Carnaval de Estudios Bíblicos en español de Febrero

Como se anunció, Masora digital ha publicado la versíón en español del Carnaval de Estudios Bíblicos correspondiente a Febrero, que en esta versión trae varios artículos muy interesantes, por ejemplo, por qué en el Nuevo Testamento se come tanto pescado, lo que se dice en la Biblia sobre el diablo y los demonios y el origen de esas creencias, comentarios de pasajes de Proverbios, Marcos y Hechos, y también alguna modesta contribución de este espacio.

Felicitaciones a los promotores de la iniciativa y esperamos que se repita en los próximos meses y podamos contar con una comunidad mayor de difusores hipanoparlantes de Estudios Bíblicos en internet, porque falta hace.

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Más acerca de la historicidad de Jesús

Complementando el posteo de ayer acerca de la historicidad de Jesús, en el video arriba Ariel Álvarez Valdés trata de manera más larga las fuentes de que disponemos y la forma de razonar de los historiadores críticos a la hora de evaluarlas (también pueden descargar el audio de esa conferencia aquí).

un-judio-marginal-nueva-vision-del-jesus-historico-iPara un tratamiento especializado del tema, un libro clásico es Un judío marginal: nueva visión del Jesús histórico de John P. Meier que, aunque fue publicado en 1991, es todavía el expositor del consenso generalizado de los resultados de la investigación crítica. La primera parte del libro revisa los problemas y las fuentes históricas a la hora de hablar de Jesús, siendo de especial interés los capítulos 2, 3 y 4, que se ocupan respectivamente del Nuevo Testamento, Josefo, y Tácito y otras posibles fuentes greco-romanas. Pueden descargar el libro en pdf aquí.

Por último vale la pena leer al propio Meier acerca de cuál fue su objetivo al escribirlo, y también para aclarar qué queremos decir aquí con “consenso” historiográfico (que no es lo mismo que acuerdo total en cada uno de los temas, pero donde sin embargo hay puntos en común suficientes para realizar un “veredicto”):

«Para explicar a mis colegas universitarios lo que me propongo hacer en este libro, suelo recurrir a la fantasía del “cónclave no papal”. Supongamos que a un católico, un protestante, un judío y un agnóstico —todos ellos historiadores serios y conocedores de los movimientos religiosos del siglo I— se les encerrase en un lugar reservado de la biblioteca de la Escuela de Teología de Harvard, sometidos a una dieta espartana y con la prohibición de salir de allí hasta no haber alcanzado un acuerdo, reflejado en documento, sobre quién fue Jesús de Nazaret y qué intentó en su tiempo y lugar. Exigencia primordial de ese documento sería que estuviese basado en fuentes y argumentos puramente históricos. La “fórmula de concordia” resultante —una fórmula no religiosa— tendría todos los defectos que suelen presentar las declaraciones ecuménicas redactadas por comisiones. A veces se buscaría cuidadosamente un lenguaje ambiguo para ocultar las disensiones, a veces se admitirían abiertamente puntos de divergencia en los que no se pudiese alcanzar un acuerdo. Probablemente, ese documento sobre Jesús no reflejaría la opinión total de ninguno de los miembros del famélico conclave, y ciertamente no contendría afirmaciones que el miembro católico o el protestante mantendrían con firmeza en virtud de su fe. La exigencia básica de que el documento consensuado fuera susceptible de verificación por todos y cada uno utilizando los medios de la moderna investigación histórica produciría un ángulo de visión estrecho, una percepción fragmentaria, quizá hasta distorsiones.

No obstante, algo se habría ganado. Tendríamos un bosquejo de lo que esa entelequia, “toda la gente razonable”, podría decir acerca del Jesús histórico. El documento en cuestión podría servir como base común, como punto de partida para un diálogo entre cristianos y judíos, entre las diferentes confesiones cristianas y entre creyentes y no creyentes, y como invitación para ulteriores investigaciones por parte de historiadores y teólogos. Pues bien, esa limitada declaración de concordia, que no pretende sustituir al Cristo de la fe, es el modesto objetivo de la presente obra.» [1]

Notas:

[1] Meier, John P., Un judío marginal: nueva visión del Jesús histórico, Tomo I: las raíces del problema y la persona, Editorial Verbo Divino, Pamplona, 1998, pp. 29-30.

