Uso y abuso IV: La tumba de Jesús

     Hasta ahora vengo escribiendo únicamente acerca de lo que implica para los creyentes la relación entre Historia y teología, así como los límites de la primera como elemento de prueba. Sin embargo en buena parte esos argumentos aplican también en sentido inverso, por ejemplo, a los intentos por demostrar “históricamente” que las contradicciones del cristianismo, o de la naturaleza del Dios de los creyentes, son insalvables. Como escribí antes, una afirmación de ese tipo está más allá de las posibilidades de la Historia estando más cerca del terreno de la teología, paradójicamente, incluso cuando se trata de intentos ateos. Aclaro que esto no lo digo porque defienda la postura a favor del cristianismo ni mucho menos, sino sólo porque conviene en el debate mantener los argumentos lo mejor definidos posible y las confusiones conceptuales poco aportan a la discusión.

     Para mostrar lo anterior usaré como ejemplo la tumba de Jesús. Es un caso paradigmático por las implicancias religiosas que tiene: la tumba vacía es, para los cristianos, testimonio de la resurrección de Jesús y un elemento fundamental de su fe.  Sin resurrección Jesús no es (Hijo de) Dios, y tampoco hay salvación para los seres humanos. No es de extrañar que de tanto en tanto se genere cierto interés por el supuesto hallazgo de la tumba de Jesús, con documental de James Cameron incluido. Si se encontrara la tumba con los restos de Jesús en su interior y se comprobara más allá de toda duda que efectivamente se trata de Jesús, entonces el cristianismo debería dejar de existir. O quizá no.

     Los polemistas antireligiosos tienen una tendencia que en mi opinión es un error. De hecho, también es un poco hacer trampa, aun cuando no siempre se haga conscientemente. Al definir a sus antagonistas, además de retratarlos frecuentemente a todos como personas desinformadas y simples, presuponen que la forma de religión que les atribuyen a éstos es la única posible, y por lo tanto refutar esa forma de religión en específico es refutar la validez de cualquier otro fenómeno religioso asociado. En parte, esto es una reacción a las afirmaciones de los creyentes, para los cuales su fe es una e inmutable. Pero si se pretende desarmar una afirmación general es necesario ir más allá de los casos particulares. Se entiende que si alguien no está de acuerdo, por ejemplo con la Iglesia Católica, entonces la interpele principalmente a ella y a sus dogmas particulares, pero el cristianismo es enormemente diverso y lo que quizá es válido para refutar al catolicismo no tiene necesariamente que serlo para las creencias de otros cristianos. Todavía más, tampoco se toman en cuenta las variedades del cristianismo en el pasado, ni los posibles desarrollos a futuro. Básicamente se lo considera como algo esencialmente estático.

     Volviendo a nuestro ejemplo, revisemos las implicancias de que se encontrase la tumba con el cuerpo de Jesús dentro. En primer lugar, ya no podría decirse que Jesús resucitó físicamente, después de todo estaríamos viendo los restos con nuestros propios ojos. Pero en las formas de cristianismo que conocemos la resurrección corporal de Jesús ocupa un lugar menos central (usando la imagen de los círculos concéntricos de Wallace en el posteo anterior) que la muerte de Jesús en la cruz. Es mediante su muerte que los seres humanos son reconciliados con Dios, según la teología paulina (por ejemplo, Romanos 5:10). No me refiero a que la resurrección no sea importante, pero en la actualidad hay muchas personas para las cuales no es un punto central de su fe. Lo mismo ocurría en la Antigüedad. En los siglos II y III había una enorme variedad respecto a lo que los cristianos pensaban acerca de Jesús: así como había cristianos que creían que Jesús era divino y humano, que había muerto y resucitado y que su muerte había traído la salvación, otros creían que no había nada de humano en él; otros que nada de divino, sino que simplemente era una persona especial elegida por Dios; otros que la divinidad sólo había habitado temporalmente en él, pero que lo había abandonado antes de su muerte; e incluso que la salvación no tenía nada que ver con la muerte y resurrección de Jesús. (1)

     Lo que está tremenda diversidad nos muestra es que lo que puede llegar a ser considerado “cristiano”, tanto en la Antigüedad como hoy en día, es un asunto extremadamente complejo y flexible. Entonces, si se encontrara el cadaver de Jesús, la forma de cristianismo que defiende la idea de que Jesús resucitó corporalmente es la que se vería afectada, pero no necesariamente las demás. Teóricamente, seguiría siendo posible que Jesús haya salvado a la humanidad a través de su muerte, pero sin necesitar de una resurrección física. Esto, no me canso de repetirlo, es porque esa es una afirmación teológica, perteneciente a la esfera de lo sobrenatural, no a la Historia o la Arqueología. Como afirmación teológica puede ser verdadera o falsa, pero no se puede recurrir ni a la Historia ni a la Arqueología para presentarlas como evidencia concluyente, ni a favor ni en contra.

Notas:

(1) En castellano un buen libro introductorio a este tema es: Ehrman, Bart, Cristianismos perdidos: los credos proscritos del Nuevo Testamento, Editorial Crítica. Barcelona, 2004.

Categorías: Editorial | Deja un comentario

Navegador de artículos

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s

Blog de WordPress.com.