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Michael Hardin: Cómo leía su Biblia Jesús (parte 4 y final)

Detalle de “Cristo apareciendo a sus discípulos después de la resurrección”, de William Blake (c. 1803-5)

Cuarta parte y final de esta serie por Michael Hardin, autor del libro La vida impulsada por Jesús. Enlace original (en inglés) aquí. Disfruten.

Cómo leía su Biblia Jesús (parte 4)

por Michael Hardin

Si Dios habla a través de las Escrituras, y creo que Dios sí lo hace, ¿cómo debemos comprender a Dios hablando? Comienzo con varios criterios.

El primero es que en Jesús “habita corporalmente toda la plenitud de la Deidad” (Colosenses 2:9). Jesús es la figura que se revela el carácter del Padre (Hebreos 1:1-3, Juan 1:1-18, etc.)

El segundo es éste: Dios habla a través de vasos resquebrajados. El más grande de discurso/acción de Dios puede encontrarse en la cruz. Dios hizo su mejor trabajo en la cruz, reconciliando a la humanidad obstinada, ciega y rebelde al perdonar sus pecados.

La cruz es el mayor lugar de quebrantamiento de Dios. Es en este quebrantamiento que vemos con mayor claridad el afecto de Dios por la humanidad, un afecto o amor que recibe incluso malos juicios, tortura,  humillación y vergüenza, y todavía anuncia el perdón.

Pablo en 2 Corintios 4 dice que tenemos “este tesoro en vasos de barro”. Este tesoro es el evangelio (versículo 3). Si un vaso pudiera contener la luz, por ejemplo la luz del Evangelio, y fuera perfecto, entonces esa luz no se vería, ya que no tendría ningún lugar través del cual brillar. Si estuviera agrietado, entonces habría lugares para que la luz se filtrara y resplandeciera.

Para mí, la Escritura es como un vaso agrietado, es porque está agrietado que la luz es capaz de brillar. Si en nuestro resquebrajamiento Dios hace brillar su luz, en y a través de nosotros, ¿no podemos también afirmar lo mismo de los profetas y de los apóstoles? ¿No podemos decir que somos más parecidos a Dios, no cuando estamos completos sino cuando estamos resquebrajados? ¿No lo sugiere el Cuarto Evangelio (Juan) en su visión de la relación entre la “gloria” (dóxa) y la cruz?

En otras palabras, no necesitamos una teoría de la Escritura donde la Biblia deba ser perfecta para que Dios revele el ser de Dios.

Algunos pueden objetar y decir que si es así, ¿cómo distinguimos entre qué es “la palabra del hombre” y qué es “la Palabra de Dios?” Esto ya ha sido respondido al sugerir que la revelación viene a través de la voz de la víctima que perdona.

Es el Crucificado el que nos habla la palabra eterna: shalom. El perdón anunciado por Jesús en la cruz no es diferente del “shalom” anunciado por el Jesús Resucitado. Son las dos caras de una moneda. Dios está en paz con la humanidad.

Por esta razón, no veo la cruz como la evacuación de todos los conceptos de la ira divina, existencial y escatológica. No hubo ira de Dios derramada sobre Jesús en la cruz; la ira es estrictamente nuestra. Tampoco existe una ira escatológica, como si Dios se hubiera aliviado sólo en parte en la cruz, pero que luego se asegurará de dar rienda suelta a la ira santa en el Final.

La cruz es la muerte de todos nuestros conceptos de Dios, y nosotros los seres humanos somos los que, a través de la justificación de los chivos expiatorios, creemos que Dios es uno con nosotros cuando victimizamos. Después de todo, “Dios” victimizó a muchas personas y grupos de personas en el Antiguo Testamento.

Esta manera sacrificial de pensar es acabada por el anti-sacrificio de Jesús. La sangre de Jesús cubre nuestros pecados, no a través de alguna transacción divina, sino cuando levantamos nuestras manos manchadas de sangre y escuchamos la voz divina: “Están perdonados, todos y cada uno de ustedes, todos ustedes”. Sigue leyendo

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Michael Hardin: Cómo leía su Biblia Jesús (parte 3)

Juan el Bautista enviando a sus discipulos a Cristo (c.1240-1310). Mosaico en el domo del Battistero di San Giovanni, Florencia, Italia.

