusión, pero no es que “todo vale”. Génesis, otros pasajes del Antiguo Testamento y la cultura alrededor de Israel nos dan una buena idea de lo que significa la imagen de Dios.

Estatua de Asubanipal, rey de Asiria (668-627 a.C.)Muchos estudiosos establecen un paralelismo entre la imagen de Dios en Génesis y las imágenes de los reyes en el Mundo Antiguo. Los gobernantes no podían estar en todas partes a la vez, y viajar era lento. Por lo tanto, ellos erigían monumentos o estatuas de sí mismos a lo largo de sus reinos. Estas “imágenes” dejaban a todos saber que el gobierno del rey se extendía allí donde se encontraba su imagen.

Otra clase de imagen en el Mundo Antiguo es un ídolo, un objeto físico que representaba al dios en el templo. Los ídolos no eran considerados en sí mismos dioses. Eran estatuas que te permitían saber que el dios estaba, en cierto sentido misterioso, “presente”.

Las estatuas de los reyes y de los dioses nos ayudan a entender lo que significa para los seres humanos estar hechos a imagen de Dios: los seres humanos son colocados en el reino de Dios como sus representantes.

J. Richard Middleton (del Roberts Wesleyan College) lo plantea bien en The Liberating Image. Él plantea que la imagen de Dios describe “el oficio o vocación regio de los seres humanos como representantes y agentes de Dios en el mundo”. Imagen de Dios significa que a los seres humanos se les ha dado “poder para participar en el gobierno o administración de Dios de los recursos y criaturas de la tierra”.

Cuando uno lee Génesis 1:26-27 teniendo esto en cuenta, el punto se vuelve bastante obvio: “Hagamos al hombre a nuestra imagen, conforme a nuestra semejanza; y señoree sobre los peces … aves… animales domésticos … animales salvajes … reptiles” (NVI).

A la humanidad, creada en el sexto día, se le ha dado la autoridad para gobernar sobre las otras criaturas que Dios había hecho en los días cuarto y quinto. Tiene esa autoridad, porque la humanidad está hecha a imagen de Dios.

No hay nada aquí sobre un alma, la capacidad de razonar, ser consciente de Dios o cualquier otro rasgo psicológico o espiritual. Como señala John Walton, por importantes que son estas cualidades para hacernos humanos, no definen qué significa imagen de Dios en el Génesis. Por el contrario, esas cualidades son herramientas que sirven a los seres humanos en su rol de portadores de la imagen.

La frase “imagen de Dios” no es acerca de lo que nos hace humanos. Es acerca del papel único de la humanidad en ser representantes regios de Dios en la creación. Una vez que entendamos lo que significa la imagen de Dios en el Génesis, estaremos en una mejor posición para ver cómo esta idea es elaborada en otras partes de la Biblia, lo que comenzaremos a ver la próxima semana.


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Parte 3

Parte 4

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La Biblia es como Jesús (en Filipenses 2)

“Comprender cuán influida por la cultura está la Biblia es en realidad una expresión de los extremos a los que llega Dios al ir a hablar a las personas adonde ellas estén. Algunos se refieren a esto como una comprensión encarnacional sobre qué es la Biblia. De la misma manera que Jesús es totalmente un ser humano, pero sin embargo es el Hijo de Dios, la Biblia, también, refleja la época en que Dios se reveló a esas personas.

Esto puede ponerse difícil de aceptar, ya que en el Mundo Antiguo pensaban de manera diferente a nosotros. Creían que la tierra era plana. Creían que había una cúpula sólida sobre nosotros que evitaba que las aguas cayeran. Eso es lo que pensaban acerca de la naturaleza de la realidad. Creo que a veces cometemos el error de asumir que Dios, que es un Dios que dice la verdad, nunca diría eso. Él es un Dios que dice la verdad, pero también es un Dios de amor que habla con las personas en categorías que ellas son capaces de entender. No hay que exagerar, pero creo que vemos la gloria de Dios a través de lo mucho que Él está dispuesto, por decir algo, a humillarse a sí mismo, a hablar en el lenguaje de la época, el lenguaje de la gente común, al igual que Jesús.”

