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“El justo por la fe vivirá” en la visión de Habacuc

Tanto me gustó leer esta columna que la comparto con ustedes. Muchas veces he oído hablar de “el justo por la fe vivirá” de Romanos 1 de una forma que más parece “el justo por la fe no morirá”, a la vez como con una especie de alivio y de desapego de la realidad: “qué bueno que me salvé de todo lo malo, ahora sólo tengo que esperar irme al cielo”. Seguro que algunos de ustedes también. Pero en la visión de Pablo y Habacuc (en la visión biblico-profética del mundo y el futuro) tener fe no es simplemente creer en las cosas que “hay que creer” bajo pena de muerte, sino realmente vivir la vida plenamente comprometido/a con una visión del mundo y trabajando para que esa visión se haga realidad: el reino de Dios en la tierra como en el cielo. Howard Snyder es un destacado docente y teólogo, ex profesor del Tyndale Seminary, Canadá, y del Asbury Theological Seminary, EE.UU. Autor de numerosos libros, ha enseñado y pastoreado en São Paulo, Detroit y Chicago. Enlace original (en inglés) aquí.

El justo vivirá por la fe, ¿en qué?

por Howard Snyder

¡Descubrimiento! “El justo por la fe vivirá” (Romanos 1:17 RV60). Como todo el mundo sabe, Martín Lutero despertó espiritual y teológicamente cuando se dio cuenta de que la justificación vino por la fe, no por obras. Él tomó las palabras de Pablo: “Porque en el evangelio la justicia de Dios se revela por fe y para fe, como está escrito: Mas el justo por la fe vivirá” (Romanos 1:17 RV60).

¿Dónde está esto “escrito”? En Habacuc 2: “El insolente no tiene el alma recta, pero el justo vivirá por su fe” (Habacuc 2:4 NVI).

Veamos este versículo en su contexto. Dios lo usó para llevar a Lutero a la plena confianza en la provisión de Dios por medio de Jesucristo, en lugar de sus propios esfuerzos, para descansar en la gracia de Dios. Esto es clave; el meollo de la cuestión.

En contexto, sin embargo, “el justo vivirá por la fe” tiene también un significado más amplio.

¡Escribe la visión!

En el capítulo uno, Habacuc hace a Dios algunas preguntas difíciles. Luego dice: “estaré pendiente de lo que me diga, de su respuesta a mi reclamo”. Y Dios contesta: “Escribe la visión, y haz que resalte claramente en las tablillas, para que pueda leerse de corrido. Pues la visión se realizará en el tiempo señalado; marcha hacia su cumplimiento, y no dejará de cumplirse” (Habacuc 2:2-3).

Una “visión” para un “tiempo señalado” cuando Dios cumplirá sus propósitos redentores. ¿Cómo se accede ahora? ¡Por la fe! (Habacuc 2:4).

Siguiente pregunta: ¿Qué es esta visión? Dios responde explícitamente: “La tierra será llena del conocimiento de la gloria de Jehová, como las aguas cubren el mar” (Habacuc 2:14).

El Plan de Dios para la Historia (Habacuc 2)

En medio de las plagas, los problemas y la violencia que Habacuc condena en el capítulo uno, Dios dice: te doy una visión más grande, a largo plazo, para “la hora señalada” (versículo 3). Es seguro y cierto. El “orgulloso” no va a verla, pero los justos la reclamarán por fe.

Dios primero traerá juicio sobre los opresores “por la sangre humana y la violencia hecha a la tierra, a la ciudad y a todos a todos los que habitan en ella” (versículo 8, que se repite en el versículo 17). Pero la hora viene cuando “la tierra será llena del conocimiento de la gloria de Jehová, como las aguas cubren el mar”, una promesa que se encuentra también en el gran pasaje mesiánico, del reino-de-Dios, Isaías 11 (Isaías 11:9); sugerido también en Zacarías 14: 8-9.

Tres puntos clave aquí:

1. Dios tiene un plan para toda la historia en el cual juzgará el mal y traerá su reino de paz en plenitud.

2. Puede que no veamos evidencia de esto ahora, pero hemos de confiar plenamente en la promesa de Dios.

3. Habacuc debe vivir ahora en esta esperanza y promesa: vivir por la fe en las seguras promesas de Dios, y actuar en consecuencia.

¿Cómo responde Habacuc? En adoración: “Mas Jehová está en su santo templo; calle delante de él toda la tierra” (versículo 20). Luego hace una oración notable (capítulo tres). ¡Ahora vive por la fe!

