Tradicionalista, aniquilacionista, universalista (parte 2)

Históricamente en el cristianismo ha habido tres opiniones distintas acerca del infierno: la visión tradicional del infierno como castigo consciente eterno, el aniquilacionismo o inmortalidad condicional, que dice que los no salvos dejarán de existir; y el universalismo cristiano o restauración universal, que dice que, eventualmente, todas las personas serán salvas y unidas con Dios a través de Cristo.

En esta serie, tres teólogos (un tradicionalista, un aniquilacionista y un universalista) nos cuentan por qué no comparten el punto de vista de los otros dos acerca del infierno, el castigo y la salvación. En esta entrega, un aniquilacionista nos dice por qué no cree en el castigo eterno en el infierno. Enlace original (en inglés) aquí. Disfruten.

Por qué no soy un tradicionalista

por Chris Date, administrador y colaborador para el proyecto Rethinking Hell.

Me gustaría ser un tradicionalista. Lo fui una vez, antes de emprender un examen cuidadoso de las enseñanzas de la Biblia sobre el infierno, y la ignorancia era la felicidad. Como evangélico conservador, el punto de vista que tengo ahora a menudo hace la vida difícil.

Pero mi compromiso con la autoridad, la fiabilidad y la claridad de la Escritura me arrastró, a regañadientes, al aniquilacionismo. La Biblia es la razón por la que no soy un tradicionalista.

# 1. La Biblia dice que la inmortalidad es un regalo, condicionado a la salvación.

La mayoría de los cristianos desde Agustín han creído que los que mueren en la incredulidad, en última instancia, serán resucitados inmortales para vivir por siempre en tormento. La Biblia, sin embargo, enseña que Dios concederá la inmortalidad sólo a los salvos.

Dios expulsó a Adán y Eva del jardín para que, a falta de acceso al árbol de la vida, ellos no “vivan para siempre” (Génesis 3:22-23). En la otra punta de la Biblia, el acceso al árbol de la vida es restaurado… para los habitantes de la Nueva Jerusalén (Apocalipsis 22:2). Los perdidos son levantados para juicio, no vida (Juan 5:29). Sólo aquellos que están en Cristo serán resucitados incapaces de morir (Lucas 20:35-36); sólo aquellos que son hechos capaces de “heredar el reino de Dios” serán hechos inmortales (1 Corintios 15:50, 53).

# 2. La Biblia dice que Jesús murió en lugar de los pecadores.

Todos los puntos de vista ortodoxos de la expiación incluyen el elemento de la sustitución: Jesús tomó el lugar de los pecadores y sufrió lo que, de lo contrario, ellos hubieran sufrido. Es lógico, entonces, que los que se niegan su don enfrenten ese destino en sí mismos. La Biblia dice que ese destino era la muerte.

Pablo dice que lo más importante para el evangelio es que Cristo murió por los pecados de los impíos (Romanos 5:6; 1 Corintios 15:1-3). Si eso no fuera suficientemente claro, se dice en otro lugar que su muerte fue una muerte física (1 Pedro 3:18; Hebreos 10:10). Si al morir Jesús tomó nuestro lugar, ¿cómo se puede decir que la pena por no creer es la vida eterna en el infierno?

# 3. La Biblia dice que los perdidos morirán y serán destruidos.

Jesús fue entregado al mundo, no para que aquel que no cree escape del tormento eterno, sino para que “no se pierda” (Juan 3:16). “Porque la paga del pecado es muerte”, no vivir por siempre en tormento (Romanos 6:23).

Jesús nos dice que temamos al Dios que “puede destruir el alma y el cuerpo en el infierno” (Mateo 10:28). Pedro dice que la destrucción de Sodoma y Gomorra por el fuego es “un ejemplo de lo que va a pasar a los impíos” (2 Pedro 2:6).

# 4. La Biblia no dice que los perdidos van a sufrir para siempre.

Si un solo versículo enseñara claramente que los perdidos vivirán y sufrirán para siempre en el infierno, yo interpretaría todos los otros versículos a esa luz. Pero no existe tal versículo.

El fuego que no se apaga y los gusanos que no mueren no atormentan para siempre, ellos de manera irresistible consumen “cadáveres” (Isaías 66:24; cf. Marcos 9:48); el fuego inextinguible y los carroñeros imparables devoran por completo (Ezequiel 20:47-48; Jeremías 17:27; Deuteronomio 28:26; Jeremías 7:33).

A Daniel se le dice que sólo a los justos se concederá la vida eterna (Daniel 12:2), la misma promesa hecha por Jesús, cuya amenaza de “castigo eterno”, por lo tanto, debe referirse a la pena de muerte eterna (Mateo 25:46).

Pablo confirma que este castigo consistirá en “destrucción eterna” (2 Tesalonicenses 1:9); “castigo eterno” y “destrucción eterna” no implican ninguna actividad que continúe hacia adelante, más que “salvación eterna” y “redención eterna” implica salvación o redención que continúe hacia adelante (Hebreos 5:9; 9:12). Juan y Dios interpretan la imagen de un lago de fuego como simbolizando la “segunda muerte” en la realidad (Apocalipsis 20:10, 14; 21:8).

* * *

La doctrina de Sola Scriptura (del latín, “la Escritura por sí sola”) no significa que soy libre de interpretar la Biblia de una manera que nadie ha hecho antes. Pero esta visión bíblica del infierno y la inmortalidad estaba viva y coleando en los primeros siglos de la historia cristiana.

Así que ¿por qué no soy un tradicionalista? Porque al igual que algunos de los primeros cristianos, estoy convencido de que la Biblia dice que Dios dará la inmortalidad sólo a los salvos, que Jesús murió en lugar de los pecadores, que los que se pierdan serán destruidos, y porque en ninguna parte dice lo contrario.

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Tradicionalista, aniquilacionista, universalista (parte 1)

Detalle de escena del infierno de Coppo di Marcovaldo (1265-70), en el Baptisterio, Florencia, Italia.

