Editorial

Las excavaciones arqueológicas en Magdala: desenterrando la Galilea de Jesús

Desde 2010 las excavaciones en Magdala, el posible pueblo de origen de María Magdalena en el Nuevo Testamento, están a cargo de un equipo mexicano de la Universidad Anáhuac del Sur que, sin exagerar, están revolucionando nuestro conocimiento de la Galilea del siglo I d.C. El año anterior, en 2009, se habían encontrado allí los restos de una sinagoga de ese periodo, la primera hasta entonces de época de Jesús en la zona del Mar de Galilea, y considerado uno de los más importantes en Israel en de los últimos 50 años, por lo que la adjudicación de la excavación a un equipo latinoamericano es más notable aún.

Dirigidos por la arqueóloga Marcela Zapata-Meza, han desarrollado un trabajo interdisciplinario muy interesante, con técnicas más propias de la arqueología mesoamericana que de la arqueología más “histórica” que se hace en el mundo mediterráneo. En palabras simples, a falta de fuentes históricas escritas que permitan interpretar los datos arqueológicos o saber dónde excavar (que abundan en el caso del antiguo Israel) la arqueología de la región mesoamericana se basa mucho más en el análisis ciéntifico del terreno (con la ayuda de la química, la geología, etc.). Es esa metodología la que han implementado en Magdala, con los extraordinarios resultados que se exponen en el video arriba.

La Piedra de Magdala con la menorá

Acerca de los hallazgos que se han realizado desde 2009, escribe Zapata-Meza:

“En preparación para la construcción de una casa de huéspedes en 2009 en Magdalena, en la costa occidental del Mar de Galilea, se llevó a cabo una prueba arqueológica por la Autoridad de Antigüedades de Israel (IAA). Un tractor se encontró con lo que sería el descubrimiento arqueológico más importante de Israel en los últimos 50 años a menos de un pie debajo de la tierra. Este hallazgo fue la Piedra de Magdala, un relieve en piedra tallada de 3 pies de largo [c. 91 cms.] que lleva una de las primeras imágenes de la menorá de siete brazos. El impresionante descubrimiento llevó a una excavación mayor. Una sinagoga del siglo primero y un mercado fueron pronto sacados a la luz, después de haber sido cubiertos por una serie de pequeños deslizamientos de tierra durante los últimos 2.000 años […] Hasta ahora, hemos descubierto en Magdala una sinagoga, un mercado, bancos de pesca, cuatro mikvah’ot (baños rituales judíos), mosaicos, una zona interna, el muelle y el puerto” (Fuente).

Vista de la sinagoga del siglo I d.C. y la Piedra de Magdala

Vista de la sinagoga del siglo I d.C. y la Piedra de Magdala

Una serie de artículos acerca de los descubrimientos en Magdala pueden leerse en esta revista online o si prefieren la puden descargar haciendo click aquí. La conferencia del video arriba se realizó en la Azusa Pacific University, CA., el 23 de Abril de 2016. Disfruten.

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¿Qué significa “eterno” en el Nuevo Testamento? (6)

Judas 1:6b en el Codex Sinaiticus (siglo IV). En la segunda línea se lee, ‘desmoîs aïdíois’, “cadenas eternas”, discutida abajo (imagen: codexsinaiticus.org).

Finalmente llegamos al Nuevo Testamento en esta serie de qué significan los términos griegos que se traducen en nuestras biblias como “eterno” (aiṓnios y aḯdios). Para ver todas las partes de esta serie, hacer click aquí; para ver las referencias en el texto completo de Ramelli y Konstan, hacer click acá.

Términos para eternidad: aiṓnios y aḯdios en textos clásicos y cristianos (Parte 5)

por Ilaria Ramelli y David Konstan

“[…] En el Nuevo Testamento, cuando la referencia es a Dios, se puede presumir que aiṓnios significa “eterno” en el sentido de “perpetuo”. Sin embargo, el sentido preciso de aiṓnios en el Nuevo Testamento, así como en la Biblia hebrea, no se puede resolver con la ayuda de definiciones o declaraciones explícitas que lo equiparan con términos tales como “no generado” e “incorruptible”, del tipo que se encuentra en los filósofos y en Filón de Alejandría. Por lo tanto, las posiciones adoptadas por los estudiosos de la religión en esta controversia han aceptado los dos extremos. Por un lado, William Russell Straw afirma de aiṓn que, en la Septuaginta,

“nunca se encuentra con el significado de ‘vida’, ‘tiempo de vida’… La mayoría de los casos puede llevar sólo el significado ‘eterno’”. En cuanto a aiṓnios, “se puede traducir ‘eterno’ o ‘perpetuo’ en cada aparición”.

Peder Margido Myhre, por el contrario, sostiene que el sentido platónico del término como “infinitud metafísica” está totalmente ausente en el Nuevo Testamento. Cito:

“Dado que, en toda la literatura griega, sagrada y profana, aiṓnios se aplica a las cosas finitas abrumadoramente con mayor frecuencia que a las cosas inmortales, ningún crítico razonable puede afirmar… que cuando califica al castigo futuro tiene el sentido estricto de infinitud metafísica… La idea del tormento eterno, introducida a estas palabras de la Biblia por una escuela teológica que era totalmente ignorante de la lengua griega, haría a Dios ser un tirano cruel”.

