¿Por qué nos gusta perdernos en la religión?

En Abril de este año, el psicólogo social Jonathan Haidt escribió la siguiente columna en CNN, que traducimos y ofrecemos como complemento a su charla en TED del posteo anterior. Disfruten. Enlace original (en inglés) aquí.

¿Por qué nos gusta perdernos en la religión?

por Jonathan Haidt

Nota del editor: Jonathan Haidt es profesor de psicología en la Universidad de Virginia, y profesor visitante de ética empresarial en la Escuela de Negocios de NYU-Stern. Es el autor de un nuevo libro, The Righteous Mind: Why Good People are Divided by Politics and Religion“. Habló en la conferencia TED2012. TED es una organización sin fines de lucro dedicada a las “ideas que vale la pena difundir”, que hacen disponibles a través de conferencias publicadas en su página web.

-¿Qué hace un científico ateo como yo escribiendo cosas buenas de la religión? Yo no empecé así. Cuando era adolescente, despreciaba a la religión. Yo me crié judío, pero cuando leí la Biblia me quedé de piedra. No me pareció una buena guía para el comportamiento ético en los tiempos modernos, con todos esos golpes, lapidaciones y genocidios, algunos de ellos ordenados por Dios. En la universidad leí otros libros sagrados, y no me hicieron tener una opinión más positiva de la religión.

Cuando tenía veintitantos, obtuve un doctorado en psicología social y comencé a estudiar la moralidad. No hice ningún caso de la religión en mis estudios. “No necesitamos a la religión para ser éticos”, pensaba. Y, sin embargo, en casi todas las sociedades humanas, la religión ha estado íntimamente ligada a la ética. ¿Era sólo una coincidencia?

Cuando tenía treinta y tantos, comencé a estudiar la emoción de la “elevación moral”. Esto es, la sensación cálida y difusa que uno experimenta cuando ve actos de belleza moral. Cuando ves a alguien hacer algo bueno, leal, heroico, te sientes elevado. Puedes sentir que tú mismo te vuelves una mejor persona – al menos por unos minutos.

Todos los que hayan visto un episodio de Oprah conocen la sensación, pero no había absolutamente ninguna investigación científica sobre ella. El estudio de la elevación moral me llevó a estudiar los sentimientos de temor más en general, y antes de darme cuenta, estaba tratando de entender toda clase de emociones positivas en las que las personas se sienten como si de alguna manera hubieran escapado de, o “trascendido”, su ser normal, cotidiano, y a menudo insignificante.

Estaba empezando a ver conexiones entre experiencias tan variadas como el enamoramiento, ver una puesta de sol desde una colina, cantar en el coro de la iglesia, y leer acerca de una persona virtuosa. En todos los casos hay un cambio en el propio ser – una especie de apertura a nuestras posibilidades más elevadas y más nobles.

A medida que intentaba dar sentido a la psicología de estas “emociones auto-trascendentes”, comencé a comprender que las religiones son a menudo muy hábiles en la producción de tales sentimientos. Algunas usan la meditación, otras inclinarse o caminar en círculos, en otras, la gente canta al unísono.

Algunas religiones construyen imponentes edificios, la mayoría cuentan historias moralizantes. Algunos ritos chamánicos tradicionales incluso hacen uso de drogas naturales. Pero todas las religiones conocidas tiene algún tipo de rito o procedimiento para sacar a las personas de sus vidas ordinarias y abrirlas hacia algo más grande que ellos mismos.

Era casi como si enterrado en lo profundo de nuestras mentes hubiera un botón de “apagado” del ‘yo’, y las religiones del mundo fueran mil maneras diferentes de pulsar ese botón.

En mi charla en TED, quise ilustrar visualmente algunas de estas experiencias. Muchos científicos que escriben despectivamente acerca de la religión se enfocan en las creencias conscientes y explícitas en Dios y lo sobrenatural. Yo quería cambiar la atención desde este aspecto de la religión hacia los aspectos más emocionales y sociales.

Creas o no en Dios, las religiones logran algo milagroso: convierten a grandes cantidades de personas que no son parientes en un grupo capaz de trabajar en conjunto, confiar unos en otros, y ayudarse mutuamente. Son encarnaciones vivas del e pluribus unum (que en latín significa: de muchos, uno). Ninguna otra especie en el planeta ha logrado esto jamás. Las abejas y las hormigas son muy buenas en eso, pero sólo pueden hacerlo porque todas son hermanas.

Y esto nos lleva a la cuestión más polémica en el estudio científico de la religión: ¿es la religiosidad – incluyendo nuestra tendencia a creer en seres sobrenaturales, así como nuestra capacidad de perdernos en los ritos religiosos – una adaptación? ¿Evolucionamos para ser religiosos?

Algunos biólogos, como Richard Dawkins (autor de “El espejismo de Dios”), argumentan que no. Dicen que las religiones son inventos culturales que son costosos y destructivos para los creyentes individuales. Dicen que las religiones sólo persisten y se propagan porque se meten en nuestras mentes en la forma en que un virus entra en nuestros cuerpos. Una vez que alguien cree que va a ser recompensado por reclutar conversos y castigado eternamente en el infierno por dejar la iglesia, tiende a hacer cosas que ayuden a la iglesia, aunque eso lo perjudique.

Pero otro punto de vista me parece mucho más convincente: nuestras mentes evolucionaron hasta convertirse en religiosas conjuntamente con nuestras culturas. Las culturas evolucionan de maneras que son algo análogas a los organismos: mientras los grupos compiten entre sí, entonces las características que promueven la supervivencia y la crianza tienden a extenderse; las características que son auto-destructivas se vuelven menos frecuentes.

Los grupos culturales que han encontrado formas efectivas de unir a miembros que no son parientes dominan a los que grupos menos cohesionados. Este es un punto de vista presentado originalmente por Charles Darwin, pero revivido en los tiempos modernos por los biólogos David Sloan Wilson, de la Bimghamton University, y Edward O. Wilson, de Harvard. Es llamada “selección de grupo”, porque sostiene que nuestros genes llegaron hasta nosotros hoy en día no sólo porque algunos individuos fueran más aptos que sus vecinos, sino debido a que algunos grupos son más aptos (más cohesionados y cooperadores) que sus grupos vecinos.

He dedicado toda mi carrera a tratar de averiguar lo que es la moral y cómo los seres humanos llegaron a ser las criaturas morales. La religión, según creo, es una pieza esencial del rompecabezas. Todavía soy ateo, pero hoy por hoy soy uno que encuentra mucho que admirar en la religión y en las comunidades religiosas.

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