Continuamos con la tercera parte de esta serie de Michael Hardin, autor del libro La vida impulsada por Jesús y co-fundador de Preaching Peace (Predicando Paz), una organización cuyo lema, muy relacionado con este posteo, es “Educando a la Iglesia en la visión de paz de Jesús”. Enlace original (en inglés) aquí. Disfruten.

Cómo leía su Biblia Jesús (parte 3)

por Michael Hardin

Terminamos el último mensaje diciendo:

Nada molesta más a algunas personas que perder un Dios iracundo, enojado, retributivo y castigador. Esto es sólo porque queremos creer que Dios toma partido, y que ese partido es inevitablemente el nuestro.

Gran parte de la enseñanza de Jesús subvierte esta forma sacrificial de pensar.

Un ejemplo es la parábola del fariseo y el publicano en Lucas 18:9-14, ¡donde lo que cuenta como justicia está completa y totalmente patas arriba!

Si, como sostuve en mi último posteo, Jesús comienza su ministerio preguntando cómo sería un Dios sin el castigo divino (Lucas 4), y si él actúa de esta manera en su ministerio y si interpreta la Biblia para decir esas cosas, surge la pregunta:

  • ¿No deberíamos también seguir a Jesús en interpretar nuestra Biblia de la misma manera?
  • ¿Es la interpretación bíblica también una parte del discipulado?
  • ¿Seguir a Jesús incluye algo más que vivir una vida virtuosa?
  • ¿Podría también tener que ver con ayudar a la gente a cambiar la forma en que se imaginan a Dios?

Tal fue el caso de Jesús, quien constantemente llamó a la gente a “cambiar su forma de pensar”. Esto es lo significa el arrepentimiento, cambiar la forma de pensar sobre las cosas (en griego, metanoia). Cuando cambiamos nuestra forma de ver y entender el carácter de Dios, todo lo demás cambia y nos volvemos (en hebreo, shuv) al Dios vivo y verdadero.

Podemos ver a Jesús haciendo lo mismo en Lucas 7:18-23 cuando responde a los seguidores de Juan el Bautista. Herodes había encarcelado al Bautista por su predicación contra la familia de Herodes. Juan no quería morir sin saber si Jesús era el que había de venir.

Ahora bien, ¿qué pudo haber creado esta duda en la mente de Juan? La respuesta está en la respuesta de Jesús a los discípulos de Juan: “Id, haced saber a Juan lo que habéis visto y oído”, dice Jesús, y luego sigue una lista de los milagros. ¿Está Jesús diciendo: “Díganle a Juan que han visto a un hacedor de milagros y que Dios está haciendo grandes cosas a través mío?”

¿Acaso Juan no sabe ya estas cosas sobre Jesús? Seguramente sí. Los sanadores eran algo raro pero no infrecuente en la época de Jesús. ¿Qué está diciendo realmente Jesús?

Lucas 7:22 y ss. es una selección de textos, sobre todo de Isaías, pero que incluye también los milagros de Elías y Eliseo (ciegos: Isaías 61:1-2, 29:18, 35:5; cojos: 35:6; sordos: 29:18, 35:5; pobres: 29:19; muertos/leprosos: 1 Reyes 17:17-24 y 2 Reyes 5:1-27).

Todos los textos de Isaías incluyen una referencia a la venganza de Dios, ninguna de las cuales cita Jesús. Como en Lucas 4, lo que está en juego es la violencia retributiva de Dios, que era un aspecto importante de la proclamación de Juan (Lucas 3:7-9).

Juan, como los profetas anteriores a él, creía que Dios iba a traer una ira apocalíptica. En ninguna parte de la predicación de Jesús encontramos algo así, y esto es lo que confundió a Juan, al igual que confundió a los oyentes en la sinagoga de Jesús.

Jesús le dice a Juan implícitamente, a través de su mensaje a los seguidores de Juan, que la ira de Dios no es parte de su mensaje, más bien lo son las curaciones y las buenas noticias. Es decir, ¡Jesús estaba invitando a Juan a leer Isaías como él lo hacía!

Lo último que Jesús le dice a los discípulos de Juan el Bautista es “bienaventurado el que no se escandaliza por causa mía”. ¿Qué podía causar este escándalo? ¿Qué había dicho y hecho Jesús que haría que las personas tropezaran con su mensaje? Las pistas están aquí, en Lucas 4 y 7.