Pasamos ahora a los dos usos del término más estrictamente filosófico aḯdios en el Nuevo Testamento. El primero (Romanos 1:20) se refiere sin problemas al poder y la divinidad de Dios. En la segunda aparición, sin embargo (Judas 6), se emplea aḯdios para castigo eterno, no el de los seres humanos, sin embargo, sino de los ángeles malignos, que están prisioneros en la oscuridad “con cadenas eternas” (desmoîs aïdíois). Pero hay una restricción: “hasta el juicio del gran día”. Los ángeles, entonces, permanecerán encadenados hasta el Día del Juicio; no se nos informa qué será de ellos después. ¿Por qué aḯdios para las cadenas, en lugar de aiṓnios, que se utiliza en el siguiente versículo para el fuego del cual los castigos de los sodomitas son un ejemplo? Tal vez debido a que ellas perduran desde el momento de la encarcelación de los ángeles, en el principio del mundo, hasta el juicio que señala la entrada en el nuevo aiṓn: por lo tanto, el término indica la continuidad ininterrumpida durante todo el tiempo en este mundo. Esto no podría aplicarse a los seres humanos, que no viven a través de toda la duración del universo actual; a ellos se aplica más bien la secuencia de aiônes o generaciones”


  • Como ya se ha insinuado, no es tan claro como parece a primera vista que la primera de aquellas palabras, aiṓnios, signifique “eterno” en el sentido de “para siempre jamás”, por ejemplo, en “vida eterna”, “fuego eterno” o “castigo eterno”, sino que en cada caso queda abierta la posibilidad de más significados, incluyendo el de duración de tiempo finita.
  • Esto significa que la interpretación de los pasajes en que aparece el témino aiṓnios (y también aḯdios, como vemos en Judas 1:6) necesariamente requiere de más trabajo y reflexión que simplemente decir “mi traducción dice ‘eterno’, así que me quedo con eso”, porque quienes hicieron esa traducción tomaron ellos la decisión (si correcta o incorrecta está aún por verse) de dejar fuera los otros significados e interpretaciones posibles.
  • Dicha tarea interpretativa es más fructífera cuando se hace a la luz de la visión de mundo propia de los autores del texto bíblico, el apocalipticismo judío, con su insistencia en el conflicto entre las fuerzas del bien y las fuerzas del mal, y su diagnóstico pesimista respecto a la situación en la actual era (aiṓn) del mundo y a la vez optimista acerca de la inminencia de la acción de Dios para poner fin a dicha era y traer una “era por venir” de paz y justicia en el mundo. Ya sea que se concluya o no que aiṓnios significa “eterno” en el sentido de “para siempre jamás”, ese es el marco interpretativo propio de esas ideas para los autores de los textos bíblicos; nunca uno que implique la destrucción o el abandono del mundo.

La última parte del texto de Ramelli y Konstan explorará el uso de aiṓnios y aḯdios en Orígenes de Alejandría.

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¿Qué significa “eterno” en el Nuevo Testamento? (5)

En esta entrega llegamos al periodo relevante para nosotros, con el uso de las palabras griegas que se traducen como “eterno” (aiṓnios y aḯdios) en el Antiguo Testamento y la literatura intertestamentaria. Hemos visto antes que, según el análisis de Ramelli y Konstan, la palabra estándar para “eterno” en la literatura griega antes de Platón era aḯdios, nunca aiṓnios. La Septuaginta (la antigua traducción griega de la Biblia hebrea) refleja este uso, y plantea interesantes preguntas acerca de qué significan expresiones como “vida eterna” (aiṓnios) en relación con la “era por venir” mencionada en muchos textos judíos antiguos.

Términos para eternidad: aiṓnios y aḯdios en textos clásicos y cristianos (Parte 4)

por Ilaria Ramelli y David Konstan

” […] Dada la prevalencia del término aḯdios en la literatura griega a lo largo de la época helenística, parece una sorpresa que, en la Septuaginta, aḯdios esté casi ausente, apareciendo de hecho sólo dos veces, ambas en libros tardíos escritos originalmente en griego: 4 Macabeos y Sabiduría. Además, hay una instancia del sustantivo abstracto, aïdiótēs, de nuevo en Sabiduría.

Por otra parte, aiṓnios aparece con impresionante frecuencia, junto con aiṓn; detrás de ambas está la palabra hebrea ‘olām.

Unos pocos ejemplos de sus usos deben ser suficientes. En Génesis [Génesis 9:16], al pacto perpetuo con los seres humanos después del diluvio, conmemorado por el arco iris, se le denomina diathḗkē aiṓnios, al igual que al que existe entre Dios y Abraham y sus descendientes [Génesis 17:13, 19]; en Éxodo es el pacto entre Dios e Israel, santificado por la observancia del sábado, el que a su vez es llamado “un signo eterno” de este convenio a través de las generaciones y edades (aiṓnes) [Éxodo 31:16]. Aquí vemos el sentido de aiṓnios en relación con aiṓn, entendido como un tiempo en el remoto pasado o futuro.

En general, el sentido de aiṓnios es el de algo duradero a lo largo de los siglos, o en relación con la antigüedad remota, en lugar de eternidad absoluta.

Ahora bien, cuando se emplea el mismo término en referencia a Dios, por ejemplo, theòs aiṓnios, surge la pregunta: ¿significa aiṓnios simplemente “de larga duración” en estos contextos también, o hay una idea clara de la perdurabilidad de Dios presente en al menos algunos de estos pasajes? Tomemos, por ejemplo, Éxodo 3:15: «Y dijo Dios a Moisés: “Así dirás a los hijos de Israel: El Señor, el Dios de vuestros padres, el Dios de Abraham, el Dios de Isaac y el Dios de Jacob, me ha enviado a vosotros: este es mi nombre para siempre [aiṓnion], y por lo tanto seré recordado por todas las generaciones [geneôn geneaîs]”». El énfasis en las generaciones sucesivas, pasadas y futuras, sugiere tal vez que aiṓnios aquí connota edades repetidas, en lugar de un período de tiempo estrictamente infinito. Muchos de los otros ejemplos proceden de textos relativamente tardíos, pero incluso en estos es difícil decidir cuál sentido se pretende, en ausencia del tipo de lenguaje preciso que se encuentra en los filósofos pero que es ajeno a las Escrituras hebreas. En algunos casos, por otra parte, la referencia puede ser a la siguiente época o aiṓn, en lugar de a un tiempo infinito como tal.

