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Tradicionalista, aniquilacionista, universalista (parte 3 y final)

Históricamente en el cristianismo ha habido tres opiniones distintas acerca del infierno: la visión tradicional del infierno como castigo consciente eterno, el aniquilacionismo o inmortalidad condicional, que dice que los no salvos dejarán de existir; y el universalismo cristiano o restauración universal, que dice que, eventualmente, todas las personas serán salvas y unidas con Dios a través de Cristo.

En esta serie, tres teólogos (un tradicionalista, un aniquilacionista y un universalista) nos cuentan por qué no comparten el punto de vista de los otros dos acerca del infierno, el castigo y la salvación. En esta entrega, un universalista  nos dice por qué no cree en el aniquilacionismo. Enlace original (en inglés) aquí. Disfruten.

Por qué no soy un aniquilacionista

por Robin Parry, editor para Wipf & Stock Publishers

Yo solía ser un aniquilacionista. Siempre he tenido, y mantengo, mucha simpatía por el aniquilacionismo y los que lo defienden. Sin embargo, en mi estudio y reflexión en los años posteriores, he abandonado mi aniquilacionismo. Aquí hay algunas razones:

# 1. El universalismo es más bíblico.

Me he convencido de que la teo-lógica de toda la historia bíblica, que va desde la creación a la nueva creación, se entiende mejor en términos de salvación universal que aniquilación.

Dios creó todas las cosas para un buen fin, no para el infierno. Mientras que la caída tuvo consecuencias cósmicas, Cristo vino a deshacer todos sus malos resultados. Abrazó nuestra naturaleza humana y se presentó como el representante de todos los seres humanos. Después, murió por todos y fue resucitado para todos.

En él, Dios estaba reconciliando al mundo consigo mismo. En este momento el Espíritu está en acción llevando a la gente a la vida en Cristo, y un día Dios traerá todas las cosas a la unidad bajo Cristo, y Dios será todo en todos.

Todas las cosas son de Dios, por Dios, a través de Dios, para Dios. (Ver Gregory MacDonald, The Evangelical Universalist para mis argumentos completos, incluyendo una discusión sobre el lugar del juicio divino después de la muerte).

Creo que es evidente que si uno cree que Dios finalmente salvará a todas las personas, nadie será aniquilado. Por lo tanto, el caso a favor del universalismo es necesariamente un caso en contra del aniquilacionismo.

# 2. Puede socavar el amor de Dios.

Creo que la aniquilación nos empuja en la incómoda dirección de sacrificar o el amor de Dios o la victoria final de Dios. Empecemos con el amor. Los cristianos afirman que “Dios es amor” en su esencia misma. La lógica es simple: si Dios es amor, entonces la disposición de Dios hacia sus criaturas es amorosa. Amar a alguien es querer lo mejor para ellos. Así que si Dios es amor, Dios desea lo mejor para sus criaturas. ¿Y qué es eso? La unión con Dios en Cristo.

Ahora algunos cristianos creen que Dios es capaz de lograr que todas las personas acepten libremente el Evangelio y estén unidos a Cristo. Yo estoy entre ellos. Pero si esto es cierto y si Dios es amor, entonces, al final, todas las personas serán salvas.

Sin embargo, la mayoría de los que creen que Dios puede salvar a todos sin violar su libertad, creen que no lo hará. ¿Por qué? Porque Dios es libre de elegir redimir o no redimir a sus criaturas, amarlos o no amarlos.

Y, dicen, Dios no ama a todas sus criaturas (al menos no “totalmente”), sólo a algunos de ellos (es decir, los elegidos). Los otros son enviados al infierno, ya sea que conduzca a tormento eterno o a aniquilación. Todavía tengo que escuchar ninguna explicación remotamente plausible de cómo esto es compatible con la afirmación de que Dios es amor.

