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¿Esperanza en el infierno? Entrevista al teólogo Robin Parry (2)

“Hagia Anástasis”, o Santa resurrección, con Cristo sacando a los muertos del infierno. Mosaico bizantino en la Basílica de San Marcos, Venecia (c. 1180-1200)

Segunda parte de la entrevista en Nomad Podcast al teólogo inglés Robin Parry, defensor del universalismo cristiano, la visión de que todas las personas alcanzarán la unión con Dios a través de Cristo, al final (pueden leer la primera parte aquí, y además escuchar más acerca de los puntos de vista de Parry en este video en nuestro canal de Youtube).

Robin Parry es autor (bajo un pseudónimo) de The Evangelical Universalist [El universalista evangélico], que puede ser el tratamiento más convincente hasta ahora a favor de esta postura, y además escribió el capítulo acerca del universalismo en un libro aparecido en marzo de este 2016 llamado Four Views On Hell [Cuatro puntos de vista acerca del infierno] de la editorial Zondervan (por cierto, Zondervan ha traducido algunos de sus títulos de su serie Cuatro puntos de vista acerca de… al español, ¿será muy inocente de mi parte esperar que traduzcan éste acerca del infierno? Por lo menos la esperanza es lo último que se pierde).


[…] NP: Lo que se sigue de eso es que Dios ama a todos, porque si salva a todos significa que ama a todos. ¿Qué pasa con los textos que dicen que no ama a todos, versículos que dicen cosas como que Dios odia al malvado, “A Jacob amé y a Esaú aborrecí”?

RP: “A Jacob amé y a Esaú aborrecí”. Eso es Malaquías, ¿no? ¿Cierto? Que Pablo cita en Romanos 9. Bueno, lo que se me ocurre a la primera es que Jacob y Esaú no son personas en estos pasajes. En Malaquías, “Jacob” es el pueblo de Israel, que desciende de Jacob, y “Esaú” es el pueblo de Edom, que desciende de Esaú. Tenemos aquí el uso de un modismo semítico, es un juego de palabras judío antiguo, por así decirlo, como cuando Jesús dice, “Si alguien viene a mí y no aborrece a su padre y a su madre, no puede ser mi discípulo”. Y uno piensa: “¿Qué? ¿Tienes que odiar a tus padres?” Pero eso es sobre interpretar el significado del lenguaje. Es una forma retórica de decir, “Su amor por mí tiene que ser tan fuerte que haga que incluso su amor por alguien que realmente aman, como sus padres, parezca odio en comparación”.

Así que cuando Dios dice “a Jacob amé y a Esaú aborrecí”, hay que ser muy cuidadoso de no creer que eso significa, en primer lugar, que odia al individuo Esaú (que en realidad en el libro de Génesis termina bastante bien, mucho mejor que Jacob en realidad, cuando se encuentran). También hay que darse cuenta de que cuando dice “aborrecí”, no significa odio en un sentido absoluto, sino que quiere decir que amó a uno más que el otro. Pero incluso entonces tienes que tener cuidado de lo que significa exactamente que Dios ame a uno más que al otro. En este caso, el amor de Dios es el amor en el pacto para su pueblo del pacto. Lo que quiere decir con “amor” es la forma en que actúa hacia ellos: bendición, etc.; y no actúa hacia Esaú y Edom en ese tipo de forma.

Por supuesto, entonces tenemos que poner esto en el contexto más amplio, que en Romanos 9 donde Pablo lo utiliza, las personas que son rechazadas y odiadas como Esaú —es un texto apreciado por los calvinistas, y yo diría totalmente incomprendido por la mayoría de ellos—, lo que pasa es que estas mismas personas, algunas de las cuales son israelitas, no aceptan al Mesías. Y Pablo está diciendo que ellos no son como Jacob, que son como Esaú, y que no son elegidas: son cortadas, rechazadas, desgajadas. Pero cuando se llega al capítulo 11, estas mismas personas que habían desgajadas, rechazadas, no elegidas, dice que pueden ser injertadas de nuevo, todavía son amadas a causa de los patriarcas, y ellas, de hecho, entrarán y serán salvas, etc.

De modo que, otra vez, lo que parece ser rechazo y odio, etc., es una forma temporal en que Dios está tratando a algunas personas, en beneficio, al final, de todos, en beneficio inclusive de las mismas personas que fueron rechazadas y “odiadas”. Es mucho más complicado de lo que se cree. Y probablemente eso ya fue muy enrevesado; pero el punto es que Dios no odia a Esaú en el sentido que nosotros podríamos decirlo.

NP: Para comenzar a profundizar en el tipo de universalismo que propones, tú no estás hablando de una especie de universalismo pluralista, que todos los caminos conducen a Dios.

RP: No.

NP: Estás hablando de salvación a través de Jesús.

