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¿Por qué seguir leyendo la Biblia, y no reemplazarla por otra cosa?

     La pregunta del encabezado es planteada con frecuencia, entre otros, por los llamados ‘nuevos ateos’, pero aunque desde su propia lógica parece válida hay un punto en particular que muestra su debilidad. El historiador David M. Carr, en su libro The Erotic Word, lo resume muy bien:

“Cuanto más clara se ha vuelto para mí la forma en que se ha usado la Biblia para reprimir la sexualidad, más he avanzado hacia una relectura de la Biblia como un todo. Hago esto a partir de la convicción de que el verdadero cambio requiere interactuar con los recursos culturales que ya tenemos. Sólo así nuestras soluciones pueden conectarse con donde estamos y hacernos avanzar. Sin duda, hay quienes preferirían simplemente no prestar atención a la Biblia, pero está demasiado profundamente arraigada en muchos de nosotros y en nuestra cultura. La ignoramos a nuestro propio riesgo. Justo cuando creemos que estamos libres de ella, las viejas interpretaciones de la Biblia regresan y nos vuelven a engañar.”  (1)

Notas:

(1) Carr, David M., The Erotic Word: Sexuality, Spirituality, and the Bible, Oxford University Press, 2003, pp. 11-12. (Enlace en Google books aquí).

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Agnósticos y escépticos acerca del Jesús histórico

   En estos días estoy teniendo un interesante debate en la página de la Asociación Escéptica de Chile (AECH) acerca de las pruebas a favor de la existencia del Jesús histórico. Como buenos escépticos, tienden a ser bastante cuidadosos acerca de las afirmaciones que aceptan como válidas, pero en el caso de Jesús y el cristianismo primitivo al parecer se impone la militancia atea y/o agnóstica por sobre la evaluación de la evidencia disponible.

   Por lo que pude sacar en limpio, muchos de los que no consideran suficientes las pruebas históricas a favor de la existencia de Jesús (en tanto un judío del siglo I, crucificado por los romanos, etc.) lo hacen porque eso supondría “ceder” en los aspectos sobrenaturales de la historia de Jesús narrada por los creyentes (milagros, divinidad, nacimiento de una virgen, etc.) lo cual, como escribí antes, es un punto en que la Historia y sus métodos no son las herramientas adecuadas para la discusión, así que ni siquiera debería ser tema.

   Otros apuntan a que la información acerca de Jesús está tan manipulada por las iglesias y las afirmaciones teológicas cristianas que es imposible acceder a una figura histórica (si es que en realidad existió). Así que, para ellos, argumentar que la principal fuente de información acerca de Jesús se encuentra en los textos cristianos del siglo I (el Nuevo Testamento) es un argumento circular y por tanto no válido, independiente de que la inmensa mayoría de los especialistas los consideren imprescindibles en sus investigaciones y se hayan desarrollado sofisticadas metodologías para contrarrestar las tendencias teológicas de los textos. Además, en lo que es un rasgo común en muchos foros ateos/agnósticos/escépticos etc., no se considera casi para nada la enorme cantidad de investigación histórica seria acerca del Jesús histórico y el cristianismo primitivo, pero en cambio se le da gran importancia a teorías revisionistas como la del Jesús puramente mítico, defendidas, por ejemplo, en documentales como “The God Who Wasn’t There” (2005), y por autores tan dispares como Earl Doherty, Robert M. Price, e incluso Richard Dawkins, pese a que este último es un biólogo evolutivo sin experiencia conocida en investigación histórica.(1) La pregunta que surge es porqué personas inteligentes y que en otras áreas del conocimiento (como biología o astronomía) son muy cuidadosas acerca de la información que seleccionan y las autoridades intelectuales a las que se remiten, en ésta consideran tan poco válidas a quienes justamente se dedican a investigar estos temas. Las respuestas que se me ocurren son, o que no conocen la complejidad y resultados del campo de investigación, o creen que todos los investigadores tradicionales forman parte de algún tipo de conspiración (por acción o por omisión) para ocultar la verdad y así mantener su prestigio y el de las religiones, lo que no se diferencia mucho de cuando algunos creyentes fundamentalistas acusan a la investigación crítica de ser inspirada por el diablo (tiendo a creer que es la primera, aunque nunca se sabe…)

   Finalmente, están aquellos que sí están informados acerca de las discusiones historiográficas pero que se muestran tremendamente críticos a la hora de evaluar las evidencias, pidiendo pruebas extraordinarias para el caso (como cuando medio en broma/medio en serio se pide el “certificado de nacimiento de Jesús”). Lo cual, en mi opinión, no es ni necesario ni beneficioso: si así fuera no se podría casi hablar de muchos periodos históricos y personas acerca de las cuales las pruebas son escasas (si no me cree intente probar, bajo los criterios que se exigen en el caso de Jesús, la historicidad de cualquier persona común y corriente de hace más de 200 años). Y aunque “afirmaciones extraordinarias requieren siempre de evidencia extraordinaria”, como dijo alguien por ahí, una vez que se admite que no es la Historia la capacitada para entregar esas evidencias acerca de eventos sobrenaturales, lo que queda es un fenómeno (la existencia de un judío en particular en el siglo I) del que las evidencias disponibles permiten extraer cierta cantidad de información confiable. Por ejemplo, el historiador E. P. Sanders, en su libro Jesus and Judaism (1985), da la siguiente lista de hechos acerca de los cuales podemos tener bastante certeza:

  1. Jesús fue bautizado por Juan el Bautista.
  2. Jesús fue un galileo que predicaba y sanaba.
  3. Jesús llamó discípulos e indicó que debían ser 12.
  4. Jesús confinó sus actividades a Israel.
  5. Jesús se vio envuelto en una controversia acerca del Templo.
  6. Jesús fue crucificado en las afueras de Jerusalén por las autoridades romanas.
  7. Después de su muerte los seguidores de Jesús continuaron como un movimiento identificable (2)

lo que realmente no es poco para alguien que vivió hace 2.000 años y no pertenecía a la clase dominante, que era la que seleccionaba aquellos eventos y personajes de los que se mantenía recuerdo.

Notas:

(1) Doherty,  E., Jesus: Neither God Nor Man – The Case for a Mythical Jesus, Age of Reason Publications, 2009.

Price, R., “Jesus at the Vanishing Point”, en Beilby, J. y Eddy, P. (eds.) The Historical Jesus: Five Views, InterVarsity Press, 2009.

Dawkins, R., The God Delusion, Bantam Press, 2006. Dawkins dice que es posible argumentar seriamente que Jesús nunca existió, aunque evita entrar en la discusión con un “Jesús probablemente existió” (pp. 96-97, enlace en Google books aquí).

(2) Un revisión de estos y otros puntos aquí.

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