Friedman y Dolansky sobre la “ley de la mujer embarazada” (Éxodo 21:22-25)

Después de un largo periodo de “sequía” del blog, vuelvo con un tema al que le dedicaré algunas entradas debido a un nuevo proyecto. El tema es el aborto y los puntos de vista al respecto en los textos bíblicos. Este post es una traducción de un artículo aparecido en The Huffington Post escrito por Richard Elliot Friedman y Shawna Dolansky (otro post de los mismos autores lo hemos publicado aquí).

Entendiendo qué dice la Biblia

sobre el aborto

por Richard E. Friedman y Shawna Dolansky

Como dijimos en nuestro primer posteo, nuestro libro, “The Bible Now”, trata del papel de la Biblia en cinco temas polémicos actuales. En estas entradas daremos un pequeño ejemplo de cada uno de los cinco. Nuestro propósito es (1) arrojar luz sobre ese caso en particular y (2) enseñar método en el tratamiento de los textos bíblicos.

Un recordatorio: somos especialistas en la Biblia hebrea (Antiguo Testamento), y estamos escribiendo sólo en el ámbito de nuestra experiencia. Confiamos en que algunos de nuestros colegas que estudian el Nuevo Testamento se harán cargo de estas preguntas en su área también. Muy pocos estudiosos en el mundo tienen conocimiento profesional de ambos Testamentos. Los estudiosos de los textos rabínicos y del Corán también pueden contribuir con su saber.

Nuestro primer tema es el aborto. El tratamiento de algunos pasajes bien conocidos – por ejemplo, en el mandamiento contra el asesinato en los Diez Mandamientos, y del único de la Biblia hebrea que clara e incuestionablemente se refiere al aborto (en realidad hay uno) – requiere más espacio de lo que podemos reducir a un posteo. Por lo tanto, para este primero, hemos elegido un texto clásico de un tamaño manejable.

Los combatientes que golpean a una mujer embarazada

A veces se deriva una ley sobre el aborto de una ley bíblica en la que alguien, en el transcurso de una pelea, golpea a una mujer embarazada, y ella entra en trabajo de parto. He aquí el texto, que hemos traducido del hebreo (también a la luz del texto griego de la Septuaginta y del texto de los manuscritos del Mar Muerto) lo más literalmente posible:

Y si algunos pelean, y golpean a una mujer embarazada, y sus hijos [o su hijo] salen, y no hay daño, será sancionado de acuerdo a lo que el marido de la mujer imponga sobre él, y él se lo dará por medio de los jueces. Y si hay un daño, entonces tú pagarás vida por vida, ojo por ojo, diente por diente, mano por mano, pie por pie, quemadura por quemadura, herida por herida, lesión por lesión. (Éxodo 21:22-25)

¡Atención! El significado de esta ley es poco claro de varias formas diferentes, y sabios eruditos se han preguntado por su significado por más de dos milenios. Dos hombres (¿o son más de dos? ¿Y son necesariamente hombres? ) están luchando, y causan un aborto involuntario (¿o se trata de un trabajo de parto prematuro? ¿Y es uno o ambos/todos ellos los que lo causan?) al golpear a la mujer, y esto se traduce en una lesión o la muerte de la mujer (¿o del bebé?). La ley puede significar: la mujer pierde al niño, y la pregunta es entonces si se ha hecho algún daño a la madre o no. O puede significar: el niño nace vivo, y la pregunta, entonces, es si se ha hecho algún daño al niño.

Ver a la Biblia en el contexto del antiguo Cercano Oriente suele ser valioso para comprender la postura bíblica sobre estas cuestiones. En este caso, el Código de Hammurabi, el Derecho asirio y el Derecho hitita contienen todos casos similares (aunque no están necesariamente conectados con gente peleando). El Código de Hammurabi indicaba que si un hombre golpeaba a la hija embarazada de otro hombre y causaba “que deje caer lo de su vientre”, debía pagar 10 siclos de plata por el feto [Ley 209]. Pero si la mujer moría, entonces la hija del hombre que la golpeó debía ser muerta [Ley 210]. La excepción era si la mujer era la hija de un plebeyo o un esclavo, en cuyo caso el hombre sólo debía pagar una multa por la muerte de la mujer (y nada por el feto) [Leyes 211-214]. La ley hitita preveía una compensación monetaria en la misma situación. El monto de la indemnización dependía del estatus del padre de la mujer embarazada.

El Derecho asirio también describía el castigo de un hombre que causaba un aborto involuntario. Sin embargo, las leyes allí exigían una indemnización por el feto y por la madre. Si un padre de familia hacía que la esposa de otro hombre abortara, entonces el hombre cuya mujer había abortado podía hacer que la esposa del agresor abortara a su vez – y debía dar a la víctima un niño de su propia casa. Sin embargo, si la mujer moría, el autor era condenado a muerte, además de que un niño de su casa era entregado a la casa de la víctima. Si la mujer abortaba pero no moría, y su esposo no tenía hijos, entonces se ejecutaba al autor, a menos que el feto fuera de sexo femenino, en cuyo caso sólo tenía que darle a un niño de su casa en compensación.

Los detalles de cada uno de estos casos variaban, y las sanciones en algunos ejemplos del Antiguo Oriente Próximo a la mayoría de nosotros nos parecen repugnantes. Sin embargo, lo que es común a todos estos casos similares es que la cuestión del daño es respecto a la madre, y no respecto al bebé abortado. Esto probablemente indica que la ley bíblica, también, tiene que ver con el grado de daño hecho a la madre después de que ella pierde el niño, y no con el grado de daño causado al bebé después de nacer vivo. Las consecuencias graves de la ley, en ese caso, son respecto al daño hecho a la madre, no al feto. Pero todos debiéramos reconocer que esto es, como mucho, probable, pero no seguro.

Por otra parte, este pasaje bíblico no es sobre el aborto. Es acerca de una pérdida accidental involuntaria. Trata sobre las consecuencias no deseadas de una pelea. Al involucrar una pérdida involuntaria del feto en lugar de un aborto, y tratar de consecuencias no deseadas en lugar de un procedimiento cuyas consecuencias se han previsto, esta ley es un precedente extremadamente complicado sobre el que basar cualquier punto de vista, ya sea a favor del aborto o en su contra. Lo mejor, por lo tanto, es no tomar una decisión sobre el aborto a partir de la misma. Más bien, la gente a ambos lados del debate sobre el aborto trata de encontrar algún principio básico en caso de que luego pudiera aplicarse a la cuestión del aborto. Ese es un buen enfoque. Pero el pasaje es demasiado incierto incluso para eso. Simplemente no puede ser la base para una respuesta definitiva a una cuestión tan importante. […]

Y por el amor de Dios, no tome el famoso pasaje de ojo por ojo, diente por diente, quemadura por quemadura, de forma literal. Nadie era quemado en este caso y, si el problema es el daño hecho al niño, los recién nacidos no tienen dientes. Desde los primeros textos que interpretaban este principio en la Antigüedad, se entendió que este pasaje establecía que las penas debían estar en proporción con el delito, no que los tribunales mutilaran a nadie. Pero tendremos que dejar a esa famosa e incomprendida frase para otra ocasión. Por ahora, el punto es advertir contra el intento de obtener demasiado de textos antiguos complejos.

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