RP: Sí. Lo que digo es que, para un universalista cristiano, sólo se puede concebir la salvación a través de Jesús. No hay ninguna salvación fuera de eso. Lo que estoy diciendo es que al final todo el mundo encontrará la salvación a través de Jesús. Sigue leyendo

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Evangélico y ¿universalista? Entrevista al teólogo Robin Parry (1)

robinparry

Siguiendo con el tema de las distintas interpretaciones de los textos bíblicos acerca del infierno (por ejemplo aquí, aquí y aquí) les dejamos la primera parte de esta entrevista en Nomad Podcast a Robin Parry, un teólogo inglés a quien ya presentamos en este espacio y que es una persona muy interesante, aguda y también humilde en sus planteamientos, y hoy por hoy uno de los defensores más importantes del universalismo cristiano como una forma aceptable dentro de ese espectro de creencias. La descripción en la página de Nomad dice más o menos así: “Robin Parry es un evangélico, pero a diferencia de la mayoría de los evangélicos no cree que el infierno y la muerte es el final de la historia para la mayoría de la humanidad. En cambio, cree que la Biblia enseña que, en última instancia, todos seremos reconciliados con Dios y disfrutaremos de la eternidad con él”.

Robin Parry tiene un doctorado en teología por la universidad de Gloucestershire, Reino Unido. Es editor en Wipf & Stock Publishers, y autor de varios libros, entre ellos uno sobre la adoración basada en la Trinidad (2005), un comentario sobre las Lamentaciones de Jeremías (2010), y más cercano a este tema, The Evangelical Universalist [El universalista evangélico] (2006), escrito bajo el pseudónimo Gregory McDonald (por Gregorio de Nisa y George McDonald, ambos conocidos por sus puntos de vista favorables al universalismo) para proteger la reputación de la editorial donde entonces trabajaba y también la de su libro Worshipping Trinity [Adorando a la Trinidad].

Ojalá disfruten esta interesante conversación (en un tema controversial y en el que es necesario repensar los conceptos).


NP: Robin, bienvenido a Nomad Podcast.

RP: Muchas gracias.

NP: Gracias por el almuerzo.

RP: Fue muy agradable.

NP: Quizá podrías comenzar presentándote a nuestra audiencia.

RP: Está bien. Soy Robin Parry. Soy editor en una editorial en Estados Unidos (ellos están en Estados Unidos, yo vivo en el Reino Unido). Soy el esposo de una esposa (risas), el padre de dos hijas, y tengo un gato de tres patas llamado Monty.

NP: ¿En serio tienes un gato de tres patas?

RP: Sí, está por ahí en algún lugar; y cojea muy bien y es muy feliz con sus tres patas

Por diversión escribo libros de teología; uno de ellos se hizo conocido —lo escribí con un pseudónimo, Gregory McDonald— y es un argumento a favor del universalismo cristiano.

NP: Ya todos saben quién es el verdadero autor.

RP: Sí, todos saben. Salí a la luz hace un par de años.

NP: ¿Qué crees que es un “evangélico” y qué crees que es un “universalista”?

RP: Por “evangélico” me refiero —uso el término de manera bastante amplia— primero, diría, a un cristiano ortodoxo según los credos, que cree la mayor parte de las cosas que todos los cristianos creen: creación —por lo que no me refiero a creacionismo, significa sólo que Dios creó todo—, la encarnación de Cristo, la resurrección, la ascensión, etc. Todas las cosas normales que los cristianos creen en todas partes. También tenemos una visión elevada de las Escrituras, que nuevamente es sólo una creencia cristiana tradicional: la Escritura es inspirada y autoritativa, aunque no quisiera ser demasiado prescriptivo acerca de cómo exactamente debe entenderse eso.

También es “evangélico” en un sentido diferente, en que el evangelio es la Buena Nueva, así que el universalismo evangélico como yo lo entiendo —diré lo que es “universalismo” en un momento— tiene que ser un universalismo que salga de los evangelios, algo centrado en los evangelios. Por lo tanto, para mí, un evangélico es alguien centrado en los evangelios, un cristiano ortodoxo común y corriente, con una visión elevada de la Escritura.

Y un universalista es alguien que cree que Dios reconciliará un día a todas las personas consigo mismo. Un universalista cristiano cree que a través de Cristo —a través de Cristo— Dios reconciliará a todos consigo mismo, al final.

NP: ¿Es ortodoxo el universalismo?

RP: Depende lo que quieras decir. Es compatible con la ortodoxia, no ortodoxo como tal. Déjenme aclarar eso. Hay algunos puntos de vista, algunas creencias que son centrales para la fe de los cristianos ortodoxos, por ejemplo, que Cristo murió y resucitó, etc. Están en los credos, y ser ortodoxo, entre otras cosas, significa creerlas.

El universalismo no está en los credos, y tampoco debería estarlo, así que no es un requisito para la ortodoxia, no es lo que llamaríamos un dogma. Es algo sobre lo que las personas pueden tener distintas opiniones, y durante la iglesia primitiva había distintos puntos de vista sobre este tema.

