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Daniel B. Wallace sobre la crítica textual del Nuevo Testamento (parte 3 y final)

Tercera parte de la entrevista a Daniel B. Wallace acerca de la crítica textual del Nuevo Testamento (ver también: parte 1 y parte 2).

¿Cuáles son los diferentes tipos de variantes, y cómo afectan el significado de los textos?

R: Las variantes textuales se pueden clasificar en cuatro tipos:

  1. Errores de ortografía y lecturas sin sentido
  2. Cambios que no se pueden traducir; sinónimos
  3. Variantes significativas que no son viables
  4. Variantes significativas y viables

Permítanme explicar brevemente cada una de éstas.

Los errores de ortografía y lecturas sin sentido son la gran mayoría, representando al menos el 75% de todas las variantes. La variante más común es lo que se llama una ‘ny’ móvil – esto es, una ‘n’ al final de una palabra que va antes de otra que comienza con una vocal. Vemos el mismo principio en inglés con el artículo indefinido: “a book”, “an apple”. Estas diferencias de ortografía son fáciles de detectar para los estudiosos. En realidad no afectan en nada.

El segundo grupo más grande, los cambios que no se pueden traduciy los sinónimos, tampoco afectan el significado del texto. Es frecuente que el orden de las palabras en el texto griego cambie de manuscrito a manuscrito. Pero en griego el orden de las palabras es muy flexible. En su mayor parte, la única diferencia es de énfasis, no de significado.

El tercer grupo son las variantes significativas que no son viables. Por ‘viable’ me refiero a una variante que se pueda argumentar de buena forma que refleja la redacción del texto original. Este, el tercer grupo más grande, a pesar de que se trata de variantes significativas, no tiene credibilidad. Por ejemplo, en Lucas 6:22, la NVI dice: “Dichosos ustedes cuando los odien, cuando los discriminen, los insulten y los desprestigien por causa del Hijo del hombre.” Pero un manuscrito de los siglos X-XI (el códex 2882) carece de las palabras “por causa del Hijo del hombre”.  Esa es una variante muy significativa, ya que parece decir que una persona es bendecida cuando es perseguida, sin importar su fidelidad a Cristo. Sin embargo, está sólo en un manuscrito, y en uno relativamente tardío. No tiene ninguna posibilidad de reflejar la redacción del texto original, ya que todos los otros manuscritos están en su contra, incluyendo unos cuantos que son mucho, mucho anteriores.

La categoría más pequeña, con mucho, es la última categoría: las variantes significativas y viables. Estas comprenden menos del 1% de todas las variantes textuales. Sin embargo, incluso en este caso, ninguna creencia principal está en juego. Estas variantes afectan a lo que enseña un determinado pasaje, y por lo tanto lo que la Biblia dice en ese lugar, pero que no ponen en peligro las creencias esenciales.

¿El proceso de copiar la copia de una copia no es parecido al “juego del teléfono”?

R: No lo creo. En el juego del teléfono el objetivo es distorsionar una emisión original, de modo que al final de la línea no se parezca en absoluto a la original. Sólo hay una línea de transmisión, es oral y no escrita, y el crítico oral (la persona que está tratando de averiguar cuál era el enunciado original) sólo puede interrogar a la última persona de la fila.

En lo que respecta al texto del Nuevo Testamento, hay varias líneas de transmisión, y los documentos originales fueron casi seguramente copiados muchas veces (que es lo que mejor explicaría por qué habían desaparecido para finales del siglo II).

Por otra parte, el crítico textual no se basa únicamente en la última persona en la línea de transmisión, sino que puede interrogar a muchos escribas a lo largo de los siglos, retrocediendo hasta el siglo II.

E incluso cuando los testimonios manuscritos tempranos son escasos, tenemos el testimonio de los Padres de la Iglesia en cuanto a lo que decía el texto original.

