La mujer vestida de sol de Apocalipsis 12 – Ariel Álvarez Valdés

La mujer vestida de sol:

¿Mariología o esperanza del pueblo que sufre?

 por Ariel Álvarez Valdés

El capítulo 12 del Apocalipsis describe una impresionante visión en la que una Mujer está a punto de dar a luz, mientras un dragón rojo busca devorar al niño en cuanto nazca. El relato dice así: “Un gran signo apareció en el cielo: una Mujer vestida de sol, con la luna bajo sus pies y una corona de doce estrellas sobre su cabeza. Está embarazada y grita con los dolores del parto, por el sufrimiento de dar a luz. Luego apareció otro signo en el cielo: un gran Dragón Rojo, con siete cabezas y diez cuernos, y con una corona en cada una de sus cabezas. Con la cola arrastra la tercera parte de las estrellas del cielo y las lanza sobre la tierra” .

La tensión de la escena aumenta en el párrafo siguiente: “El Dragón se detuvo justo delante de la Mujer que iba a dar a luz, para devorar a su hijo tan pronto como naciera. Y la Mujer dio a luz un hijo varón, el cual ha de gobernar a todas las naciones con cetro de hierro. Pero su hijo le fue arrebatado y llevado ante Dios y ante su trono. Y la Mujer huyó al desierto, donde Dios te había preparado un lugar, para ser allí alimentada durante 1.260 días” (12:1-6).

Los que han leído alguna vez esta página del Apocalipsis se han preguntado: ¿quién si no la Virgen María puede ser esta mujer que aparece radiante en el cielo, brillando como el sol y rodeada de las estrellas y la luna? ¿A quién más puede referirse aquí el autor, si hasta dice que su hijo es el Mesías que va a gobernar a todas las naciones, es decir, Jesucristo?

Así razonaron durante siglos los intérpretes de la Biblia. Incluso los Santos Padres al comentar este capítulo veían, en esa Mujer, la figura escondida de María. Y en esta interpretación se basaron los artistas y los pintores cristianos que más tarde representaron a María en sus obras de arte.

Pero actualmente los biblistas ya no piensan así. Han encontrado algunas imprecisiones e incoherencias en esta opinión.

En primer lugar, el Apocalipsis dice más adelante que cuando el Dragón vio frustrada su intención de devorar al niño, “se fue a hacer la guerra al resto de los hijos de la Mujer” (12:17). ¿Cuáles son los otros hijos que tuvo María?

Además, el libro describe a la Mujer gritando y sufriendo terribles dolores de parto. Jamás la tradición de la Iglesia presentó a María (ni en cuadros, ni en relatos, ni en iconos, ni en pinturas, ni de ninguna manera) con dolores de parto (aun cuando debió haberlos tenido). ¿Por qué aparece aquí representada de un modo tan inusual?

Extrañas mujeres

Otro detalle extraño del relato es que, apenas la Mujer dio a luz al niño, este fue llevado inmediatamente al cielo para que el Dragón no pudiera devorarlo. ¿Cómo puede decir aquí, si se refiere al parto que María tuvo en Belén, que Jesús murió apenas hubo nacido?

También cuenta que la Mujer huyó al desierto para ser cuidada y alimentada por Dios. Pero ¿cuándo huyó la Virgen María al desierto, si las noticias que tenemos sobre ella nos informan que después de la muerte de Jesús permaneció en Jerusalén viviendo en tranquila oración junto a los apóstoles (Hch 1:14)?

Vemos, pues, cómo los estudiosos encuentran hoy serios problemas cuando quieren identificar a la misteriosa Mujer del capítulo 12 con María. Y hay otras dificultades, como por ejemplo, ¿por qué el autor del Apocalipsis describe a María vestida de sol, con una corona de estrellas y la luna a sus pies, en una época en que María aún no era venerada ni honrada por la Iglesia como lo es hoy? ¿Qué tiene que ver María con las águilas, para que diga que le dieron a ella dos alas de águila cuando huyó al desierto (12:14)?

