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La parábola del Camino de Emaús (?) – John Dominic Crossan

Una más en este Domingo de Resurrección, y una más de John Dominic Crossan y las parábolas. Este es un tema difícil: para muchos/as cristianos/as dudar que las historias de la Resurreción realmente ocurrieron es estar a un paso a dudar de toda su fe. La “pendiente resbaladiza”, etc. Pero consideren esto: primero, algo que realmente ocurrió puede ser una muy buena parábola (es por eso, supongo, que gustan tanto las películas basadas en “historias de la vida real”); segundo, al igual que un director que decide adaptar una historia al cine, los evangelistas no sólo querían narrar una historia, sino entregar un mensaje. Para hacerlo tuvieron que seleccionar material (Juan 21:25) y también interpretarlo. Decir que la historia de Emaús es una parábola funciona tanto si “realmente ocurrió” como si no, pero lo que cuenta finalmente es la intención del autor, que Lucas la pensara para que funcionara como parábola en sus lectores (lo que se argumenta en el texto abajo).  Crossan cree que nunca ocurrió, y algunos estarán de acuerdo con él; otros, por ejemplo N. T. Wright, piensan que sí ocurrió, y también tendrá quienes lo acompañen. En cualquier caso, el mensaje y la reflexión merecen la pena como para perdérselos discutiendo sólo eso. El texto es una traducción libre de parte del prólogo del libro El poder de la parábola (enlace original, en inglés, aquí).

por John Dominic Crossan

[…] Yo había observado que las historias parabólicas de Jesús parecían notablemente similares a las historias acerca de la resurrección de Jesús. ¿Habían sido pensadas como parábolas, tanto como las anteriores? ¿Habíamos estado leyendo parábolas suponiendo que eran Historia, y por tanto comprendiéndolas mal las dos, por lo menos desde que el literalismo deformó tanto la imaginación pro-cristiana como la anti-cristiana en respuesta a la Ilustración? Pensemos, por ejemplo, en el camino de Jerusalén a Jericó con su buen samaritano y el camino de Jerusalén a Emaús con su Jesús de incógnito después de la resurrección. Casi todo el mundo acepta a la anterior en Lucas 10:30-35 como una historia de ficción con un mensaje teológico, pero ¿qué hay de la segunda en Lucas 24:13-33? ¿Es esta última hechos o ficción, historia o parábola? Muchos dirían que esta última historia sucedió realmente, pero ¿por qué si tan sólo unos capítulos antes una historia similar se considera puramente ficción, completamente parábola? Veamos un poco más de cerca.

Una primera pista de que Lucas 24:13-33 fue pensado como una parábola y no como Historia es que cuando Jesús se une a la pareja en el camino, no lo reconocen. Él está, por así decir, viajando de incógnito. Una segunda es que, incluso cuando explica en detalle cómo las escrituras bíblicas apuntaban a Jesús como el Mesías, ellos todavía no lo reconocen. Pero la tercera y definitiva pista del propósito de la narración está en el clímax y exige un cita completa:

“Llegaron a la aldea adonde iban, y él hizo como que iba más lejos. Mas ellos le obligaron a quedarse, diciendo: Quédate con nosotros, porque se hace tarde, y el día ya ha declinado. Entró, pues, a quedarse con ellos. Y aconteció que estando sentado con ellos a la mesa, tomó el pan y lo bendijo, lo partió, y les dio. Entonces les fueron abiertos los ojos, y le reconocieron; mas él se desapareció de su vista. Y se decían el uno al otro: ¿No ardía nuestro corazón en nosotros, mientras nos hablaba en el camino, y cuando nos abría las Escrituras?” (24:28-32).

Eso es parábola, no Historia. La liturgia cristiana implica la Escritura y la Eucaristía, pero no son iguales. La Escritura, incluso interpretada por el mismo Jesús, no hará más que crear “corazones que arden”, es decir, corazones listos, pero ¿para hacer qué? La Eucaristía invita al extraño a compartir la comida y encontrar que el extraño es Jesús. Ustedes se darán cuenta de que los verbos clave, “tomó, bendijo, partió, dio”, en el clímax de la historia de Emaús fueron también utilizados en la última cena de Pascua antes de la ejecución de Jesús (Marcos 14:22).

Esa narración es una parábola sobre amar, es decir, alimentar, al extraño como a ti mismo y encontrar a Jesús todavía (¿o sólo?) totalmente presente en ese encuentro. Eso me quedó muy claro hace décadas y resumí la antigua intención cristiana y el sentido cristiano moderno de esa parábola diciendo que “El cami­no de Emaús no existió nunca. Siempre se está camino de Emaús”. Esa es, por cierto, una definición introductoria de parábola: una historia que nunca ocurrió, pero que siempre ocurre, o que al menos debería.

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“Jesús: la parábola de Dios” – John Dominic Crossan

Llegamos a la  última entrega en la que hemos dividido esta ponencia del historiador John Dominic Crossan. En esta, resalta la que a su juicio es la diferencia fundamental entre el proyecto del reino de Dios de Jesús y “los reinos de este mundo”, que nuevamente funciona de forma parabólica (entonces y ahora). Lo que hacen “los reinos de este mundo” es establecer lo que ellos llaman justicia por medio de la violencia y la coersión; la visión de Jesús que propone Crossan plantea que aquel es el problema central porque, como escribe en otro lugar: “Jesús pudo haber dicho a Pilato que el gobierno de Roma era injusto y el gobierno de Dios era justo. Eso hubiera sido cierto, pero habría evitado la cuestión de si el gobierno justo de Dios debía ser establecido por la violencia, humana o divina. Así, por debajo del problema de los imperios está el problema de la justicia, pero por debajo del problema de la justicia está el problema de la violencia”.

Jesús: la parábola de Dios (parte 9 y final)

por John Dominic Crossan

Dos más. Las últimas. Son dos culminantes, hacia el final de Semana Santa. Una aparece en Marcos, la otra en Juan.

