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Más acerca de la historicidad de Jesús

Complementando el posteo de ayer acerca de la historicidad de Jesús, en el video arriba Ariel Álvarez Valdés trata de manera más larga las fuentes de que disponemos y la forma de razonar de los historiadores críticos a la hora de evaluarlas (también pueden descargar el audio de esa conferencia aquí).

un-judio-marginal-nueva-vision-del-jesus-historico-iPara un tratamiento especializado del tema, un libro clásico es Un judío marginal: nueva visión del Jesús histórico de John P. Meier que, aunque fue publicado en 1991, es todavía el expositor del consenso generalizado de los resultados de la investigación crítica. La primera parte del libro revisa los problemas y las fuentes históricas a la hora de hablar de Jesús, siendo de especial interés los capítulos 2, 3 y 4, que se ocupan respectivamente del Nuevo Testamento, Josefo, y Tácito y otras posibles fuentes greco-romanas. Pueden descargar el libro en pdf aquí.

Por último vale la pena leer al propio Meier acerca de cuál fue su objetivo al escribirlo, y también para aclarar qué queremos decir aquí con “consenso” historiográfico (que no es lo mismo que acuerdo total en cada uno de los temas, pero donde sin embargo hay puntos en común suficientes para realizar un “veredicto”):

«Para explicar a mis colegas universitarios lo que me propongo hacer en este libro, suelo recurrir a la fantasía del “cónclave no papal”. Supongamos que a un católico, un protestante, un judío y un agnóstico —todos ellos historiadores serios y conocedores de los movimientos religiosos del siglo I— se les encerrase en un lugar reservado de la biblioteca de la Escuela de Teología de Harvard, sometidos a una dieta espartana y con la prohibición de salir de allí hasta no haber alcanzado un acuerdo, reflejado en documento, sobre quién fue Jesús de Nazaret y qué intentó en su tiempo y lugar. Exigencia primordial de ese documento sería que estuviese basado en fuentes y argumentos puramente históricos. La “fórmula de concordia” resultante —una fórmula no religiosa— tendría todos los defectos que suelen presentar las declaraciones ecuménicas redactadas por comisiones. A veces se buscaría cuidadosamente un lenguaje ambiguo para ocultar las disensiones, a veces se admitirían abiertamente puntos de divergencia en los que no se pudiese alcanzar un acuerdo. Probablemente, ese documento sobre Jesús no reflejaría la opinión total de ninguno de los miembros del famélico conclave, y ciertamente no contendría afirmaciones que el miembro católico o el protestante mantendrían con firmeza en virtud de su fe. La exigencia básica de que el documento consensuado fuera susceptible de verificación por todos y cada uno utilizando los medios de la moderna investigación histórica produciría un ángulo de visión estrecho, una percepción fragmentaria, quizá hasta distorsiones.

No obstante, algo se habría ganado. Tendríamos un bosquejo de lo que esa entelequia, “toda la gente razonable”, podría decir acerca del Jesús histórico. El documento en cuestión podría servir como base común, como punto de partida para un diálogo entre cristianos y judíos, entre las diferentes confesiones cristianas y entre creyentes y no creyentes, y como invitación para ulteriores investigaciones por parte de historiadores y teólogos. Pues bien, esa limitada declaración de concordia, que no pretende sustituir al Cristo de la fe, es el modesto objetivo de la presente obra.» [1]

Notas:

[1] Meier, John P., Un judío marginal: nueva visión del Jesús histórico, Tomo I: las raíces del problema y la persona, Editorial Verbo Divino, Pamplona, 1998, pp. 29-30.

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Ariel Álvarez Valdés sobre la historicidad de Jesús

TuCaraCuandoAlguienDiceJesúsNoExistióCada tanto se escuchan afirmaciones como “Jesús no existió, la Historia lo demuestra”, o “los historiadores [nunca se dice cuáles historiadores] no están de acuerdo sobre la historicidad de Jesús”, “no hay fuentes históricas fuera de la Biblia que hablen de Jesús” y otras cosas como esas. Este artículo del biblista argentino repasa de manera amena y suficiente los principales testimonios sobre la existencia histórica de Jesús; no pretende ser exhaustivo ni mucho menos (ni tampoco nosotros pretendemos que lo sea), pero baste para hacer notar que la carga de la prueba está todavía de parte de los que la niegan y que el consenso entre los historiadores competentes está abrumadoramente a favor de que Jesús sí existió. Si alguien quiere discutir aquello en los comentarios o en los próximos posteos, es bienvenido, pero por mi parte lo desafío desde ya a nombrar tres especialistas competentes en la materia que la nieguen y la obra y número de página en que lo hacen, que es la forma en que lo hacemos aquí en Blog de Estudios Bíblicos. Enlace original del artículo aquí. Disfruten la lectura.