Estas razones han hecho que hoy los biblistas busquen una interpretación más segura para identificar a la Mujer del Apocalipsis.

Ante todo, debemos notar que el autor al presentarla comienza diciendo: “Un gran signo apareció en el cielo”. Por lo tanto, de entrada nos advierte que la Mujer que va a aparecer no es una mujer real, sino un signo, es decir, simboliza algo. Pero ¿a quién?

Ahora bien: cada vez que en el Apocalipsis aparece una mujer, en realidad se trata de una ciudad, o de un pueblo, o de un grupo humano personificado. Por ejemplo, la gran Prostituta vestida de púrpura (17:1-4) simboliza la ciudad de Roma (17:18). La Novia bajada del cielo (21:2) simboliza Jerusalén (21:10). La profetisa Jezabel (2:20) simboliza una secta peligrosa de la ciudad de Tiatira.

Por lo tanto, la mujer vestida de sol debe ser también un grupo, no una persona. ¿Pero qué grupo? La respuesta acertada es: el pueblo de Israel. Y entonces sí, los detalles misteriosos que no encajaban al imaginar que la Mujer representaba a la Virgen María, se aclaran y encuentran su explicación.

La mujer y el nacimiento de su hijo

Si la Mujer del Apocalipsis es el pueblo de Israel, se entiende por qué aparece vestida de sol y con la luna a sus pies: porque así se solía describir a Jerusalén en el Antiguo Testamento. Por ejemplo, el libro de Isaías dice: “Tu sol no se ocultará jamás, ni tu luna perderá su luz, porque yo, el Señor, seré tu luz eterna” (60:20). Y también: “La luna te alumbrará como el sol, y el sol te rodeará siete veces más fuerte” (30:26). Y en el Cantar de los Cantares se lee: “¿Quién es esta que se asoma, hermosa como la luna y radiante como el sol?” (6:10). Todos los lectores sabían, pues, que se hablaba de Jerusalén.

Se entiende, además, por qué lleva una corona de doce estrellas en la cabeza. Porque las doce estrellas representan a la mentalidad judía las doce tribus del pueblo de Israel (Gn 37:9).

También se aclara ahora por qué la Mujer llevaba un niño en su vientre y daba a luz en medio de fuertes dolores de parto: la metáfora del alumbramiento es muy empleada en el Antiguo Testamento para referirse al pueblo de Israel cuando atravesaba situaciones difíciles en su historia.

Así, leemos en Isaías 26:17: “Como mujer encinta cuando llega al parto, que se retuerce y grita en sus dolores, así éramos nosotros”. Y en Isaías 42:14: “Como una mujer en medio del parto grito, gimiendo y jadeando entrecortadamente”. Y el profeta Miqueas exclama: “Retuércete y grita, ciudad de Sión, como una mujer con dolores de parto” (4:10). Se trata, pues, de una imagen muy usada por los antiguos profetas.

Y al ser el pueblo de Israel (y no la Virgen María) la Mujer del Apocalipsis, se entiende por qué aparece dando a luz a Jesucristo (v.5): porque Jesús es descendiente del pueblo hebreo y, por lo tanto, hijo de esta “Mujer”.

Con esta interpretación se aclara, además, la curiosa presentación que el libro hace de la vida de Jesucristo. Dice que apenas nace, el Niño sube al cielo (en la Ascensión), como si los años que vivió y predicó Jesús en la tierra no hubieran tenido ninguna importancia. Pero si esta Mujer es simbólica (el pueblo de Israel), entonces aquí puede tratarse del nacimiento simbólico de Jesús: su resurrección, es decir, su nacimiento a la vida eterna, como enseñaban los primeros apóstoles. Por lo tanto, lo que el autor está contando es cómo Jesús, luego de nacer —no en Belén, sino en su resurrección— fue llevado al cielo. Por esto no podía incluir los años de su vida pública entre estos dos acontecimientos.