Peter Enns

El anterior me parece un muy buen argumento para aquellos que temen que el estudio crítico (o científico, o académico) de la Biblia signifique la pérdida de la autoridad que le dan como Escritura. Una vez que se toma en serio la idea cristiana de que Jesús es divino y humano voluntariamente (Filipenses 2:5-8) entonces también es más fácil ver a la Biblia como inspirada por Dios y al mismo tiempo limitada por la cultura, conocimientos e ignorancia de sus escritores humanos. Y así como cualquier idea sobre Jesús que resalte más su lado divino por sobre el humano (o el humano por sobre el divino) es contrario a la enseñanza cristiana tradicional, por analogía también lo es creer que porque la Biblia es la “Palabra de Dios” no puede tener errores, o que no se la puede estudiar como la colección de obras literarias que es. Al contrario, estudiarla de esa manera puede ser para el creyente una forma más de acercarse al entendimiento de Dios y la forma en que actúa en la historia humana.

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Afirmaciones sobre los estudios bíblicos que los pastores deben dejar de decir a sus congregaciones (parte 1)

La inspiración para este texto es doble: primero, un post de tema similar que Peter Enns hizo hace algún tiempo; y segundo, el malestar y la frustración de oír a mi pastor ayer usando a Lee Strobel (¡por Dios!) para defender la historicidad de la crucifixión y la resurrección de Jesús. Ya venía con ganas de escribir acerca de este tema, pero con la cantidad de cosas que tuve que escuchar ayer… Todos sabemos de casos en que hay una brecha muy grande entre las iglesias y la sociedad en general: al valorar negativamente los valores dominantes muchas (sobre todo protestantes) se encierran en sí mismas y canonizan estructuras de dominación que buscan reglamentar, por ejemplo, la cultura, el cuerpo y las relaciones sociales (la música que se escucha, la forma de vestirse y peinarse, las relaciones entre hombres y mujeres, los espacios y roles de género “adecuados”, etc). Pero tan grave como eso (y puede que más) es la brecha que se genera entre las iglesias y el estudio científico de la Biblia, porque como la gente común y corriente no tiene acceso a el en lugar de aprovechar sus resultados y avances (que son muchos y muy valiosos) simplemente son ignorados y en su lugar se usan conceptos e interpretaciones hace ya mucho matizados, complementados o superados. Seguirlos repitiendo puede ser muy efectivo para que un pastor entusiasme y “afirme la fe” de los oyentes pero eso no los hace verdad, y los problemas vienen cuando las personas aprenden que muchas de las cosas que les han enseñado toda la vida en realidad no son tan así:

1. “Moisés escribió el Pentateuco y la Hipótesis Documentaria ya ha sido refutada”.

Falso. Los libros del Pentateuco no fueron escritos por Moisés sino que fueron formados a lo largo de varios siglos a partir de textos individuales (fuentes) que desde el siglo VIII al VI a.C. aprox. fueron sucesivamente combinados y editados hasta llegar a la forma que conocemos hoy.

La Hipótesis Documentaria no significa que todas las historias fueron inventadas tardíamente, como temen algunos. Al contrario, lo que muestra son textos hebreos, algunos de ellos muy antiguos, que fueron adaptados para ser relevantes para las personas de fe de su propia época (y cuyo resultado final es importante incluso para las personas de hoy). Así que aceptarla no implica necesariamente abandonar la fe ni cuestionar la autoridad o el carácter sagrado  del texto. Simplemente es una explicación a la pregunta de cómo llegó a existir el texto que tenemos. En su conjunto, la Hipótesis Documentaria sigue siendo la mejor explicación y es enseñada en todo el mundo en las instituciones de educación superior que se dedican a los Estudios Bíblicos (excepto en las más fundamentalistas). Pese a lo mucho que se afirma que ya ha sido superada, hay pruebas muy fuertes como la evidencia linguística o la de convergencia que nunca son siquiera mencionadas, mucho menos rebatidas. Esto no quiere decir que no haya debates entre especialistas sobre aspectos específicos y que no se sigan proponiendo explicaciones alternativas o complementarias, y que lo que sí ha sido superado es la interpretación de los estudiosos del siglo XIX de cuáles eran las fuentes y de dónde provenían. Pero la Hipótesis Documentaria se mantiene, y cualquiera que quiera decir algo sobre quién fue el autor de Génesis, Éxodo, Levítico, Números y Deuteronomio primero tiene que buscar una explicación que sea mejor que la que dice que son una combinación de distintas fuentes a lo largo de varios siglos.