Las dos se centran en Pilato, y Pilato es uno de los personajes más importantes del Nuevo Testamento para entender a Jesús porque Pilato lo comprendió todo. Pilato crucificó a Jesús pero no persiguió a sus seguidores, lo que nos dice dos cosas, hablo como historiador. Me dice dos cosas: Jesús a) era un resistente, y b) era no violento. No lo hubiera crucificado públicamente, ocupando una tarde, un grupo de soldados y unos clavos en Jesús si hubiera sido algo menor. Lo hubiera expulsado de la ciudad. Lo ejecutó pública, oficial y legalmente. Eso significa que se resistía a la ley y el orden romano. Pero no hizo el menor esfuerzo por perseguir a sus seguidores, lo que significa que no lo consideraba violento.

Fíjense en la parábola creada en Marcos donde Pilato está con Barrabás y Jesús, con dos revolucionarios. Uno es un revolucionario violento: Barrabás está preso, dice Marcos, con todos sus seguidores. Jesús no está preso con todos sus seguidores. Marcos crea una parábola que contrasta al revolucionario violento y al no violento. Y los dos lo eran en nombre de su Dios.

La otra está en Juan. Es el único lugar de la película La pasión de Cristo de Mel Gibson donde una pequeña sonrisa pasó por mi cara; en ese punto ya no era capaz más que de una pequeña sonrisa. Es la escena entre Jesús y Pilato, que es completamente parabólica, no histórica. En la versión de Mel Gibson, Pilato le habla a Jesús en arameo, rebaja a Jesús hablándole en arameo, algo que Pilato no hubiera hecho nunca aunque hubiera sabido arameo, y Jesús le contesta en latín.

¿Qué dicen? Jesús dice: “Mi reino no es de este mundo”; todos conocen la frase. Y normalmente nos detenemos ahí, lo que la deja en la ambigüedad: “Mi reino no es de este mundo, está allá arriba en el cielo. No te preocupes, Pilato, no tiene nada que ver contigo”. O “mi reino no es de este mundo; no es del presente, es del futuro”. Nuevamente: “No te preocupes, Pilato, no hay problema”. O “mi reino es de la vida espiritual interior y no de la vida exterior política”. Una vez más: “No te preocupes, Pilato”.

Y después Jesús echa todo a perder, como hacía a menudo: “Mi reino no es de este mundo porque si lo fuera mis compañeros estarían aquí, luchando por sacarme”. Nada podría ser más claro. La diferencia entre el Reino de Dios y el Reino de Roma, dice Jesús, es la violencia. A eso se reduce: “la diferencia entre mi reino, el Reino de Dios, y tu reino, Pilato, el Reino de Roma, es que el tuyo se basa en la violencia y yo no voy a usar la violencia ni para salir de aquí”.

En conclusión: parábolas de Jesús, parábolas acerca de Jesús, parábolas basadas en cosas que sí ocurrieron, parábolas totalmente inventadas. Cuando las vemos todas, al final se nos ocurre que Jesús es la parábola de Dios. De eso se trata […] La verdadera y clara parábola es que Jesús es la parábola de Dios. La vida, la muerte y la resurrección de Jesús son la parábola de Dios. Y por lo tanto, como Jesús era no violento, Dios es no violento. Y eso es lo que no nos gusta. Queremos un Dios violento. Violento contra los otros, por supuesto, pero violento. Y nos inventamos una “segunda venida” en que Jesús vuelva y ejerza la violencia porque estamos profundamente consternados por la primera. No nos gusta la encarnación. Toda la historia del Cristianismo es un escapar de la encarnación.

Jesús es la parábola de Dios, y nosotros queremos un Dios diferente. “Oh Dios”, dice el Puck, el personaje de Shakespeare, “qué tontos son estos mortales”.

* Para leer todas las entregas de esta serie: Jesús: la parábola de Dios – John Dominic Crossan.

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Panes, peces y justicia distributiva – John Dominic Crossan

Si en el posteo anterior Crossan planteaba una interpretación radical de la historia de Jesús caminando sobre las aguas como parábola, cuánto más lo es esta de los panes y los peces. Nuevamente, estimado lector, crea o no que la historia realmente ocurrió, por favor no use la discusión sobre ese punto para evadir el desafío que plantea para su forma de pensar y de actuar.

Jesús: la parábola de Dios (parte 8)

por John Dominic Crossan

Los panes y los peces

Lean la historia completa. Están en un lugar desierto, estuvieron todo el día predicando sin problemas. No es que llega gente hambrienta al final del día. Y los discípulos, los doce, le dicen a Jesús: “Despídelos para que consigan algo de comer”.

“Despídelos”: esa es su solución. Jesús sale con esta rara contrapropuesta: “Denles de comer ustedes”. Y ellos se le ríen en la cara: “Doscientos denarios no bastarían para todos ellos”. Tenemos dos puntos de vista opuestos: “Despídelos” y “Denles de comer”.

Y entonces pasa algo extraordinario… cuando se comete el error de leer la historia completa. Los doce son empujados a regañadientes al centro de la historia. Normalmente están a un lado. Jesús hace un milagro y ellos sólo dicen: “¡Oh!” No están en el centro. En este caso, Jesús los obliga a hacer todo. Les dice: “Vayan a ver si hay comida”. Estoy leyendo el Evangelio de Marcos [6:30-44]; cuando Juan cuenta esta misma historia, esto le incomoda: “¿Acaso Jesús no sabía?” Así que dice que lo hizo para probarlos. Marcos sí la entendió.

¿La multiplicación de los peces?

Jesús los obliga a averiguar cuánta comida hay, y como ustedes saben encuentran los panes y los peces. Después les dice que hagan que la gente se siente. Después, y esto es muy importante, toma los panes y los peces, y los bendice, los parte y los da. Esas son las palabras de la Eucaristía: tomar, bendecir, partir, dar. Es una Eucaristía. Y hace que los discípulos los sirvan a las personas.

En este punto ya se entiende. Jesús no lo hace directamente, sino que los obliga a ser intermediarios. Todos saben que al final sobra más de lo que se pudiera imaginar: adivinen quiénes recogen lo que sobró. Ellos.

