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Ariel Álvarez Valdés sobre la historicidad de Jesús

TuCaraCuandoAlguienDiceJesúsNoExistióCada tanto se escuchan afirmaciones como “Jesús no existió, la Historia lo demuestra”, o “los historiadores [nunca se dice cuáles historiadores] no están de acuerdo sobre la historicidad de Jesús”, “no hay fuentes históricas fuera de la Biblia que hablen de Jesús” y otras cosas como esas. Este artículo del biblista argentino repasa de manera amena y suficiente los principales testimonios sobre la existencia histórica de Jesús; no pretende ser exhaustivo ni mucho menos (ni tampoco nosotros pretendemos que lo sea), pero baste para hacer notar que la carga de la prueba está todavía de parte de los que la niegan y que el consenso entre los historiadores competentes está abrumadoramente a favor de que Jesús sí existió. Si alguien quiere discutir aquello en los comentarios o en los próximos posteos, es bienvenido, pero por mi parte lo desafío desde ya a nombrar tres especialistas competentes en la materia que la nieguen y la obra y número de página en que lo hacen, que es la forma en que lo hacemos aquí en Blog de Estudios Bíblicos. Enlace original del artículo aquí. Disfruten la lectura.

La existencia histórica de Jesús, o la escasa prueba de un advenimiento sublime

por Ariel Álvarez Valdés

Un pleito desconcertante

En septiembre de 2002, el ingeniero agrónomo Luis Cascioli se presentó ante la justicia italiana de la localidad de Viterbo, cerca de Roma, para denunciar al párroco del lugar. ¿Por cuál delito? Porque todos los domingos, durante la misa, el cura hablaba de Jesús de Nazaret. Y según Cascioli, no hay pruebas de que Jesús haya existido. Por lo tanto, el sacerdote había violado dos leyes penales italianas: la de “abuso de credibilidad popular” (es decir, enseñar cosas falsas; art. 661) y la de “sustitución de persona” (inventar la existencia de un personaje irreal; art. 494).

Los jueces de Viterbo quedaron estupefactos. ¿Acaso los Evangelios no prueban la existencia de Jesús? No, dice Cascioli. Porque éstos son libros contradictorios, y además están escritos por gente que creía en él, por lo que no sirven como prueba objetiva de su existencia.

La denuncia de Cascioli fue rechazada por absurda. Pero éste apeló. Y en segunda instancia los jueces le dieron lugar, y ordenaron al párroco presentarse ante los tribunales para demostrar la existencia de Jesús. El pobre sacerdote, al verse en semejante aprieto, estaba desesperado. Pero al final, los jueces de tercera instancia volvieron a rechazar la demanda del ingeniero, y dieron por terminado el pleito judicial.

Hasta aquí la noticia que apareció en los diarios. Pero una duda quedó flotando en el ambiente: ¿se puede demostrar la historicidad de Jesús? Fuera del Nuevo Testamento, ¿hay algún autor contemporáneo que lo nombre, lo mencione, aluda a su existencia? Sigue leyendo

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Geza Vermes sobre Jesús y el Testimonio Flaviano (Parte 2)

Geza Vermes

En la segunda parte de de este artículo, Vermes analiza la autenticidad de los pasajes de Flavio Josefo que mencionan a Juan el Bautista, Santiago el Justo y Jesús ubicándolos en contexto dentro de la obra de Josefo, y mostrando que es muy probable que los dos primeros sean completamente auténticos. El pasaje referente a Jesús es también auténtico, siempre y cuando se eliminen algunas interpolaciones creadas, posiblemente, por los copistas cristianos. (Primera parte aquí)

por Geza Vermes

Los tres pasajes aparecen en distintas secciones de las “Antigüedades”. La corta noticia acerca de Jesús viene primero, seguida por los relatos más largos de Juan y de la ejecución de Santiago. Dejando el polémico Testimonium para el final, examinaremos primero a Juan y a Santiago, tanto en su contexto en Josefo como en comparación con las fuentes cristianas correspondientes.

Juan el Bautista

En los Evangelios, Juan, un profeta eremita, predicaba el arrepentimiento y el bautismo en el desierto del Jordán. Fue el precursor de Jesús, su discípulo y sucesor en Galilea. Juan fue encarcelado y decapitado en ocasión del cumpleaños del gobernante de Galilea, Herodes Antipas, por desaprobar su matrimonio con Herodías, su cuñada. Josefo no menciona ninguna relación entre Juan y Jesús, ubica el lugar de ejecución de Juan no en Galilea, sino en Maqueronte (Mukawir), una fortaleza en la actual Jordania, y no conecta la caída de Bautista con su desaprobación de la unión entre Antipas y Herodías. Para Josefo, Juan era un personaje ejemplar, un “hombre bueno”, que “exhortaba a los judíos… a practicar la justicia para con sus semejantes y la piedad hacia Dios, y a entrar juntos en el bautismo”. Señaló, sin embargo, que Juan “enardeció” a sus seguidores al más alto grado con sus sermones. La palabra “enardecer” implica que era un predicador poderoso y ardiente, y como tal, capaz de encender una revuelta.