Y se entiende, ahora, por qué la Mujer aparece en medio de los dolores de parto: porque así se denominaban los sufrimientos de los primeros discípulos frente a la muerte de Jesús. En efecto, en la última cena, viendo Él la tristeza en sus rostros, les dijo: “La mujer, cuando va a dar a luz, está triste porque le ha llegado la hora; pero cuando nace la criatura se olvida de los dolores de parto por la alegría de que un niño ha nacido en el mundo. También ustedes están tristes ahora, pero volveré a verlos y se alegrarán con una alegría que nadie les podrá quitar” (Jn 16:21-22). Jesús, pues, compara el dolor que sus discípulos sienten ante su muerte con los de una mujer ante el parto; y la alegría de su resurrección, con la del nacimiento de un niño. Exactamente la imagen que emplea aquí el Apocalipsis.

Con las alas de águila

Así, se clarifica el detalle de las alas de águila dadas a la Mujer para huir al desierto. Porque en el Antiguo Testamento las alas de águila simbolizan la protección y la seguridad que Dios daba a su pueblo para salvarlo en los momentos difíciles. Por ejemplo, cuando lo sacó de la esclavitud de Egipto y lo llevó hasta el monte Sinaí, Dios dijo: “Ya han visto lo que hice con los egipcios, y cómo a ustedes los llevé sobre alas de águila para traerlos hacia mí” (Ex 19:4). Y cuando llegaron a la tierra prometida, luego de sortear innumerables dificultades, Dios les recordó: “Como el águila que vuela sobre sus polluelos, así el Señor extendió sus alas, los tomó y los llevó a cuestas” (Dt 32:11). El libro, pues, quiere decirnos que también ahora Dios sacará a su pueblo de todas las dificultades.

Otro rasgo que se aclara de esta Mujer, y que no se entendía cuando la identificábamos con María, es el de su huida al desierto. Tratándose del pueblo de Dios, todo está más claro. Como en el Antiguo Testamento Dios había llevado a su pueblo al desierto para ponerlo a salvo y protegerlo, tradicionalmente el desierto se convirtió en la imagen del cuidado y la protección de Dios. Por eso ahora la Mujer aparece llevada al desierto, para decirnos que Dios no ha dejado de cuidar a su pueblo.

Y se entiende, además, por qué la Mujer aparece alimentada por Dios en el desierto (v.6). Porque así como Dios había alimentado a su pueblo durante cuarenta años con el maná caído del cielo, también ahora su pueblo tiene un nuevo pan que lo fortalece en medio de las dificultades: la eucaristía.

El adversario de Jesucristo

Nos falta, por último, dilucidar quién es, qué simboliza otro personaje de la visión: el gran Dragón Rojo de siete cabezas, siete coronas y diez cuernos, que busca devorar al niño y persigue a la mujer.

El color rojo simboliza en la Biblia la muerte, el dolor, la sangre derramada. El “gran” tamaño subraya su vigor. Las siete cabezas demuestran su inteligencia. Y las coronas significan la autoridad que aparenta tener.

Los cuernos representan su enorme Fuerza, ya que en el Apocalipsis el cuerno es símbolo de fortaleza. Pero el autor anota a propósito que sus cuernos eran diez. Y para el Apocalipsis el número diez significa algo humano, terrestre. Así Juan quiso decirnos que aunque la fuerza representada en los cuernos de este Dragón parece colosal, en realidad es solo una fuerza humana (diez). En cambio, pinta a Jesús en el capítulo 5 con siete cuernos (5:6), tres menos que el Dragón, porque el número siete simboliza lo divino, lo sobrenatural. Por lo tanto, el autor quiere advertirnos que a veces las apariencias engañan. Y que el poder de Jesucristo es superior al de cualquier otro personaje del mundo, aunque a veces las apariencias nos engañen.