Cuando la leo, creo que la entiendo. La Iglesia o los líderes de la Iglesia, dependiendo de quiénes sean los doce, están a favor de predicar pero no de distribuir la comida. Eso no es asunto suyo: “Despídelos”; y Jesús los obliga a dirigir todo. Los obliga a estar en medio: averigüen, sienten, den, etc.

Y hay algo más. A menudo los eruditos dicen que esto es como el maná en el desierto, que Jesús hace caer… Un momento. No es igual. Jesús toma la comida que ya está allí, y cuando pasa por sus manos hay suficiente para todos. No convierte piedras en comida, no hace que caiga maná del cielo. La comida que ya hay es suficiente para todos, e incluso sobra, una vez que pasa por las manos de la justicia divina. No se trata de multiplicación sino de distribución. Y creo que las dos [“Los panes y los peces” y “Jesús camina sobre el mar”] son parábolas inventadas deliberadamente.

* Para leer las otras entregas de esta serie: Jesús: la parábola de Dios – John Dominic Crossan

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“Remar sin Jesús en el bote” – John Dominic Crossan

En la anterior entrada, Crossan hablaba de las acciones parabólicas de Jesús. En esta (y en la siguiente) lo hará sobre las parábolas que son acerca de Jesús: historias muestran a Jesús realizando acciones que conllevan un desafío hacia la forma de pensar de sus seguidores (de entonces y de hoy). Recuerden que discutir únicamente si una historia pasó realmente o no es una gran forma de desviar la atención de lo que realmente importa. En este caso, no es la intención aquí polemizar sobre si Jesús realmente caminó sobre el agua, porque niegues o afirmes aquello la crítica/denuncia planteada se mantiene igual de fuerte. Lo mismo ocurre cuando aplicamos este modo de interpretación a otras de las historias acerca de Jesús.

Jesús: la parábola de Dios (parte 7)

por John Dominic Crossan

Parábolas acerca de JesúsJohn Dominic Crossan

Para ser honesto, no sé por dónde empezar. Casi todo el Nuevo Testamento tiene parábolas acerca de Jesús. Por supuesto, Jesús sí existió. Claro que sí. Y fue crucificado.(1) Pero las parábolas toman eso y nos dan el significado. Ejemplos:

Decimos que Jesús caminó sobre el agua, y desde la Ilustración venimos discutiendo sobre eso: “¿De verdad lo hizo?“; “Nadie puede hacerlo”; “No lo creo”.

Cuando tengan una duda, lean el texto. Es una “idea nueva” que inventamos, se llama leer el texto. Nunca se sabe lo que vas a encontrar.

Primero, es una narración. No dice sólo “Jesús caminó sobre el agua”. Es una narración. No dice sólo que tenía hambre y cruzó el lago para buscar algo de comer. Nos narra algo. Y lo primero que hay que hacer es leer esa narración.

Por lo general, los discípulos están con Jesús todo el tiempo. En este caso, Jesús los envía solos en el bote, a propósito. Están en medio del lago, remando como locos, y no llegan a ninguna parte. No la confundan con la historia de la tormenta, es otra diferente. En esta historia reman como locos y no llegan a ningún lado. El viento es demasiado fuerte. Entonces, Jesús se acerca caminando sobre el agua. No hay duda: es un milagro… dentro de una parábola. Camina sobre el agua. No salió a ayudarlos, sino a dar un paseo por la mañana temprano. Entonces, los discípulos gritan. Esa es la frase importante. Ellos gritan, y al instante Jesús sube al bote y todo está bien. Cuando la leo, esa narración me grita: “¡Soy un parábola!”

¿Qué significa, cuando intento pensar en ella? Significa que a mediados del siglo I sabían que la Iglesia podía intentar zarpar sin Jesús en el barco. Los doce simbolizan a la Iglesia, a los líderes de la Iglesia o a la Iglesia completa. Cuando zarpan sin Jesús, reman como locos y no llegan a ninguna parte. Mucha actividad y ningún progreso.

Es una parábola. Y molesta. Ahora se darán cuenta porqué es mucho más seguro discutir si Jesús podía o no caminar sobre el agua. Y por cierto, la persona que inventó esa, la inventó completamente como parábola. La inventó tal como Jesús inventó la parábola del Buen Samaritano. Y probablemente se sorprendería al escucharnos debatir si Jesús podía caminar sobre el agua: “¡No la están entendiendo!”

* Para leer las otras entregas de esta serie: Jesús: la parábola de Dios – John Dominic Crossan

Nota:

(1) El análisis de la evidencia a favor de la historicidad de Jesús requiere mucho más espacio del que le podemos dedicar aquí, pero valga esta consideración para aquellos que dudan o son escépticos al respecto: a pesar de quienes afirmen lo contrario, el consenso prácticamente total entre los especialistas competentes es que Jesús sí existió y esto por una combinación de factores, entre ellos las cartas de Pablo, que parecen presuponer la existencia de un Jesús humano (“del linaje de David según la carne”, “nacido de mujer”, Santiago “el hermano del Señor”, etc.), las dos menciones a Jesús en el historiador judío Flavio Josefo, y a que resulta mucho más “económico” para explicar la existencia del cristianismo desde mediados del siglo I. Ante el consenso de los historiadores a partir de las evidencias que ellos aportan, corresponde a quien dude de la existencia de Jesús demostrar su posición (no al revés), y ello no ha ocurrido aún.

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Acciones parabólicas de Jesús – John Dominic Crossan

Sexta entrega con el historiador John Dominic Crossan hablando sobre Jesús y las parábolas. La presentación y primera entrega se encuentra aquí; pueden ver todas las partes de esta serie en este enlace. Disfruten.

Jesús: la parábola de Dios (parte 6)

por John Dominic Crossan

Jesús no sólo tiene historias, también tiene acciones parabólicas. Una acción parabólica, por ejemplo, sería que durante una guerra alguien entrara en una oficina de reclutamiento y tirara sangre sobre los papeles de los reclutas. Eso es una acción parabólica, y sabemos lo que significa: que se está en contra de la guerra.

Dos acciones parabólicas, en honor de la Semana Santa. Cuando Jesús fue Jerusalén, en lo que nosotros llamamos Domingo de Ramos, fue para hacer una acción parabólica contra el imperialismo romano: la entrada en Jerusalén; y contra el colaboracionismo religioso conservador: el incidente en el Templo. Las dos son acciones parabólicas.