Por lo tanto, continúa Josefo, Antipas decidió “anticiparse y deshacerse de él antes de que su accionar condujera a un levantamiento”. El elocuente Juan fue visto por Antipas – así como Jesús por los sumo sacerdotes, se podría añadir, después de haber causado el caos entre los mercaderes en el templo – como una amenaza potencial al orden cívico. En consecuencia, ambos fueron eliminados.

Josefo incluyó la historia de Juan en su narración porque la aniquilación del ejército de Antipas por Aretas, el rey nabateo y padre de la esposa abandonada por Antipas para casarse con Herodías, fue interpretado por los judíos como una reivindicación divina que siguió muy de cerca al asesinato de Juan. No hay ninguna razón para sospechar aquí de una mano cristiana. El relato se adapta al estilo narrativo de Josefo y explica la tragedia tan bien como la anécdota del baile de Salomé, la hija de Herodías, exigiendo la cabeza del Bautista en una bandeja. Contra la versión del Evangelio, es de notar que Maqueronte, en la lejana frontera nabatea, sería un lugar bastante poco adecuado para una fiesta de cumpleaños real destinada a la nobleza de Galilea (Marcos 6:21).

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Geza Vermes sobre Jesús y el Testimonio Flaviano (Parte 1)

El testimonio del historiador judío Flavio Josefo es la principal referencia antigua al Jesús histórico fuera del Nuevo Testamento. Como tal, de cuando en cuando es objeto de críticas por parte de aquellos que por un motivo u otro no aceptan la historicidad de Jesús. El historiador Geza Vermes resume en este artículo (que hemos dividido en dos partes) lo que sabemos acerca de Josefo y la autenticidad de los pasajes que tratan de los personajes del Nuevo Testamento: Juan el Bautista, Santiago el Justo y Jesús. (Enlace original, en inglés, aquí)

Jesús a los ojos de Josefo

por Geza Vermes

Geza Vermes

José hijo de Matías, más conocido como Flavio Josefo – así apodado a causa de su protector, el emperador romano Tito Flavio – fue el más grande historiador judío de la Antigüedad. Sin su trabajo, gran parte de la historia contemporánea de Israel estaría flotando en el vacío. Los esbozos de Josefo acerca de Jesús, Juan el Bautista y el hermano de Jesús, Santiago, son las únicas piezas de evidencia externa del siglo I relacionadas a figuras del Nuevo Testamento. La cuestión de su autenticidad es, por lo tanto, de gran importancia. Sin embargo, antes de abordarla, permítanme decir unas palabras sobre el autor y su fiabilidad como historiador.

Josefo pertenecía a la aristocracia sacerdotal de Judea. Él incluye entre sus antepasados a la hija del sumo sacerdote y rey judío, Alejandro Janeo (Yannai). Nacido en el 37 d.C. y educado en Jerusalén, Josefo se jactaba de  su precoz especialización en la ley. Entre los 16 y los 19 años, estudió las “filosofías” de los fariseos, los saduceos y los esenios, así como la sabiduría del ermitaño judío Banno, finalmente decidió hacerse fariseo. En el 64 d.C. fue a Roma, donde Popea, la segunda esposa del emperador Nerón, fue su benefactora.

Regresó a Jerusalén antes del estallido de la rebelión judía (66 d.C.) y, como muchos de sus compatriotas terratenientes de clase alta, primero se opuso a la guerra. Prontó cambió de opinión y, a los 29 años de edad, Josefo se convirtió en el oficial al mando de las fuerzas revolucionarias en Galilea. Su corta carrera militar terminó sin gloria en el 67 d.C., cuando fue capturado por los romanos en Jotapata (Yodfat). Llevado ante Vespasiano, el comandante de las fuerzas romanas, Josefo predijo que este llegaría a ser emperador. Dos años más tarde, la profecía se hizo realidad y Josefo fue liberado. Vespasiano regresó a Roma, dejando a su hijo Tito a cargo de la guerra. Entonces, Josefo fue utilizado como intérprete y negociador por Tito en sus conversaciones con los defensores judíos de Jerusalén.

Aunque a los ojos de los revolucionarios era un traidor, Josefo creía que estaba sirviendo a sus compatriotas y utilizó su influencia con Tito para liberar a muchos prisioneros judíos. Incluso rescató a tres conocidos crucificados, uno de los cuales sobrevivió. Después de la caída de Jerusalén en el 70 d.C., Josefo siguió a Tito a Roma, donde se le concedió la ciudadanía. El apoyo financiero que recibió de Vespasiano y sus sucesores, Tito y Domiciano, permitió a Josefo llevar una vida tranquila como un hombre de letras. Se casó cuatro veces, y sus tercera y cuarta esposas le dieron cinco hijos.

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