Uso y abuso

     Aunque este blog está destinado a toda persona interesada, muchos contenidos estarán especialmente dirigidos a creyentes cristianos. Esto porque el grado de involucramiento personal de un cristiano hacia esos temas hace necesario profundizar en aspectos que no son relevantes para alguien que no se aproxima a estos temas desde la fe. Uno de los objetivos en este sentido es lograr considerar por separado los ámbitos de la fe y de la investigación crítica, con el fin de poder evaluar de forma más consciente las muchas formas en que estas relacionan y las implicancias que puedan tener en lo personal.

     Por lo general, los sitios que tratan este tipo de contenidos caen en una dinámica que pretendemos evitar (y denunciar): o se plantean desde el escepticismo y la crítica a la religión, buscando, por ejemplo, mostrar que las investigaciones científicas “prueban” la invalidez de la fe; o bien lo hacen desde la vereda opuesta, intentando mostrar cómo los avances modernos ratifican el punto de vista teológico propio (por ejemplo, la inerrancia de la Biblia). Y por lo general pasan del uso al abuso de los argumentos, a favor y en contra. No desarrollan suficientemente sus análisis ni entregan las pruebas a las que aluden, usan información desactualizada, fuera de contexto o inadecuada para la discusión que llevan a cabo, y/o terminan sacando conclusiones apresuradas que no queda más que aceptar o rechazar a priori.

     Dicho lo anterior, este no es un blog que persiga desacreditar la fe de las personas a través del uso “racional” de argumentos, pero tampoco uno que pretende defender esa fe. Por supuesto, no pretendemos ser absolutamente imparciales en este asunto, pero el objetivo es otro. Se trata de delimitar el campo de acción de los argumentos que se utilicen, separar el trigo de la paja. Pensamos que no sirve, por ejemplo, centrar la discusión en si las diferencias entre un grupo de manuscritos antiguos “prueban” la inexistencia de Dios, porque esos manuscritos, en tanto manuscritos y por sí solos, nunca podrían ser una prueba en contra de la existencia de una realidad inmaterial y trascendente. Por cierto que, nuevamente, en tanto manuscritos y por sí solos, tampoco “prueban” nada a favor de la existencia de un ser supremo, ni mucho menos. Pero resulta mucho más provechoso entender el porqué de esas diferencias y qué significan para nosotros hoy en día, de qué forma aquel pasado se relaciona con nuestro presente y, eventualmente, puede cambiar nuestra forma de pensar la realidad.

Categorías: Editorial | Deja un comentario

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