De particular interés es la mención de Tobías (3:6) del lugar de la otra vida como un tópos aiṓnios, el primer lugar en la Biblia en que aiṓnios inequívocamente se refiere al mundo por venir. En 2 Macabeos, se afirma la doctrina de la resurrección y aiṓnios se utiliza con referencia a la vida del mundo futuro [2 Macabeos 7:9].

En resumen, la Septuaginta casi invariablemente emplea aiṓnios, en asociación con los distintos sentidos de aiṓn, en el sentido de un período de tiempo remoto o indefinido o muy largo (como ‘olām), con la posible connotación de un sentido más absoluto de “eterno” cuando el término se utiliza en referencia a Dios, pero esta connotación se deriva de la idea de Dios. En ciertos libros tardíos, como los de Tobías y los Macabeos, hay una referencia a la vida en el aiṓn, entendida en un sentido escatológico como el mundo por venir, en oposición al actual (kósmos, kairós).

El adjetivo aḯdios aparece sólo dos veces en la Septuaginta. En Sabiduría, que está saturado con el léxico filosófico griego, la Sabiduría es definida como “un reflejo de la luz eterna [aḯdion]” que es Dios. En 4 Macabeos, un tirano impío es amenazado con “fuego aiṓnion” para toda la edad o mundo por venir (eis hólon tòn aiôna). Pero aquí nos encontramos también con la expresión bíos aḯdios o “vida eterna”, en referencia a la vida después de la muerte de los mártires; este estado bendito, por otra parte, está en oposición a la destrucción duradera de su perseguidor en el mundo por venir. Este contraste entre las expresiones paralelas pero antitéticas ólethros aiṓnios y bíos aḯdios es notable. Ambos adjetivos se refieren a la vida futura, es decir, a un aiṓn futuro, pero mientras que el castigo es descrito con el término más general y polisémico aiṓnios, a la vida en el más allá se le aplica el término más técnico aḯdios, lo que denota una condición estrictamente sin fin“.


  • Para aprovechar la argumentación de los autores, es imprescindible tener presente que, para el pensamiento judío desde un par de siglos antes de Cristo en adelante (incluyendo el periodo del Nuevo Testamento), la historia de mundo está dividida en dos eras: la era (aiṓn) actual, dominada por poderes malignos, en la cual los judíos sufrirían, y una era futura, una “era por venir” en la cual Dios intervendría de manera decisiva poniendo fin a los poderes del mal y construyendo un reino de armonía y paz (ver este posteo anterior por el especialista en Nuevo Testamento Bart D. Ehrman).
  • Esa es la visión de mundo que tenían en mente los escritores bíblicos al decir que algo era aiṓnios: no necesariamente significaba “para siempre jamás”, sino que en muchos casos, cosas que habían sido aiṓnios durante la era actual dejarían de serlo (o de ser) en la era por venir. A la inversa, cuando se habla de cosas que serán aiṓnios en la era por venir, no necesariamente significa que serán “eternas” en el sentido de “para siempre jamás”. Puede que sí se esté diciendo que lo serán, pero eso no se puede simplemente suponer de antemano: tiene que ser argumentado en base a otros elementos.
  • Por ejemplo, si aiṓnios en muchos casos tiene que ver, para la mentalidad judía antigua, con esta “era por venir” de la que hemos estado hablando, ¿puede ser mejor traducir en pasajes como Mateo 25:46 “vida de la era por venir” y “castigo de la era por venir” en lugar de “vida eterna” y “castigo eterno”? (Observen que esa traducción no hace un juicio respecto a la duración de esa vida y ese castigo: puede que duren para siempre o sólo por un tiempo, pero ¿cómo saberlo sólo con ese pasaje?). Eso es lo que están argumentando cada vez más historiadores y teólogos, entre ellos un inglés llamado Robin Parry (muy interesante y honesto en sus planteos) del que posteremos próximamente un interesante entrevista (también pueden verlo y oír sus puntos vista en el documental Hellbound? y en este video en nuestro canal de Youtube).

El posteo de mañana revisará el uso de aiṓnios y aḯdios en el Nuevo Testamento. Para ver todas las partes de esta serie, hacer click aquí.

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¿Qué significa “eterno” en el Nuevo Testamento? (4)

Detalle de “La escuela de Atenas” de Rafael Sanzio (c. 1510-1512), que representa a Platón, Aristóteles, Epicuro, Heráclito y otros grandes filósofos griegos de la Antigüedad

Continuamos con la tercera parte de las conclusiones de Ramelli y Konstan sobre la palabra griega aiṓnios, habitualmente traducida en nuestras biblias como “eterno”. Para consultar las referencias a las fuentes, ver el artículo de Ramelli y Konstan citado en una entrada anterior (los textos se encuentran disponibles en nuestra entrada de la Biblioteca Clásica Gredos). Para ver toda las partes de esta serie, hacer click aquí.

Términos para eternidad: aiṓnios y aḯdios en textos clásicos y cristianos (Parte 3)

por Ilaria Ramelli y David Konstan

[…] «Para empezar con aiṓnios en los presocráticos, el Pseudo-Plutarco atribuye a Anaximandro la idea de que la corrupción y la génesis ocurren en ciclos “de un aiṓn infinito”, pero éstas seguramente no son las palabras de Anaximandro. Del mismo modo, Hipólito en su Refutación explica que Heráclito “llama al fuego eterno ‘rayo’”. Usos similares son atribuidos a los pitagóricos, pero éstos a su vez son claramente invenciones posteriores.

En contraste con aiṓnios, el adjetivo aḯdios está atestiguado en el sentido de “eterno” o “perpetuo” tan temprano como en el Himno Homérico a Hestia y el Escudo de Heracles hesiódico, pero en ninguno de los casos la expresión implica un sentido técnico de “eterno”.