Pero ¿quién es este Dragón Rojo? El texto no lo dice abiertamente. En el versículo 9, el autor nos da una pista, pues le da tres nombres: “la Serpiente antigua, el Diablo, y Satanás” (12:9). Ahora bien, en el Antiguo Testamento ni la Serpiente antigua del paraíso, ni el Diablo, ni Satanás son personajes históricos reales, sino que representan los males que padeció el pueblo de Israel. Por lo tanto, el Dragón Rojo tampoco simboliza a ningún personaje histórico real, ni rey, ni emperador, ni persona alguna que haya perseguido a los cristianos, sino que representa el mal en general, todos los males, el conjunto de las desgracias y padecimientos que el pueblo de Dios sufre a lo largo de su historia.

Dios jamás abandonará a los suyos

El libro del Apocalipsis fue escrito en una época de mucho sufrimiento para la Iglesia cristiana. Persecuciones de toda clase, torturas, expulsiones de sus comunidades, rupturas familiares, discriminaciones sociales eran algunos de los muchos suplicios que debían atravesar los recién convertidos, si querían mantenerse fieles a Jesucristo. Y se preguntaban: ¿hasta cuándo aguantaremos? ¿Dios no hará nada para defendernos? ¿Es posible seguir viviendo las enseñanzas de Jesús en una sociedad en la que el amor no vale nada y que privilegia el odio, la violencia y los intereses personales?

Juan les responde con esta maravillosa visión del capítulo 12: la Mujer vestida de sol, de luna y estrellas —es decir, el pueblo de Dios— ha dado a luz al Mesías y salvador Jesucristo. Un gran Dragón Rojo —el mundo del mal— ha intentado devorarlo, matándolo, pero no ha podido, porque Dios ha rescatado a su Mesías y lo ha llevado hasta Él, mediante la resurrección. Por esto ahora el Dragón, al verse fracasado, se ha vuelto contra la Mujer para perseguirla. Pero Dios ya ha dado a la Mujer alas de águila —le aseguró la protección— y la llevó al desierto garantizando su triunfo final. Allí la alimentará con la eucaristía, la fuerza de los cristianos, durante 1.260 días, es decir mientras dure el peligro.

Los lectores del Apocalipsis, torturados y diezmados, se sentían llenos de fuerza y de esperanzas, aun en medio de su dolor, al saberse identificados con esta magnífica Mujer. Pero con el paso de los siglos los cristianos, por su gran devoción a la Virgen, vieron en esta Mujer a María como una manera de homenajearla. Con lo cual se ha empobrecido el mensaje que Juan quería transmitir, ya que María, por estar en el Cielo, no necesita ninguna protección especial de Dios.

La nueva interpretación descubierta nos permite recuperar la buena noticia con toda su fuerza: Dios jamás abandonará a la Mujer —la comunidad cristiana— que sufre y padece los dolores de parto de cada día, en la dura tarea de dar luz un mundo mejor.

* Publicado en Revista Mensaje, noviembre 2004. Pueden descargar una versión en PDF aquí.

Categorías: Editorial | Etiquetas: , , | 2 comentarios

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2 pensamientos en “La mujer vestida de sol de Apocalipsis 12 – Ariel Álvarez Valdés

  1. maría inés paez

    Hermosa, como todas sus enseñanzas, muchas gracias por compartir algo de su gran sabiduría con nosotros, pobres laicos que hemos sido abandonados a nuestra ignorancia en nuestra Iglesia.

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    • Comparto plenamente su gratitud hacia Ariel Álvarez Valdés y la labor de difusión que decidió emprender en beneficio, como dice Ud., de nosotros, los laicos. Y tanto más cuando hoy salir de esa ignorancia depende en buena parte de nosotros mismos: de aprender, reflexionar y compartir. Saludos cordiales.

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