2. “La Arqueología ha confirmado la veracidad de los relatos de los Patriarcas, el Éxodo y la conquista de Canaán”.

En realidad no. Se han encontrado muchas pruebas de la presencia de los judíos en la tierra de Israel, incluyendo hallazgos muy importantes como la inscripción de Tel Dan en la que se lee “el rey de la casa de David”. Pero respecto a la etapa de formación del pueblo de Israel, incluyendo el Éxodo, los 40 años en el desierto y la conquista de Canaán la arqueología no da evidencia positiva, y no es por falta de búsqueda. Peter Enns resume de la siguiente manera la situación en el posteo que citamos arriba:

“El enorme consenso es que en el mejor de los casos hay escasa evidencia indirecta para estos episodios bíblicos, y para la conquista existe considerable evidencia en su contra. Eso no significa que no haya trabajo por hacer, y que no haya que mantener la mente abierta. ¿Quién sabe qué nos traerá el futuro? Pero mi punto es el siguiente: en la actualidad decir que la arqueología apoya la exactitud histórica de la Biblia puede ser cierto para algunas cosas, pero no para la historia fundacional de los orígenes de Israel: la esclavitud, el Éxodo y la conquista. Este ha sido y sigue siendo un gran problema, y afirmar lo contrario sólo empeora la cuestión.”

En las siguientes entregas de “Afirmaciones sobre los estudios bíblicos que los pastores deben dejar de decir a sus congregaciones” (quizá me puedan ayudar con una abreviación) veremos si tenemos los originales de los libros del Nuevo Testamento, si los evangelios fueron escritos por testigos oculares (o si tienen información de testigos oculares, que no es lo mismo), si la resurrección de Jesús o la tumba vacía pueden ser comprobados históricamente, y si el estudio histórico-crítico de la Biblia lleva a perder la fe.

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Peter Enns y la “encarnación” de las Escrituras

Si usted se ha dado cuenta alguna vez de discrepancias entre los relatos bíblicos, o entre los relatos bíblicos y la evidencia científica e histórica, pero le incomoda la idea de que la Biblia tenga errores o pueda ser un libro humano (por lo menos en parte), este post es para usted. Resumiendo la postura del autor de este texto (Peter Enns, quien es Ph.D. en historia del Cercano Oriente y especialista en el Antiguo Testamento), así como Jesús era divino y humano, la Biblia también lo es, por eso refleja el idioma, la cultura y también la ignorancia científica y la visión de mundo de los individuos que la escribieron, ¡y está bien que sea así!  Este texto fue publicado originalmente en BioLogos.

Peter Enns sobre el modelo teológico

de la encarnación de las Escrituras

por Peter Enns

Peter Enns

Peter Enns

El Cristianismo es una fe enraizada en hechos históricos. Los cristianos, por tanto, toman en serio a la Historia. Se puede confirmar esta idea hojeando una Biblia de estudio decente. Está llena de mapas, cartas, líneas de tiempo y notas al pie. A la mayoría de los cristianos les gusta ver cómo su fe encaja en el Mundo Antiguo. Nos sentimos más conectados con el mensaje de la Biblia cuando entendemos su contexto histórico.