Jesús no incluyó como parte de su mensaje la idea de que Dios derramaría su ira sobre los enemigos de Israel con el fin de salvar a Israel. La violencia no es parte de la “economía divina” de Jesús.

Es triste decirlo, pero la mayoría de los cristianos siguen pensando más como Juan el Bautista que como Jesús.

Los cristianos han vivido mucho tiempo con un Dios castigador.

  • Decimos que Dios es perfecto y por lo tanto tiene el derecho de castigar a los que él considere conveniente.
  • Decimos que Dios traerá su justa ira sobre todos los que rechazan a Dios.
  • Decimos que Dios puede hacer lo que quiera, porque Dios es Dios.

Toda esta lógica es ajena a la enseñanza del evangelio de Jesús sobre el carácter de su Abba celestial.

Jesús no parte de una noción abstracta de Dios o de la metafísica platónica, sino con el Dios Creador a quien conoce como amoroso, amparador y preocupado por todas las personas, independientemente de su condición moral, su política, su origen étnico o su condición social o económica. Dios cuida de todos por igual.

Al eliminar el castigo divino de la obra y el carácter de Dios, Jesús, por primera vez en la historia humana, abrió un nuevo camino, un camino que nos invita a recorrer también.

Lamentablemente, pocos han encontrado este camino y la historia de la iglesia está llena de cientos, incluso miles de ejemplos de un dios con la cara de Jano, un dios que es misericordioso y colérico, amoroso y castigador. Algunos han dicho que tenemos que mantener unidos estos dos lados.

Jesús no lo hizo, y tampoco debemos hacerlo nosotros. Ya es hora de que sigamos a Jesús en reconsiderar cómo es una divinidad sin justicia retributiva.


Otras partes de esta serie:

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Michael Hardin: Cómo leía su Biblia Jesús (parte 2)

Seguimos con esta serie del autor y orador estadounidense Michael Hardin (para una presentación más completa de él, ver esta entrevista). En el posteo anterior, Hardin introdujo el incidente en la sinagoga en Nazaret en Lucas 4; en este continúa analizando la forma en que Jesus cita el texto de Isaías y por qué eso provocó la reacción airada de quienes lo escuchaban. Debo decir que antes de oír y leer a este autor, siempre asumí la interpretación tradicional (que lo que enojó a los judíos fue que Jesús estaba diciendo que él era el Mesías), pero el argumento de Hardin va mucho más allá, hasta la interpretación de la doctrina de Dios y de la violencia de Dios, de una manera que resulta muy estimulante para la reflexión.

Para un análisis más detallado y los argumentos completos, ver el libro La vida impulsada por Jesús. (También, para una interesante “versión moderna” del incidente en la sinagoga, ver “Alboroto en Nazaret por el hijo de José” en Periodista Digital). Enlace original (en inglés) aquí. Disfruten.

Cómo leía su Biblia Jesús (parte 2)

por Michael Hardin

Cuando yo enseño sobre Lucas 4, señalo que Isaías 61:1-2 era uno de los pasajes más populares en el judaísmo. Es citado en los Manuscritos del Mar Muerto y otros escritos, así como en la literatura rabínica. ¿Alguna vez han visto uno de esos letreros que dicen “Juan 3:16”? En la época de Jesús ése letrero habría dicho “Isaías 61:1-2”.

Lo que lo hacía tan importante era que se trataba de un pasaje típico para el Año del Jubileo. Era un texto que expresaba la esperanza de Israel, de liberación no sólo de la opresión espiritual, sino también de la opresión política y económica. La visión de Isaías era de shalom, de plenitud de todo en la vida.

La primera cosa a notar es que Jesús no cita el texto entero, sino que elimina una línea muy importante: “y el día de la venganza de nuestro Dios”. La pregunta es: ¿por qué hizo esto?

Algunos sugieren que ahora es el tiempo de la gracia, así que Jesús no cita el texto acerca de la venganza de Dios porque esta vendrá más adelante, al final de los tiempos. Pero en ningún otro lugar Jesús parece citar el texto bíblico de esta manera, y nunca parece dividir la obra de Dios en dispensaciones o períodos de tiempo. Algo más está pasando aquí.

En segundo lugar, está el problema de traducción que surge en Lucas 4:22. La mayoría de las traducciones indican que la multitud estaba satisfecha con Jesús. Estos mismos oyentes de la sinagoga después comentan: “¿No es éste el hijo de José?”