Yo sostengo que el universalismo ocupa un espacio intermedio entre la herejía y el dogma: no es herético, no está fuera de los límites de la ortodoxia, pero tampoco es un tema central para la ortodoxia. Es algo que los cristianos ortodoxos pueden creer y seguir siendo ortodoxos. Pero la verdad es que la mayoría de los cristianos ortodoxos, históricamente hablando, no han sido universalistas, y algunos de ellos de forma equivocada piensan que es herético. Sigue leyendo

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Tradicionalista, aniquilacionista, universalista (parte 3 y final)

Históricamente en el cristianismo ha habido tres opiniones distintas acerca del infierno: la visión tradicional del infierno como castigo consciente eterno, el aniquilacionismo o inmortalidad condicional, que dice que los no salvos dejarán de existir; y el universalismo cristiano o restauración universal, que dice que, eventualmente, todas las personas serán salvas y unidas con Dios a través de Cristo.

En esta serie, tres teólogos (un tradicionalista, un aniquilacionista y un universalista) nos cuentan por qué no comparten el punto de vista de los otros dos acerca del infierno, el castigo y la salvación. En esta entrega, un universalista  nos dice por qué no cree en el aniquilacionismo. Enlace original (en inglés) aquí. Disfruten.

Por qué no soy un aniquilacionista

por Robin Parry, editor para Wipf & Stock Publishers

Yo solía ser un aniquilacionista. Siempre he tenido, y mantengo, mucha simpatía por el aniquilacionismo y los que lo defienden. Sin embargo, en mi estudio y reflexión en los años posteriores, he abandonado mi aniquilacionismo. Aquí hay algunas razones:

# 1. El universalismo es más bíblico.

Me he convencido de que la teo-lógica de toda la historia bíblica, que va desde la creación a la nueva creación, se entiende mejor en términos de salvación universal que aniquilación.

Dios creó todas las cosas para un buen fin, no para el infierno. Mientras que la caída tuvo consecuencias cósmicas, Cristo vino a deshacer todos sus malos resultados. Abrazó nuestra naturaleza humana y se presentó como el representante de todos los seres humanos. Después, murió por todos y fue resucitado para todos.

En él, Dios estaba reconciliando al mundo consigo mismo. En este momento el Espíritu está en acción llevando a la gente a la vida en Cristo, y un día Dios traerá todas las cosas a la unidad bajo Cristo, y Dios será todo en todos.

Todas las cosas son de Dios, por Dios, a través de Dios, para Dios. (Ver Gregory MacDonald, The Evangelical Universalist para mis argumentos completos, incluyendo una discusión sobre el lugar del juicio divino después de la muerte).

Creo que es evidente que si uno cree que Dios finalmente salvará a todas las personas, nadie será aniquilado. Por lo tanto, el caso a favor del universalismo es necesariamente un caso en contra del aniquilacionismo.

# 2. Puede socavar el amor de Dios.

Creo que la aniquilación nos empuja en la incómoda dirección de sacrificar o el amor de Dios o la victoria final de Dios. Empecemos con el amor. Los cristianos afirman que “Dios es amor” en su esencia misma. La lógica es simple: si Dios es amor, entonces la disposición de Dios hacia sus criaturas es amorosa. Amar a alguien es querer lo mejor para ellos. Así que si Dios es amor, Dios desea lo mejor para sus criaturas. ¿Y qué es eso? La unión con Dios en Cristo.

Ahora algunos cristianos creen que Dios es capaz de lograr que todas las personas acepten libremente el Evangelio y estén unidos a Cristo. Yo estoy entre ellos. Pero si esto es cierto y si Dios es amor, entonces, al final, todas las personas serán salvas.

Sin embargo, la mayoría de los que creen que Dios puede salvar a todos sin violar su libertad, creen que no lo hará. ¿Por qué? Porque Dios es libre de elegir redimir o no redimir a sus criaturas, amarlos o no amarlos.

Y, dicen, Dios no ama a todas sus criaturas (al menos no “totalmente”), sólo a algunos de ellos (es decir, los elegidos). Los otros son enviados al infierno, ya sea que conduzca a tormento eterno o a aniquilación. Todavía tengo que escuchar ninguna explicación remotamente plausible de cómo esto es compatible con la afirmación de que Dios es amor.

# 3. Puede socavar la victoria final de Dios.

Podemos salvar el amor divino al mismo tiempo que conservar el infierno, pero sólo poniendo en riesgo la victoria escatológica de Dios. Permítanme explicar. Algunos rechazan la idea de que Dios puede lograr que todas las personas abracen libremente el Evangelio. Ellos argumentan que Dios nos da la libertad para relegarnos al olvido a nosotros mismos. Él nos ama y no desea eso, pero lo permite.

Sin embargo, si la destrucción escatológica es algo que Dios permite a regañadientes a las criaturas infligirse a sí mismas, entonces eso representa el fallo permanente por parte de Dios para llevar a cabo sus propósitos en todas las criaturas. Él trató de detenerlas antes de que fuera demasiado tarde, pero se deslizaron a través de sus dedos como arena.

Si, por el contrario, es algo que Dios inflige de forma activa sobre criaturas pecadoras, entonces representa el abandono permanente por parte de Dios de sus propósitos para tales criaturas. Dios trató de atraer a más de ellas (algo no muy difícil en algunos casos), pero ellas frustraron sus intentos, por lo que dejó de intentar y las eliminó de la existencia.