En el documental Hellbound? vimos que históricamente ha habido tres opiniones distintas acerca del infierno: la visión tradicional del infierno como castigo consciente eterno; el aniquilacionismo o inmortalidad condicional, que dice que los no salvos dejarán de existir; y el universalismo cristiano o restauración universal, que dice que, al final (y esto puede ser incluso después de un tiempo en el infierno), todas las personas serán salvas y unidas con Dios a través de Cristo.

En este y en los próximos dos posteos, tres teólogos (un tradicionalista, un aniquilacionista y un universalista) nos contarán por qué razones no comparten el punto de vista de uno de los otros dos acerca del infierno, el castigo y la salvación (en esta entrega es el tradicionalista contra el universalismo). Enlace original (en inglés) aquí. Disfruten.

Por qué no soy un universalista

por Oliver D. Crisp, profesor de Teología Sistemática en el Seminario Teológico Fuller, EE.UU.

oliver-crisp-320x320Lo primero que debo decir es lo siguiente: Me gustaría ser un universalista. Es decir, me gustaría creer que Dios salvará a todos. Simplemente no estoy convencido de tener una justificación de ese punto de vista en la Biblia o en la voz preponderante de la tradición cristiana.

Tal vez, como varios teólogos históricos y modernos, tendré que conformarme con ser optimista sobre el alcance de la salvación, aunque no puedo decir que todos finalmente se salvarán. Ciertamente me parece que hay dos tipos de datos sobre esto en las Escrituras.

# 1. La Escritura sugiere que algunos serán reconciliados y otros no.

El primero sugiere que (a) el número de los finalmente reconciliados con Dios es menor que el número total de sereshumanos, y (b) los que no son reconciliados con Dios sufren una vida futura separados de las bondades que acompañan la vida con Dios (por ejemplo, la visión beatífica).

Esto es considerado tradicionalmente la enseñanza de Mateo 25, por ejemplo, donde Cristo habla de la separación final de las “ovejas” y las “cabras”. Después hay pasajes que sugieren que el ámbito de la gracia divina es tal que todo será finalmente reconciliado con Dios —por ejemplo, en Colosenses 1:15-23, con su lenguaje de Cristo reconciliando consigo mismo “todas las cosas [tà pánta], ya sea en la tierra o en el cielo, haciendo la paz por la sangre de su cruz”.

Mucho depende de cual dato “controla” al otro, si los pasajes que suenan particularistas controlan a los que suenan universalistas, o viceversa. Tradicionalmente, son los pasajes que son particularistas la lente a través del cual se analizan los lugares que suenan más universalistas en la Escritura. Aunque ha habido una minoría en la tradición cristiana que no mira las cosas de esta manera, que considera a los pasajes que suenan universalistas como más fundamentales.

No todos estos puntos de vista han sido considerados poco ortodoxos, por ejemplo, Gregorio de Nisa, y la política involucrada en volver anatema la versión particular del universalismo propugnada por algunos de los seguidores de Orígenes (apokatástasis) es compleja, como estudios recientes han demostrado.

# 2. Los pensadores cristianos del pasado no han sido universalistas.

Sin embargo, la gran mayoría de los pensadores y confesiones cristianas profesan alguna versión del particularismo, es decir, la afirmación de que el número de los seres humanos que son salvos es menor que el número total. El hecho de que una opinión sea la tradicional no la hace automáticamente la correcta, por supuesto. La esclavitud tiene una larga historia, pero eso no significa que sea moralmente defendible.

Sin embargo, el hecho de que tantos grandes pensadores y confesiones cristianas han tenido este punto de vista no es insignificante, especialmente para aquellos cristianos para los que la tradición tiene algo de peso como autoridad, incluso si se trata de una autoridad subordinada o derivada.

# 3. La teología universalista no muestra la justicia y la misericordia de Dios.

A veces se sugiere que se necesita al infierno para que el pecado tenga seriedad moral. Si alguien como Hitler muere impenitente y su pecado no es castigado en el infierno, entonces ¿dónde está la justicia? ¿No trivializa esto al pecado, haciéndolo moralmente sin peso?

Pero el pecado ha sido tratado de una manera sumamente grave en lo moral: por Dios en la vida y la obra de Cristo, culminando en la cruz. Cristo ha sufrido el castigo por el pecado.

Este no parece ser un argumento particularmente fuerte a favor del particularismo. Tal vez pueda mejorarse con la opinión de que Dios crea un mundo en que la amplia variedad de sus atributos son mostrados en la creación, reivindicando sus propósitos ante sus criaturas. Entonces, la obra de Cristo muestra su gracia y misericordia, y aquellos cuya rebelión continúa hasta la tumba son contados entre aquellos que muestran la justicia y el castigo de Dios. Ambos lados de su naturaleza moral son así mostrados en la creación, reivindicando sus propósitos para el mundo que él ha creado.

* * *

Así que, ¿por qué no soy un universalista? En primer lugar, y fundamentalmente, porque no me es claro que tenga una justificación bíblica para ese punto de vista. En segundo lugar, debido a que la gran mayoría de los pensadores cristianos en el pasado no han sido universalistas, y han entendido el testimonio bíblico de una manera particularista. Parecería extraño que Dios permitiera a la Iglesia persistir en una visión tan equivocada del alcance de la salvación durante tanto tiempo. Y en tercer lugar, porque creo que hay razones para pensar que el propósito de Dios en la creación (tal como lo encontramos en la Escritura y la tradición cristiana) apuntan a su forma de actuar de una manera que muestra su justicia sobre algunos seres humanos caídos, y su misericordia sobre otros.

Sin embargo, en el análisis final, y junto con teólogos reformados como Benjamín Warfield, William Shedd, y Karl Barth, espero que la mayoría sean salvos, incluso si hay algún pequeño remanente que, finalmente, es castigado en el infierno.