Finalmente, el proceso no está diseñado para ser un juego de salón, sino que pretende duplicar fielmente el texto original – y este proceso no depende de personas que oyeron un enunciado susurrado sólo una vez, sino en ver el texto y copiarlo.

El juego del teléfono está muy lejos de ser como el proceso de copia de los manuscritos del Nuevo Testamento.

Una de las tesis de Ehrman es que los escribas ortodoxos manipularon el texto en cientos de lugares, dando lugar a alteraciones de las afirmaciones esenciales del Nuevo Testamento. ¿Cómo responde usted?

R: Ehrman está en lo correcto al decir que los escribas ortodoxos alteraron el texto en cientos de lugares. De hecho, es probable que fuera en miles de lugares. Los principales de ellos son cambios en los Evangelios para armonizarlos en redacción unos con otros.

Pero sugerir que estas alteraciones cambian afirmaciones esenciales del Nuevo Testamento va más allá de la evidencia. Las variantes que produce no hacen lo que él parece afirmar. Desde el siglo XVIII con Johann Albrecht Bengel, que estudió las variantes textuales significativas y viables, los eruditos han adoptado lo que es llamado “la ortodoxia de las variantes.” Durante más de dos siglos, la mayoría de los eruditos bíblicos han declarado que ninguna afirmación esencial ha sido afectada por las variantes. Incluso Ehrman ha admitido este punto en tres debates que he tenido con él. (Para aquellos que estén interesados, pueden solicitar el DVD de nuestro segundo debate, que tuvo lugar en el campus de la Universidad Metodista del Sur.)

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Daniel B. Wallace sobre la crítica textual del Nuevo Testamento (parte 2)

Segunda parte de la entrevista de Daniel B. Wallace. Parte 1 aquí.

¿Cuál es el manuscrito más antiguo que tenemos?

Hasta fines de 2011, la respuesta sería la siguiente: un fragmento de papiro que está en la Biblioteca John Rylands de la Universidad de Manchester, Inglaterra, es muy probablemente el documento más antiguo del Nuevo Testamento del que sepa hasta hoy. Conocido como P52 o Papiro 52, este trozo de papiro tiene Juan 18:31-33 en un lado y Juan 18:37-38 por el otro.

Fue descubierto en 1934 por C. H. Roberts. Éste envió fotografías de el a los tres papirólogos más importantes de Europa y consiguió su evaluación de su edad: cada uno dijo que no era posterior al año 150,  y que era tan temprano como el año 100. Un cuarto papirólogo opinó que podría ser de los años 90. Desde el descubrimiento de este manuscrito se han descubierto hasta once papiros del Nuevo Testamento del siglo II.

El 1 de febrero de 2012, anuncié en un debate con el Dr. Bart Ehrman, en la UNC Chapel Hill, que recientemente habían sido descubiertos hasta seis papiros más del siglo II . Todos ellos son fragmentarios, tienen sólo una hoja, o parte de una hoja. Uno de ellos rivaliza en edad con el P52: un fragmento del Evangelio de Lucas. Pero el hallazgo más importante fue un fragmento del Evangelio de Marcos, ¡que un eminente paleógrafo ha fechado en el siglo I!

Lo que hace esto tan asombroso es que no hay manuscritos de Marcos que sean ni siquiera del siglo II. Pero aquí podemos tener un documento que fue escrito mientras algunos de los cristianos de la primera generación estaban vivos, y antes siquiera de que el Nuevo Testamento fuera completado. Estos siete manuscritos serán publicados por E.J. Brill en algún momento en 2013, en un libro de varios autores. Hasta ese momento, todos debemos ser pacientes y mantener una actitud expectante. Cuando el libro salga será investigado por los expertos en crítica textual.

¿Cómo es el número de manuscritos del Nuevo Testamento en comparación con otros documentos históricos existentes?