The Last WeekJesús entra en Jerusalén montado en un burro. No es que venía muy cansado y necesitaba un burro para los últimos minutos de camino. De hecho, parece que era una burra con su cría: el pollino va trotando a un lado. Aparece en la portada original de nuestro libro La última semana para que puedan ver que era un burro hembra con su cría, lo que envía un mensaje muy claro. Si haces una acción de protesta, quieres que la audiencia la entienda. No quieres que piensen: “Debe estar cansado”.

¿Montar en un burro hembra con su cría? Es una sátira de la forma en que un conquistador entra en una ciudad. No es una “entrada triunfal” en Jerusalén, es una anti-entrada triunfal. Es una acción de protesta, y todos lo sabían. Estaba preparada: Jesús dice “vayan a buscar el burro, lo necesitamos ahora”. Es una acción de protesta, una acción parabólica. Y cita a Zacarías, que habla del Mesías que viene montado en un burro. Eso fue escrito por Zacarías en el siglo IV a.C., cuando Alejandro arremetía contra la costa del Levante destruyendo Tiro, Gaza; y que todos sabían cómo entraba en una ciudad un conquistador.

La segunda, al día siguiente, es la manifestación que acompaña a la anterior. Jesús entra al Templo y recrea Jeremías 7. Igual que con Zacarías 9 el domingo, el lunes Jeremías 7. Jeremías se paró frente al Templo y dijo: “Si siguen viniendo al Templo pensando que el culto, que dar culto a Dios, los exime de la justicia de Dios, entonces, dice Dios, voy a destruir el Templo. Lo han convertido en una cueva de ladrones”.

Recuerden que la cueva no es donde los ladrones roban. Es su guarida, su escondite. Su cueva es donde van para estar a salvo. Jeremías dice: “Han convertido el culto en un refugio para la justicia. Creen que mientras logren llegar al Templo están a salvo: ‘Lo logramos. Dios no puede tocarnos ahora’. Dios dice: ‘Voy a destruir el Templo para que no puedan hacer eso'”. Y, por cierto, eso casi le cuesta la vida a Jeremías.

Eso es lo que hace Jesús: no está “limpiando” el Templo, no había nada que ser limpiado. La gente que cambiaba monedas, etc., eran la base económica normal del Templo. No estaban haciendo nada malo. Lo que hace Jesús es mucho más drástico. Está diciendo: “En nombre de Jeremías, ustedes han hecho del culto una excusa para la justicia, así que voy a cerrar el local”.

Eso es lo que estaba pasando. Al botar las mesas de los cambistas destruye, por supuesto simbólicamente, la base económica del Templo. El Templo no podía sobrevivir sin las donaciones que llegaban de todo el mundo judío. Allí no se hacía nada malo, pero Jesús dice: “Han convertido mi Templo en cueva de ladrones”. No piensen que ahí se robaba, lo que habían hecho era decir: “a Dios le interesa más el culto, la justicia es una cosa adicional que también hay que hacer, pero es más importante el culto”. Y Dios dice: “Voy a destruir mi Templo”.

Estas son acciones parabólicas de Jesús. Acciones de Jesús que son parábolas. Su intención es hacernos pensar. Y hacernos pensar no sólo en Roma y en el Templo, sino en nosotros y nuestro mundo moderno.

* Para leer las otras entregas de esta serie: Jesús: la parábola de Dios – John Dominic Crossan

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Parábolas y justicia estructural – John Dominic Crossan

Continuamos con las entregas del historiador John Dominic Crossan sobre Jesús y las parábolas.

Jesús: la parábola de Dios (parte 5)

por John Dominic Crossan

…Dios no lo va a hacer solo, nosotros no podemos hacerlo solos. Y por lo tanto, la función de las parábolas es incitarte, seducirte, provocarte para que pienses. Es un medio colaborativo pensado para motivarte.

Hoy quiero hablar de las parábolas de Jesús y de las parábolas acerca de Jesús. De las dos. Y, nuevamente, su función es hacernos pensar.

Recuerden también que si cuando Jesús dice “vayan y hagan lo mismo” al final del Buen Samaritano, la parábola se arruinaría si todos empezaran a debatir: “¿Esto de verdad ocurrió? ¿Inventó la historia, o sí pasó?” Fíjense cómo esa pregunta, que es válida y merece dedicarle atención, puede hacer fracasar todo: “No hablemos de ir y hacer lo mismo, mejor hablemos sobre si pasó o no”.

Parábolas de Jesús

 In Parables John Dominic CrossanEl primer libro que escribí, hace 40 años, se llamaba In Parables: The Challenge of the Historical Jesus [En parábolas: el desafío del Jesús histórico]. Uno de los problemas de escribir un libro sobre las parábolas es que todos queremos dar su significado. Y lo que ellas quieren es provocar. Así que no se puede saber lo que significan pero sí lo qué provocan en la audiencia. Son muy interactivas, así que lo importante es lo que le pasa a la audiencia. Por eso no nos gusta escribir sobre las parábolas, lo que queremos es decir “significa esto”.

Hice unos experimentos sobre esto con mis estudiantes de la Universidad De Paul, y es estupendo hacerlo con estudiantes porque están “des-iglesiados”. No les han dado la respuesta “correcta”: “significa esto”, por ejemplo, en Lucas. Les cuento una parábola y les pregunto qué creen que significa. Algunos estudiantes se quedan en silencio, se miran entre ellos por lo menos cinco minutos; y entonces uno dice lo que significa, y en ese mismo momento otro sabe lo que no significa. Un segundo antes no lo sabía. Así funciona.

Una de las cosas provocadoras que aparecen en estas parábolas, funcionen o no, es hacer que la gente entienda la diferencia entre justicia distributiva y retributiva. Entre cómo Dios quiere que el mundo de Dios sea repartido equitativamente y el castigo. Ese es un tema que aparece pero la audiencia tiene que elaborarlo. No estoy diciendo que significan eso.