La existencia histórica de Jesús, o la escasa prueba de un advenimiento sublime

por Ariel Álvarez Valdés

Un pleito desconcertante

En septiembre de 2002, el ingeniero agrónomo Luis Cascioli se presentó ante la justicia italiana de la localidad de Viterbo, cerca de Roma, para denunciar al párroco del lugar. ¿Por cuál delito? Porque todos los domingos, durante la misa, el cura hablaba de Jesús de Nazaret. Y según Cascioli, no hay pruebas de que Jesús haya existido. Por lo tanto, el sacerdote había violado dos leyes penales italianas: la de “abuso de credibilidad popular” (es decir, enseñar cosas falsas; art. 661) y la de “sustitución de persona” (inventar la existencia de un personaje irreal; art. 494).

Los jueces de Viterbo quedaron estupefactos. ¿Acaso los Evangelios no prueban la existencia de Jesús? No, dice Cascioli. Porque éstos son libros contradictorios, y además están escritos por gente que creía en él, por lo que no sirven como prueba objetiva de su existencia.

La denuncia de Cascioli fue rechazada por absurda. Pero éste apeló. Y en segunda instancia los jueces le dieron lugar, y ordenaron al párroco presentarse ante los tribunales para demostrar la existencia de Jesús. El pobre sacerdote, al verse en semejante aprieto, estaba desesperado. Pero al final, los jueces de tercera instancia volvieron a rechazar la demanda del ingeniero, y dieron por terminado el pleito judicial.

Hasta aquí la noticia que apareció en los diarios. Pero una duda quedó flotando en el ambiente: ¿se puede demostrar la historicidad de Jesús? Fuera del Nuevo Testamento, ¿hay algún autor contemporáneo que lo nombre, lo mencione, aluda a su existencia? Sigue leyendo

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Una interpretación del Apocalipsis de Juan – Ariel Álvarez Valdés

En posteos anteriores hemos visto que en la Biblia el género literario de apocalipsis no se refiere a cosas en el futuro distante de su autor, y que tanto el dispensacionalismo como la doctrina del “rapto” en realidad no tienen demasiado fundamento. ¿Cómo interpretar entonces el libro del Apocalipsis? Una de las muchas formas posibles es la que entrega a continuación el biblista argentino Ariel Álvarez Valdés. Enlace original aquí.

¿Cuándo se cumplirán las profecías del Apocalipsis?

Por Ariel Álvarez Valdés

Esperanzas de terror

Las profecías que anuncia el Apocalipsis para el fin de los tiempos son escalofriantes. Sangrientas persecuciones contra los cristianos; una Bestia feroz con siete cabezas y diez cuernos que atacará a los creyentes; una invasión de langostas gigantescas con cola de escorpión y dientes de león; sangre y fuego que caerán sobre la tierra para matar a una tercera parte de la humanidad; un enorme Dragón que buscará devorar a los fieles de Jesucristo; y por si esto fuera poco, terremotos, oscurecimiento del sol, caída de las estrellas, pestes, guerras, hambre, muerte y violencia a granel.

Con semejante panorama es lógico que los cristianos quieran saber cuándo sucederán estas calamidades. Por eso se intentó muchas veces, a lo largo de la historia, fijar la fecha de estos sucesos. Pero todos los intentos fracasaron. No obstante ello, cada tanto sigue apareciendo algún iluminado, o fundador de secta, o vidente que asegura que estamos viviendo ya los últimos tiempos. ¿Es cierto esto? ¿Podemos saber cuándo sucederán estos anuncios? Según el Apocalipsis, parece que sí.