La entonación que se supone debemos usar sería algo así como: “¡Qué buen sermón y qué buen predicador ha resultado ser Jesús, su padre estaría muy orgulloso!” Pero, ¿es este el caso?

El texto griego es bastante sencillo y varias versiones tradicionales lo traducen adecuadamente como “todos daban testimonio de él”. Este testimonio no es ni positivo ni negativo. ¿Por qué entonces los traductores dicen “todos hablaban bien de él”?

Los traductores tienen que hacer lo que se conoce como una decisión sintáctica, tienen que decidir si el “dar testimonio” es negativo o positivo. Técnicamente hablando, tienen que decidir si el pronombre dativo, “de él”, es un dativo de desventaja o un dativo de ventaja: ¿la multitud daba testimonio a su favor o en su contra?

Si es el primer caso, entonces la entonación que dimos antes a la frase “¿no es éste el hijo de José?” tendría sentido, y a continuación Jesús se pondría sarcástico sin ninguna razón; pero si es el segundo caso, entonces también podríamos traducir este texto como “y todos hablaban mal de su sermón”, es decir, que no les gustó lo que dijo.

De forma que la entonación de la frase “¿no es éste el hijo de José?” debería ser traducida algo así como: “¿Quién se cree Jesús que es entrando en nuestra la sinagoga y diciendo esas cosas?” Con esta traducción alternativa y preferible del versículo 23, Jesús no está siendo sarcástico sino que está respondiendo a la negatividad de los oyentes.

Un tercer punto a destacar se refiere a los dos ejemplos que Jesús cita, de dos de los más grandes profetas de Israel, Elías y Eliseo. En ambos casos Jesús señala que Dios trabajó no dentro de los límites de Israel sino fuera del pueblo elegido cuando envió a estos profetas a alimentar y sanar.

¿Cuál es la conexión entre lo que estos profetas hicieron y lo que Jesús dijo cuando citó el texto de Isaías, y por qué la gente se enojó tanto con él como para querer matarlo?

Hemos señalado que cuando Jesús citó el texto de Isaías no citó la frase “y el día de la venganza de nuestro Dios”. Si, en la opinión popular, parte de la promesa del jubileo era que Dios iba a liberar a Israel de sus opresores, y si esa expectativa era que Dios iba a castigar a sus opresores, entonces la frase “y el día de venganza de nuestro Dios” sería un aspecto de la ansiada y esperada liberación con la que los enemigos de Israel serían derribados.

La liberación política era considerada un aspecto de la ira de Dios sobre los enemigos de Israel. Al eliminar esta línea, Jesús también eliminó la posibilidad de que el jubileo incluyera la ira de Dios sobre todos los que oprimían a Israel. Sus palabras eran de hecho “palabras de gracia”.

La cita de los dos ejemplos de Elías y Eliseo justifica la exclusión por parte de Jesús de este dicho de venganza, porque ambos profetas habían realizado sus milagros de curación entre extranjeros, a los que (en la religiosidad popular) se suponía que Dios odiaba.

En resumen, Jesús les estaba diciendo a sus oyentes de la sinagoga:

“El Jubileo está aquí, no sólo para ustedes sino también para aquellos que ustedes odian; de hecho, Dios también se dirige a sus opresores con este mensaje de jubileo, liberación y salvación. Dios se convertirá en el Dios de ellos, y por lo tanto todos ustedes serán una familia”.

Ahora podemos empezar a entender por qué se enojaron tanto con él.

Pero hay una implicación adicional que puede extraerse de esto. Mediante la eliminación de la frase relativa a la venganza de Dios, Jesús eliminó la noción de violencia retributiva de la doctrina de Dios.

En efecto, él está diciendo que Dios no es como pensamos: amoroso con nosotros y enojado con los que odiamos. Hay una pegatina con una frase que capta este problema. Dice: “¿No es conveniente que Dios odie justo a la misma gente que tú?”

Al igual que los galileos, también nosotros tenemos la tendencia de querer creer que Dios está de nuestro lado y que juzgará “al otro” que está en nuestra contra o es diferente a nosotros. Tal no era el caso con Jesús. El observó que Dios no hace distinciones entre los justos y los malos, entre opresores y oprimidos: ambos necesitan la liberación y la bendición de Dios. ¿No dice él: “Dios hace salir su sol sobre malos y buenos, y hace llover sobre justos e injustos” (Mateo 5:45)?