Un segundo tema es la diferencia entre la justicia personal/individual, entre cómo nos las arreglamos para no robarnos o hacernos trampa, y la justicia sistémica o estructural la cual es mucho más difícil de ver.

Voy a darles dos ejemplos. Pero quiero que se imaginen a la audiencia replicando, y es muy posible que algunas de las parábolas no funcionaran. Imagínense a alguien escuchando el Buen Samaritano: “Ya entendí, Jesús. Dos pasaron de largo y uno se detuvo: siempre hay que estar con la mayoría. Ya entendí, Jesús”.

Jesús rogaba que alguien gritara: “¡Idiota! ¡No significa eso!” Pero si todos decían: “¡Qué sabio! Hay que hacer como el sacerdote y el levita. Alejémonos de los samaritanos”, Jesús estaba perdido. Mejor que consiguiera otra parábola, u otra audiencia.

Por ejemplo, la del administrador deshonesto. El mayordomo que toma las cuentas de lo que le deben a su amo y las cambia, las rebaja. Esa es la historia. Denle una hora a Jesús para contarla con lujo de detalles. ¿Cuál podría ser la respuesta?

Algunas personas de la audiencia podían ser campesinos, que siempre estaban amenazados por la sombra de la muerte. Otros podían ser administradores, o incluso algún terrateniente, que por definición siempre están ausentes pero podía haber alguno visitando sus tierras. Ese grupo comienza a discutir:

“¿Es justo eso?”.

“Está engañando a su amo”.

“Sí, pero también el amo a él”.

La idea es que en ese intercambio comiencen a ver que están pasando dos cosas: que uno engaña al otro, eso ya lo sabemos. Pero también, y lo digo con mis palabras: ¿por qué el sistema siempre nos hace trampa? Si funciona bien, eso es lo que va a surgir.

Otro ejemplo más claro. ¿Recuerdan la de los trabajadores y la viña? Es época de cosecha y el dueño de la viña sale a las 6, las 9, las 12, las 15 y las 17 horas, y trae jornaleros a la viña. Cuando llega la noche, a las 6 de la tarde, les paga a todos un día completo, un denario, lo que sería un buen pago por un día de trabajo. Si el jornalero trabajara todos los días sería un muy buen salario, pero un jornalero es alguien que todos los días busca trabajo pero que no siempre lo consigue.

Todos reciben el mismo pago. Y desde la época de Mateo hasta ahora nos enfocamos en si eso es justo o no. Nos enfocamos en la justicia o injusticia personal/individual: “¿Era justo que hiciera eso?”

Pero momento. Dejemos de lado la justicia. Les habían dicho que era el dueño de la viña. Si la mayor parte de la audiencia eran campesinos, sabían que eso significaba que se cultivaban menos cereales para usar la tierra en las viñas: la ganancia con los cereales era del 5 por ciento, con las viñas el 7 por ciento. Y había que tener bastante capital para plantar una viña. Así que ya tenían clavada una espina: “¡Ese tipo nos cae mal! Los dueños de viñas nos caen mal. Y es tacaño. Salió a las 6, las 9, las 12, las 3 y las 5: es muy tacaño para contratar a todos en la mañana. Sale cada tres horas y trae los que él quiere. Y al final, se hace el bueno”.

Y también está la frase que se asegura que la audiencia entienda. Cuando sale a las 5 de la tarde, les dice: “¿Por qué han estado parados todo el día sin trabajar?” Podrán imaginárselos con los dientes apretados: “Porque nadie nos contrató, idiota”. Siempre los pobres siendo acusados de ser vagos. Nada nuevo.

¿Nadie de la audiencia lo entendía? ¿No había nadie que dijera: ¿Por qué les dice eso si estuvieron todo el día buscando trabajo? No eran vagos”? Y alguien quizá diría, y creo que esto es lo que Jesús rogaba que alguien dijera: “¿Rabí, por qué funciona así? ¿No es raro que en temporada alta la cosa funcione a favor del dueño de la viña? No tuvo que salir a las 6 de la mañana y pagar más para conseguir trabajadores. ¿Tanta mano de obra hay que pudo salir a las 5 de la tarde sabiendo que iban a estar ahí, y además echarles la culpa? ¿No es algo increíble un sistema que funciona así? Es extraordinario. Funciona a favor de los dueños de viñas”.

Si nadie lo decía, si la discusión era si tendría que haberles dado más a lo que estuvieron todo el día y que si quería ser generoso podría haberles invitado algo, entonces la audiencia lo había echado a perder. No había funcionado. Jesús iba a tener que usar más frases provocativas para asegurarse de que ocurriera.

En mis palabras, si funcionaba iban a aprender la diferencia entre la justicia estructural de un sistema que garantiza que los pobres obtengan una parte, y la justicia personal/individual o inclusive la caridad. Eso aprendían. Y que por supuesto, aparece en toda la Biblia, no es algo que haya inventado Jesús.

* En el siguiente posteo las acciones parabólicas de Jesús. Para leer las otras entregas de esta serie: Jesús: la parábola de Dios – John Dominic Crossan

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Reseña de “El poder de la parábola” de John Dominic Crossan (parte 2)

Segunda parte (y final) de la columna del erudito bíblico Greg Carey sobre el libro The Power of Parable [El poder de la parábola] de John Dominic Crossan (primera parte aquí). Enlace original (en inglés) aquí.

No le tema a este libro: Crossan sobre las parábolas y los Evangelios

por Greg Carey

Greg Carey

[…] Ahora bien, ¿qué hay de los Evangelios? Aquí es donde el argumento de Crossan causará controversia en las iglesias – y es un debate que los cristianos harían bien en seguir. Es vergonzoso, pero esta es la verdad: muchos líderes religiosos no comparten lo que saben acerca de los Evangelios. No confían en sus congregaciones: predican y enseñan como si nunca hubieran tomado un curso de estudios bíblicos.

Esto es lo que cualquier estudioso decente del Nuevo Testamento le dirá acerca de los Evangelios, y el libro de Crossan es valioso por señalarlo claramente. Los Evangelios no proporcionan crónicas directas de la enseñanzas y actividades de Jesús. Sus autores nunca pretendieron ofrecer ese servicio. En cambio, los evangelios ofrecen interpretaciones sobre Jesús y su importancia. Con seguridad recurrieron a las tradiciones acerca de lo que Jesús hizo y dijo, pero reformularon (y con frecuencia inventaron) material para promover su verdadera intención, es decir, formar la fe de sus audiencias.

