Geza Vermes sobre Jesús y el Testimonio Flaviano (Parte 1)

El testimonio del historiador judío Flavio Josefo es la principal referencia antigua al Jesús histórico fuera del Nuevo Testamento. Como tal, de cuando en cuando es objeto de críticas por parte de aquellos que por un motivo u otro no aceptan la historicidad de Jesús. El historiador Geza Vermes resume en este artículo (que hemos dividido en dos partes) lo que sabemos acerca de Josefo y la autenticidad de los pasajes que tratan de los personajes del Nuevo Testamento: Juan el Bautista, Santiago el Justo y Jesús. (Enlace original, en inglés, aquí)

Jesús a los ojos de Josefo

por Geza Vermes

Geza Vermes

José hijo de Matías, más conocido como Flavio Josefo – así apodado a causa de su protector, el emperador romano Tito Flavio – fue el más grande historiador judío de la Antigüedad. Sin su trabajo, gran parte de la historia contemporánea de Israel estaría flotando en el vacío. Los esbozos de Josefo acerca de Jesús, Juan el Bautista y el hermano de Jesús, Santiago, son las únicas piezas de evidencia externa del siglo I relacionadas a figuras del Nuevo Testamento. La cuestión de su autenticidad es, por lo tanto, de gran importancia. Sin embargo, antes de abordarla, permítanme decir unas palabras sobre el autor y su fiabilidad como historiador.

Josefo pertenecía a la aristocracia sacerdotal de Judea. Él incluye entre sus antepasados a la hija del sumo sacerdote y rey judío, Alejandro Janeo (Yannai). Nacido en el 37 d.C. y educado en Jerusalén, Josefo se jactaba de  su precoz especialización en la ley. Entre los 16 y los 19 años, estudió las “filosofías” de los fariseos, los saduceos y los esenios, así como la sabiduría del ermitaño judío Banno, finalmente decidió hacerse fariseo. En el 64 d.C. fue a Roma, donde Popea, la segunda esposa del emperador Nerón, fue su benefactora.

Regresó a Jerusalén antes del estallido de la rebelión judía (66 d.C.) y, como muchos de sus compatriotas terratenientes de clase alta, primero se opuso a la guerra. Prontó cambió de opinión y, a los 29 años de edad, Josefo se convirtió en el oficial al mando de las fuerzas revolucionarias en Galilea. Su corta carrera militar terminó sin gloria en el 67 d.C., cuando fue capturado por los romanos en Jotapata (Yodfat). Llevado ante Vespasiano, el comandante de las fuerzas romanas, Josefo predijo que este llegaría a ser emperador. Dos años más tarde, la profecía se hizo realidad y Josefo fue liberado. Vespasiano regresó a Roma, dejando a su hijo Tito a cargo de la guerra. Entonces, Josefo fue utilizado como intérprete y negociador por Tito en sus conversaciones con los defensores judíos de Jerusalén.

Aunque a los ojos de los revolucionarios era un traidor, Josefo creía que estaba sirviendo a sus compatriotas y utilizó su influencia con Tito para liberar a muchos prisioneros judíos. Incluso rescató a tres conocidos crucificados, uno de los cuales sobrevivió. Después de la caída de Jerusalén en el 70 d.C., Josefo siguió a Tito a Roma, donde se le concedió la ciudadanía. El apoyo financiero que recibió de Vespasiano y sus sucesores, Tito y Domiciano, permitió a Josefo llevar una vida tranquila como un hombre de letras. Se casó cuatro veces, y sus tercera y cuarta esposas le dieron cinco hijos.

Las obras de Josefo, destinadas a glorificar al pueblo judío, fueron dirigidas principalmente a los griegos y romanos educados. Los siete libros de “La Guerra de los Judíos”, que abarca el período comprendido entre Antíoco Epífanes (175 a.C.) hasta la caída de Jerusalén (70 d.C.) y Masada (74 d.C.), fueron redactados en arameo y traducidos al griego por Josefo con la ayuda de asistentes a fines de los años ’70. Él le dice a sus lectores que tanto el emperador Tito como el rey judío Agripa II elogiaron a través de correspondencia privada la fiabilidad de su historia. Todos sus otros libros fueron escritos en griego.

Su obra principal, las “Antigüedades judías”, terminada en 93/4 d.C., consta de 20 libros y rememora la historia bíblica y judía desde la creación hasta el comienzo de la guerra anti-romana en el año 66 d.C. Los diez primeros libros resumen la Biblia y adornan los relatos con tradiciones interpretativas judías populares. Los últimos diez dependen de fuentes griegas y romanas y de textos judíos como 1 Macabeos, la Carta de Aristeas, etc. El tercer texto de Josefo, titulado “Autobiografía”, data de después de 93/4 d.C. y es una apología de su conducta como comandante militar en Galilea, en 66-7 d.C.

“Contra Apión” es la última obra de Josefo que ha sobrevivido, escrita en los años ’90. Defiende la religión judía contra los ridículos ataques del gramático alejandrino y sofista Apión y otros escritores anti-judíos. También incluye la primera sinopsis de la Ley de Moisés para los no-judíos. Murió en Roma alrededor del 100 d.C.

Como historiador, Josefo es considerado generalmente confiable, excepto cuando trata de asuntos en los que él mismo estuvo involucrado. También, al igual que muchos historiadores clásicos, pone a menudo discursos apócrifos en boca de personajes, y da un color griego a las escuelas judías de pensamiento: los fariseos eran estoicos judíos y los esenios se parecían a los pitagóricos. Minimiza el mesianismo bélico con el fin de no provocar sospechas romanas, culpando de la guerra contra Roma a una minoría revolucionaria. La reputación de Josefo como historiador ha mejorado notablemente en los estudios recientes. Fergus Millar, quizás el mayor historiador vivo de Roma, escribió en 1987 en el Journal of Jewish Studies que las “Antigüedades judías” era “la obra más importante escrita en el Imperio Romano”.

La supervivencia de los escritos de Josefo se debe en gran medida al respeto con que fueron tenidas por los cristianos, debido a las referencias a los personajes del Nuevo Testamento en las “Antigüedades”. Casi disfrutó de la dignidad de quinto evangelista, y tenía una estatua en Roma en el siglo IV. En el Renacimiento, algunas dudas comenzaron a rondar a la autenticidad del párrafo relativo a Jesús – conocido como el Testimonio Flaviano (Testimonium Flavianum) – sin embargo, en 1737, un traductor de Josefo, William Whiston, todavía defendió su veracidad. Citó a Joseph Justus Scaliger, el príncipe de Humanismo del siglo XVI, para el cual Josefo era “el más diligente y más amante de la verdad”, y en quien era “más seguro creer… que todos los escritores griegos y latinos”.

El resurgimiento de la crítica desde el siglo XIX trajo consigo un cambio de opinión entre los estudiosos más importantes, tendiendo hacia la negación de la autenticidad del pasaje de Jesús, y con menor frecuencia de los de Juan el Bautista y Santiago. Hoy en día, las opiniones están divididas. De ahí la pregunta que debe hacerse: ¿Los tres pasajes son obra de Josefo, o fueron (o por lo menos algunos de ellos) producidos en su totalidad o en parte por un falsificador cristiano?

Geza Vermes sobre Jesús y el Testimonio Flaviano (Parte 2)

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