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Video – Michael Hardin: una expiación no violenta

Michael Hardin es de los autores y oradores más entretenidos, agudos y apasionados que conozco en este tema nuestro de los “estudios bíblicos”. Es un estadounidense director de Preaching Peace (Predicando Paz), una organización que se dedica a difundir una visión pacifista de Jesús y el evangelio que éste predicaba; fuertemente influenciado por el teólogo suizo Karl Barth y sobre todo por el pensador francés René Girard; y del cual he aprendido muchísimo. Uno de sus libros ha sido traducido recientemente al español como La vida impulsada por Jesús, de lectura muy recomendada y que espero llegue pronto (!). (Pueden comprarlo en Amazon en este enlace).

En el video arriba, Hardin trata un temazo (y muy controversial, por lo demás) que podemos resumir como sigue: ¿cómo podemos decir a la vez que Dios es amor y que fue Dios quien castigó a Jesús en la cruz por los pecados de la humanidad? ¿Debemos necesariamente ver a Dios a la vez como amoroso e iracundo, misericordioso y juzgador, es decir, casi como un esquizofrénico? ¿No hay una forma mejor de explicar la cruz? Para Hardin, por supuesto, si hay una mejor manera, y espero que la encuentren tan estimulante, desafiante e inspiradora como yo.

También, l@s chic@s de La Conversación en Curso publicaron hace un tiempo una entrevista con Hardin y tienen otros materiales suyos, todo muy recomendable. Una vez más, la invitación a (re)pensar la propia fe queda hecha. Disfruten.

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¿Qué significa “eterno” en el Nuevo Testamento? (7 y final)

origenes

Términos para eternidad: aiṓnios y aḯdios en textos clásicos y cristianos (Parte 6)

por Ilaria Ramelli y David Konstan

[…] Concluimos con un vistazo al uso de Orígenes de aiṓnios y aḯdios (en nuestro proyecto más amplio llevamos nuestra investigación hasta la época de Dionisio el Pseudo-Areopagita). En Orígenes, hay muchos pasajes que se refieren a la vida aiṓnios, en la fórmula característica del Nuevo Testamento: el énfasis parece estar no tanto en la eternidad, es decir, el infinito temporal, como en la vida en el siguiente mundo o aiṓn.

Un ejemplo particularmente claro es (creemos) Philocalia, donde la vida aiṓnios se define como aquella que se producirá en el aiṓn futuro. Orígenes afirma que Dios dio a la Escritura “cuerpo para aquellos que existieron antes de nosotros [es decir, los hebreos], alma para nosotros, y espíritu [pneûma] para aquellos en el aiṓn por venir, los cuales obtendrán una vida aiṓnios”. Así también, en el Comentario a Mateo, la vida futura (aiṓnios) es contrastada con la del presente (próskairos). Una vez más, Orígenes en una serie de pasajes opone las entidades sensibles efímeras de la actualidad (próskaira) a los objetos invisibles y duraderos del mundo por venir (aiônia).

En consonancia con el uso de la Septuaginta y el Nuevo Testamento, Orígenes también aplica el adjetivo aiṓnios a los atributos de Dios. En un pasaje particularmente iluminador, Orígenes habla del Dios eterno (toû aiōníou theoû) y de la ocultación del misterio de Jesús por períodos de tiempo aiṓnios (chrónois aiōníois), donde el sentido es claramente “desde tiempo inmemorial”. Así también, Orígenes menciona los “días del aiṓn” y “años aiṓnia” (étē aiṓnia), es decir, períodos muy largos de tiempo, y la frase eis toùs aiônas significa aquí, “durante mucho tiempo”.

En Orígenes, el adjetivo aḯdios aparece con mucha menos frecuencia que aiṓnios, y cuando es utilizado, es casi siempre en referencia a Dios o Sus atributos; probablemente se refiere a “eterno” en el sentido estricto de sin límites en el tiempo o más allá del tiempo.

En Sobre los principios 3.3.5, Orígenes da una clara señal de que entiende aiṓn en el sentido de una sucesión de aiônes antes a la apocatástasis final, momento en el cual se llega a la verdadera eternidad, es decir, aïdiotḗs. Eternidad en sentido estricto se refiere, según Orígenes, a la apocatástasis, no a la secuencia anterior de edades o aiônes. Así también, Orígenes explica que Cristo “reinaba sin carne antes de las edades, y reinó en la carne en las edades” (aiōníōs, adverbio). Una vez más, el “aiṓn por venir” indica el otro mundo (epì tòn méllonta aiôna), donde los pecadores de hecho serán enviados al pûr aiṓnion, es decir, el fuego que pertenece al mundo futuro; este bien puede durar mucho tiempo, pero no es, para Orígenes, eterno.

En este contexto, parece especialmente significativo que Orígenes llama el fuego de la condenación pûr aiṓnion, pero nunca pûr aḯdion. La explicación es que él no considera que esta llama sea absolutamente eterna: es aiṓnion porque pertenece al siguiente mundo, en oposición al fuego que experimentamos en este mundo presente, y dura tanto tiempo como los aiṓnes en su sucesión. Del mismo modo, Orígenes no habla nunca de thánatos aḯdios, o de castigos, tormentos y similares aḯdia, a pesar de que sí habla de thánatos aiṓnios o muerte en el mundo por venir, y de koláseis aiṓnioi, es decir, el castigo en el mundo por venir.

Orígenes era profundamente docto en la Biblia y la tradición filosófica clásica; lo que es más, él sostenía que la condenación no era eterna, sino que más bien servía para purificar a los malos, quienes al final serían salvos en la apocatástasis universal. Su cuidada utilización de los adjetivos aiṓnios y aḯdios refleja, hemos argumentado, tanto su sensibilidad hacia el significado de este último entre los filósofos griegos, y la distinción que aparentemente se observa en el uso de estos términos en la Biblia. Para Orígenes, esto era una prueba más en la Escritura para la doctrina de la salvación universal.


Para ver todas las partes de esta serie, hacer click aquí.