Tenemos espacio para examinar sólo dos ejemplos de Crossan. Mateo incluye el famoso Sermón del Monte, en el que Jesús instruye a sus discípulos a amar a sus enemigos (5:43-48). Un discípulo no debe ni siquiera insultar a otra persona (5:21-26). Sin embargo, Mateo 23 nos presenta a Jesús en una invectiva contra sus adversarios, llamándolos hipócritas una y otra vez, entre otras cosas. ¿Qué pasa? ¿Jesús es inconsistente, o Mateo tiene una intención oculta? Crossan, al igual que la mayoría de los intérpretes, dice que Mateo 23 no refleja las enseñanzas de Jesús, sino un conflicto que surgió décadas después: un conflicto entre los seguidores judíos de Jesús a los que Mateo escribe y otros grupos judíos. La violencia retórica de Mateo refleja esas tensiones posteriores, dice Crossan, no una contradicción dentro de las enseñanzas de Jesús. Desafortunadamente, los 28 capítulos de Mateo funcionan como una parábola de ataque contra las facciones judías rivales, muy lejos de las enseñanzas no-violentas de Jesús y muy lejos de las parábolas-desafío.

Brevemente, un segundo ejemplo. A lo largo de su carrera a Crossan le han fascinado las historias de la resurrección. Sólo la versión de Juan contrapone al anónimo Discípulo Amado con Pedro. Cuando María les cuenta acerca de la tumba vacía, el Discípulo Amado deja atrás a Pedro camino a la tumba, es el primero que ve que está vacía, y es el primero en creer (20:3-9). Si el autor fuera un entrenador de fútbol, diría que el Discípulo Amado “tenía más ganas” que Pedro. No por casualidad, el Discípulo Amado proporciona la autoridad detrás del Evangelio de Juan (21:24-25), una autoridad mayor incluso que la de Pedro.

El libro de Crossan puede inquietar a algunos lectores. Sin embargo, este brillante y humilde erudito está ofreciendo un regalo. Muchos de los relatos de los Evangelios no sucedieron realmente, por lo menos no en la forma en que se les narró. Y los cristianos no deben encontrar inquietante ese hecho. En su lugar, esta toma de conciencia debería liberar a los lectores para percibir niveles de significado más profundos en los Evangelios.

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Reseña de “El poder de la parábola” de John Dominic Crossan (parte 1)

Ya que venimos hablando sobre las parábolas de Jesús en la visión del historiador John Dominic Crossan, les recomendamos encarecidamente la lectura de esta reseña de El poder de la parábola, el libro que resume sus argumentos. Esta columna fue publicada originalmente (en inglés) en el Huffington Post y acá se las ofreceremos en dos partes, en éste y en el próximo posteo. Greg Carey, es profesor de Nuevo Testamento en el Lancaster Theological Seminary, una institución cristiana de Pennsylvania, EE.UU.

No le tema a este libro: Crossan sobre las parábolas y los Evangelios

por Greg Carey

Greg CareyEl nuevo libro de John Dominic Crossan El poder de la parábola (The Power of Parable: How Fiction by Jesus Became Fiction about Jesuspuede provocar controversia entre algunos lectores religiosos. Sin embargo, para quienes aspiran a tomar en serio el Evangelio, Crossan tiene algunas cosas importantes que decir.

Este libro enlaza dos de los temas principales del área de investigación de Crossan. Conocido entre el público por su trabajo sobre el Jesús histórico, Crossan se ganó su reputación entre los expertos por sus provocadoras interpretaciones de las parábolas de Jesús. El poder de la Parábola comienza repasando cómo Crossan comprende el medio de enseñanza más distintivo de Jesús: la parábola. Luego explica que los autores de los evangelios hicieron algo muy similar a lo que hizo Jesús: Jesús inventaba historias sobre personas y situaciones comunes para transmitir su visión contracultural del reino de Dios. Los autores de los evangelios inventaron historias sobre Jesús para expresar sus visiones sobre quién era Jesús y porqué era importante. Los relatos de Jesús involucraban “eventos ficticios sobre personajes ficticios”, los Evangelios “eventos ficticios sobre personajes reales” (pág. 5).

The Power of ParableLa interpretación de Crossan sobre las parábolas de Jesús constituye aproximadamente la primera mitad del libro, su relato de los evangelios constituye la segunda. La segunda parte es la que generará más controversia en el público general, aunque los especialistas han estado lidiando con las ideas de Crossan acerca de las parábolas de Jesús durante 40 años.

Crossan define la parábola como “una historia metafórica” ​​(pág. 8), pero las parábolas de Jesús representan sólo un tipo específico de parábola. En este sentido, afirma Crossan, Mateo, Marcos y Lucas tergiversan la naturaleza de las parábolas de Jesús (Jesús no habla en parábolas en Juan).

Marcos, el evangelio más antiguo, presenta las parábolas como enigmas: pruebas que determinan si una persona “capta” la visión de Jesús del reino de Dios. Según Marcos 4:10-12, Jesús en realidad utiliza parábolas para distinguir entre los que están adentro, a los que se le ha entregado el misterio del reino, de los que están afuera. Y en Marcos 12:1-12 Jesús usa parábolas como un arma contra sus oponentes.

Lucas, sin embargo, utiliza las parábolas de Jesús como ejemplos. El Buen Samaritano es una lección sobre cómo comportarse, la Viuda Insistente enseña a orar insistentemente. Los investigadores con mentalidad de historiador como Crossan identifican fácilmente las señales de que Lucas ha domesticado las parábolas de Jesús añadiéndoles explicaciones que las convierten en lecciones.

