¿Qué significa “eterno” en el Nuevo Testamento? (4)

Detalle de “La escuela de Atenas” de Rafael Sanzio (c. 1510-1512), que representa a Platón, Aristóteles, Epicuro, Heráclito y otros grandes filósofos griegos de la Antigüedad

Continuamos con la tercera parte de las conclusiones de Ramelli y Konstan sobre la palabra griega aiṓnios, habitualmente traducida en nuestras biblias como “eterno”. Para consultar las referencias a las fuentes, ver el artículo de Ramelli y Konstan citado en una entrada anterior (los textos se encuentran disponibles en nuestra entrada de la Biblioteca Clásica Gredos). Para ver toda las partes de esta serie, hacer click aquí.

Términos para eternidad: aiṓnios y aḯdios en textos clásicos y cristianos (Parte 3)

por Ilaria Ramelli y David Konstan

[…] «Para empezar con aiṓnios en los presocráticos, el Pseudo-Plutarco atribuye a Anaximandro la idea de que la corrupción y la génesis ocurren en ciclos “de un aiṓn infinito”, pero éstas seguramente no son las palabras de Anaximandro. Del mismo modo, Hipólito en su Refutación explica que Heráclito “llama al fuego eterno ‘rayo’”. Usos similares son atribuidos a los pitagóricos, pero éstos a su vez son claramente invenciones posteriores.

En contraste con aiṓnios, el adjetivo aḯdios está atestiguado en el sentido de “eterno” o “perpetuo” tan temprano como en el Himno Homérico a Hestia y el Escudo de Heracles hesiódico, pero en ninguno de los casos la expresión implica un sentido técnico de “eterno”.

Con los presocráticos, sin embargo, el término aḯdios en el sentido de “eterno” parece entrar en vigor, en una serie de testimonios que comienzan con Anaximandro y continúan hasta Meliso y más allá, aunque aquí de nuevo hay que tener cuidado de distinguir entre paráfrasis y terminología original. En el caso de Anaximandro cualquiera de las frases atribuidas, por sí sola, sería de dudosa autoridad; en conjunto, los diversos pasajes quizás sugieren que el propio Anaximandro puede haber aplicado el adjetivo aḯdios al movimiento. Para Jenófanes tenemos testimonios de su uso de aḯdios en el sentido no sólo de “indestructible” o “inmortal”, sino también la de agénētos, “no creado”. Una vez más, la convergencia de los diversos reportes sugiere que Jenófanes puede de hecho haber empleado el adjetivo aḯdios en referencia a dios o el universo. Dos testimonios referentes a Heráclito citan aḯdios en referencia al movimiento perpetuo de las cosas que son eternas y al fuego cíclico, que es dios. El uso de Heráclito del término aḯdios en relación con fenómenos cíclicos es particularmente notable, ya que en textos posteriores los eventos recurrentes o periódicos tienden a describirse más bien por la palabra aiṓnios.

Con Empédocles, tenemos el uso del término aḯdios en sus Katharmoi, garantizado por la métrica: “hay un oráculo de la Necesidad, un antiguo decreto de los dioses, eterno”. Entre los eleáticos, se dice que Parménides describió el “todo” como aḯdios, en que es no-generado e imperecedero. En cuanto a Meliso, Simplicio ofrece lo que parece ser una cita directa al afirmar que “nada de lo que tiene un principio y un final es eterno [aḯdion] o infinito”. Vale la pena señalar que en ninguna parte el término aiṓnios es atribuido a los eleáticos. Por último, Demócrito también argumentó que el tiempo era aḯdios, sobre la base de que era no-generado, y que el conjunto de las cosas también era eterno (aḯdion tò pân).

Pareciera, en resumen, que la expresión técnica para las cosas eternas —todo lo que es no-generado e imperecedero— entre los pensadores cosmológicos en el período anterior a Platón era aḯdios, nunca aiṓnios. Además, aḯdios es también el adjetivo estándar que significa “eterno” en el discurso no filosófico del siglo V.

Cuando llegamos a Platón, nos encontramos con los usos de ambos adjetivos, aiṓnios y aḯdios, en el sentido de “eterno”. Es en el Timeo que Platón entra más de lleno en la cuestión de la eternidad, y ahí encontramos aḯdios seis veces, aiṓn cuatro veces, y aiṓnios dos veces.

Platón introduce el concepto en referencia al modelo que el demiurgo siguió en la creación del universo sensible, mirando “a lo eterno” (pròs tò aḯdion, bis). Luego, en un pasaje crucial, Platón señala que el universo creado fue visto como que se movía y vivía, una imagen de los dioses eternos (tôn aḯdiōn theôn, 37C6), y añade que era en sí mismo un “ser viviente eterno” (zôion aḯdion). Platón prosigue diciendo que la naturaleza del ser vivo era ser aiṓnios, pero que este atributo no se le puede otorgar a algo que fue engendrado (gennētón). Por lo tanto, el creador decidió hacer “una cierta imagen móvil de la eternidad” (eikṑ d’epenóei kinētón tina aiônos), y así al ordenar el universo hizo “de la eternidad que permanece siempre en un punto una imagen eterna que marchaba según el número” (ménontos aiônos en henì kat’arithmòn ioûsan aiṓnion eikóna), y a esto llamó “tiempo”.

Por un lado, aḯdios y aiṓnios parecen ser prácticamente intercambiables: el modelo para el universo es “un ser viviente eterno” (zôion aḯdion) y su naturaleza es eterna (toû zṓiou phúsis oûsa aiṓnios). Y, sin embargo, Platón parece haber encontrado en el término aiṓn una designación especial para su noción de eternidad como atemporal; y con este nuevo sentido de aiṓn, aiṓnios también parece haber entrado en vigor como un significante para lo que está más allá del tiempo.

Fue Platón quien articuló por primera vez esta idea de la eternidad, y él parece haber creado una terminología para darle expresión. La concepción de una eternidad sin tiempo de Platón se mantuvo específica del platonismo y las escuelas estrechamente relacionadas de la Antigüedad. Aristóteles, como hemos dicho, parece nunca utilizar el término aiṓnios, aunque hay cerca de 300 instancias de aḯdios, que es la palabra preferida de Aristóteles para designar cosas eternas. Está claro que Aristóteles no fue movido a adoptar la novedosa terminología de Platón, ya sea porque percibió alguna diferencia entre su propio concepto de la eternidad y el de su maestro, o porque sentía que aiṓnios era una adición innecesaria al vocabulario filosófico, dada la respetabilidad de aḯdios como el término técnico apropiado.

En los estoicos, aḯdios aparece más de treinta veces en el sentido de lo que es para siempre. Se aplica a los cuerpos y la materia, el ónta o realidades que realmente existen según el materialismo estoico, y sobre todo a dios o Zeus. En la medida en que los estoicos emplearon aiṓnios y aiṓn, sin embargo, hay una conexión con su visión específica de los ciclos cósmicos, en oposición a la duración estrictamente infinita, o bien el sustantivo aparece en frases que indican un largo período de tiempo.

Los epicúreos, a su vez, emplean regularmente aḯdios para designar la eternidad de constituyentes imperecederos del universo como los átomos y el vacío. Epicuro utiliza aiṓnios en referencia a la vida futura que los no epicúreos esperaban, con sus terribles castigos: es decir, una vida futura en la que epicúreos no creían y que no merece el nombre de “eterno” (aḯdios), debidamente reservado para elementos verdaderamente perpetuos».


En la siguiente entrega, Ramelli y Konstan revisarán la idea de “eterno” en la Septuaginta (LXX). Una vez más, quedan tod@s invitad@s.

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