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Video – William Dever: ¿Dios tenía esposa? Arqueología y religión popular en el antiguo Israel

Una de las entradas mas visitadas en este espacio es esta columna de la historiadora británica Francesca Stavrakopoulou acerca de la religiosidad israelita y judahita antes el exilio (586 a.C.) y la posibilidad de que la diosa Asera (mencionada en la Biblia) no sólo fuera adorada, sino considerada una especie de contraparte o consorte de Yahvé. El video arriba de William Dever, un destacado arqueólogo estadounidense especialista en el Antiguo Testamento, comenta los aportes de la arqueología al respecto, apoyado de numerosas fotografías de objetos y sitios, y resulta sumamente recomendable para poner en contexto la insistencia de los autores bíblicos en condenar la idolatría (si insitían tanto era precisamente porque el pueblo sí adoraba a otros dioses: ellos eran la minoría).

DeverLivesOrdinaryPeoppleEn un tema interesante, Dever menciona al comienzo del video que la Biblia no es una buena fuente histórica para saber de la religión de las personas comunes y corrientes en el antiguo Israel porque presenta sobre todo el punto de vista de los monoteístas de la corte y el templo en Jerusalén, lo que quizás pueda ser usado para apoyar la idea de que la Biblia no es una buena fuente histórica en absoluto. Sin embargo, no es posible decir aquello: tan sólo fijense en la cantidad de veces que Dever menciona textos del Antiguo Testamento como complemento a sus comentarios. Que una fuente histórica no sea de utilidad para responder a cierto tipo de preguntas no significa que sea inútil o de ningún valor, y ciertamente no significa que todo lo que informa la Biblia sea una invención, como a veces se pretende (siendo verdad también lo contrario: que algo se diga en la Biblia no quiere decir que realmente ocurrió o fue así). Al final lo que cuenta es el tratamiento adecuado de esas fuentes, no las consignas en uno u otro sentido.

Recuerden activar los subtítulos en español en el reproductor de Youtube, y disfruten.

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¿Qué significa “eterno” en el Nuevo Testamento? (6)

Judas 1:6b en el Codex Sinaiticus (siglo IV). En la segunda línea se lee, ‘desmoîs aïdíois’, “cadenas eternas”, discutida abajo (imagen: codexsinaiticus.org).

Finalmente llegamos al Nuevo Testamento en esta serie de qué significan los términos griegos que se traducen en nuestras biblias como “eterno” (aiṓnios y aḯdios). Para ver todas las partes de esta serie, hacer click aquí; para ver las referencias en el texto completo de Ramelli y Konstan, hacer click acá.

Términos para eternidad: aiṓnios y aḯdios en textos clásicos y cristianos (Parte 5)

por Ilaria Ramelli y David Konstan

“[…] En el Nuevo Testamento, cuando la referencia es a Dios, se puede presumir que aiṓnios significa “eterno” en el sentido de “perpetuo”. Sin embargo, el sentido preciso de aiṓnios en el Nuevo Testamento, así como en la Biblia hebrea, no se puede resolver con la ayuda de definiciones o declaraciones explícitas que lo equiparan con términos tales como “no generado” e “incorruptible”, del tipo que se encuentra en los filósofos y en Filón de Alejandría. Por lo tanto, las posiciones adoptadas por los estudiosos de la religión en esta controversia han aceptado los dos extremos. Por un lado, William Russell Straw afirma de aiṓn que, en la Septuaginta,

“nunca se encuentra con el significado de ‘vida’, ‘tiempo de vida’… La mayoría de los casos puede llevar sólo el significado ‘eterno’”. En cuanto a aiṓnios, “se puede traducir ‘eterno’ o ‘perpetuo’ en cada aparición”.

Peder Margido Myhre, por el contrario, sostiene que el sentido platónico del término como “infinitud metafísica” está totalmente ausente en el Nuevo Testamento. Cito:

“Dado que, en toda la literatura griega, sagrada y profana, aiṓnios se aplica a las cosas finitas abrumadoramente con mayor frecuencia que a las cosas inmortales, ningún crítico razonable puede afirmar… que cuando califica al castigo futuro tiene el sentido estricto de infinitud metafísica… La idea del tormento eterno, introducida a estas palabras de la Biblia por una escuela teológica que era totalmente ignorante de la lengua griega, haría a Dios ser un tirano cruel”.

Pasamos ahora a los dos usos del término más estrictamente filosófico aḯdios en el Nuevo Testamento. El primero (Romanos 1:20) se refiere sin problemas al poder y la divinidad de Dios. En la segunda aparición, sin embargo (Judas 6), se emplea aḯdios para castigo eterno, no el de los seres humanos, sin embargo, sino de los ángeles malignos, que están prisioneros en la oscuridad “con cadenas eternas” (desmoîs aïdíois). Pero hay una restricción: “hasta el juicio del gran día”. Los ángeles, entonces, permanecerán encadenados hasta el Día del Juicio; no se nos informa qué será de ellos después. ¿Por qué aḯdios para las cadenas, en lugar de aiṓnios, que se utiliza en el siguiente versículo para el fuego del cual los castigos de los sodomitas son un ejemplo? Tal vez debido a que ellas perduran desde el momento de la encarcelación de los ángeles, en el principio del mundo, hasta el juicio que señala la entrada en el nuevo aiṓn: por lo tanto, el término indica la continuidad ininterrumpida durante todo el tiempo en este mundo. Esto no podría aplicarse a los seres humanos, que no viven a través de toda la duración del universo actual; a ellos se aplica más bien la secuencia de aiônes o generaciones”


  • Como ya se ha insinuado, no es tan claro como parece a primera vista que la primera de aquellas palabras, aiṓnios, signifique “eterno” en el sentido de “para siempre jamás”, por ejemplo, en “vida eterna”, “fuego eterno” o “castigo eterno”, sino que en cada caso queda abierta la posibilidad de más significados, incluyendo el de duración de tiempo finita.
  • Esto significa que la interpretación de los pasajes en que aparece el témino aiṓnios (y también aḯdios, como vemos en Judas 1:6) necesariamente requiere de más trabajo y reflexión que simplemente decir “mi traducción dice ‘eterno’, así que me quedo con eso”, porque quienes hicieron esa traducción tomaron ellos la decisión (si correcta o incorrecta está aún por verse) de dejar fuera los otros significados e interpretaciones posibles.
  • Dicha tarea interpretativa es más fructífera cuando se hace a la luz de la visión de mundo propia de los autores del texto bíblico, el apocalipticismo judío, con su insistencia en el conflicto entre las fuerzas del bien y las fuerzas del mal, y su diagnóstico pesimista respecto a la situación en la actual era (aiṓn) del mundo y a la vez optimista acerca de la inminencia de la acción de Dios para poner fin a dicha era y traer una “era por venir” de paz y justicia en el mundo. Ya sea que se concluya o no que aiṓnios significa “eterno” en el sentido de “para siempre jamás”, ese es el marco interpretativo propio de esas ideas para los autores de los textos bíblicos; nunca uno que implique la destrucción o el abandono del mundo.