Con los presocráticos, sin embargo, el término aḯdios en el sentido de “eterno” parece entrar en vigor, en una serie de testimonios que comienzan con Anaximandro y continúan hasta Meliso y más allá, aunque aquí de nuevo hay que tener cuidado de distinguir entre paráfrasis y terminología original. En el caso de Anaximandro cualquiera de las frases atribuidas, por sí sola, sería de dudosa autoridad; en conjunto, los diversos pasajes quizás sugieren que el propio Anaximandro puede haber aplicado el adjetivo aḯdios al movimiento. Para Jenófanes tenemos testimonios de su uso de aḯdios en el sentido no sólo de “indestructible” o “inmortal”, sino también la de agénētos, “no creado”. Una vez más, la convergencia de los diversos reportes sugiere que Jenófanes puede de hecho haber empleado el adjetivo aḯdios en referencia a dios o el universo. Dos testimonios referentes a Heráclito citan aḯdios en referencia al movimiento perpetuo de las cosas que son eternas y al fuego cíclico, que es dios. El uso de Heráclito del término aḯdios en relación con fenómenos cíclicos es particularmente notable, ya que en textos posteriores los eventos recurrentes o periódicos tienden a describirse más bien por la palabra aiṓnios.

Con Empédocles, tenemos el uso del término aḯdios en sus Katharmoi, garantizado por la métrica: “hay un oráculo de la Necesidad, un antiguo decreto de los dioses, eterno”. Entre los eleáticos, se dice que Parménides describió el “todo” como aḯdios, en que es no-generado e imperecedero. En cuanto a Meliso, Simplicio ofrece lo que parece ser una cita directa al afirmar que “nada de lo que tiene un principio y un final es eterno [aḯdion] o infinito”. Vale la pena señalar que en ninguna parte el término aiṓnios es atribuido a los eleáticos. Por último, Demócrito también argumentó que el tiempo era aḯdios, sobre la base de que era no-generado, y que el conjunto de las cosas también era eterno (aḯdion tò pân).

Pareciera, en resumen, que la expresión técnica para las cosas eternas —todo lo que es no-generado e imperecedero— entre los pensadores cosmológicos en el período anterior a Platón era aḯdios, nunca aiṓnios. Además, aḯdios es también el adjetivo estándar que significa “eterno” en el discurso no filosófico del siglo V.

Cuando llegamos a Platón, nos encontramos con los usos de ambos adjetivos, aiṓnios y aḯdios, en el sentido de “eterno”. Es en el Timeo que Platón entra más de lleno en la cuestión de la eternidad, y ahí encontramos aḯdios seis veces, aiṓn cuatro veces, y aiṓnios dos veces.

Platón introduce el concepto en referencia al modelo que el demiurgo siguió en la creación del universo sensible, mirando “a lo eterno” (pròs tò aḯdion, bis). Luego, en un pasaje crucial, Platón señala que el universo creado fue visto como que se movía y vivía, una imagen de los dioses eternos (tôn aḯdiōn theôn, 37C6), y añade que era en sí mismo un “ser viviente eterno” (zôion aḯdion). Platón prosigue diciendo que la naturaleza del ser vivo era ser aiṓnios, pero que este atributo no se le puede otorgar a algo que fue engendrado (gennētón). Por lo tanto, el creador decidió hacer “una cierta imagen móvil de la eternidad” (eikṑ d’epenóei kinētón tina aiônos), y así al ordenar el universo hizo “de la eternidad que permanece siempre en un punto una imagen eterna que marchaba según el número” (ménontos aiônos en henì kat’arithmòn ioûsan aiṓnion eikóna), y a esto llamó “tiempo”.

Por un lado, aḯdios y aiṓnios parecen ser prácticamente intercambiables: el modelo para el universo es “un ser viviente eterno” (zôion aḯdion) y su naturaleza es eterna (toû zṓiou phúsis oûsa aiṓnios). Y, sin embargo, Platón parece haber encontrado en el término aiṓn una designación especial para su noción de eternidad como atemporal; y con este nuevo sentido de aiṓn, aiṓnios también parece haber entrado en vigor como un significante para lo que está más allá del tiempo.

Fue Platón quien articuló por primera vez esta idea de la eternidad, y él parece haber creado una terminología para darle expresión. La concepción de una eternidad sin tiempo de Platón se mantuvo específica del platonismo y las escuelas estrechamente relacionadas de la Antigüedad. Aristóteles, como hemos dicho, parece nunca utilizar el término aiṓnios, aunque hay cerca de 300 instancias de aḯdios, que es la palabra preferida de Aristóteles para designar cosas eternas. Está claro que Aristóteles no fue movido a adoptar la novedosa terminología de Platón, ya sea porque percibió alguna diferencia entre su propio concepto de la eternidad y el de su maestro, o porque sentía que aiṓnios era una adición innecesaria al vocabulario filosófico, dada la respetabilidad de aḯdios como el término técnico apropiado.

En los estoicos, aḯdios aparece más de treinta veces en el sentido de lo que es para siempre. Se aplica a los cuerpos y la materia, el ónta o realidades que realmente existen según el materialismo estoico, y sobre todo a dios o Zeus. En la medida en que los estoicos emplearon aiṓnios y aiṓn, sin embargo, hay una conexión con su visión específica de los ciclos cósmicos, en oposición a la duración estrictamente infinita, o bien el sustantivo aparece en frases que indican un largo período de tiempo.

Los epicúreos, a su vez, emplean regularmente aḯdios para designar la eternidad de constituyentes imperecederos del universo como los átomos y el vacío. Epicuro utiliza aiṓnios en referencia a la vida futura que los no epicúreos esperaban, con sus terribles castigos: es decir, una vida futura en la que epicúreos no creían y que no merece el nombre de “eterno” (aḯdios), debidamente reservado para elementos verdaderamente perpetuos».