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Ariel Álvarez Valdés sobre la historicidad de Jesús

TuCaraCuandoAlguienDiceJesúsNoExistióCada tanto se escuchan afirmaciones como “Jesús no existió, la Historia lo demuestra”, o “los historiadores [nunca se dice cuáles historiadores] no están de acuerdo sobre la historicidad de Jesús”, “no hay fuentes históricas fuera de la Biblia que hablen de Jesús” y otras cosas como esas. Este artículo del biblista argentino repasa de manera amena y suficiente los principales testimonios sobre la existencia histórica de Jesús; no pretende ser exhaustivo ni mucho menos (ni tampoco nosotros pretendemos que lo sea), pero baste para hacer notar que la carga de la prueba está todavía de parte de los que la niegan y que el consenso entre los historiadores competentes está abrumadoramente a favor de que Jesús sí existió. Si alguien quiere discutir aquello en los comentarios o en los próximos posteos, es bienvenido, pero por mi parte lo desafío desde ya a nombrar tres especialistas competentes en la materia que la nieguen y la obra y número de página en que lo hacen, que es la forma en que lo hacemos aquí en Blog de Estudios Bíblicos. Enlace original del artículo aquí. Disfruten la lectura.

La existencia histórica de Jesús, o la escasa prueba de un advenimiento sublime

por Ariel Álvarez Valdés

Un pleito desconcertante

En septiembre de 2002, el ingeniero agrónomo Luis Cascioli se presentó ante la justicia italiana de la localidad de Viterbo, cerca de Roma, para denunciar al párroco del lugar. ¿Por cuál delito? Porque todos los domingos, durante la misa, el cura hablaba de Jesús de Nazaret. Y según Cascioli, no hay pruebas de que Jesús haya existido. Por lo tanto, el sacerdote había violado dos leyes penales italianas: la de “abuso de credibilidad popular” (es decir, enseñar cosas falsas; art. 661) y la de “sustitución de persona” (inventar la existencia de un personaje irreal; art. 494).

Los jueces de Viterbo quedaron estupefactos. ¿Acaso los Evangelios no prueban la existencia de Jesús? No, dice Cascioli. Porque éstos son libros contradictorios, y además están escritos por gente que creía en él, por lo que no sirven como prueba objetiva de su existencia.

La denuncia de Cascioli fue rechazada por absurda. Pero éste apeló. Y en segunda instancia los jueces le dieron lugar, y ordenaron al párroco presentarse ante los tribunales para demostrar la existencia de Jesús. El pobre sacerdote, al verse en semejante aprieto, estaba desesperado. Pero al final, los jueces de tercera instancia volvieron a rechazar la demanda del ingeniero, y dieron por terminado el pleito judicial.

Hasta aquí la noticia que apareció en los diarios. Pero una duda quedó flotando en el ambiente: ¿se puede demostrar la historicidad de Jesús? Fuera del Nuevo Testamento, ¿hay algún autor contemporáneo que lo nombre, lo mencione, aluda a su existencia? Sigue leyendo

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Convocatoria para el Carnaval de Estudios Bíblicos (en español) de Febrero

Un Carnaval de Estudios Bíblicos es una recopilación de los mejores artículos, textos, enlaces, etc.de temas afines a los “estudios bíblicos” publicados en un determinado periodo en esta llamada “blogósfera”. La idea surgió y se viene desarrollando desde hace años entre los blogeros de habla inglesa (Biblical Studies Carnival), y ahora Masora digital está organizando (técnicamente, “reviviendo”) uno en español para el 29 de febrero próximo. Una excelente iniciativa a la que estaremos atentos y que les recomendamos prestar atención en los días por venir.

Pueden sugerir páginas y artículos de interés que les parezca merecen difundirse en el carnaval, en la página oficial de la convocatoria: https://masoradigital.wordpress.com/2016/02/23/el-despertar-del-carnaval-de-estudios-biblicos-en-espanol-ultima-llamada-para-links-febrero-2016/

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¿Qué significa “imagen de Dios”? (Parte 4 de 4) – Peter Enns

Detalle de “Cristo apareciendo a sus discípulos después de la resurrección”, de William Blake (c. 1803-5)

Cuarta parte y final del significado de la “imagen de Dios” explorado por Peter Enns. Enlace original (en inglés) aquí.

por Peter Enns

Peter EnnsLa semana pasada vimos que Jesús es el humano completo, el verdadero portador de la imagen de Dios. Él es la representación exacta de Dios, el soberano de la creación. Esa “humanidad completada” se confiere a los que creen que Jesús es el Cristo. La imagen se echó a perder en la humanidad en general; se restaura en el hombre, Jesús. Todos los que están “en Cristo” (como a Pablo le gusta ponerlo) participan en la humanidad restaurada que se inició en la resurrección de Jesús. La nueva humanidad está abierta a todos, pero el camino de entrada es a través del Mesías resucitado.