Habacuc no conoce por completo la promesa del Mesías, por supuesto. Él no puede prever cómo Dios hará funcionar su plan de salvación por medio de la encarnación, vida, muerte, resurrección y reinado permanente de Jesucristo.

Él no conoce el medio, pero sabe el final. Y eso es cierto, porque Dios lo dice. Se basa en la promesa del pacto de Dios.

Martín Lutero tenía razón, por supuesto, al decir que la justificación es por la fe en Jesucristo. Pero el significado completo de Habacuc 2 es que el pueblo de Dios debe vivir y actuar ahora por la fe en la totalidad de las promesas del reino de Dios. Más que la justificación personal está en juego.

Ahora vive por la fe

El justo vivirá por la fe. ¿La fe en qué? En las seguras promesas de Dios, hechas ahora reales para nosotros a través de Jesucristo por el Espíritu y la Palabra.

Vivir por fe significa vivir en la seguridad de que “la tierra será llena del conocimiento de la gloria de Jehová, como las aguas cubren el mar”, en lugar de esperar un escape definitivo al cielo. Significa actuar por fe y en fidelidad para que esto suceda. Significa confiar plenamente en Jesucristo para nuestra salvación y hacer aquellas obras del reino de Dios, “las cuales Dios preparó de antemano para que anduviésemos en ellas” (Efesios 2:10).

La Biblia promete la reconciliación plena de los cielos y la tierra; la sanación de toda la creación. El Nuevo Testamento llama a esto “la renovación de todas las cosas” o “restauración universal” (Hechos 3:21, dependiendo de la versión); o la reconciliación de todas las cosas en la tierra y en el cielo por medio de Jesucristo (Colosenses 1:20). Este es el reino de Dios en plenitud; la tierra siendo “llena del conocimiento del Señor” (Isaías 11:9).

“Los que esperan en el Señor heredarán la tierra” (Salmos 37:9; cf. 37:11, 22, 34). “Los justos heredarán la tierra, y vivirán en ella para siempre” (Salmos 37:29). No sorprende entonces que Jesús dice: “Bienaventurados los mansos, porque ellos recibirán la tierra por heredad” (Mateo 5:5).

La fe trae esperanza y acción

El justo vive por la fe. No fe en la fe. No fe en nosotros mismos, o nuestras obras o devoción. No fe en la propia Biblia, como libro sagrado. No fe en la doctrina correcta. No fe en la cruz o cualquier otro objeto. El justo vive por la fe en las promesas fieles de Dios, hechas reales en nosotros a través de Jesucristo por el poder del Espíritu Santo.

Esto es lo que significa confiar en Jesucristo para nuestra salvación y la del mundo.

Si tenemos fe en Jesucristo, también tenemos la fe de Jesús de que Dios cumplirá todas sus promesas del reino. Así que estamos llamados a ser fieles a ese llamado y representar nuestra esperanza en formas que nos hagan fructíferos precisamente en el cumplimiento de esa esperanza. Esto lo vemos en Jesús mismo, tanto nuestro Salvador y nuestro ejemplo.

A la luz de la promesa de Dios a través de la fe, y nuestro compromiso de vivir esa fe, terminamos donde Habacuc lo hizo: “Mas Jehová está en su santo templo; calle delante de él toda la tierra” (Habacuc 2:20).

¿El justo vivirá por la fe en qué? En Jesucristo y en la promesa de Dios de que “la tierra será llena del conocimiento de la gloria de Jehová, como las aguas cubren el mar”. En contexto, la fe aquí se refiere a “la visión”, que es explícitamente una visión del cumplimiento de los propósitos de Dios (2:14): el reino de Dios en plenitud.

Un recordatorio amable, entonces. Yo no vivo en la fe en Jesucristo solamente para la salvación personal centrada en mí. Yo vivo también por la fe en la promesa de Dios para la sanación de toda la creación.

Así que los seguidores de Jesús nos convertimos no sólo en creyentes para nuestra propia salvación, sino en obreros y “confiadores” en la venida plena del reino de Dios en la tierra.

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La Biblia es como Jesús (en Filipenses 2)

“Comprender cuán influida por la cultura está la Biblia es en realidad una expresión de los extremos a los que llega Dios al ir a hablar a las personas adonde ellas estén. Algunos se refieren a esto como una comprensión encarnacional sobre qué es la Biblia. De la misma manera que Jesús es totalmente un ser humano, pero sin embargo es el Hijo de Dios, la Biblia, también, refleja la época en que Dios se reveló a esas personas.