En la siguiente entrega, Ramelli y Konstan revisarán la idea de “eterno” en la Septuaginta (LXX). Una vez más, quedan tod@s invitad@s.

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¿Qué significa “eterno” en el Nuevo Testamento? (3)

RamelliKonstan

Términos para eternidad: aiṓnios y aḯdios en textos clásicos y cristianos (Parte 2)

por Ilaria Ramelli y David Konstan

[…] “La noción de “eternidad” no es sencilla, en parte debido a que “eternidad” tiene varios sentidos, en parte también porque algunos de estos significados implican un alto nivel de abstracción filosófica.

Por un lado, los términos para “eterno” pueden llevar el sentido amplio de “mucho tiempo”, como en “siempre”, sin que ello implique una noción rigurosa de tiempo infinitamente extendido. Incluso a este nivel, el adverbio griego aieí, como la palabra “siempre” tiene al menos dos connotaciones distintas, que hacen referencia tanto a un tramo de tiempo indefinidamente prolongado, lo que equivale a “para siempre” (“siempre te amaré”) , y a una acción que se repite regularmente (“él siempre llega tarde a clase”). Una vez más, hay usos intermedios, por ejemplo, “la casa siempre ha estado en esa calle”, lo que significa que, en tanto y cuanto la casa ha existido, ha estado en el mismo lugar, sin ninguna implicación de duración ilimitada.

Por otro lado, “eterno” puede significar una medida de tiempo estrictamente sin límites, es decir, mayor que cualquier medida numérica que uno pueda asignar. Esta última descripción es en sí imprecisa, por supuesto. Puede significar nada más que “innumerable”, es decir, demasiado grande para comprender o comprender fácilmente. Pero el tiempo eterno se entiende comúnmente como estrictamente sin fin, sin conclusión en absoluto.

Incluso en esta concepción más rigurosa, hay dos sentidos en los que se puede decir que el tiempo es eterno. Puede tener un principio pero no fin; o puede no tener ni un principio ni un fin, sino que se extiende infinitamente en el pasado y en el futuro. Lo que es más, además de todas estas variedades de “eterno”, el adjetivo ha sido apropiado también para denotar algo así como “atemporalidad”, un estado inmutable que no tiene duración y por lo tanto no está sujeto al tiempo en absoluto”.


En línea con lo que señalan Ramelli y Kontan, hay muchos pasajes en el Antiguo y Nuevo Testamento en que, a pesar de que se usan las palabras clave que se traducen como “eterno”, la hebrea ‘olām y las griegas aiṓn, aiṓnios y similares, no hay forma de que signifiquen “eterno” en el sentido de “para siempre”, sino que deben entenderse de alguna otra manera (como, por ejemplo, un tiempo muy largo pero no sin fin). Algunos casos incluyen:

  • “Porque los palacios quedarán desiertos, la multitud de la ciudad cesará; las torres y fortalezas se volverán cuevas para siempre (‘olām; gr. héōs toû aiônos), donde descansen asnos monteses, y ganados hagan majada”, pero eso sólo “hasta que sobre nosotros sea derramado el Espíritu de lo alto, y el desierto se convierta en campo fértil, y el campo fértil sea estimado por bosque” (Isaías 32:14-15).
  • El “salmo” de Jonás 2 dice: “Descendí a los cimientos de los montes; La tierra echó sus cerrojos sobre mí para siempre (‘olām); Mas tú sacaste mi vida de la sepultura, oh Jehová Dios mío” (Jonás 2:6). Jonás en realidad sólo estuvo tres días en el vientre del pez (Jonás 1:17), aunque seguramente le deben haber parecido una “eternidad”.
  • Un esclavo puede decidir ser “para siempre” (‘olām; gr. eis tòn aiôna) siervo de su amo (Éxodo 21:5-6); esto es, hasta su muerte (supongo que tod@s estaremos de acuerdo en que la idea de esclavitud después de la muerte es por lo menos problemática).
  • Hay colinas de las que se dice que son “eternas” (‘olām) (Génesis 49:26; Deuteronomio 33:15) y piedras que serán para siempre (‘olām; gr. héōs toû aiônos) monumentos conmemorativos para los israelitas (Josué 4:7), lo que claramente no significa eternidad en el mismo sentido en que, por ejemplo, Dios es eterno.
  • Igualmente, hay disposiciones, prácticas y leyes que son “perpetuas” (‘olām) pero que luego son sustituidas, como el pacto mosaico (Levítico 24:8; cf. Jeremías 31:33, Hebreos 8:10), el sacerdocio de Aarón (Éxodo 40:15, Números 25:13; cf. Hebreos 7:14-22) o la circuncisión (Génesis 17:9-13; cf. 1 Corintios 7:19, Gálatas 5:6).
  • Judas 1:7 no tiene problemas en decir que Sodoma y Gomorra sufren “el castigo del fuego eterno (aiṓnios)”, aun cuando en Ezequiel 16:53-55 se promete que serán restauradas y volverán a su anterior condición.
  • Para finalizar, Romanos 16:25-26 muestra claramente dos usos de la palabra aiṓnios, como 1) un tiempo muy largo, pero finito: “…según la revelación del misterio que se ha mantenido oculto desde tiempos eternos”, (chronois aiṓnios; es evidente que si el secreto ya fue revelado en Cristo, los “tiempos eternos” ya acabaron); y 2) “eterno” en el sentido que lo es Dios: “pero que ahora ha sido manifestado, y por las Escrituras de los profetas, conforme al mandamiento del Dios eterno” (toû aiōniou theoû).

En resumen, hay mucho más en las palabras que estamos examinando que simplemente la afirmación de un tiempo de duración ilimitada. En el siguiente posteo, Ramelli y Konstan revisarán la historia de la idea de eternidad y sus palabras asociadas en la literatura y la filosofía griega. Quedan tod@s invitad@s.