Crossan sostiene que ni Marcos ni Lucas presentan correctamente las parábolas de Jesús. Las parábolas de Jesús no eran ni enigmas ni historias ejemplificadoras. En cambio, Jesús hablaba en “parábolas-desafío”: parábolas que desafiaban a sus oyentes a dar un paso atrás y reflexionar sobre el mundo y sobre Dios en maneras nuevas y contra-intuitivas. Invitaban a sus oyentes a reflexionar sobre “lo que se da por descontado en nuestro mundo” (pág. 63).

¿Quieren un buen ejemplo de una parábola-desafío? La famosa parábola del Buen Samaritano (Lucas 10:25-37) ha proporcionado durante mucho tiempo el caso típico de Crossan. La escena presenta un diálogo entre Jesús y un “abogado” – un experto en la ley de Israel – y termina con Jesús diciendo: “Vete y haz tú lo mismo”. En otras palabras, Lucas utiliza la parábola para enseñar a la gente que no hay ningún límite para el mandamiento de amar al prójimo.

Siendo una historia dentro de una historia, la propia parábola ocupa sólo unos pocos versículos dentro de la escena más grande. Un hombre, probablemente judío, se encuentra medio muerto al costado del camino. Y cuando pasan dos judíos supuestamente respetables, evitan a la víctima y lo dejan a su suerte. Sin embargo, casi todas las parábolas de Jesús vienen con un “gancho” o sorpresa. El “gancho” de esta parábola no está en el hecho de que un tercer transeúnte se detiene para ayudar, sino en la identidad de ese hombre. Ese hombre es un samaritano, considerado alguien inferior si es que no un enemigo por la mayoría de los judíos (el Evangelio de Juan recuerda a los lectores que los judíos no se trataban con los samaritanos).

No es de extrañar, afirma Crossan, que un hombre se detenga y ayude. Lo sorprendente es qué clase de hombre lo hace. Y esa es la esencia de una parábola-desafío. Una parábola-desafío toma las expectativas normales y las da vuelta. ¿En qué clase de mundo vivimos cuando los “buenos” judíos no muestran compasión, sino que un “malvado” samaritano ofrece misericordia?

Crossan ha influido en muchos intérpretes, que ahora tienen la expectativa de encontrar sorpresas en las parábolas de Jesús. No muchos intérpretes estarían de acuerdo en que Jesús sólo pronunció parábolas-desafío, pero las interpretaciones de Crossan sobre algunas de esas parábolas todavía dan forma al debate. […]

*Segunda parte aquí

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Cómo contar una parábola: Jesús y el Buen Samaritano – John Dominic Crossan

En el posteo anterior en esta serie sobre Jesús y las parábolas, Crossan señala: “El atractivo, la provocación y lo molesto de una parábola es para que te vayas a tu casa pensando: “No sé qué significa, pero no me gusta. No entiendo la parábola del Samaritano, pero creo que no me gusta. Y si averiguo qué significa, entonces ahí sí que no me va a gustar”.

“La función de una parábola es participar, es hacer a la audiencia debatir […] Las parábolas son pedagogía participativa. ¿No es algo hermoso? Si tu mensaje es sobre colaborar y participar, así debe ser tu medio de difundirlo”.

Jesús: la parábola de Dios (parte 4)

por John Dominic Crossan

John Dominic Crossan

John Dominic Crossan

Por ejemplo, el Buen Samaritano. Supongan que Jesús contara esa historia sin dar nombres. Que sólo hubiera dicho: “Iba una persona, y pasó una segunda, una tercera y una cuarta”. Que contara la historia, pero sin nombres: sin sacerdote, levita ni samaritano. Podrán imaginarse a la audiencia diciendo: “Sí, es verdad. Eso hay que hacer si encontramos a alguien agonizando. Amar al prójimo, eso que sale en Deuteronomio. Eso tendríamos que hacer”.

Sería como darle un masaje a sus buenas intenciones. Nadie se molestaría. Ni siquiera podrían replicar. ¿Qué iban a discutir? Sabían que debían hacerlo.

Jesús sube un poco la apuesta. Mantiene la misma historia, y dice que el sacerdote y el levita pasaron de largo, y que una tercera persona se detuvo y lo ayudó.

Ahora podría haber alboroto. Como ya mencioné, algunos dirían: “¿Por qué siempre atacas a los sacerdotes? Yo conozco al sacerdote del pueblo. Es buena gente, él lo hubiera ayudado. Eres un malintencionado, estás prejuzgando”. Ahí habría algo de debate sobre los sacerdotes, los levitas, etc.

Jesús intenta con otra versión de la parábola, con el sacerdote y el levita, pero poniendo al samaritano al borde del camino. El samaritano es golpeado, queda al borde del camino, y pasa un judío. Ahora la audiencia se pone más nerviosa:

“Pero sí, quizá… En la Ley sale eso del extranjero que vive entre nosotros, y si el samaritano está en nuestro territorio…”
“Sí, quizá deberíamos hacerlo”.
“¡No, ellos no lo harían por nosotros!”

Se podría lograr un debate.

Pero lo que hace Jesús es muy provocador. Puso al judío al borde del camino y el samaritano se detiene a ayudar. Nosotros decimos “buen samaritano” sin detenernos a pensar, pero en el siglo I era como decir círculo cuadrado. Ahora no es problema. Para obtener la misma reacción hoy, habría convertir en el héroe a alguien que consideremos fuera de la ley, como contar en televisión una historia sobre el buen terrorista. Pueden ponerle sus propios personajes.

Carl_Bloch_Sermon_on_Mount_400Es algo que enfurece a la audiencia: “¿Por qué, Jesús? Si el mensaje era que ayudemos al necesitado, incluso a nuestro enemigo, podemos estar de acuerdo. No es que lo vayamos a hacer, pero nos gusta la idea. ¡Pero pusiste al samaritano como el héroe de la historia! Y al final, nos dices que vayamos y hagamos lo mismo. ¡Pero somos judíos! ¡Cómo vamos a hacer lo mismo! ¿Tenemos que recorrer el camino entre Jerusalén y Jericó buscando moribundos?”

Te obliga a pensar, porque nadie en su sano juicio diría: “Lo que quiere es que deje de ser judío, me vuelva samaritano, me consiga un burro, unos denarios y recorra ese camino hasta que encuentre un moribundo”. Por supuesto que no.