El autor del libro

Ante todo, veamos quién escribió el Apocalipsis. El autor dice que se llamaba Juan (1,9). ¿Quién es este Juan? Durante mucho tiempo se pensó que se trataba de san Juan, uno de los Doce Apóstoles, el Hijo de Zebedeo y hermano de Santiago. Pero el autor en ningún momento dice que él sea un apóstol. En cambio se presenta como un profeta (22,9). También se pensó que este Juan fuera el mismo que escribió el cuarto Evangelio. Pero basta con leer ambos libros y compararlos para darse cuenta de que el estilo literario, las palabras y las ideas de ambos libros son muy distintos.

Por lo tanto, el “Juan” del Apocalipsis no era ni uno de los Doce apóstoles ni el autor del cuarto Evangelio, sino alguien de la iglesia primitiva que un día, inspirado por Dios, compuso esta obra. Según él mismo nos informa, se hallaba prisionero en una isla del Mar Egeo llamada Patmos (1,9), alrededor del año 95.

¿Para cuándo todo esto?

El Apocalipsis compuesto por Juan consiste en una serie de visiones aparentemente caóticas. Pero si lo leemos con atención podemos sacar algunas cosas en claro.

Al comienzo dice: “Revelación de Jesucristo. Dios se la concedió a sus siervos para mostrarles lo que va a suceder pronto” (1:1). El primer versículo, pues, ya advierte que los sucesos iban a ocurrir “pronto”. A continuación escribe: “Dichoso el que lea y los que escuchen las palabras de esta profecía y guarden lo escrito en ella, porque el tiempo está cerca” (1:3). Es decir, reitera que lo que anuncia el libro va a suceder en un tiempo cercano al autor. Luego cuenta todas las visiones que tuvo, y al llegar al final del libro vuelve a decir: “Estas palabras son ciertas y verdaderas. El Señor Dios envió a su ángel para mostrar a sus siervos lo que va a suceder pronto” (22:6). Y más abajo dice que un ángel le advirtió: “No selles las palabras proféticas de este libro, porque el tiempo está cerca” (22:10).

Se ve, pues, que lo que el libro profetizaba eran acontecimientos muy cercanos al tiempo del autor y al de los primeros lectores. Sigue leyendo

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Dos artículos de Ariel Álvarez Valdés sobre la muerte de Jesús

La revista Cuestiones Teológicas de la Universidad Pontificia Bolivariana tiene dos artículos del biblista argentino Ariel Álvarez Valdés que conviene tener presentes.

El primero es “¿Por qué mataron a Jesús?” (Vol. 34, Núm. 82), (descargar), cuyo resumen dice:

“Este artículo nos recrea de una manera sencilla las diversas lecturas que cada comunidad evangélica dio al problema inmediato que llevó a Jesús a la crucifixión. Cerca del final de su vida, Jesús tuvo una disputa con los vendedores del Templo que le costó la vida. ¿Por qué? Exactamente no lo sabemos. Pero cada evangelista se encargó de darle su propia interpretación, según su teología y sus destinatarios. Para Marcos, Jesús quiso abrir el Templo a los paganos. Para Mateo, quiso purificarlo. Para Lucas, quiso adaptarlo. Y para Juan, lo que decidió la muerte de Jesús fue el haber dado la vida a Lázaro”.

El segundo, “¿Cómo fue el entierro de Jesús?” (Vol. 33, Núm. 80), (descargar):

“El autor, a través de un recorrido por los relatos canónicos sobre el entierro de Jesús, muestra cómo la descripción evolucionó de acuerdo con la teología de cada uno de los evangelistas. Para Marcos, Jesús fue sepultado por un judío, miembro del Sanedrín, quien lo inhumó sólo para cumplir con la Ley judía; le practicó un entierro deshonroso, propio de un malhechor, y puso su cuerpo en una gruta cercana al lugar de la ejecución. Según Mateo, quien enterró a Jesús fue un discípulo suyo, un hombre rico el cual le preparó un entierro digno, y hasta le cedió su propia tumba. Para Lucas, a Jesús lo enterró un judío, miembro del Sanedrín, quien miraba a Jesús como un hombre de Dios, por eso no votó contra él durante el juicio. Por último, en el cuarto evangelio, el entierro de Jesús fue hecho por dos personas admiradoras de Jesús, pero cobardes y temerosas, lo seguían en secreto, pero al final dieron la cara en el momento más peligroso y difícil”.