# 3. Puede socavar la victoria final de Dios.

Podemos salvar el amor divino al mismo tiempo que conservar el infierno, pero sólo poniendo en riesgo la victoria escatológica de Dios. Permítanme explicar. Algunos rechazan la idea de que Dios puede lograr que todas las personas abracen libremente el Evangelio. Ellos argumentan que Dios nos da la libertad para relegarnos al olvido a nosotros mismos. Él nos ama y no desea eso, pero lo permite.

Sin embargo, si la destrucción escatológica es algo que Dios permite a regañadientes a las criaturas infligirse a sí mismas, entonces eso representa el fallo permanente por parte de Dios para llevar a cabo sus propósitos en todas las criaturas. Él trató de detenerlas antes de que fuera demasiado tarde, pero se deslizaron a través de sus dedos como arena.

Si, por el contrario, es algo que Dios inflige de forma activa sobre criaturas pecadoras, entonces representa el abandono permanente por parte de Dios de sus propósitos para tales criaturas. Dios trató de atraer a más de ellas (algo no muy difícil en algunos casos), pero ellas frustraron sus intentos, por lo que dejó de intentar y las eliminó de la existencia.

De cualquier manera, Dios ha fallado en llevar a una parte significativa de su creación al destino que pretendía. En lugar de eso, se queda con el premio de consuelo. Es simplemente inconcebible para mí que Dios pueda fallar de manera tan catastrófica.

Resulta algo parecido el doble discurso orwelliano llamar al final de esta narrativa el triunfo de Dios sobre el pecado. El problema es que esta noción de victoria divina es teóricamente compatible con un estado en el que todo agente humano en la creación elige libremente la extinción.

Los ángeles verían un universo en llamas, en el que ninguno de aquellos por quien Cristo murió ha sido salvado, en el que ninguna de las intenciones de Dios para la creación se realizó, y dirían: “¡He aquí el triunfo de Dios sobre el pecado!” En mi opinión, para todo mundo parecería el triunfo del pecado y de Satanás sobre los propósitos de Dios.

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Tradicionalista, aniquilacionista, universalista (parte 2)

Históricamente en el cristianismo ha habido tres opiniones distintas acerca del infierno: la visión tradicional del infierno como castigo consciente eterno, el aniquilacionismo o inmortalidad condicional, que dice que los no salvos dejarán de existir; y el universalismo cristiano o restauración universal, que dice que, eventualmente, todas las personas serán salvas y unidas con Dios a través de Cristo.

En esta serie, tres teólogos (un tradicionalista, un aniquilacionista y un universalista) nos cuentan por qué no comparten el punto de vista de los otros dos acerca del infierno, el castigo y la salvación. En esta entrega, un aniquilacionista nos dice por qué no cree en el castigo eterno en el infierno. Enlace original (en inglés) aquí. Disfruten.

Por qué no soy un tradicionalista

por Chris Date, administrador y colaborador para el proyecto Rethinking Hell.

Me gustaría ser un tradicionalista. Lo fui una vez, antes de emprender un examen cuidadoso de las enseñanzas de la Biblia sobre el infierno, y la ignorancia era la felicidad. Como evangélico conservador, el punto de vista que tengo ahora a menudo hace la vida difícil.

Pero mi compromiso con la autoridad, la fiabilidad y la claridad de la Escritura me arrastró, a regañadientes, al aniquilacionismo. La Biblia es la razón por la que no soy un tradicionalista.

# 1. La Biblia dice que la inmortalidad es un regalo, condicionado a la salvación.

La mayoría de los cristianos desde Agustín han creído que los que mueren en la incredulidad, en última instancia, serán resucitados inmortales para vivir por siempre en tormento. La Biblia, sin embargo, enseña que Dios concederá la inmortalidad sólo a los salvos.