La última parte del texto de Ramelli y Konstan explorará el uso de aiṓnios y aḯdios en Orígenes de Alejandría.

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¿Qué significa “eterno” en el Nuevo Testamento? (5)

En esta entrega llegamos al periodo relevante para nosotros, con el uso de las palabras griegas que se traducen como “eterno” (aiṓnios y aḯdios) en el Antiguo Testamento y la literatura intertestamentaria. Hemos visto antes que, según el análisis de Ramelli y Konstan, la palabra estándar para “eterno” en la literatura griega antes de Platón era aḯdios, nunca aiṓnios. La Septuaginta (la antigua traducción griega de la Biblia hebrea) refleja este uso, y plantea interesantes preguntas acerca de qué significan expresiones como “vida eterna” (aiṓnios) en relación con la “era por venir” mencionada en muchos textos judíos antiguos.

Términos para eternidad: aiṓnios y aḯdios en textos clásicos y cristianos (Parte 4)

por Ilaria Ramelli y David Konstan

” […] Dada la prevalencia del término aḯdios en la literatura griega a lo largo de la época helenística, parece una sorpresa que, en la Septuaginta, aḯdios esté casi ausente, apareciendo de hecho sólo dos veces, ambas en libros tardíos escritos originalmente en griego: 4 Macabeos y Sabiduría. Además, hay una instancia del sustantivo abstracto, aïdiótēs, de nuevo en Sabiduría.

Por otra parte, aiṓnios aparece con impresionante frecuencia, junto con aiṓn; detrás de ambas está la palabra hebrea ‘olām.

Unos pocos ejemplos de sus usos deben ser suficientes. En Génesis [Génesis 9:16], al pacto perpetuo con los seres humanos después del diluvio, conmemorado por el arco iris, se le denomina diathḗkē aiṓnios, al igual que al que existe entre Dios y Abraham y sus descendientes [Génesis 17:13, 19]; en Éxodo es el pacto entre Dios e Israel, santificado por la observancia del sábado, el que a su vez es llamado “un signo eterno” de este convenio a través de las generaciones y edades (aiṓnes) [Éxodo 31:16]. Aquí vemos el sentido de aiṓnios en relación con aiṓn, entendido como un tiempo en el remoto pasado o futuro.

En general, el sentido de aiṓnios es el de algo duradero a lo largo de los siglos, o en relación con la antigüedad remota, en lugar de eternidad absoluta.

Ahora bien, cuando se emplea el mismo término en referencia a Dios, por ejemplo, theòs aiṓnios, surge la pregunta: ¿significa aiṓnios simplemente “de larga duración” en estos contextos también, o hay una idea clara de la perdurabilidad de Dios presente en al menos algunos de estos pasajes? Tomemos, por ejemplo, Éxodo 3:15: «Y dijo Dios a Moisés: “Así dirás a los hijos de Israel: El Señor, el Dios de vuestros padres, el Dios de Abraham, el Dios de Isaac y el Dios de Jacob, me ha enviado a vosotros: este es mi nombre para siempre [aiṓnion], y por lo tanto seré recordado por todas las generaciones [geneôn geneaîs]”». El énfasis en las generaciones sucesivas, pasadas y futuras, sugiere tal vez que aiṓnios aquí connota edades repetidas, en lugar de un período de tiempo estrictamente infinito. Muchos de los otros ejemplos proceden de textos relativamente tardíos, pero incluso en estos es difícil decidir cuál sentido se pretende, en ausencia del tipo de lenguaje preciso que se encuentra en los filósofos pero que es ajeno a las Escrituras hebreas. En algunos casos, por otra parte, la referencia puede ser a la siguiente época o aiṓn, en lugar de a un tiempo infinito como tal.

De particular interés es la mención de Tobías (3:6) del lugar de la otra vida como un tópos aiṓnios, el primer lugar en la Biblia en que aiṓnios inequívocamente se refiere al mundo por venir. En 2 Macabeos, se afirma la doctrina de la resurrección y aiṓnios se utiliza con referencia a la vida del mundo futuro [2 Macabeos 7:9].

En resumen, la Septuaginta casi invariablemente emplea aiṓnios, en asociación con los distintos sentidos de aiṓn, en el sentido de un período de tiempo remoto o indefinido o muy largo (como ‘olām), con la posible connotación de un sentido más absoluto de “eterno” cuando el término se utiliza en referencia a Dios, pero esta connotación se deriva de la idea de Dios. En ciertos libros tardíos, como los de Tobías y los Macabeos, hay una referencia a la vida en el aiṓn, entendida en un sentido escatológico como el mundo por venir, en oposición al actual (kósmos, kairós).