Este es quizás el punto más importante que trato de hacer en mi libro La vida impulsada por Jesús, que, como Jesús, es esencial para que podamos comenzar a replantearnos la forma de entender la “ira” o violencia retributiva de Dios.

Sugerir que Dios no es violento o mejor aún, que Dios no interviene en el ciclo de venganza y castigo retributivo sin duda le parecerá a muchos algo equivocado. Algunos de lo que hayan leído hasta aquí sin duda estarán dispuestos a expulsarme del pueblo. Si usted se siente así, ¿cuál es la diferencia entre como se siente usted y como se sintieron los oyentes de Jesús el día que él predicó en la sinagoga de su pueblo?

Nada molesta más a algunas personas que perder a un Dios iracundo, enojado, retributivo y castigador. Esto es sólo porque queremos creer que Dios toma partido, y que ese partido es inevitablemente el nuestro.


En la entrada de mañana, Hardin explorará algunas implicancias del eliminar la noción de violencia retributiva de la doctrina de Dios. Quedan tod@s invitad@s.

Otras partes de esta serie:

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Michael Hardin: Cómo leía su Biblia Jesús (parte 1.2)

jesussinagoga

Enlace original aquí.

Cómo leía su Biblia Jesús (parte 1.2)

por Michael Hardin

Los protestantes con frecuencia argumentan que, como Jesús citó la Biblia judía, eso significa que él aceptaba su autoridad en su conjunto. Cuando hacen esto están introduciendo al pasado una visión moderna de la autoridad de la Escritura o el canon.

El hecho es que había muchos y variados puntos de vista de la autoridad de los escritos bíblicos, y no todos los grupos de la época de Jesús tenían la misma visión de la autoridad bíblica. También es cierto que la forma en que Jesús y los escritores del Nuevo Testamento citan e interpretan la Escritura sigue ciertos patrones de su cultura.

Los grupos de la época de Jesús tenían normas o directrices para la interpretación del texto bíblico. La pregunta clave para nosotros (y una que rara vez se plantea) es la siguiente: ¿tuvo Jesús un modo de usar su Biblia que fuera diferente de los que lo rodeaban? Yo digo que sí.

El texto clave para explorar en esta sección está en el sermón inaugural de Jesús en su sinagoga de Nazaret, que se encuentra en el Evangelio de Lucas (4:16-30).

Para ser justos, muchos eruditos críticos ven la mano del editor del Evangelio en este texto, señalando que muchas frases son típicas de Lucas. Sin embargo, sospecho que hay una historia auténtica que subyace a este texto por cuanto el primer sermón de Jesús casi hace que lo mataran.

También hay una gran congruencia con la forma en que Jesús interpreta la Escritura en este texto y su manera de entender la teología y la ética que encontramos en sus enseñanzas, por ejemplo, en el Sermón de la Llanura (Lucas 6).

Escena de "Jesús de Nazaret" (1977).

Escena de “Jesús de Nazaret” (1977).

En Lucas 4, Jesús vuelve a Nazaret después de haber sido bautizado y luego probado en el desierto. Entra en la sinagoga y se le pide que lea la Escritura.

En la época de Jesús esto podía ser de dos modos: primero, como lector (vocalizador) del texto hebreo, que los galileos no habrían entendido. Sería como que alguien leyera el Nuevo Testamento en griego en la iglesia de hoy.

Segundo, como traductor/intérprete, conocido como targumista. Esta persona no leía un pergamino sino que recitaba de memoria una traducción “estándar” en arameo (un tárgum), que era la lengua semítica común en Palestina. Lucas no es claro sobre qué rol adoptó Jesús, quizá fusionando ambas funciones en una sola. Sin embargo, en Lucas, Jesús toma el libro y lee de Isaías:

“El Espíritu del Señor está sobre mí, Por cuanto me ha ungido para dar buenas nuevas a los pobres; me ha enviado a sanar a los quebrantados de corazón; a pregonar libertad a los cautivos, y vista a los ciegos; a poner en libertad a los oprimidos; a predicar el año agradable del Señor”.

Después de esto enrolla el pergamino, lo entrega al asistente quien lo guarda, y luego Jesús se sienta. El sermón fue corto y dulce. Él dice: “Hoy se ha cumplido esta Escritura delante de vosotros”.