Esto puede ponerse difícil de aceptar, ya que en el Mundo Antiguo pensaban de manera diferente a nosotros. Creían que la tierra era plana. Creían que había una cúpula sólida sobre nosotros que evitaba que las aguas cayeran. Eso es lo que pensaban acerca de la naturaleza de la realidad. Creo que a veces cometemos el error de asumir que Dios, que es un Dios que dice la verdad, nunca diría eso. Él es un Dios que dice la verdad, pero también es un Dios de amor que habla con las personas en categorías que ellas son capaces de entender. No hay que exagerar, pero creo que vemos la gloria de Dios a través de lo mucho que Él está dispuesto, por decir algo, a humillarse a sí mismo, a hablar en el lenguaje de la época, el lenguaje de la gente común, al igual que Jesús.”

Peter Enns

El anterior me parece un muy buen argumento para aquellos que temen que el estudio crítico (o científico, o académico) de la Biblia signifique la pérdida de la autoridad que le dan como Escritura. Una vez que se toma en serio la idea cristiana de que Jesús es divino y humano voluntariamente (Filipenses 2:5-8) entonces también es más fácil ver a la Biblia como inspirada por Dios y al mismo tiempo limitada por la cultura, conocimientos e ignorancia de sus escritores humanos. Y así como cualquier idea sobre Jesús que resalte más su lado divino por sobre el humano (o el humano por sobre el divino) es contrario a la enseñanza cristiana tradicional, por analogía también lo es creer que porque la Biblia es la “Palabra de Dios” no puede tener errores, o que no se la puede estudiar como la colección de obras literarias que es. Al contrario, estudiarla de esa manera puede ser para el creyente una forma más de acercarse al entendimiento de Dios y la forma en que actúa en la historia humana.

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Conferencia de Antonio Piñero: El clamoroso éxito de Pablo

   En esta ocasión aprovechamos de difundir esta excelente conferencia de Antonio Piñero sobre Pablo y su visión del cristianismo, y cómo a partir de la variedad de cristianismos que existían en los siglos I-II (paulino, judeo-cristiano, gnóstico, etc.) fue su visión la que terminó imponiéndose. Muy recomendable. Grabada en Sanlúcar de Barrameda (Cádiz), 13 Octubre 2011.

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¿Quién necesita a un Adán histórico?

Anteayer, Peter Enns recomendó en su blog un interesantísimo posteo publicado por David Williams en Resurrecting Raleigh. Trata de la discusión que se da entre quienes dicen que Adán fue una figura histórica y entre quienes pensamos que no existió un Adán histórico, sino que es una figura de un pasado mítico. Uno de los argumentos de quienes prefieren un Adán histórico es la comparación que hace Pablo entre Adán y Jesús en Romanos 5,  diciendo que, como Jesús existió históricamente, para que la comparación funcione tiene que haber existido un Adán histórico. Williams muestra que no es necesario que esto sea así, y comienza comentando una biografía de Robert Oppenheimer (uno de los científicos que desarrolló la primera bomba atómica) en que se lo compara con Prometeo, el titán de la mitología griega que robó el fuego a los dioses y lo entregó a los seres humanos. Tal como en la biografía del científico se compara a una figura histórica del pasado reciente (Oppenheimer) con una figura del pasado mítico (Prometeo), también Pablo compara a Jesús (una figura histórica reciente para él) con Adán (para nosotros, una figura de un pasado mítico). Les dejamos el texto para que lo lean por ustedes mismos y vean qué les parece: ¿realmente es necesario que haya existido un Adán histórico para que Jesús sea un segundo Adán?

¿Quién necesita un Adán histórico?

por David Williams

[…] Esta mañana estuve leyendo el capítulo 5 de la epístola de Pablo a los Romanos, donde él compara a Jesús con Adán. Pablo escribe:

12 Por tanto, como (hosper) el pecado entró en el mundo por un hombre, y por el pecado la muerte, así la muerte pasó a todos los hombres, por cuanto todos pecaron.

13 Pues antes de la ley, había pecado en el mundo; pero donde no hay ley, no se inculpa de pecado.

14 No obstante, reinó la muerte desde Adán hasta Moisés, aun en los que no pecaron a la manera de la transgresión de Adán, el cual es figura (typos) del que había de venir. (5:12-14, RV60)

Con la biografía de Bird y Sherwin en la cabeza, me pareció hoy más que nunca antes que la comparación de Pablo entre Jesús y Adán es básicamente eso: una comparación. Más específicamente, el papel de Adán en la comparación es que Adán es el typos, la figura, el patrón, el modelo de Jesús, “el que había de venir” (tou mellontos). Jesús, al igual que Adán, es un hombre cuya acción decisiva única ha tenido consecuencias para toda la humanidad posterior.

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