Para ver toda las partes de esta serie, hacer click aquí.

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¿Qué significa “eterno” en el Nuevo Testamento? (2)

Mosaico bizantino en la Basílica de Sant’ Apollinare Nuovo, en Rávena, Italia, que representa al Hijo del Hombre juzgando a las naciones y separándolas como un pastor separa las cabras de las ovejas (Mateo 25:31-46) (c. siglo VI d.C.)

Comenzamos con la revisión de los argumentos de Ilaria Ramelli y David Konstan acerca del significado del término griego aiṓnios, habitualmente traducido en el Nuevo Testamento como “eterno”. El texto que hemos traducido fue publicado con permiso de uno de los autores en el blog Theological Scribbles, en seis partes. Una forma más completa de ese ensayo se encuentra publicado como “Terms for Eternity: αἰώνιος and ἀΐδιος in Classical and Christian Texts” en la revista mexicana Nova Tellus, vol 24, núm 2, 2006, pp. 21-39, que pueden leer o descargar aquí.

Ilaria Ramelli tiene un Doctorado en Filología clásica por la Universidad de Milán; David Konstan es un destacado historiador de la Antiguedad grecorromana y actualmente se desempeña como Professor of Classics en la Universidad de Nueva York.

Términos para eternidad: aiṓnios y aḯdios en textos clásicos y cristianos (Parte 1)

por Ilaria Ramelli y David Konstan

“En el breve tiempo que tenemos hoy, ofrecemos un resumen de la investigación que estamos realizando sobre los usos de dos términos griegos antiguos que se traducen habitualmente como “eterno”. Los términos son aiṓnios y aḯdios. Ninguna de las dos palabras se encuentra en las epopeyas homéricas o en los grandes poemas de Hesíodo, aunque el sustantivo aiṓn, del que aiṓnios se deriva, es muy común, sobre todo en el sentido de una “vida” o “tiempo de vida”. Aḯdios entra al griego antes, mientras que aiṓnios aparece por primera vez, sorprendentemente, en Platón. La introducción de Platón del término es filosóficamente importante, como lo es el hecho de que Aristóteles lo evitó por completo en sus propios copiosos escritos.

La historia posterior de estos términos, y la danza en la que se involucran entre sí a lo largo de la literatura y la filosofía griega, es fascinante en sí misma, pero la verdadera recompensa está en la forma en que son utilizados en la Septuaginta y el Nuevo Testamento, y a partir de entonces en escritores cristianos, que por lo general están igualmente familiarizados con sus connotaciones tanto en la tradición pagana como en las Escrituras. Lo que es más, mucho resulta estar en juego en cómo se interpretan estos dos términos: de hecho, nada menos que la posibilidad de la condenación eterna de los pecadores frente a la salvación universal de todos. Por lo tanto, lo que puede parecer ser una investigación árida de sutiles distinciones terminológicas demuestra ser una clave para entender el pensamiento filosófico y religioso antiguo”.


Probablemente la afirmación más problemática del texto es la que destacamos en negrita (¿Que el infierno puede no ser para siempre? ¿Que todos pueden salvarse?), pero antes de pasar a debatir ese tipo de consideraciones teológicas conviene tener en cuenta lo siguiente:

  • En el pasaje que ilustra la foto arriba (Mateo 25:31-46), por ejemplo (y muchos otros pasajes que veremos luego), el sentido depende precisamente del significado de la palabra aiṓnios: “entonces dirá también a los de la izquierda: Apartaos de mí, malditos, al fuego aiṓnion preparado para el diablo y sus ángeles” (v. 41), “E irán éstos al castigo aiṓnion, y los justos a la vida aiṓnion” (v. 46). Si aiṓnios no fuera automáticamente “eterno” en el sentido de “para siempre”, ¿entonces qué significaría?, ¿qué duración tendrán ese fuego, castigo y vida?, ¿se refiere siquiera ese pasaje al tiempo de duración del fuego, el castigo y la vida, o no se puede saber? Quizá en la traducción en castellano parece que “eterno” se refiere al tiempo de duración simplemente por la referencia a la “vida eterna”, que para muchas personas significa sólo “inmortalidad”, la ausencia de la muerte; pero si “vida eterna” tiene más significados (espirituales, etc.), ¿no podría ser también ése el caso con “fuego eterno” o con “castigo eterno”?
  • En los primeros siglos de cristianismo destacados obispos y teólogos, basados en pasajes como 1 Corintios 15:28, defendieron que finalmente todas las personas volverían a Dios y serían reconciliadas con Él, incluso si eso incluía antes un periodo de castigo en el infierno. El más conocido de ellos es probablemente Orígenes de Alejandría (185-254 d.C.), cuya doctrina de la apocatástasis o restauración universal incluía la salvación al final de los tiempos no sólo de los condenados sino hasta de los demonios, de forma que realmente Dios fuera “todo en todos”. Otro destacado defensor de esta doctrina fue Gregorio de Nisa, el redactor final del Credo niceno.
  • ¿Cómo es posible que alguien sostuviera esas opiniones, si el texto de Mateo supuestamente es tan claro como dicen quienes defienden la visión tradicional? Justamente porque el sentido de la palabra clave (aiṓnios) es ambiguo y necesita ser interpretado. Hay que recordar siempre que la Biblia no se autointerpreta, no se interpreta por sí misma, sino que depende de quienes la leen hacer todo lo posible por entenderla, incluyendo acudir a investigaciones como la de Ramelli y Konstan (o Keizer).
  • En tanto historiadores, Ramelli y Konstan no están defendiendo o apoyando como verdadera o legítima ninguna de esas interpretaciones (como dice otro historiador, “para eso consulte a su sacerdote, su rabino o su pastor”), sino que sólo pretenden entender cómo pudieron surgir esas opiniones y visiones en la Antigüedad y qué fenómenos históricos se encuentran detrás (prestar atención a la frase final del texto). Esto no pretende defender una falsa idea de la “objetividad del historiador” (la verdad, no tengo idea de cuáles son sus opiniones en materia de fe, o si de hecho las tienen), sino separar aguas e instar a distinguir cuándo se está dando un argumento (o haciendo una hipótesis) basado en evidencia según la metodología de la investigación histórica y cuándo no. Gusten o no las conclusiones propuestas por ellos, deben evaluarse o criticarse según criterios históricos y no por preferencias personales o religiosas.