Dios expulsó a Adán y Eva del jardín para que, a falta de acceso al árbol de la vida, ellos no “vivan para siempre” (Génesis 3:22-23). En la otra punta de la Biblia, el acceso al árbol de la vida es restaurado… para los habitantes de la Nueva Jerusalén (Apocalipsis 22:2). Los perdidos son levantados para juicio, no vida (Juan 5:29). Sólo aquellos que están en Cristo serán resucitados incapaces de morir (Lucas 20:35-36); sólo aquellos que son hechos capaces de “heredar el reino de Dios” serán hechos inmortales (1 Corintios 15:50, 53).

# 2. La Biblia dice que Jesús murió en lugar de los pecadores.

Todos los puntos de vista ortodoxos de la expiación incluyen el elemento de la sustitución: Jesús tomó el lugar de los pecadores y sufrió lo que, de lo contrario, ellos hubieran sufrido. Es lógico, entonces, que los que se niegan su don enfrenten ese destino en sí mismos. La Biblia dice que ese destino era la muerte.

Pablo dice que lo más importante para el evangelio es que Cristo murió por los pecados de los impíos (Romanos 5:6; 1 Corintios 15:1-3). Si eso no fuera suficientemente claro, se dice en otro lugar que su muerte fue una muerte física (1 Pedro 3:18; Hebreos 10:10). Si al morir Jesús tomó nuestro lugar, ¿cómo se puede decir que la pena por no creer es la vida eterna en el infierno?

# 3. La Biblia dice que los perdidos morirán y serán destruidos.

Jesús fue entregado al mundo, no para que aquel que no cree escape del tormento eterno, sino para que “no se pierda” (Juan 3:16). “Porque la paga del pecado es muerte”, no vivir por siempre en tormento (Romanos 6:23).

Jesús nos dice que temamos al Dios que “puede destruir el alma y el cuerpo en el infierno” (Mateo 10:28). Pedro dice que la destrucción de Sodoma y Gomorra por el fuego es “un ejemplo de lo que va a pasar a los impíos” (2 Pedro 2:6).

# 4. La Biblia no dice que los perdidos van a sufrir para siempre.

Si un solo versículo enseñara claramente que los perdidos vivirán y sufrirán para siempre en el infierno, yo interpretaría todos los otros versículos a esa luz. Pero no existe tal versículo.

El fuego que no se apaga y los gusanos que no mueren no atormentan para siempre, ellos de manera irresistible consumen “cadáveres” (Isaías 66:24; cf. Marcos 9:48); el fuego inextinguible y los carroñeros imparables devoran por completo (Ezequiel 20:47-48; Jeremías 17:27; Deuteronomio 28:26; Jeremías 7:33).

A Daniel se le dice que sólo a los justos se concederá la vida eterna (Daniel 12:2), la misma promesa hecha por Jesús, cuya amenaza de “castigo eterno”, por lo tanto, debe referirse a la pena de muerte eterna (Mateo 25:46).

Pablo confirma que este castigo consistirá en “destrucción eterna” (2 Tesalonicenses 1:9); “castigo eterno” y “destrucción eterna” no implican ninguna actividad que continúe hacia adelante, más que “salvación eterna” y “redención eterna” implica salvación o redención que continúe hacia adelante (Hebreos 5:9; 9:12). Juan y Dios interpretan la imagen de un lago de fuego como simbolizando la “segunda muerte” en la realidad (Apocalipsis 20:10, 14; 21:8).

* * *

La doctrina de Sola Scriptura (del latín, “la Escritura por sí sola”) no significa que soy libre de interpretar la Biblia de una manera que nadie ha hecho antes. Pero esta visión bíblica del infierno y la inmortalidad estaba viva y coleando en los primeros siglos de la historia cristiana.

Así que ¿por qué no soy un tradicionalista? Porque al igual que algunos de los primeros cristianos, estoy convencido de que la Biblia dice que Dios dará la inmortalidad sólo a los salvos, que Jesús murió en lugar de los pecadores, que los que se pierdan serán destruidos, y porque en ninguna parte dice lo contrario.

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