De cualquier manera, Dios ha fallado en llevar a una parte significativa de su creación al destino que pretendía. En lugar de eso, se queda con el premio de consuelo. Es simplemente inconcebible para mí que Dios pueda fallar de manera tan catastrófica.

Resulta algo parecido el doble discurso orwelliano llamar al final de esta narrativa el triunfo de Dios sobre el pecado. El problema es que esta noción de victoria divina es teóricamente compatible con un estado en el que todo agente humano en la creación elige libremente la extinción.

Los ángeles verían un universo en llamas, en el que ninguno de aquellos por quien Cristo murió ha sido salvado, en el que ninguna de las intenciones de Dios para la creación se realizó, y dirían: “¡He aquí el triunfo de Dios sobre el pecado!” En mi opinión, para todo mundo parecería el triunfo del pecado y de Satanás sobre los propósitos de Dios.

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Tradicionalista, aniquilacionista, universalista (parte 2)

Históricamente en el cristianismo ha habido tres opiniones distintas acerca del infierno: la visión tradicional del infierno como castigo consciente eterno, el aniquilacionismo o inmortalidad condicional, que dice que los no salvos dejarán de existir; y el universalismo cristiano o restauración universal, que dice que, eventualmente, todas las personas serán salvas y unidas con Dios a través de Cristo.

En esta serie, tres teólogos (un tradicionalista, un aniquilacionista y un universalista) nos cuentan por qué no comparten el punto de vista de los otros dos acerca del infierno, el castigo y la salvación. En esta entrega, un aniquilacionista nos dice por qué no cree en el castigo eterno en el infierno. Enlace original (en inglés) aquí. Disfruten.

Por qué no soy un tradicionalista

por Chris Date, administrador y colaborador para el proyecto Rethinking Hell.

Me gustaría ser un tradicionalista. Lo fui una vez, antes de emprender un examen cuidadoso de las enseñanzas de la Biblia sobre el infierno, y la ignorancia era la felicidad. Como evangélico conservador, el punto de vista que tengo ahora a menudo hace la vida difícil.

Pero mi compromiso con la autoridad, la fiabilidad y la claridad de la Escritura me arrastró, a regañadientes, al aniquilacionismo. La Biblia es la razón por la que no soy un tradicionalista.

# 1. La Biblia dice que la inmortalidad es un regalo, condicionado a la salvación.

La mayoría de los cristianos desde Agustín han creído que los que mueren en la incredulidad, en última instancia, serán resucitados inmortales para vivir por siempre en tormento. La Biblia, sin embargo, enseña que Dios concederá la inmortalidad sólo a los salvos.

Dios expulsó a Adán y Eva del jardín para que, a falta de acceso al árbol de la vida, ellos no “vivan para siempre” (Génesis 3:22-23). En la otra punta de la Biblia, el acceso al árbol de la vida es restaurado… para los habitantes de la Nueva Jerusalén (Apocalipsis 22:2). Los perdidos son levantados para juicio, no vida (Juan 5:29). Sólo aquellos que están en Cristo serán resucitados incapaces de morir (Lucas 20:35-36); sólo aquellos que son hechos capaces de “heredar el reino de Dios” serán hechos inmortales (1 Corintios 15:50, 53).

# 2. La Biblia dice que Jesús murió en lugar de los pecadores.

Todos los puntos de vista ortodoxos de la expiación incluyen el elemento de la sustitución: Jesús tomó el lugar de los pecadores y sufrió lo que, de lo contrario, ellos hubieran sufrido. Es lógico, entonces, que los que se niegan su don enfrenten ese destino en sí mismos. La Biblia dice que ese destino era la muerte.

Pablo dice que lo más importante para el evangelio es que Cristo murió por los pecados de los impíos (Romanos 5:6; 1 Corintios 15:1-3). Si eso no fuera suficientemente claro, se dice en otro lugar que su muerte fue una muerte física (1 Pedro 3:18; Hebreos 10:10). Si al morir Jesús tomó nuestro lugar, ¿cómo se puede decir que la pena por no creer es la vida eterna en el infierno?

# 3. La Biblia dice que los perdidos morirán y serán destruidos.

Jesús fue entregado al mundo, no para que aquel que no cree escape del tormento eterno, sino para que “no se pierda” (Juan 3:16). “Porque la paga del pecado es muerte”, no vivir por siempre en tormento (Romanos 6:23).

Jesús nos dice que temamos al Dios que “puede destruir el alma y el cuerpo en el infierno” (Mateo 10:28). Pedro dice que la destrucción de Sodoma y Gomorra por el fuego es “un ejemplo de lo que va a pasar a los impíos” (2 Pedro 2:6).

# 4. La Biblia no dice que los perdidos van a sufrir para siempre.

Si un solo versículo enseñara claramente que los perdidos vivirán y sufrirán para siempre en el infierno, yo interpretaría todos los otros versículos a esa luz. Pero no existe tal versículo.

El fuego que no se apaga y los gusanos que no mueren no atormentan para siempre, ellos de manera irresistible consumen “cadáveres” (Isaías 66:24; cf. Marcos 9:48); el fuego inextinguible y los carroñeros imparables devoran por completo (Ezequiel 20:47-48; Jeremías 17:27; Deuteronomio 28:26; Jeremías 7:33).