Los eruditos del Nuevo Testamento se enfrentan a un exceso de material en comparación con los datos con los que los especialistas en los clásicos griegos y latinos tienen que trabajar. El promedio de los restos literarios de un autor clásico es de no más de veinte ejemplares. Tenemos 1.000 veces más manuscritos del Nuevo Testamento que los que tenemos para el autor greco-romano promedio. No sólo esto, sino que los manuscritos existentes del autor clásico promedio son no de antes de 500 años después de la época en que escribió. Para el Nuevo Testamento tenemos que esperar sólo unas décadas para tener copias que hayan sobrevivido. El autor mejor clásico en términos de copias existentes es Homero: los manuscritos de Homero son menos de 2.400, en comparación con los manuscritos del NT que son aproximadamente diez veces esa cantidad.

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Daniel B. Wallace sobre la crítica textual del Nuevo Testamento (parte 1)

Daniel B. Wallace

Daniel B. Wallace es uno de los buenos especialistas estadounidenses en crítica textual del Nuevo Testamento, y además es cristiano, lo cual lo hace una voz autorizada entre quienes se relacionan con el texto desde la fe. En esta entrevista, publicada originalmente en The Gospel Coalition, responde algunas preguntas básicas acerca de la crítica textual del Nuevo Testamento. Proponemos que se lea al mismo tiempo como complemento y contraparte de las opiniones que hemos visto de Bart D. Ehrman (tanto en el libro Jesús no dijo eso, como en el debate Ehrman-Evans) con quien Wallace está enfrentado en varios temas académicos. Y donde sentimos que hacía falta hacer una precisión o podíamos aportar algo incluimos comentarios en cursiva, entre corchetes. Próximamente estaremos posteando las partes 2 y 3.

¿Qué es la “crítica textual”?

R: La crítica textual es la disciplina que trata de determinar el texto original de cualquier documento cuyo original ya no existe. Existen además otros objetivos secundarios de la crítica textual, pero así es como se la ha definido clásicamente […]

[N. del T. Un elemento obvio pero muy importante que Wallace no menciona es que la reconstrucción del texto siempre va de la mano de los manuscritos disponibles: si sólo se tienen manuscritos con un texto muy corrompido las posibilidades de llegar al texto “original” del autor disminuyen (y además definir qué es el texto “original” no es tan sencillo como parece a simple vista: ver Ehrman, Jesús no dijo eso, pp. 79-85); pero en cualquier caso siempre se puede intentar: a) reconstruir el texto más temprano posible b) reconstruir el texto tal como era en la época en que se crearon los manuscritos de los que se dispone, o c) usar las diferentes variantes de los textos como una “ventana” a la historia de las personas que crearon los manuscritos, y ésas son algunas de las tareas en la que se ha interesado recientemente la crítica textual como disciplina. Como se verá en las siguientes respuestas, Wallace está muy confiado en que se puede recuperar el texto original (o uno muy cercano al original) entre otras cosas porque hay varios manuscritos muy tempranos.]

R: […] Esta disciplina es necesaria también para el Nuevo Testamento porque los originales ya no existen, y porque hay varias diferencias por capítulo incluso entre los dos manuscritos tempranos más próximos. Todos los manuscritos del Nuevo Testamento difieren entre sí en algún grado, ya que todos fueron escritos a mano.

[N. del T. Esto porque al escribir a mano, incluso cuando lo hace alguien calificado, ocurren distracciones, errores, o el simple cansancio de la vista o la mano provocan que las copias no sean exactamente iguales. Si no lo cree, trate de escribir en forma manuscrita un texto de cierta extensión, luego compárelo con el original… y cuente las diferencias. Si se suma a esto, por ejemplo, que en ocasiones el proceso se hacía con una persona leyendo el texto y otras tomando dictado, o que en los manuscritos griegos se escribía sin marcas de acentuación y sin dejar espacios entre palabras (SINMARCASDEACENTUACIONYSINDEJARESPACIOSENTREPALABRAS) las posibilidades de error aumentaban.]

