Cómo contar una parábola: Jesús y el Buen Samaritano – John Dominic Crossan

En el posteo anterior en esta serie sobre Jesús y las parábolas, Crossan señala: “El atractivo, la provocación y lo molesto de una parábola es para que te vayas a tu casa pensando: “No sé qué significa, pero no me gusta. No entiendo la parábola del Samaritano, pero creo que no me gusta. Y si averiguo qué significa, entonces ahí sí que no me va a gustar”.

“La función de una parábola es participar, es hacer a la audiencia debatir […] Las parábolas son pedagogía participativa. ¿No es algo hermoso? Si tu mensaje es sobre colaborar y participar, así debe ser tu medio de difundirlo”.

Jesús: la parábola de Dios (parte 4)

por John Dominic Crossan

John Dominic Crossan

John Dominic Crossan

Por ejemplo, el Buen Samaritano. Supongan que Jesús contara esa historia sin dar nombres. Que sólo hubiera dicho: “Iba una persona, y pasó una segunda, una tercera y una cuarta”. Que contara la historia, pero sin nombres: sin sacerdote, levita ni samaritano. Podrán imaginarse a la audiencia diciendo: “Sí, es verdad. Eso hay que hacer si encontramos a alguien agonizando. Amar al prójimo, eso que sale en Deuteronomio. Eso tendríamos que hacer”.

Sería como darle un masaje a sus buenas intenciones. Nadie se molestaría. Ni siquiera podrían replicar. ¿Qué iban a discutir? Sabían que debían hacerlo.

Jesús sube un poco la apuesta. Mantiene la misma historia, y dice que el sacerdote y el levita pasaron de largo, y que una tercera persona se detuvo y lo ayudó.

Ahora podría haber alboroto. Como ya mencioné, algunos dirían: “¿Por qué siempre atacas a los sacerdotes? Yo conozco al sacerdote del pueblo. Es buena gente, él lo hubiera ayudado. Eres un malintencionado, estás prejuzgando”. Ahí habría algo de debate sobre los sacerdotes, los levitas, etc.

Jesús intenta con otra versión de la parábola, con el sacerdote y el levita, pero poniendo al samaritano al borde del camino. El samaritano es golpeado, queda al borde del camino, y pasa un judío. Ahora la audiencia se pone más nerviosa:

“Pero sí, quizá… En la Ley sale eso del extranjero que vive entre nosotros, y si el samaritano está en nuestro territorio…”
“Sí, quizá deberíamos hacerlo”.
“¡No, ellos no lo harían por nosotros!”

Se podría lograr un debate.

Pero lo que hace Jesús es muy provocador. Puso al judío al borde del camino y el samaritano se detiene a ayudar. Nosotros decimos “buen samaritano” sin detenernos a pensar, pero en el siglo I era como decir círculo cuadrado. Ahora no es problema. Para obtener la misma reacción hoy, habría convertir en el héroe a alguien que consideremos fuera de la ley, como contar en televisión una historia sobre el buen terrorista. Pueden ponerle sus propios personajes.

Carl_Bloch_Sermon_on_Mount_400Es algo que enfurece a la audiencia: “¿Por qué, Jesús? Si el mensaje era que ayudemos al necesitado, incluso a nuestro enemigo, podemos estar de acuerdo. No es que lo vayamos a hacer, pero nos gusta la idea. ¡Pero pusiste al samaritano como el héroe de la historia! Y al final, nos dices que vayamos y hagamos lo mismo. ¡Pero somos judíos! ¡Cómo vamos a hacer lo mismo! ¿Tenemos que recorrer el camino entre Jerusalén y Jericó buscando moribundos?”

Te obliga a pensar, porque nadie en su sano juicio diría: “Lo que quiere es que deje de ser judío, me vuelva samaritano, me consiga un burro, unos denarios y recorra ese camino hasta que encuentre un moribundo”. Por supuesto que no.

Y uno se da cuenta de inmediato lo absurdo que sería después de que Jesús contara esa parábola y dijera: “vayan y hagan lo mismo” que alguien levantara la mano y dijera: “Disculpa, Jesús, ¿eso de verdad ocurrió?” No sólo sería tonto, también sería una gran forma de distraer la atención de lo que importa. Supongan que alguien lo hiciera: “Jesús, ¿de verdad ocurrió? He andado por ese camino y sí es peligroso. Y es cierto que va como en bajada. Y una vez vi un burro. Así que debe haber pasado de verdad, ¿no? Es un chisme de por aquí: ¿Te contaron el del samaritano?”

La esperanza de Jesús era que alguien de la audiencia dijera: “¡Es una parábola!”. Si no, estaba en problemas. Si la discusión sólo era si de verdad había pasado, entonces no habían entendido nada. Tenía que intentar con otra. Quiero que presten atención porque esto tiene que ver con lo de mañana. Si solamente queremos discutir la historicidad de las parábolas, entonces me parece que estamos evitando a propósito el tema. Mejor debatamos su historicidad porque no tenemos la menor intención de ir y hacer lo mismo.

El mensaje de Jesús es que estamos llamados a colaborar con Dios para hacer realidad el Mundo de Dios aquí en la Tierra. O como dice el Padrenuestro, el Reino de Dios tiene que ver con la voluntad de Dios para esta Tierra. Y si éste es el mensaje de Jesús, la parábola es el medio más apropiado, la forma más probable de incitar, de provocar a una audiencia para que piensen. Para concluir: las parábolas son pedagogía participativa para una escatología participativa. Prueben con eso la próxima vez que vayan a un cóctel de eruditos bíblicos.

* Para leer las otras entregas de esta serie: Jesús: la parábola de Dios – John Dominic Crossan

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