El adjetivo aḯdios aparece sólo dos veces en la Septuaginta. En Sabiduría, que está saturado con el léxico filosófico griego, la Sabiduría es definida como “un reflejo de la luz eterna [aḯdion]” que es Dios. En 4 Macabeos, un tirano impío es amenazado con “fuego aiṓnion” para toda la edad o mundo por venir (eis hólon tòn aiôna). Pero aquí nos encontramos también con la expresión bíos aḯdios o “vida eterna”, en referencia a la vida después de la muerte de los mártires; este estado bendito, por otra parte, está en oposición a la destrucción duradera de su perseguidor en el mundo por venir. Este contraste entre las expresiones paralelas pero antitéticas ólethros aiṓnios y bíos aḯdios es notable. Ambos adjetivos se refieren a la vida futura, es decir, a un aiṓn futuro, pero mientras que el castigo es descrito con el término más general y polisémico aiṓnios, a la vida en el más allá se le aplica el término más técnico aḯdios, lo que denota una condición estrictamente sin fin“.


  • Para aprovechar la argumentación de los autores, es imprescindible tener presente que, para el pensamiento judío desde un par de siglos antes de Cristo en adelante (incluyendo el periodo del Nuevo Testamento), la historia de mundo está dividida en dos eras: la era (aiṓn) actual, dominada por poderes malignos, en la cual los judíos sufrirían, y una era futura, una “era por venir” en la cual Dios intervendría de manera decisiva poniendo fin a los poderes del mal y construyendo un reino de armonía y paz (ver este posteo anterior por el especialista en Nuevo Testamento Bart D. Ehrman).
  • Esa es la visión de mundo que tenían en mente los escritores bíblicos al decir que algo era aiṓnios: no necesariamente significaba “para siempre jamás”, sino que en muchos casos, cosas que habían sido aiṓnios durante la era actual dejarían de serlo (o de ser) en la era por venir. A la inversa, cuando se habla de cosas que serán aiṓnios en la era por venir, no necesariamente significa que serán “eternas” en el sentido de “para siempre jamás”. Puede que sí se esté diciendo que lo serán, pero eso no se puede simplemente suponer de antemano: tiene que ser argumentado en base a otros elementos.
  • Por ejemplo, si aiṓnios en muchos casos tiene que ver, para la mentalidad judía antigua, con esta “era por venir” de la que hemos estado hablando, ¿puede ser mejor traducir en pasajes como Mateo 25:46 “vida de la era por venir” y “castigo de la era por venir” en lugar de “vida eterna” y “castigo eterno”? (Observen que esa traducción no hace un juicio respecto a la duración de esa vida y ese castigo: puede que duren para siempre o sólo por un tiempo, pero ¿cómo saberlo sólo con ese pasaje?). Eso es lo que están argumentando cada vez más historiadores y teólogos, entre ellos un inglés llamado Robin Parry (muy interesante y honesto en sus planteos) del que posteremos próximamente un interesante entrevista (también pueden verlo y oír sus puntos vista en el documental Hellbound? y en este video en nuestro canal de Youtube).

El posteo de mañana revisará el uso de aiṓnios y aḯdios en el Nuevo Testamento. Para ver todas las partes de esta serie, hacer click aquí.

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¿Qué significa “eterno” en el Nuevo Testamento? (4)

Detalle de “La escuela de Atenas” de Rafael Sanzio (c. 1510-1512), que representa a Platón, Aristóteles, Epicuro, Heráclito y otros grandes filósofos griegos de la Antigüedad

Continuamos con la tercera parte de las conclusiones de Ramelli y Konstan sobre la palabra griega aiṓnios, habitualmente traducida en nuestras biblias como “eterno”. Para consultar las referencias a las fuentes, ver el artículo de Ramelli y Konstan citado en una entrada anterior (los textos se encuentran disponibles en nuestra entrada de la Biblioteca Clásica Gredos). Para ver toda las partes de esta serie, hacer click aquí.

Términos para eternidad: aiṓnios y aḯdios en textos clásicos y cristianos (Parte 3)

por Ilaria Ramelli y David Konstan

[…] «Para empezar con aiṓnios en los presocráticos, el Pseudo-Plutarco atribuye a Anaximandro la idea de que la corrupción y la génesis ocurren en ciclos “de un aiṓn infinito”, pero éstas seguramente no son las palabras de Anaximandro. Del mismo modo, Hipólito en su Refutación explica que Heráclito “llama al fuego eterno ‘rayo’”. Usos similares son atribuidos a los pitagóricos, pero éstos a su vez son claramente invenciones posteriores.

En contraste con aiṓnios, el adjetivo aḯdios está atestiguado en el sentido de “eterno” o “perpetuo” tan temprano como en el Himno Homérico a Hestia y el Escudo de Heracles hesiódico, pero en ninguno de los casos la expresión implica un sentido técnico de “eterno”.

Con los presocráticos, sin embargo, el término aḯdios en el sentido de “eterno” parece entrar en vigor, en una serie de testimonios que comienzan con Anaximandro y continúan hasta Meliso y más allá, aunque aquí de nuevo hay que tener cuidado de distinguir entre paráfrasis y terminología original. En el caso de Anaximandro cualquiera de las frases atribuidas, por sí sola, sería de dudosa autoridad; en conjunto, los diversos pasajes quizás sugieren que el propio Anaximandro puede haber aplicado el adjetivo aḯdios al movimiento. Para Jenófanes tenemos testimonios de su uso de aḯdios en el sentido no sólo de “indestructible” o “inmortal”, sino también la de agénētos, “no creado”. Una vez más, la convergencia de los diversos reportes sugiere que Jenófanes puede de hecho haber empleado el adjetivo aḯdios en referencia a dios o el universo. Dos testimonios referentes a Heráclito citan aḯdios en referencia al movimiento perpetuo de las cosas que son eternas y al fuego cíclico, que es dios. El uso de Heráclito del término aḯdios en relación con fenómenos cíclicos es particularmente notable, ya que en textos posteriores los eventos recurrentes o periódicos tienden a describirse más bien por la palabra aiṓnios.

Con Empédocles, tenemos el uso del término aḯdios en sus Katharmoi, garantizado por la métrica: “hay un oráculo de la Necesidad, un antiguo decreto de los dioses, eterno”. Entre los eleáticos, se dice que Parménides describió el “todo” como aḯdios, en que es no-generado e imperecedero. En cuanto a Meliso, Simplicio ofrece lo que parece ser una cita directa al afirmar que “nada de lo que tiene un principio y un final es eterno [aḯdion] o infinito”. Vale la pena señalar que en ninguna parte el término aiṓnios es atribuido a los eleáticos. Por último, Demócrito también argumentó que el tiempo era aḯdios, sobre la base de que era no-generado, y que el conjunto de las cosas también era eterno (aḯdion tò pân).