¿Cuántos manuscritos del NT conocemos?

R: En cuanto a los manuscritos griegos, han sido catalogados más de 5.800. El Nuevo Testamento fue traducido muy pronto a varios otros idiomas, como el latín, el copto, el siríaco, el armenio, el georgiano, el gótico, etc. El número total de éstos todavía no ha sido contado, pero sin duda son decenas de miles.

Al mismo tiempo, cabe señalar que la mayoría de los manuscritos proceden del segundo milenio después de Cristo, y la mayoría de los manuscritos no incluyen todo el Nuevo Testamento. Un fragmento de sólo uno o dos versículos todavía cuenta como un manuscrito. Y, sin embargo, el tamaño promedio de un manuscrito del Nuevo Testamento es de más de 450 páginas.

En el otro extremo de los datos están las citas del Nuevo Testamento hechas por Padres de la Iglesia. Hasta la fecha han sido tabuladas más de un millón de citas del Nuevo Testamento por parte de los Padres de la Iglesia. Estos Padres se extienden ya desde el siglo primero hasta el final de la Edad Media.

* Próximamente, partes 2 y 3

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Si tuviereis fe como fichas de dominó…

Daniel B. Wallace

Daniel B. Wallace, quien es director del Centro para el Estudios de los Manuscritos del Nuevo Testamento (CSNTM), especialista en griego del Nuevo Testamento, y evangélico, hace en esta entrevista, publicada por la gente de Evangelical Textual Criticism, un punto muy interesante respecto al tema que venimos tratando: la relación entre teología e Historia y la necesidad de distinguir correctamente entre ambas. Dice Wallace:

“Lo que le digo a mis estudiantes cada año es que es imperativo que persigan la verdad en lugar de proteger sus presuposiciones. Y que necesitan tener una clasificación doctrinal que distinga las creencias fundamentales de las creencias periféricas. Cuando se ponen doctrinas más periféricas como la infalibilidad [de la Biblia] y la inspiración verbal en el centro, y luego la fe en esas doctrinas empieza a erosionarse, se crea un efecto dominó: si una cae, todas caen. Me da la impresión de que algo como esto puede ser lo que pasó con Bart Ehrman. Su testimonio en “Jesús no dijo eso” presenta a la infalibilidad como la principal motivación de sus estudios. Pero cuando uno de sus profesores en Princeton escribió un sencillo comentario  en uno de sus trabajos escritos, en el sentido de que tal vez la Biblia no es infalible, la fe de Ehrman comenzó a desmoronarse. Una ficha de dominó chocó contra la otra hasta que al final se convirtió en un “agnóstico muy feliz”. Puedo estar equivocado acerca del viaje espiritual de Ehrman, pero he conocido muchos estudiantes que han ido en esa dirección. La ironía es que aquellos que confrontan sus investigaciones del texto de la Biblia con presuposiciones acerca de la Biblia a menudo hablan de una “pendiente resbaladiza”, en la que todas las convicciones teológicas están vinculadas con la infalibilidad. Su opinión es que si la infalibilidad se desvanece, todo lo demás comienza a erosionarse. Yo diría que si la infalibilidad es elevada a la categoría de doctrina principal, entonces es cuando uno entra en una pendiente resbaladiza. Sin embargo, si un estudiante ve a las doctrinas como círculos concéntricos, con las doctrinas cardinales ocupando el centro, si las doctrinas periféricas son desafiadas eso no tiene un efecto en el núcleo.

En el fondo, la teología y la fe sí tienen un lugar en los estudios bíblicos. Pueden funcionar como una especie de control de calidad sobre nuestra exégesis. Pero no pueden ser usadas como una carta de triunfo que nos permita hacer caso omiso de los datos. Ese punto de vista no honra a Cristo.”

     El resto de la entrevista (en inglés) en Evangelical Textual Criticism.

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