La parte 2 del texto de Ramelli y Konstan, que postearemos mañana, tratará de la complejidad de la idea de la “eternidad” y lo “eterno”, que incluso en español tiene muchos más significados que tan sólo “duración ilimitada de tiempo”. Quedan tod@s invitad@s.

Para ver toda las partes de esta serie, hacer click aquí.

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¿Qué significa “eterno” en el Nuevo Testamento? (1)

En esta serie que iniciamos, exploraremos el significado de las palabras que se traducen en nuestras biblias como “eterno” o “eternidad” y son entendidas en el sentido de “perpetuo” o de “periodo ilimitado de tiempo”. El objetivo es doble, y tiene que ver con revisar los dos usos más frecuentes del término, vida eterna y castigo eterno; aunque no, como se podría pensar, para cuestionar de manera inmediata doctrinas como la existencia o no del infierno (lo que requiere una reflexión mucho más profunda y considerar múltiples alternativas). Más bien se trata de que, por ejemplo, cuando un elemento tan importante del Nuevo Testamento como vida eterna ha quedado reducido a nada más que “vida por un periodo ilimitado de tiempo” —es decir, a inmortalidad—, se hace necesario y puede ser útil recuperar su sentido original para enriquecer la discusión y las posibles aplicaciones en la vida de personas (en este caso, no para rechazar a priori que en la Bibia se prometa la inmortalidad, sino porque el significado de vida eterna es mucho más rico y profundo que tan solo eso).

Material de diversa calidad acerca de este tema circula por internet, por lo que nuestro esfuerzo será ante todo presentarlo de una manera responsable. Este es un tema muy técnico que, si bien es perfectamente comprensible a nivel general de la argumentación, requiere un conocimiento profundo del griego antiguo para refutar o desmentir las conclusiones a las que llegan los especialistas en la materia. Es por eso que no haremos aseveraciones temerarias, sino que pretendemos sólo presentar la evidencia, explicando donde sea necesario, y haciendo preguntas y comentarios para fomentar la reflexión.

KonstanRamelliTermsForEternityUna de las formas de determinar el significado de una palabra en un idioma diferente al propio es básicamente reunir la mayor cantidad de usos y ver en qué contextos se la utiliza, en este caso las palabras griegas aiṓn (vida, tiempo de vida, era) y aiṓnios, derivada de la anterior. Hay dos estudios recientes que han estudiado las palabras relevantes en la literatura griega, la Septuaginta (traducción al griego de la Biblia hebrea realizada en Alejandría, Egipto, un par de siglos a.C.) y la literatura cristiana temprana: el primero, la tesis doctoral de Heleen M. Keizer, Life, Time, Entirety: a study of AIŌN in Greek literature and philosophy, the Septuagint and Philo (1999); el segundo, el libro de Ilaria Rameli y David Konstan, Terms for Eternity: aiônios and aïdios in Classical and Christian Texts (2007). Keizer analiza no sólo aiṓn, sino también la palabra hebrea ‘olām (traducida como aiṓn en la Septuaginta), y concluye: “Nuestro estudio ha llevado a la conclusión de que la infinitud no es una connotación intrínseca o necesaria de aiṓn, ni en el griego ni en el uso bíblico (‘olām)” (p. 250). Por su parte, Ramelli y Konstan señalan que “aparte del vocabulario filosófico platónico, que es específico de unos pocos autores, aiṓnios no significa ‘eterno’; adquiere este significado sólo cuando se refiere a Dios, y sólo porque la noción de eternidad fue incluida en el concepto de Dios…” (p. 238). A nivel general, se podría decir que el significado de aiṓnios depende de a quien modifica, por lo que no significa necesariamente “eterno” en el sentido de “para siempre”, puede tener otros significados.


A partir del posteo de mañana, comenzaremos a revisar la argumentación de Konstan y Ramelli. Quedan tod@s invitad@s. Para ver toda las partes de esta serie, hacer click aquí.

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Carnaval de Estudios Bíblicos en español de Febrero

Como se anunció, Masora digital ha publicado la versíón en español del Carnaval de Estudios Bíblicos correspondiente a Febrero, que en esta versión trae varios artículos muy interesantes, por ejemplo, por qué en el Nuevo Testamento se come tanto pescado, lo que se dice en la Biblia sobre el diablo y los demonios y el origen de esas creencias, comentarios de pasajes de Proverbios, Marcos y Hechos, y también alguna modesta contribución de este espacio.

Felicitaciones a los promotores de la iniciativa y esperamos que se repita en los próximos meses y podamos contar con una comunidad mayor de difusores hipanoparlantes de Estudios Bíblicos en internet, porque falta hace.

Enlace a Masora digital

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Más acerca de la historicidad de Jesús

Complementando el posteo de ayer acerca de la historicidad de Jesús, en el video arriba Ariel Álvarez Valdés trata de manera más larga las fuentes de que disponemos y la forma de razonar de los historiadores críticos a la hora de evaluarlas (también pueden descargar el audio de esa conferencia aquí).

un-judio-marginal-nueva-vision-del-jesus-historico-iPara un tratamiento especializado del tema, un libro clásico es Un judío marginal: nueva visión del Jesús histórico de John P. Meier que, aunque fue publicado en 1991, es todavía el expositor del consenso generalizado de los resultados de la investigación crítica. La primera parte del libro revisa los problemas y las fuentes históricas a la hora de hablar de Jesús, siendo de especial interés los capítulos 2, 3 y 4, que se ocupan respectivamente del Nuevo Testamento, Josefo, y Tácito y otras posibles fuentes greco-romanas. Pueden descargar el libro en pdf aquí.