Pareciera, en resumen, que la expresión técnica para las cosas eternas —todo lo que es no-generado e imperecedero— entre los pensadores cosmológicos en el período anterior a Platón era aḯdios, nunca aiṓnios. Además, aḯdios es también el adjetivo estándar que significa “eterno” en el discurso no filosófico del siglo V.

Cuando llegamos a Platón, nos encontramos con los usos de ambos adjetivos, aiṓnios y aḯdios, en el sentido de “eterno”. Es en el Timeo que Platón entra más de lleno en la cuestión de la eternidad, y ahí encontramos aḯdios seis veces, aiṓn cuatro veces, y aiṓnios dos veces.

Platón introduce el concepto en referencia al modelo que el demiurgo siguió en la creación del universo sensible, mirando “a lo eterno” (pròs tò aḯdion, bis). Luego, en un pasaje crucial, Platón señala que el universo creado fue visto como que se movía y vivía, una imagen de los dioses eternos (tôn aḯdiōn theôn, 37C6), y añade que era en sí mismo un “ser viviente eterno” (zôion aḯdion). Platón prosigue diciendo que la naturaleza del ser vivo era ser aiṓnios, pero que este atributo no se le puede otorgar a algo que fue engendrado (gennētón). Por lo tanto, el creador decidió hacer “una cierta imagen móvil de la eternidad” (eikṑ d’epenóei kinētón tina aiônos), y así al ordenar el universo hizo “de la eternidad que permanece siempre en un punto una imagen eterna que marchaba según el número” (ménontos aiônos en henì kat’arithmòn ioûsan aiṓnion eikóna), y a esto llamó “tiempo”.

Por un lado, aḯdios y aiṓnios parecen ser prácticamente intercambiables: el modelo para el universo es “un ser viviente eterno” (zôion aḯdion) y su naturaleza es eterna (toû zṓiou phúsis oûsa aiṓnios). Y, sin embargo, Platón parece haber encontrado en el término aiṓn una designación especial para su noción de eternidad como atemporal; y con este nuevo sentido de aiṓn, aiṓnios también parece haber entrado en vigor como un significante para lo que está más allá del tiempo.

Fue Platón quien articuló por primera vez esta idea de la eternidad, y él parece haber creado una terminología para darle expresión. La concepción de una eternidad sin tiempo de Platón se mantuvo específica del platonismo y las escuelas estrechamente relacionadas de la Antigüedad. Aristóteles, como hemos dicho, parece nunca utilizar el término aiṓnios, aunque hay cerca de 300 instancias de aḯdios, que es la palabra preferida de Aristóteles para designar cosas eternas. Está claro que Aristóteles no fue movido a adoptar la novedosa terminología de Platón, ya sea porque percibió alguna diferencia entre su propio concepto de la eternidad y el de su maestro, o porque sentía que aiṓnios era una adición innecesaria al vocabulario filosófico, dada la respetabilidad de aḯdios como el término técnico apropiado.

En los estoicos, aḯdios aparece más de treinta veces en el sentido de lo que es para siempre. Se aplica a los cuerpos y la materia, el ónta o realidades que realmente existen según el materialismo estoico, y sobre todo a dios o Zeus. En la medida en que los estoicos emplearon aiṓnios y aiṓn, sin embargo, hay una conexión con su visión específica de los ciclos cósmicos, en oposición a la duración estrictamente infinita, o bien el sustantivo aparece en frases que indican un largo período de tiempo.

Los epicúreos, a su vez, emplean regularmente aḯdios para designar la eternidad de constituyentes imperecederos del universo como los átomos y el vacío. Epicuro utiliza aiṓnios en referencia a la vida futura que los no epicúreos esperaban, con sus terribles castigos: es decir, una vida futura en la que epicúreos no creían y que no merece el nombre de “eterno” (aḯdios), debidamente reservado para elementos verdaderamente perpetuos».


En la siguiente entrega, Ramelli y Konstan revisarán la idea de “eterno” en la Septuaginta (LXX). Una vez más, quedan tod@s invitad@s.

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“Hellbound?”, documental sobre los distintos puntos de vista acerca del infierno

Hellbound? es un interesante documental de 2012 acerca del uno de los temas más controversiales entre creyentes y no creyentes por igual, cuya descripción en su página oficial dice más o menos así:

“Para muchas personas, la creencia en el infierno como un lugar de tormento eterno para los malvados es un principio indiscutible de la ortodoxia cristiana. En su opinión, rechazar o modificar esta creencia es equivalente a rechazar el cristianismo en sí. Sin embargo, un número creciente de creyentes no están de acuerdo. Ellos argumentan que podemos tener un Dios de amor o podemos tener infierno eterno, pero no ambas cosas.

Hellbound? es un documental provocativo y aclamado por la crítica que va justo al centro de este debate. Presentando entrevistas con el controvertido pastor de la Iglesia Mars Hill Mark Driscoll; el gurú de los escritor de guiones (y ateo) Robert McKee; el autoproclamado exorcista Bob Larson; los organizadores de una “casa del infierno” en Dallas, TX; “Oderous Urungus”, cantante de la banda de rock GWAR; y los conocidos bautistas de Westboro, Hellbound? presenta una mezcla desafiante, ecléctica y entretenida de puntos de vista desde todo el espectro teológico.

¿Existe el infierno? Si es así, ¿quién va allí, y por qué? Hellbound? es un viaje penetrante e incendiario que garantiza que los espectadores nunca más verán al infierno de la misma manera”.

Debido a las limitaciones de tiempo de la página Dailymotion, lo hemos subido en dos partes (parte 1 aquí; parte 2 aquí). Recuerden activar los subtítulos en español en la configuración del video (botón “cc”).