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La mujer vestida de sol de Apocalipsis 12 – Ariel Álvarez Valdés

La mujer vestida de sol:

¿Mariología o esperanza del pueblo que sufre?

 por Ariel Álvarez Valdés

El capítulo 12 del Apocalipsis describe una impresionante visión en la que una Mujer está a punto de dar a luz, mientras un dragón rojo busca devorar al niño en cuanto nazca. El relato dice así: “Un gran signo apareció en el cielo: una Mujer vestida de sol, con la luna bajo sus pies y una corona de doce estrellas sobre su cabeza. Está embarazada y grita con los dolores del parto, por el sufrimiento de dar a luz. Luego apareció otro signo en el cielo: un gran Dragón Rojo, con siete cabezas y diez cuernos, y con una corona en cada una de sus cabezas. Con la cola arrastra la tercera parte de las estrellas del cielo y las lanza sobre la tierra” .

La tensión de la escena aumenta en el párrafo siguiente: “El Dragón se detuvo justo delante de la Mujer que iba a dar a luz, para devorar a su hijo tan pronto como naciera. Y la Mujer dio a luz un hijo varón, el cual ha de gobernar a todas las naciones con cetro de hierro. Pero su hijo le fue arrebatado y llevado ante Dios y ante su trono. Y la Mujer huyó al desierto, donde Dios te había preparado un lugar, para ser allí alimentada durante 1.260 días” (12:1-6).

Los que han leído alguna vez esta página del Apocalipsis se han preguntado: ¿quién si no la Virgen María puede ser esta mujer que aparece radiante en el cielo, brillando como el sol y rodeada de las estrellas y la luna? ¿A quién más puede referirse aquí el autor, si hasta dice que su hijo es el Mesías que va a gobernar a todas las naciones, es decir, Jesucristo?

Así razonaron durante siglos los intérpretes de la Biblia. Incluso los Santos Padres al comentar este capítulo veían, en esa Mujer, la figura escondida de María. Y en esta interpretación se basaron los artistas y los pintores cristianos que más tarde representaron a María en sus obras de arte.

Pero actualmente los biblistas ya no piensan así. Han encontrado algunas imprecisiones e incoherencias en esta opinión.

En primer lugar, el Apocalipsis dice más adelante que cuando el Dragón vio frustrada su intención de devorar al niño, “se fue a hacer la guerra al resto de los hijos de la Mujer” (12:17). ¿Cuáles son los otros hijos que tuvo María?

Además, el libro describe a la Mujer gritando y sufriendo terribles dolores de parto. Jamás la tradición de la Iglesia presentó a María (ni en cuadros, ni en relatos, ni en iconos, ni en pinturas, ni de ninguna manera) con dolores de parto (aun cuando debió haberlos tenido). ¿Por qué aparece aquí representada de un modo tan inusual? Sigue leyendo

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Adán, Eva y la serpiente de Génesis 3

La siguiente columna del biblista argentino Ariel Álvarez Valdés explora la historia de Adán, Eva y la serpiente de Génesis 3 en el contexto histórico y las controversias religiosas del antiguo Israel con la religión canaanita. Enlace original aquí.

La serpiente del paraíso

por Ariel Álvarez Valdés

Una víbora que habla

Hay un enigma que siempre ha intrigado a los lectores de la Biblia, y que tiene que ver con el relato del pecado original: es el de la serpiente que tentó a la mujer en el Paraíso. ¿Quién era realmente? El Génesis afirma que se trataba de un simple animal del campo, uno más de los que Dios había creado (3,1). Pero poco después vemos que la serpiente conversa con Eva. ¿Cómo pudo hablar, si era una víbora? ¿Y cómo podía tener una inteligencia superior a la del hombre (como dice en 3,5)? No puede ser, evidentemente, un animal real. ¿Quién era entonces?

Algunos sostienen que sí era un animal real pero que estaba poseído por el Diablo para engañar a Eva. Pero si la serpiente era sólo un instrumento del Diablo, ¿por qué entonces Dios la castiga a ella haciendo que se arrastre sobre su vientre y coma polvo por el resto de su vida (3,14), en vez de castigar al Diablo? Una segunda creencia, la más común entre los lectores de la Biblia, es que aquí la serpiente no era un animal real sino un símbolo del Diablo, una imagen, un disfraz literario del autor para referirse a este ser maligno, que fue quien en realidad tentó a nuestros primeros padres en el Paraíso. Pero esta solución choca con una gran dificultad, y es que en ninguna otra parte del Génesis se lo nombra al Diablo. Más aún, el Diablo (o Satanás, que es lo mismo) es un personaje desconocido para los autores de los libros bíblicos más antiguos; por eso jamás aparece en el Pentateuco; ni en los libros históricos; ni siquiera en los libros proféticos. ¿Cómo podía conocerlo el autor de este capítulo del Génesis? Los actuales estudios bíblicos afirman, por lo tanto, que aquí no se trata del Diablo.