Ahora lo que sigue es extraño, porque al principio parece que los oyentes están muy contentos con lo que dijo Jesús. Pero él les replica con cierto sarcasmo y luego cita dos ejemplos (Elías y Eliseo) para justificar su sarcasmo. Es en este punto que la gente quiere acabar con él y matarlo arrojándolo por un precipicio.

Esto no tiene mucho sentido. Algunos intérpretes dicen que lo que puso a Jesús en problemas fue una especie de afirmación “divina”: que Dios lo había ungido para ser especial. ¿Pero es ése el caso?

En mi próximo posteo, con el fin de ver lo que está pasando aquí en Lucas 4, notaremos tres aspectos críticos pero interrelacionados de este episodio. En primer lugar, tomaremos nota de la manera en que Jesús cita el libro de Isaías en comparación con lo que realmente aparece en Isaías. En segundo lugar, veremos el problema de traducción del versículo 22. En tercer lugar, veremos por qué Jesús usa estos ejemplos específicos de Elías y Eliseo [4:25-27].


Otras partes de esta serie:

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Michael Hardin: Cómo leía su Biblia Jesús (parte 1.1)

Estudio Bíblico

Como mencionamos en un post anterior, Hardin es un autor y orador que vale la pena conocer y aprovechar, así que este post y los siguientes van muy recomendados. Artículo publicado originalmente en el blog de Peter Enns; enlace original (en inglés) aquí. Disfruten.

Cómo leía su Biblia Jesús (parte 1.1)

por Michael Hardin

michael-hardinDe los teólogos modernos hemos aprendido que lo que uno dice sobre la Escritura y cómo uno la utiliza pueden ser dos cosas diferentes, y que cómo se utiliza la Escritura es la verdadera indicación de lo que uno cree sobre ella.

Me doy cuenta, por ejemplo, que muchos predicadores usan las Escrituras como un trampolín: la citan y después saltan en una piscina de ideas, dejando el texto bíblico atrás. Lo que dicen puede ser bueno, verdadero, o incluso relevante, pero tiene poca o ninguna relación con el pasaje en discusión.

Otros predicadores que he escuchado tratan las Escrituras como si estuvieran diseccionando una rana en una clase de ciencias de séptimo grado. Se dan cuenta con alguna repugnancia de cosas que no les gustan, y pueden ser bastante críticos en el proceso de averiguar qué es lo que hay frente a ellos.

Algunos tienen un alto concepto de las Escrituras, por lo que quieren decir que las Escrituras son la Palabra de Dios, inspirada y sin error; sin embargo, la forma en que la usan delata que en realidad no se la toman muy en serio. Esas personas ignoran el contexto, y un texto sin contexto es un pretexto, o como dice mi amigo australiano Jarrod McKenna, “un texto sin contexto es un engaño”.

Estas personas tienen un enfoque de la Biblia como de canción de jardín de niños: un versículo por acá, un versículo por allá, un versículo por acullá. La predicación fundamentalista contemporánea es así; una serie de versículos en cadena donde todos dicen lo que sea que el predicador esté tratando de decir.

Eso hace que la Biblia sea plana, y se puede hacer todo tipo de cosas extrañas con una Biblia plana. Es como plastilina. Una lectura plana de la Biblia es como una película muda en blanco y negro comparada con una pantalla de televisión de alta definición con calidad Blu-Ray y sonido envolvente en 4D. ¿Qué preferiría usted? ¿Una delgada capa de mantequilla en un pan tostado frío o un buen banquete?

Hay una manera de leer la Biblia que es dadora de vida, reflexiva y gozosa. La forma en que se implementa la Escritura dice mucho más que lo que se cree sobre ella. Creer que algo es verdad acerca de la Biblia no significa que sea verdad, no importa cuántos lo hayan dicho.

Lo que cuenta, en definitiva, es la manera que la Biblia se interprete en tu vida, es decir, cómo tu vida es la interpretación viva de la Biblia.


En el posteo de mañana, Hardin revisará la forma en que la Biblia era leída en el judaismo c. del siglo I d.C.

