Panes, peces y justicia distributiva – John Dominic Crossan

Si en el posteo anterior Crossan planteaba una interpretación radical de la historia de Jesús caminando sobre las aguas como parábola, cuánto más lo es esta de los panes y los peces. Nuevamente, estimado lector, crea o no que la historia realmente ocurrió, por favor no use la discusión sobre ese punto para evadir el desafío que plantea para su forma de pensar y de actuar.

Jesús: la parábola de Dios (parte 8)

por John Dominic Crossan

Los panes y los peces

Lean la historia completa. Están en un lugar desierto, estuvieron todo el día predicando sin problemas. No es que llega gente hambrienta al final del día. Y los discípulos, los doce, le dicen a Jesús: “Despídelos para que consigan algo de comer”.

“Despídelos”: esa es su solución. Jesús sale con esta rara contrapropuesta: “Denles de comer ustedes”. Y ellos se le ríen en la cara: “Doscientos denarios no bastarían para todos ellos”. Tenemos dos puntos de vista opuestos: “Despídelos” y “Denles de comer”.

Y entonces pasa algo extraordinario… cuando se comete el error de leer la historia completa. Los doce son empujados a regañadientes al centro de la historia. Normalmente están a un lado. Jesús hace un milagro y ellos sólo dicen: “¡Oh!” No están en el centro. En este caso, Jesús los obliga a hacer todo. Les dice: “Vayan a ver si hay comida”. Estoy leyendo el Evangelio de Marcos [6:30-44]; cuando Juan cuenta esta misma historia, esto le incomoda: “¿Acaso Jesús no sabía?” Así que dice que lo hizo para probarlos. Marcos sí la entendió.

¿La multiplicación de los peces?

Jesús los obliga a averiguar cuánta comida hay, y como ustedes saben encuentran los panes y los peces. Después les dice que hagan que la gente se siente. Después, y esto es muy importante, toma los panes y los peces, y los bendice, los parte y los da. Esas son las palabras de la Eucaristía: tomar, bendecir, partir, dar. Es una Eucaristía. Y hace que los discípulos los sirvan a las personas.

En este punto ya se entiende. Jesús no lo hace directamente, sino que los obliga a ser intermediarios. Todos saben que al final sobra más de lo que se pudiera imaginar: adivinen quiénes recogen lo que sobró. Ellos.

Cuando la leo, creo que la entiendo. La Iglesia o los líderes de la Iglesia, dependiendo de quiénes sean los doce, están a favor de predicar pero no de distribuir la comida. Eso no es asunto suyo: “Despídelos”; y Jesús los obliga a dirigir todo. Los obliga a estar en medio: averigüen, sienten, den, etc.

Y hay algo más. A menudo los eruditos dicen que esto es como el maná en el desierto, que Jesús hace caer… Un momento. No es igual. Jesús toma la comida que ya está allí, y cuando pasa por sus manos hay suficiente para todos. No convierte piedras en comida, no hace que caiga maná del cielo. La comida que ya hay es suficiente para todos, e incluso sobra, una vez que pasa por las manos de la justicia divina. No se trata de multiplicación sino de distribución. Y creo que las dos [“Los panes y los peces” y “Jesús camina sobre el mar”] son parábolas inventadas deliberadamente.

* Para leer las otras entregas de esta serie: Jesús: la parábola de Dios – John Dominic Crossan

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