A Daniel se le dice que sólo a los justos se concederá la vida eterna (Daniel 12:2), la misma promesa hecha por Jesús, cuya amenaza de “castigo eterno”, por lo tanto, debe referirse a la pena de muerte eterna (Mateo 25:46).

Pablo confirma que este castigo consistirá en “destrucción eterna” (2 Tesalonicenses 1:9); “castigo eterno” y “destrucción eterna” no implican ninguna actividad que continúe hacia adelante, más que “salvación eterna” y “redención eterna” implica salvación o redención que continúe hacia adelante (Hebreos 5:9; 9:12). Juan y Dios interpretan la imagen de un lago de fuego como simbolizando la “segunda muerte” en la realidad (Apocalipsis 20:10, 14; 21:8).

* * *

La doctrina de Sola Scriptura (del latín, “la Escritura por sí sola”) no significa que soy libre de interpretar la Biblia de una manera que nadie ha hecho antes. Pero esta visión bíblica del infierno y la inmortalidad estaba viva y coleando en los primeros siglos de la historia cristiana.

Así que ¿por qué no soy un tradicionalista? Porque al igual que algunos de los primeros cristianos, estoy convencido de que la Biblia dice que Dios dará la inmortalidad sólo a los salvos, que Jesús murió en lugar de los pecadores, que los que se pierdan serán destruidos, y porque en ninguna parte dice lo contrario.

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Tradicionalista, aniquilacionista, universalista (parte 1)

Detalle de escena del infierno de Coppo di Marcovaldo (1265-70), en el Baptisterio, Florencia, Italia.

En el documental Hellbound? vimos que históricamente ha habido tres opiniones distintas acerca del infierno: la visión tradicional del infierno como castigo consciente eterno; el aniquilacionismo o inmortalidad condicional, que dice que los no salvos dejarán de existir; y el universalismo cristiano o restauración universal, que dice que, al final (y esto puede ser incluso después de un tiempo en el infierno), todas las personas serán salvas y unidas con Dios a través de Cristo.

En este y en los próximos dos posteos, tres teólogos (un tradicionalista, un aniquilacionista y un universalista) nos contarán por qué razones no comparten el punto de vista de uno de los otros dos acerca del infierno, el castigo y la salvación (en esta entrega es el tradicionalista contra el universalismo). Enlace original (en inglés) aquí. Disfruten.

Por qué no soy un universalista

por Oliver D. Crisp, profesor de Teología Sistemática en el Seminario Teológico Fuller, EE.UU.

oliver-crisp-320x320Lo primero que debo decir es lo siguiente: Me gustaría ser un universalista. Es decir, me gustaría creer que Dios salvará a todos. Simplemente no estoy convencido de tener una justificación de ese punto de vista en la Biblia o en la voz preponderante de la tradición cristiana.

Tal vez, como varios teólogos históricos y modernos, tendré que conformarme con ser optimista sobre el alcance de la salvación, aunque no puedo decir que todos finalmente se salvarán. Ciertamente me parece que hay dos tipos de datos sobre esto en las Escrituras.

# 1. La Escritura sugiere que algunos serán reconciliados y otros no.

El primero sugiere que (a) el número de los finalmente reconciliados con Dios es menor que el número total de sereshumanos, y (b) los que no son reconciliados con Dios sufren una vida futura separados de las bondades que acompañan la vida con Dios (por ejemplo, la visión beatífica).

Esto es considerado tradicionalmente la enseñanza de Mateo 25, por ejemplo, donde Cristo habla de la separación final de las “ovejas” y las “cabras”. Después hay pasajes que sugieren que el ámbito de la gracia divina es tal que todo será finalmente reconciliado con Dios —por ejemplo, en Colosenses 1:15-23, con su lenguaje de Cristo reconciliando consigo mismo “todas las cosas [tà pánta], ya sea en la tierra o en el cielo, haciendo la paz por la sangre de su cruz”.

Mucho depende de cual dato “controla” al otro, si los pasajes que suenan particularistas controlan a los que suenan universalistas, o viceversa. Tradicionalmente, son los pasajes que son particularistas la lente a través del cual se analizan los lugares que suenan más universalistas en la Escritura. Aunque ha habido una minoría en la tradición cristiana que no mira las cosas de esta manera, que considera a los pasajes que suenan universalistas como más fundamentales.

No todos estos puntos de vista han sido considerados poco ortodoxos, por ejemplo, Gregorio de Nisa, y la política involucrada en volver anatema la versión particular del universalismo propugnada por algunos de los seguidores de Orígenes (apokatástasis) es compleja, como estudios recientes han demostrado.

# 2. Los pensadores cristianos del pasado no han sido universalistas.

Sin embargo, la gran mayoría de los pensadores y confesiones cristianas profesan alguna versión del particularismo, es decir, la afirmación de que el número de los seres humanos que son salvos es menor que el número total. El hecho de que una opinión sea la tradicional no la hace automáticamente la correcta, por supuesto. La esclavitud tiene una larga historia, pero eso no significa que sea moralmente defendible.