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Video – Michael Hardin: una expiación no violenta

Michael Hardin es de los autores y oradores más entretenidos, agudos y apasionados que conozco en este tema nuestro de los “estudios bíblicos”. Es un estadounidense director de Preaching Peace (Predicando Paz), una organización que se dedica a difundir una visión pacifista de Jesús y el evangelio que éste predicaba; fuertemente influenciado por el teólogo suizo Karl Barth y sobre todo por el pensador francés René Girard; y del cual he aprendido muchísimo. Uno de sus libros ha sido traducido recientemente al español como La vida impulsada por Jesús, de lectura muy recomendada y que espero llegue pronto (!). (Pueden comprarlo en Amazon en este enlace).

En el video arriba, Hardin trata un temazo (y muy controversial, por lo demás) que podemos resumir como sigue: ¿cómo podemos decir a la vez que Dios es amor y que fue Dios quien castigó a Jesús en la cruz por los pecados de la humanidad? ¿Debemos necesariamente ver a Dios a la vez como amoroso e iracundo, misericordioso y juzgador, es decir, casi como un esquizofrénico? ¿No hay una forma mejor de explicar la cruz? Para Hardin, por supuesto, si hay una mejor manera, y espero que la encuentren tan estimulante, desafiante e inspiradora como yo.

También, l@s chic@s de La Conversación en Curso publicaron hace un tiempo una entrevista con Hardin y tienen otros materiales suyos, todo muy recomendable. Una vez más, la invitación a (re)pensar la propia fe queda hecha. Disfruten.

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Dios, el infierno, y la parábola del hombre enamorado

Michael Hardin y Sharon Baker

«Hay una historia que cuenta Michael Hardin —escribe sobre ella en La vida impulsada por Jesús— donde compara a Dios con un hombre que ama a una mujer.

El hombre ama a esta mujer, y le dice:

“Quiero casarme contigo, quiero estar toda la vida contigo. Te amo: haré todo por ti, te trataré bien, te apoyaré cuando estés en problemas, estaré allí cuando estés triste. Seré tu compañero constante, tu mejor amigo para siempre, no hay nada que pidas que no haré, te amo tanto que toda mi existencia estará dedicada a ti. Tanto así te amo y quiero estar contigo para siempre… pero si tú no correspondes a mi amor, te arrepentirás para siempre del día que me rechazaste: voy a hacer tu vida tan miserable que te gustaría estar muerta”.

Eso es lo que decimos de Dios cuando hablamos de castigo eterno en el infierno».

[Sharon Baker, teóloga y escritora cristiana estadounidense, en entrevista con Nomad Podcast (minuto 09:30 y ss.)]


La cita anterior plantea una serie de problemas a cómo muchos cristianos piensan en Dios y la doctrina del infierno: ¿es correcto describirla sólo como una “venganza” de un dios que se comporta como un celópata? ¿Qué hay de la duración ilimitada que usualmente implica la palabra “eterno”? ¿Es justo aplicar un castigo infinito a pecados finitos? Si en el Nuevo Testamento Jesús dice que hay que hacer el bien a los que nos aborrecen y perdonar hasta setenta veces siete, incluso a nuestros enemigos (Mateo 5:43-45; 18:21-22; Lucas 23:34), ¿por qué Dios no perdona también a sus enemigos? Si Dios es amoroso y justo a la vez, ¿el infierno es Dios siendo justo pero no amoroso? ¿Hay formas mejores de pensar el infierno? ¿Es esto realmente lo que enseñan los autores bíblicos acerca del destino último de (¿algunos?) seres humanos?

Todas estas son preguntas quizá incómodas para algun@s, pero necesarias, ya que la forma en que pensamos acerca de Dios, el infierno, o el uso de la violencia como correctivo y/o castigo influye sobre nuestras convicciones políticas, sociales, la crianza de nuestros hijos, el cómo tratamos a los demás, y un largo etc. Como es habitual en este espacio, la invitación no es a cambiar de punto de vista (aunque puede ser que alguien necesite hacerlo), sino a examinar el porqué creemos lo que creemos: ¿tiene fundamentos o requerimos un ajuste? (Los comentarios son bienvenidos).

En entregas posteriores comenzaremos a examinar estas y otras preguntas, comenzando por qué significa “eterno” en el Antiguo y en el Nuevo Testamento. Como adelanto, podemos señalar que entender el concepto como “duración ilimitada de tiempo” es cuando menos problemático. El sentido que tenían las palabras que traducimos en español como “eterno”, qué otras interpretaciónes son posibles y qué implicancias tienen para el estudio de la Biblia, lo iremos desarrollando de aquí en adelante.

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