Por último vale la pena leer al propio Meier acerca de cuál fue su objetivo al escribirlo, y también para aclarar qué queremos decir aquí con “consenso” historiográfico (que no es lo mismo que acuerdo total en cada uno de los temas, pero donde sin embargo hay puntos en común suficientes para realizar un “veredicto”):

«Para explicar a mis colegas universitarios lo que me propongo hacer en este libro, suelo recurrir a la fantasía del “cónclave no papal”. Supongamos que a un católico, un protestante, un judío y un agnóstico —todos ellos historiadores serios y conocedores de los movimientos religiosos del siglo I— se les encerrase en un lugar reservado de la biblioteca de la Escuela de Teología de Harvard, sometidos a una dieta espartana y con la prohibición de salir de allí hasta no haber alcanzado un acuerdo, reflejado en documento, sobre quién fue Jesús de Nazaret y qué intentó en su tiempo y lugar. Exigencia primordial de ese documento sería que estuviese basado en fuentes y argumentos puramente históricos. La “fórmula de concordia” resultante —una fórmula no religiosa— tendría todos los defectos que suelen presentar las declaraciones ecuménicas redactadas por comisiones. A veces se buscaría cuidadosamente un lenguaje ambiguo para ocultar las disensiones, a veces se admitirían abiertamente puntos de divergencia en los que no se pudiese alcanzar un acuerdo. Probablemente, ese documento sobre Jesús no reflejaría la opinión total de ninguno de los miembros del famélico conclave, y ciertamente no contendría afirmaciones que el miembro católico o el protestante mantendrían con firmeza en virtud de su fe. La exigencia básica de que el documento consensuado fuera susceptible de verificación por todos y cada uno utilizando los medios de la moderna investigación histórica produciría un ángulo de visión estrecho, una percepción fragmentaria, quizá hasta distorsiones.

No obstante, algo se habría ganado. Tendríamos un bosquejo de lo que esa entelequia, “toda la gente razonable”, podría decir acerca del Jesús histórico. El documento en cuestión podría servir como base común, como punto de partida para un diálogo entre cristianos y judíos, entre las diferentes confesiones cristianas y entre creyentes y no creyentes, y como invitación para ulteriores investigaciones por parte de historiadores y teólogos. Pues bien, esa limitada declaración de concordia, que no pretende sustituir al Cristo de la fe, es el modesto objetivo de la presente obra.» [1]

Notas:

[1] Meier, John P., Un judío marginal: nueva visión del Jesús histórico, Tomo I: las raíces del problema y la persona, Editorial Verbo Divino, Pamplona, 1998, pp. 29-30.

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Ariel Álvarez Valdés sobre la historicidad de Jesús

TuCaraCuandoAlguienDiceJesúsNoExistióCada tanto se escuchan afirmaciones como “Jesús no existió, la Historia lo demuestra”, o “los historiadores [nunca se dice cuáles historiadores] no están de acuerdo sobre la historicidad de Jesús”, “no hay fuentes históricas fuera de la Biblia que hablen de Jesús” y otras cosas como esas. Este artículo del biblista argentino repasa de manera amena y suficiente los principales testimonios sobre la existencia histórica de Jesús; no pretende ser exhaustivo ni mucho menos (ni tampoco nosotros pretendemos que lo sea), pero baste para hacer notar que la carga de la prueba está todavía de parte de los que la niegan y que el consenso entre los historiadores competentes está abrumadoramente a favor de que Jesús sí existió. Si alguien quiere discutir aquello en los comentarios o en los próximos posteos, es bienvenido, pero por mi parte lo desafío desde ya a nombrar tres especialistas competentes en la materia que la nieguen y la obra y número de página en que lo hacen, que es la forma en que lo hacemos aquí en Blog de Estudios Bíblicos. Enlace original del artículo aquí. Disfruten la lectura.

La existencia histórica de Jesús, o la escasa prueba de un advenimiento sublime

por Ariel Álvarez Valdés

Un pleito desconcertante

En septiembre de 2002, el ingeniero agrónomo Luis Cascioli se presentó ante la justicia italiana de la localidad de Viterbo, cerca de Roma, para denunciar al párroco del lugar. ¿Por cuál delito? Porque todos los domingos, durante la misa, el cura hablaba de Jesús de Nazaret. Y según Cascioli, no hay pruebas de que Jesús haya existido. Por lo tanto, el sacerdote había violado dos leyes penales italianas: la de “abuso de credibilidad popular” (es decir, enseñar cosas falsas; art. 661) y la de “sustitución de persona” (inventar la existencia de un personaje irreal; art. 494).

Los jueces de Viterbo quedaron estupefactos. ¿Acaso los Evangelios no prueban la existencia de Jesús? No, dice Cascioli. Porque éstos son libros contradictorios, y además están escritos por gente que creía en él, por lo que no sirven como prueba objetiva de su existencia.

La denuncia de Cascioli fue rechazada por absurda. Pero éste apeló. Y en segunda instancia los jueces le dieron lugar, y ordenaron al párroco presentarse ante los tribunales para demostrar la existencia de Jesús. El pobre sacerdote, al verse en semejante aprieto, estaba desesperado. Pero al final, los jueces de tercera instancia volvieron a rechazar la demanda del ingeniero, y dieron por terminado el pleito judicial.

Hasta aquí la noticia que apareció en los diarios. Pero una duda quedó flotando en el ambiente: ¿se puede demostrar la historicidad de Jesús? Fuera del Nuevo Testamento, ¿hay algún autor contemporáneo que lo nombre, lo mencione, aluda a su existencia? Sigue leyendo

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