Sin embargo, el hecho de que tantos grandes pensadores y confesiones cristianas han tenido este punto de vista no es insignificante, especialmente para aquellos cristianos para los que la tradición tiene algo de peso como autoridad, incluso si se trata de una autoridad subordinada o derivada.

# 3. La teología universalista no muestra la justicia y la misericordia de Dios.

A veces se sugiere que se necesita al infierno para que el pecado tenga seriedad moral. Si alguien como Hitler muere impenitente y su pecado no es castigado en el infierno, entonces ¿dónde está la justicia? ¿No trivializa esto al pecado, haciéndolo moralmente sin peso?

Pero el pecado ha sido tratado de una manera sumamente grave en lo moral: por Dios en la vida y la obra de Cristo, culminando en la cruz. Cristo ha sufrido el castigo por el pecado.

Este no parece ser un argumento particularmente fuerte a favor del particularismo. Tal vez pueda mejorarse con la opinión de que Dios crea un mundo en que la amplia variedad de sus atributos son mostrados en la creación, reivindicando sus propósitos ante sus criaturas. Entonces, la obra de Cristo muestra su gracia y misericordia, y aquellos cuya rebelión continúa hasta la tumba son contados entre aquellos que muestran la justicia y el castigo de Dios. Ambos lados de su naturaleza moral son así mostrados en la creación, reivindicando sus propósitos para el mundo que él ha creado.

* * *

Así que, ¿por qué no soy un universalista? En primer lugar, y fundamentalmente, porque no me es claro que tenga una justificación bíblica para ese punto de vista. En segundo lugar, debido a que la gran mayoría de los pensadores cristianos en el pasado no han sido universalistas, y han entendido el testimonio bíblico de una manera particularista. Parecería extraño que Dios permitiera a la Iglesia persistir en una visión tan equivocada del alcance de la salvación durante tanto tiempo. Y en tercer lugar, porque creo que hay razones para pensar que el propósito de Dios en la creación (tal como lo encontramos en la Escritura y la tradición cristiana) apuntan a su forma de actuar de una manera que muestra su justicia sobre algunos seres humanos caídos, y su misericordia sobre otros.

Sin embargo, en el análisis final, y junto con teólogos reformados como Benjamín Warfield, William Shedd, y Karl Barth, espero que la mayoría sean salvos, incluso si hay algún pequeño remanente que, finalmente, es castigado en el infierno.

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“Hellbound?”, documental sobre los distintos puntos de vista acerca del infierno

Hellbound? es un interesante documental de 2012 acerca del uno de los temas más controversiales entre creyentes y no creyentes por igual, cuya descripción en su página oficial dice más o menos así:

“Para muchas personas, la creencia en el infierno como un lugar de tormento eterno para los malvados es un principio indiscutible de la ortodoxia cristiana. En su opinión, rechazar o modificar esta creencia es equivalente a rechazar el cristianismo en sí. Sin embargo, un número creciente de creyentes no están de acuerdo. Ellos argumentan que podemos tener un Dios de amor o podemos tener infierno eterno, pero no ambas cosas.

Hellbound? es un documental provocativo y aclamado por la crítica que va justo al centro de este debate. Presentando entrevistas con el controvertido pastor de la Iglesia Mars Hill Mark Driscoll; el gurú de los escritor de guiones (y ateo) Robert McKee; el autoproclamado exorcista Bob Larson; los organizadores de una “casa del infierno” en Dallas, TX; “Oderous Urungus”, cantante de la banda de rock GWAR; y los conocidos bautistas de Westboro, Hellbound? presenta una mezcla desafiante, ecléctica y entretenida de puntos de vista desde todo el espectro teológico.

¿Existe el infierno? Si es así, ¿quién va allí, y por qué? Hellbound? es un viaje penetrante e incendiario que garantiza que los espectadores nunca más verán al infierno de la misma manera”.

Debido a las limitaciones de tiempo de la página Dailymotion, lo hemos subido en dos partes (parte 1 aquí; parte 2 aquí). Recuerden activar los subtítulos en español en la configuración del video (botón “cc”).

Actualización 24/08: también pueden descargar el documental de manera directa aquí: http://uptobox.com/be2tpm6ior4q (el archivo .rar no tiene contraseña e incluye los subtítulos). Disfruten.

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Dios, el infierno, y la parábola del hombre enamorado

Michael Hardin y Sharon Baker

«Hay una historia que cuenta Michael Hardin —escribe sobre ella en La vida impulsada por Jesús— donde compara a Dios con un hombre que ama a una mujer.

El hombre ama a esta mujer, y le dice:

“Quiero casarme contigo, quiero estar toda la vida contigo. Te amo: haré todo por ti, te trataré bien, te apoyaré cuando estés en problemas, estaré allí cuando estés triste. Seré tu compañero constante, tu mejor amigo para siempre, no hay nada que pidas que no haré, te amo tanto que toda mi existencia estará dedicada a ti. Tanto así te amo y quiero estar contigo para siempre… pero si tú no correspondes a mi amor, te arrepentirás para siempre del día que me rechazaste: voy a hacer tu vida tan miserable que te gustaría estar muerta”.

