“Jesús: la parábola de Dios” – John Dominic Crossan

Llegamos a la  última entrega en la que hemos dividido esta ponencia del historiador John Dominic Crossan. En esta, resalta la que a su juicio es la diferencia fundamental entre el proyecto del reino de Dios de Jesús y “los reinos de este mundo”, que nuevamente funciona de forma parabólica (entonces y ahora). Lo que hacen “los reinos de este mundo” es establecer lo que ellos llaman justicia por medio de la violencia y la coersión; la visión de Jesús que propone Crossan plantea que aquel es el problema central porque, como escribe en otro lugar: “Jesús pudo haber dicho a Pilato que el gobierno de Roma era injusto y el gobierno de Dios era justo. Eso hubiera sido cierto, pero habría evitado la cuestión de si el gobierno justo de Dios debía ser establecido por la violencia, humana o divina. Así, por debajo del problema de los imperios está el problema de la justicia, pero por debajo del problema de la justicia está el problema de la violencia”.

Jesús: la parábola de Dios (parte 9 y final)

por John Dominic Crossan

Dos más. Las últimas. Son dos culminantes, hacia el final de Semana Santa. Una aparece en Marcos, la otra en Juan.

Las dos se centran en Pilato, y Pilato es uno de los personajes más importantes del Nuevo Testamento para entender a Jesús porque Pilato lo comprendió todo. Pilato crucificó a Jesús pero no persiguió a sus seguidores, lo que nos dice dos cosas, hablo como historiador. Me dice dos cosas: Jesús a) era un resistente, y b) era no violento. No lo hubiera crucificado públicamente, ocupando una tarde, un grupo de soldados y unos clavos en Jesús si hubiera sido algo menor. Lo hubiera expulsado de la ciudad. Lo ejecutó pública, oficial y legalmente. Eso significa que se resistía a la ley y el orden romano. Pero no hizo el menor esfuerzo por perseguir a sus seguidores, lo que significa que no lo consideraba violento.

Fíjense en la parábola creada en Marcos donde Pilato está con Barrabás y Jesús, con dos revolucionarios. Uno es un revolucionario violento: Barrabás está preso, dice Marcos, con todos sus seguidores. Jesús no está preso con todos sus seguidores. Marcos crea una parábola que contrasta al revolucionario violento y al no violento. Y los dos lo eran en nombre de su Dios.

La otra está en Juan. Es el único lugar de la película La pasión de Cristo de Mel Gibson donde una pequeña sonrisa pasó por mi cara; en ese punto ya no era capaz más que de una pequeña sonrisa. Es la escena entre Jesús y Pilato, que es completamente parabólica, no histórica. En la versión de Mel Gibson, Pilato le habla a Jesús en arameo, rebaja a Jesús hablándole en arameo, algo que Pilato no hubiera hecho nunca aunque hubiera sabido arameo, y Jesús le contesta en latín.

¿Qué dicen? Jesús dice: “Mi reino no es de este mundo”; todos conocen la frase. Y normalmente nos detenemos ahí, lo que la deja en la ambigüedad: “Mi reino no es de este mundo, está allá arriba en el cielo. No te preocupes, Pilato, no tiene nada que ver contigo”. O “mi reino no es de este mundo; no es del presente, es del futuro”. Nuevamente: “No te preocupes, Pilato, no hay problema”. O “mi reino es de la vida espiritual interior y no de la vida exterior política”. Una vez más: “No te preocupes, Pilato”.

Y después Jesús echa todo a perder, como hacía a menudo: “Mi reino no es de este mundo porque si lo fuera mis compañeros estarían aquí, luchando por sacarme”. Nada podría ser más claro. La diferencia entre el Reino de Dios y el Reino de Roma, dice Jesús, es la violencia. A eso se reduce: “la diferencia entre mi reino, el Reino de Dios, y tu reino, Pilato, el Reino de Roma, es que el tuyo se basa en la violencia y yo no voy a usar la violencia ni para salir de aquí”.

En conclusión: parábolas de Jesús, parábolas acerca de Jesús, parábolas basadas en cosas que sí ocurrieron, parábolas totalmente inventadas. Cuando las vemos todas, al final se nos ocurre que Jesús es la parábola de Dios. De eso se trata […] La verdadera y clara parábola es que Jesús es la parábola de Dios. La vida, la muerte y la resurrección de Jesús son la parábola de Dios. Y por lo tanto, como Jesús era no violento, Dios es no violento. Y eso es lo que no nos gusta. Queremos un Dios violento. Violento contra los otros, por supuesto, pero violento. Y nos inventamos una “segunda venida” en que Jesús vuelva y ejerza la violencia porque estamos profundamente consternados por la primera. No nos gusta la encarnación. Toda la historia del Cristianismo es un escapar de la encarnación.

Jesús es la parábola de Dios, y nosotros queremos un Dios diferente. “Oh Dios”, dice el Puck, el personaje de Shakespeare, “qué tontos son estos mortales”.

* Para leer todas las entregas de esta serie: Jesús: la parábola de Dios – John Dominic Crossan.

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