Y uno se da cuenta de inmediato lo absurdo que sería después de que Jesús contara esa parábola y dijera: “vayan y hagan lo mismo” que alguien levantara la mano y dijera: “Disculpa, Jesús, ¿eso de verdad ocurrió?” No sólo sería tonto, también sería una gran forma de distraer la atención de lo que importa. Supongan que alguien lo hiciera: “Jesús, ¿de verdad ocurrió? He andado por ese camino y sí es peligroso. Y es cierto que va como en bajada. Y una vez vi un burro. Así que debe haber pasado de verdad, ¿no? Es un chisme de por aquí: ¿Te contaron el del samaritano?”

La esperanza de Jesús era que alguien de la audiencia dijera: “¡Es una parábola!”. Si no, estaba en problemas. Si la discusión sólo era si de verdad había pasado, entonces no habían entendido nada. Tenía que intentar con otra. Quiero que presten atención porque esto tiene que ver con lo de mañana. Si solamente queremos discutir la historicidad de las parábolas, entonces me parece que estamos evitando a propósito el tema. Mejor debatamos su historicidad porque no tenemos la menor intención de ir y hacer lo mismo.

El mensaje de Jesús es que estamos llamados a colaborar con Dios para hacer realidad el Mundo de Dios aquí en la Tierra. O como dice el Padrenuestro, el Reino de Dios tiene que ver con la voluntad de Dios para esta Tierra. Y si éste es el mensaje de Jesús, la parábola es el medio más apropiado, la forma más probable de incitar, de provocar a una audiencia para que piensen. Para concluir: las parábolas son pedagogía participativa para una escatología participativa. Prueben con eso la próxima vez que vayan a un cóctel de eruditos bíblicos.

* Para leer las otras entregas de esta serie: Jesús: la parábola de Dios – John Dominic Crossan

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Las parábolas como pedagogía participativa – John Dominic Crossan

Tercera parte de la transcripción y traducción de la conferencia de Crossan sobre Jesús y las parábolas (ver también parte 1 y parte 2). En la anterior entrega Crossan decía:Mi nombre para lo que Jesús anunciaba es escatología colaborativa, un ésjaton participativo. No le decía a las personas que se prepararan, sino que no iba a pasar nada a menos que colaboraran con Dios. Es algo muy serio, porque no es seguir hablando de Dios sabiendo que en realidad sí podemos hacerlo. El mensaje de Jesús es: “No van a poder hacerlo sin Dios, y Dios no lo va a hacer sin ustedes”. A continuación, Crossan desarrolla esta idea y su relación con las parábolas.

Jesús: la parábola de Dios (parte 3)

por John Dominic Crossan

John Dominic Crossan

John Dominic Crossan

Supongamos que ése [ver la cita en la introducción a este posteo] era el mensaje de Jesús: un ésjaton colaborativo, un Reino participativo. Que nada va a pasar sin colaboración. ¿Cuál sería el medio apropiado para eso? ¿Por qué las parábolas son apropiadas para ese tipo de mensaje?

Primero que todo, ignoren lo que dice Marcos capítulo 4. Marcos 4 confunde acertijo con parábola. Los dos son modos interactivos de expresión: uno no se puede contar una buena parábola a sí mismo, y es muy difícil contarse a sí mismo un buen acertijo. Traten. Pero no son lo mismo. Son interactivos, los dos presuponen una audiencia, pero no son lo mismo, así que dejemos de lado a Marcos 4.

¿Qué es una parábola? Primero, no piensen en Jesús contando las parábolas como aparece en el Nuevo Testamento, donde toma máximo cinco minutos contar la parábola del Buen Samaritano. Y si alguien tose y no escucha la palabra “samaritano”, se arruina todo. Dénle una hora a Jesús, con una audiencia oral, que no eran educados como ustedes para no interrumpir. En una audiencia oral te replican, y la gente habla unos con otros. Así que por lo menos una hora. Muy interactivo, y muy perturbador. Esa es la función de una parábola: incitarte a pensar, provocarte pensar.

Imaginen que Simeón llega a su casa y le dice a su esposa Rebeca:

“Esta mañana estuve escuchando a un hombre muy sabio. Hablaba sobre sembrar, y dijo que nos fijemos en las aves, el camino, los espinos y las rocas. Aprendí mucho esta mañana”.
“¡Simeón hijo de…! Ya sabíamos eso. Otra vez perdiste la mañana”, dice Rebeca.
“Eso dijo él”.
“¡Es una parábola! No estaba hablando de sembrar”.
“¿Entonces de qué estaba hablando?”
“No sé, pero no estaba hablando de sembrar”.
“Y por qué no dijo lo que quería decir?”
“Porque quería que hicieras lo que nunca haces, Simeón: ¡pensar!”

No era sobre sembrar, ¿entonces sobre qué era?

El atractivo, la provocación y lo molesto de una parábola es para que te vayas a tu casa pensando: “No sé qué significa, pero no me gusta. No entiendo la parábola del Samaritano, pero creo que no me gusta. Y si averiguo qué significa, entonces ahí sí que no me va a gustar”.

La función de una parábola es participar, es hacer a la audiencia debatir. Si al terminar la gente le decía a Jesús: “Qué linda parábola, rabí”, entonces era un fracaso. No la uses de nuevo, Jesús, la echaste a perder. Pero si empezaban a debatir entre ellos:

“Yo no creo que un samaritano ayude a un judío”.
“Yo conozco a un samaritano buena persona”.
“¿Pero por qué siempre atacas a los sacerdotes y los levitas? Yo conozco a un levita buena gente”.
“Y dos denarios no es suficiente para pagar una posada”.

Eso es justo lo que quieres que haga la audiencia, porque la estás incitando, provocando y molestando para que participen.

Las parábolas son pedagogía participativa. ¿No es algo hermoso? Si tu mensaje es sobre colaborar y participar, así debe ser tu medio de difundirlo. Tiene que incitar a la gente a pensar sin hacer lo que estoy haciendo, o sea, dar un discurso. Es contar una historia calculada para capturar su atención.

* Para leer las otras entregas de esta serie: Jesús: la parábola de Dios – John Dominic Crossan

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