Eso es lo que decimos de Dios cuando hablamos de castigo eterno en el infierno».

[Sharon Baker, teóloga y escritora cristiana estadounidense, en entrevista con Nomad Podcast (minuto 09:30 y ss.)]


La cita anterior plantea una serie de problemas a cómo muchos cristianos piensan en Dios y la doctrina del infierno: ¿es correcto describirla sólo como una “venganza” de un dios que se comporta como un celópata? ¿Qué hay de la duración ilimitada que usualmente implica la palabra “eterno”? ¿Es justo aplicar un castigo infinito a pecados finitos? Si en el Nuevo Testamento Jesús dice que hay que hacer el bien a los que nos aborrecen y perdonar hasta setenta veces siete, incluso a nuestros enemigos (Mateo 5:43-45; 18:21-22; Lucas 23:34), ¿por qué Dios no perdona también a sus enemigos? Si Dios es amoroso y justo a la vez, ¿el infierno es Dios siendo justo pero no amoroso? ¿Hay formas mejores de pensar el infierno? ¿Es esto realmente lo que enseñan los autores bíblicos acerca del destino último de (¿algunos?) seres humanos?

Todas estas son preguntas quizá incómodas para algun@s, pero necesarias, ya que la forma en que pensamos acerca de Dios, el infierno, o el uso de la violencia como correctivo y/o castigo influye sobre nuestras convicciones políticas, sociales, la crianza de nuestros hijos, el cómo tratamos a los demás, y un largo etc. Como es habitual en este espacio, la invitación no es a cambiar de punto de vista (aunque puede ser que alguien necesite hacerlo), sino a examinar el porqué creemos lo que creemos: ¿tiene fundamentos o requerimos un ajuste? (Los comentarios son bienvenidos).

En entregas posteriores comenzaremos a examinar estas y otras preguntas, comenzando por qué significa “eterno” en el Antiguo y en el Nuevo Testamento. Como adelanto, podemos señalar que entender el concepto como “duración ilimitada de tiempo” es cuando menos problemático. El sentido que tenían las palabras que traducimos en español como “eterno”, qué otras interpretaciónes son posibles y qué implicancias tienen para el estudio de la Biblia, lo iremos desarrollando de aquí en adelante.

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“A veces la Biblia está equivocada” – Entrevista a Marcus J. Borg

Entrevista publicada originalmente por www.Read the Spirit.com. Enlace original (en inglés) aquí.

Marcus J. Borg“A veces las cosas que dice la Biblia están mal”. Eso es algo peligroso de decir para el clero en las iglesias, sin embargo es uno de los principales mensajes de su obra.

Me encantaría que cada clérigo se pusiera de pie y dijera a sus congregaciones: “A veces la Biblia está equivocada”. Hay algo que se da por hecho en la cultura cristiana conservadora—y es cierto, me parece, en gran parte de la línea principal del cristianismo de hoy— que comprender la Biblia es sencillo. Y, si la Biblia dice que algo está mal, entonces no hay vuelta que darle. Hay muy pocos cristianos que están dispuestos a ponerse de pie y decir: “a veces la Biblia está equivocada”. Sin embargo, creo que es muy importante que los cristianos lo digan de vez en cuando.

Antes de que algunos de nuestros lectores empiecen a arrojar cosas a las pantallas de sus computadoras, recordemos que lo que usted está diciendo tiene mucho de sentido común, si nos detenemos a pensar en todo lo que dice la Biblia.

Ejemplos evidentes son los pasajes de la Biblia que dicen que la esclavitud está bien. Hay algunos pasajes en la Biblia que prohíben absolutamente el divorcio. En Marcos 10:9, la prohibición es completa. Mateo tiene una excepción: por razones de adulterio. También, es claro que hay pasajes en el Nuevo Testamento que esperan la nueva venida de Jesús sea muy pronto desde su punto en el tiempo. Ahora bien, han pasado 2.000 años. Hay muchos ejemplos más en los que, hablando claro, tenemos que decir: “a veces la Biblia está equivocada”.

Si la gente se detiene y reflexiona acerca de esto, puede que recuerden ejemplos a lo largo de la historia en los que las personas han hecho esto. Había abolicionistas famosos que literalmente sacaron los pasajes a favor de la esclavitud de sus Biblias. Estaba Thomas Jefferson, quien tomó su Biblia y recortó los pasajes que no tenían sentido lógico para él.

Creo que es de vital importancia para que la gente hable sobre esto en las iglesias, ¡pero es tan difícil para los clérigos hacerlo! Y, en las iglesias evangélicas fundamentalistas y conservadoras que afirman la autoridad única de la Biblia, es muy difícil que alguien pueda admitirlo. Sería alarmar a la mayoría de las congregaciones conservadoras: “¿Qué quiere decir con que la Biblia a veces está equivocada. ¿Dónde quedará nuestra autoridad si empezamos a decir eso?”

También hay un segundo problema que impide que la gente hable honestamente sobre las cosas que están mal en la Biblia. Es que se considera como dado lo que dice la iglesia: si algo ha sido así durante siglos, ¿sobre qué base podemos cambiamos este ethos centenario? No hace muchos años el tema era “¿pero cómo vamos a ordenar como sacerdotes a las mujeres?”