Sin embargo, la naturaleza histórica del Cristianismo crea un problema. El estudio moderno de la historia que rodea a los acontecimientos de la Biblia ha planteado algunos desafíos muy serios a ciertas ideas tradicionales dentro de la fe cristiana. Parece que el estudio histórico de la Biblia y las expectativas de las personas acerca de la Biblia pueden entrar en conflicto. ¿Cómo pueden estos dos mundos dialogar el uno con el otro?

Como primer paso, tenemos que pensar en nuevas formas de hablar acerca de la Biblia para que la labor histórica de los eruditos bíblicos no sea percibida automáticamente como una amenaza para los lectores. En otras palabras, necesitamos modelos teológicos que muestren un claro respeto hacia la Biblia y hacia los desafíos de la investigación histórica que tenemos ante nosotros.

Uno de estos modelos teológicos se llama modelo de encarnación. En pocas palabras, es la idea de que la Biblia no es un libro caído del cielo más de lo que Jesús es un superhombre que cayó del cielo. Más bien, al igual que Jesús era un ser humano, la Biblia es un libro que refleja totalmente sus contextos culturales. Jesús es “Dios encarnado”, tanto divino como humano. Del mismo modo, la Biblia es un libro que habla la palabra de Dios pero que refleja completamente los pensamientos, ideas y puntos de vista de los autores humanos.

Un modelo de encarnación no es de ninguna manera el único modelo para pensar acerca de la Biblia. Tampoco es necesariamente el mejor modelo. Es sólo una manera de hablar acerca de la Biblia en donde los desafíos de la investigación histórica puedan ser vistos bajo una luz diferente. Un modelo de encarnación nos ayuda a ver que debemos esperar que la Biblia lleve las marcas de las perspectivas y visiones de mundo de los escritores antiguos.

El modelo de encarnación no es una tendencia reciente en la teología cristiana, ni tampoco es considerada peligrosa. Los teólogos de Princeton B.B. Warfield y A.A. Hodge, famosos por defender la doctrina de la infalibilidad de la Escritura, adoptaron este punto de vista en el siglo XIX, al igual que más tarde los teólogos reformados holandeses Hermann Bavinck, Abraham Kuyper y Herman Ridderbos. C.S. Lewis escribió sobre el tema para las personas de a pie. Estos expertos pueden no haber abordado todos los desafíos que están frente a los lectores contemporáneos, pero el mensaje llega fuerte y claro: la Biblia refleja plenamente la época en que fue escrita.

Los escritores bíblicos escribieron en las maneras que les parecían naturales y apropiadas en su mundo. Esto significa que no se puede esperar que operen bajo los estándares científicos o históricos que tenemos hoy.

De hecho, la naturaleza misma de la “inspiración” significa que la palabra de Dios debe estar totalmente revestida del lenguaje humano de la época. Cualquier otro tipo de Biblia es en realidad inconcebible. Cuando Dios habla, se sitúa necesaria y voluntariamente al nivel humano. Lo hizo con Jesús, y no debería sorprendernos si la Biblia refleja el mismo patrón divino de comunicación.

Si vemos a la Biblia de esta manera, podemos empezar a ver los desafíos de la investigación histórica como una ventana a través de la cual mirar en lugar de un muro contra el cual golpearnos la cabeza. Si tenemos la expectativa de que la Biblia refleje sus contextos históricos antiguos, podemos estar más dispuestos a que nuestra propia forma de pensar se vea desafiada. En vez de oponernos a cambiar nuestra forma de pensar podemos abrirnos a ver cuán profundamente se involucra Dios en la historia humana cuando habla.

No deberíamos tener que construir una reja alrededor de la Biblia para protegerla de las conclusiones de la investigación seria. Eso no significa que todos los resultados de la reflexión histórica sean correctos o beneficiosos. Pero sí significa que debemos crear una “cultura de la expectativa” que celebre el trabajo de investigación histórica en lugar de resistírsele debido a los desafíos que plantea. Esto ayudará a aliviar la tensión que muchos lectores cristianos han vivido por generaciones.

La investigación histórica y la fe cristiana, no importa cuán difícil sea, no es un asunto de “o esto o lo otro” sino de “esto y lo otro”.

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