¿Por qué seguir leyendo la Biblia, y no reemplazarla por otra cosa?

     La pregunta del encabezado es planteada con frecuencia, entre otros, por los llamados ‘nuevos ateos’, pero aunque desde su propia lógica parece válida hay un punto en particular que muestra su debilidad. El historiador David M. Carr, en su libro The Erotic Word, lo resume muy bien:

“Cuanto más clara se ha vuelto para mí la forma en que se ha usado la Biblia para reprimir la sexualidad, más he avanzado hacia una relectura de la Biblia como un todo. Hago esto a partir de la convicción de que el verdadero cambio requiere interactuar con los recursos culturales que ya tenemos. Sólo así nuestras soluciones pueden conectarse con donde estamos y hacernos avanzar. Sin duda, hay quienes preferirían simplemente no prestar atención a la Biblia, pero está demasiado profundamente arraigada en muchos de nosotros y en nuestra cultura. La ignoramos a nuestro propio riesgo. Justo cuando creemos que estamos libres de ella, las viejas interpretaciones de la Biblia regresan y nos vuelven a engañar.”  (1)

Notas:

(1) Carr, David M., The Erotic Word: Sexuality, Spirituality, and the Bible, Oxford University Press, 2003, pp. 11-12. (Enlace en Google books aquí).

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