Actualización 24/08: también pueden descargar el documental de manera directa aquí: http://uptobox.com/be2tpm6ior4q (el archivo .rar no tiene contraseña e incluye los subtítulos). Disfruten.

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¿Qué significa “eterno” en el Nuevo Testamento? (3)

RamelliKonstan

Términos para eternidad: aiṓnios y aḯdios en textos clásicos y cristianos (Parte 2)

por Ilaria Ramelli y David Konstan

[…] “La noción de “eternidad” no es sencilla, en parte debido a que “eternidad” tiene varios sentidos, en parte también porque algunos de estos significados implican un alto nivel de abstracción filosófica.

Por un lado, los términos para “eterno” pueden llevar el sentido amplio de “mucho tiempo”, como en “siempre”, sin que ello implique una noción rigurosa de tiempo infinitamente extendido. Incluso a este nivel, el adverbio griego aieí, como la palabra “siempre” tiene al menos dos connotaciones distintas, que hacen referencia tanto a un tramo de tiempo indefinidamente prolongado, lo que equivale a “para siempre” (“siempre te amaré”) , y a una acción que se repite regularmente (“él siempre llega tarde a clase”). Una vez más, hay usos intermedios, por ejemplo, “la casa siempre ha estado en esa calle”, lo que significa que, en tanto y cuanto la casa ha existido, ha estado en el mismo lugar, sin ninguna implicación de duración ilimitada.

Por otro lado, “eterno” puede significar una medida de tiempo estrictamente sin límites, es decir, mayor que cualquier medida numérica que uno pueda asignar. Esta última descripción es en sí imprecisa, por supuesto. Puede significar nada más que “innumerable”, es decir, demasiado grande para comprender o comprender fácilmente. Pero el tiempo eterno se entiende comúnmente como estrictamente sin fin, sin conclusión en absoluto.

Incluso en esta concepción más rigurosa, hay dos sentidos en los que se puede decir que el tiempo es eterno. Puede tener un principio pero no fin; o puede no tener ni un principio ni un fin, sino que se extiende infinitamente en el pasado y en el futuro. Lo que es más, además de todas estas variedades de “eterno”, el adjetivo ha sido apropiado también para denotar algo así como “atemporalidad”, un estado inmutable que no tiene duración y por lo tanto no está sujeto al tiempo en absoluto”.


En línea con lo que señalan Ramelli y Kontan, hay muchos pasajes en el Antiguo y Nuevo Testamento en que, a pesar de que se usan las palabras clave que se traducen como “eterno”, la hebrea ‘olām y las griegas aiṓn, aiṓnios y similares, no hay forma de que signifiquen “eterno” en el sentido de “para siempre”, sino que deben entenderse de alguna otra manera (como, por ejemplo, un tiempo muy largo pero no sin fin). Algunos casos incluyen:

  • “Porque los palacios quedarán desiertos, la multitud de la ciudad cesará; las torres y fortalezas se volverán cuevas para siempre (‘olām; gr. héōs toû aiônos), donde descansen asnos monteses, y ganados hagan majada”, pero eso sólo “hasta que sobre nosotros sea derramado el Espíritu de lo alto, y el desierto se convierta en campo fértil, y el campo fértil sea estimado por bosque” (Isaías 32:14-15).
  • El “salmo” de Jonás 2 dice: “Descendí a los cimientos de los montes; La tierra echó sus cerrojos sobre mí para siempre (‘olām); Mas tú sacaste mi vida de la sepultura, oh Jehová Dios mío” (Jonás 2:6). Jonás en realidad sólo estuvo tres días en el vientre del pez (Jonás 1:17), aunque seguramente le deben haber parecido una “eternidad”.
  • Un esclavo puede decidir ser “para siempre” (‘olām; gr. eis tòn aiôna) siervo de su amo (Éxodo 21:5-6); esto es, hasta su muerte (supongo que tod@s estaremos de acuerdo en que la idea de esclavitud después de la muerte es por lo menos problemática).
  • Hay colinas de las que se dice que son “eternas” (‘olām) (Génesis 49:26; Deuteronomio 33:15) y piedras que serán para siempre (‘olām; gr. héōs toû aiônos) monumentos conmemorativos para los israelitas (Josué 4:7), lo que claramente no significa eternidad en el mismo sentido en que, por ejemplo, Dios es eterno.
  • Igualmente, hay disposiciones, prácticas y leyes que son “perpetuas” (‘olām) pero que luego son sustituidas, como el pacto mosaico (Levítico 24:8; cf. Jeremías 31:33, Hebreos 8:10), el sacerdocio de Aarón (Éxodo 40:15, Números 25:13; cf. Hebreos 7:14-22) o la circuncisión (Génesis 17:9-13; cf. 1 Corintios 7:19, Gálatas 5:6).
  • Judas 1:7 no tiene problemas en decir que Sodoma y Gomorra sufren “el castigo del fuego eterno (aiṓnios)”, aun cuando en Ezequiel 16:53-55 se promete que serán restauradas y volverán a su anterior condición.
  • Para finalizar, Romanos 16:25-26 muestra claramente dos usos de la palabra aiṓnios, como 1) un tiempo muy largo, pero finito: “…según la revelación del misterio que se ha mantenido oculto desde tiempos eternos”, (chronois aiṓnios; es evidente que si el secreto ya fue revelado en Cristo, los “tiempos eternos” ya acabaron); y 2) “eterno” en el sentido que lo es Dios: “pero que ahora ha sido manifestado, y por las Escrituras de los profetas, conforme al mandamiento del Dios eterno” (toû aiōniou theoû).

En resumen, hay mucho más en las palabras que estamos examinando que simplemente la afirmación de un tiempo de duración ilimitada. En el siguiente posteo, Ramelli y Konstan revisarán la historia de la idea de eternidad y sus palabras asociadas en la literatura y la filosofía griega. Quedan tod@s invitad@s.

Para ver toda las partes de esta serie, hacer click aquí.

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