Un tercer grupo de pensadores sostiene que la serpiente no es ningún personaje concreto, sino un símbolo de los malos deseos y de los placeres sensibles. Así, el pecado original habría consistido en una transgresión de tipo sexual, y la serpiente no sería más que un símbolo sexual. Por eso se insiste tanto en que Adán y Eva “estaban desnudos”. Pero esta hipótesis es inadmisible, pues el mismo Génesis dice que Dios santificó y bendijo el matrimonio cuando le ordenó a la primera pareja: “Sean fecundos y tengan muchos hijos, llenen el mundo y gobiérnenlo” (1,28). No hay, pues, connotaciones sexuales en el pecado original. ¿Quién es entonces esta serpiente? ¿Y todo por una manzana?

El enigma de la serpiente nos lleva a un segundo problema: ¿qué pecado cometieron Adán y Eva en el Paraíso? Popularmente se responde que comieron una manzana prohibida. Pero conviene notar, ante todo, que en ninguna parte del relato se menciona manzana alguna. ¿De dónde salió la idea de esta fruta? Esto viene de cuando la Biblia estaba escrita en latín. En efecto, en esta lengua manzana se dice “malus”, y mal se dice “malum”. Y como Adán y Eva comieron el fruto del mal (malum), se pensó que habían comido una manzana (malus). Hoy, que las Biblias ya no están en latín sino en castellano, vemos que no comieron una manzana sino “un fruto” malo.

Volvamos, pues, al planteo. ¿Por comer un simple fruto Dios los mortificó con semejantes castigos? Si fuera así, lo que sucedió en el paraíso no fue sino ¡un fatal error gastronómico! Pero como sabemos que la serpiente es un símbolo (ya que no puede tratarse de un animal real), también el fruto prohibido tiene que ser simbólico. ¿Pero símbolo de qué? Si aclaramos quién es la serpiente, descubriremos también cuál fue el pecado del paraíso. Sigue leyendo

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Ariel Álvarez Valdés sobre la Biblia, la Ciencia y Génesis 1-2

Complementando los posteos anteriores sobre leer Genesis 1 en su contexto, les recomiendo enormemente escuchar esta charla. El orador es el biblista argentino Ariel Álvarez Valdés, que resume de buena forma el conflicto histórico entre ciencia y teología y cómo puede resolverse aplicando el estudio de la Biblia en su contexto antiguo. Por ejemplo, desde el minuto 37:15 explica las etapas que ha atravesado la relación entre ambas, y cómo ninguna de ellas resultó satisfactoria. Así, se intentó sucesivamente:

1. El principio de la verdad doble: la científica y la religiosa (“no lo acepto porque la Biblia dice…”).

2. Intentar desacreditar a la ciencia.

3. Descartar a la religión.

4. Hacer “concordar” (con un poco de “imaginación exegética”) lo que dicen la Biblia y la ciencia; por ejemplo: “los seis días de Génesis 1 no son días de 24 horas sino edades geológicas de millones de años”. Pero esto no sirve porque esas interpretaciones pueden llevar a hacer decir a la Biblia cosas completamente alejadas de las intenciones de sus autores antiguos, con lo que el mensaje que se quiere “defender” es distorsionado hasta resultar muchas veces irreconocible. Por eso, propone Valdés, la solución es

5. El estudio de los géneros literarios, que nos informan de qué querían decir los autores del texto y cómo no pretendían escribir ciencia (que ni siquiera existía aún) sino un mensaje religioso. El reconocer esto nos permite discernir qué es literal y qué no, o qué es histórico y qué no, de forma de comprender realmente el significado de esos textos sin generalizar de acuerdo a nuestras propias percepciones modernas. Finalmente, en el resto de la charla, Valdés hace esto con Génesis 1 y 2 y el resultado es interesantísimo.

Además, si lo prefieren, aquí pueden descargar el audio en mp3. Hasta la próxima.

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