Usted y su esposa son de la Iglesia Episcopal, parte de la Comunión Anglicana, pero debemos recordar que más de la mitad de la Cristiandad todavía no ordena a mujeres como sacerdotes. Sume a los 1.000 millones de católicos con los 500 millones de ortodoxos, y es verdad: la mayoría de los cristianos todavía no pueden superar los siglos de interpretación de la Biblia que impiden la ordenación de mujeres.

Creo que eso también es reforzado por la forma en que se lee la Biblia cada domingo por la mañana. Casi todos los que se levantan y leen la Biblia, al final dicen: “palabra del Señor”. Después, la congregación responde: “demos gracias a Dios”. Pero ese intercambio causa confusión en la gente. Subraya la idea de que acabamos de escuchar la autoridad divina. Y yo no tengo ningún problema con la afirmación “palabra del Señor”, siempre y cuando “Palabra” sea con mayúscula y en singular. El Libro de Oración Común de Nueva Zelanda, dice: “escuchen lo que el Espíritu dice a la iglesia”. Eso es un poco mejor para el esclarecimiento de este común malentendido.

Speaking ChristianY eso nos lleva Speaking Christian [“Hablando en cristiano”], su nuevo libro sobre docenas de palabras y frases que son mal comprendidas con tanta frecuencia que usted sostiene que el cristianismo se está convirtiendo en una fe dividida por un lenguaje común—adaptando la original frase de George Bernard Shaw de que los británicos y los estadounidenses son dos pueblos divididos por una lengua común.

Me hago eco de las palabras de Pablo, quien dice que tenemos este tesoro en vasos de barro. Creo que la NVI lo traduce como que tenemos este tesoro en vasijas de barro. Veo a las palabras de la Biblia como el vaso de barro. Las palabras son un producto humano, hechas de la tierra, y sin embargo, dentro de este vaso de barro tenemos el tesoro de la sabiduría divina, el tesoro de nuestros antepasados ​​espirituales, las historias y experiencias y puntos de vista que les importaban a ellos—así como la limitada comprensión y a veces incluso la ceguera de nuestros antepasados ​​espirituales.

Acabamos de publicar una entrevista con Richard Rohr, que habla de cómo empezó su vida casi como un fundamentalista, después pasó por todas las complejas respuestas intelectuales a las Escrituras que vienen con una educación en el seminario y se convirtió en algo así como un escéptico. Pero ahora le gusta hablar acerca de cómo encuentra una historia como la de la creación en Génesis profundamente verdadera, pero en “cerca de 10 niveles diferentes” que no habría comprendido en su juventud.

Estoy muy feliz de poder decirlo de esta manera: las historias de Génesis de la creación son profundamente verdaderas, pero no ocurrieron en la manera en que se describen en el Génesis. Creo que eso es lo que Richard Rohr está diciendo también. Estas historias son verdaderas en niveles distintos al de las lecturas literales. Eso es una cosa.

Pero hay otra cosa de la que estoy hablando: también hay algunos pasajes en la Biblia que, incluso cuando los entendemos perfectamente, están equivocados. Sólo para sacar un ejemplo: en 1 Samuel 14, Dios ordena a Saúl matar a todos los hombres, mujeres y niños de los amalecitas, un pueblo vecino con los que estaban en guerra. Ahora bien, yo no puedo creer que Dios mandara a nadie hacer eso. ¿Matar a todos los bebés? Yo no creo que haya ninguna razón para tratar de explicar este pasaje y decir que, de alguna manera, Dios no está ordenando su muerte real. No, el versículo es perfectamente claro. Dice que Dios ordenó a Saúl ir a matar a todas las personas, incluyendo a los bebés. Y creo que debemos decir: eso es algo completamente erróneo. Dios nunca mandó a Saúl ir a matar bebés. Sigue leyendo

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De las supuestas declaraciones del papa Francisco y la importancia de revisar las fuentes de información

“El infierno es un recurso literario”, “la fábula de Adán y Eva”, “todas las religiones son verdaderas”, “algunos pasajes de la Biblia son anticuados”. Estas (y más) son las palabras atribuidas al Papa Francisco y que causan actualmente la ira y el rechazo de muchos sectores religiosos tradicionalistas. El problema es que aunque fueron desmentidas el 10 de enero en la cuenta de Facebook de News.va, siguen siendo repetidas y comentadas en distintos portales de Internet y usadas como material para criticar a la Iglesia Católica hasta en sermones y prédicas (nada más ayer lo escuché de un pastor evangélico). Por supuesto, lo obvio en estos casos es revisar las fuentes de información y si no son entregadas adecuadamente o no son fidedignas no hacer caso, aunque parece que hasta esta mínima precaución es mucho pedir hoy en día. En Internet es demasiado fácil inventar y difundir falsedades como esa, y más aún, en cada nueva ocasión se la presenta como información de último minuto aunque esta “noticia” lleva casi dos meses dando vueltas. Definitivamente este tipo de fenómenos no dejan de ser curiosos.

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