Por lo tanto, ¿qué significa para los cristianos ser portadores de la imagen de Dios? Significa que estamos llamados a vivir todos los días de una manera tal que encarne cada vez más la imagen. Jesús es a la vez la causa de nuestra imagen renovada y el modelo que seguimos al tratar de vivir de esa manera.

Y esto nos lleva a una paradoja que es fundamental para la forma en que los cristianos ven a sí mismos como re-creados a imagen de Dios. Jesús elevó a la humanidad a su verdadera función de portadora de la imagen, pero su encarnación fue un acto de vaciase a sí mismo de su derecho divino, como dice Pablo en Filipenses 2:6-7. Jesús se humilló a sí mismo (v. 8). La encarnación es un acto de humillación.

Para los cristianos, también, participar en la imagen renovada de Dios significa seguir a Cristo tanto en su exaltación como en su humillación. En pocas palabras, llevamos la imagen renovada de Dios todos los días que nuestras vidas se ajustan a la de Jesús.

Pablo resume el asunto muy bien en Filipenses 3:10. Conocer a Cristo —que nunca es una actividad mental simple, sino una trayectoria de vida— significa experimentar tanto el poder de su resurrección, y la participación de sus sufrimientos. Esto no es una elección de una cosa o la otra, sino una proposición de esto y aquello. Los que forman parte de esta nueva humanidad en Cristo llevan las marcas de la exaltación y la humillación de Jesús todos los días.

Ser parte de la renovada imagen de Dios significa ser “conformados a la imagen” de Jesús (Romanos 8:29). Llegamos a ser más y más como él en todos los sentidos.

Los cristianos son ahora representantes plenos de Dios en su creación, pero no en el sentido de gobernante del Antiguo Cercano Oriente, o incluso del Antiguo Testamento. No estoy descartando eso, pero “gobierno” no es el énfasis del Nuevo Testamento. El énfasis se ha trasladado a otras cosas. Los cristianos representan a Dios a toda la creación a través de la humildad, el amor, la santidad.

Uno de los muchos pasajes que nos recuerdan de esto es 1 Pedro 2:9-12. Tomando prestado lenguaje del Éxodo, Pedro les dice a sus lectores que son un “pueblo elegido, un sacerdocio real, una nación santa, un pueblo adquirido por Dios” (v. 9). Esta noble condición no sólo les hace parte del “club de Dios”. Son el pueblo de Dios que viven vidas buenas entre los habitantes del mundo “para que vean [sus] buenas obras y glorifiquen a Dios en el día que nos visite” (v. 12).

Es posible que hayan oído la expresión “Ten cuidado de tu forma de actuar. Puede que seas la única Biblia que las personas leerán”. Ese es un buen punto, pero la realidad es mucho más grave. Nosotros representamos al mundo lo que Dios ha hecho en Cristo, por lo que una mejor frase podría ser: “Ten cuidado de tu forma de actuar. Es posible que seas el único Jesús que las personas verán”.

Esto está más allá de lo que Génesis 1:26-27 era en su contexto original. No hay nada ahí acerca de la humildad, el sufrimiento con Cristo, o vivir una vida santa. Es cierto. Pero lo que Jesús hace a la imagen de Dios en Génesis 1:26-27 es lo que hace con todo lo demás en el Antiguo Testamento: la transforma y la llena más allá de su limitado significado del Antiguo Testamento. La sombra da paso a la realidad.

Sin embargo, hay una dimensión más de la renovada imagen de Dios que se parece más a lo que vemos en el Antiguo Testamento. No es un tema dominante, pero está ahí, no obstante. En 2 Timoteo 2:12 leemos que soportar el sufrimiento presente tiene una dimensión futura aún no realizada: “Si sufrimos, también reinaremos con él.”

No sé lo que esto significa, pero parece que el paso final del camino cristiano es algún tipo de autoridad gobernante escatológica. Esto no se explica en ningún lugar, y yo no voy a aventurar una conjetura en cuanto a cómo es esto. Baste decir que hay “algo más” en lo que Cristo en su resurrección ya ha hecho al restaurar de la imagen de Dios. El Nuevo Testamento está más preocupado por cómo el pueblo de Dios aquí y ahora encarna la vida del liderazgo-servidor de Jesús.

Dios hizo a la humanidad a su imagen. Esta imagen tiene un significado muy concreto en el Antiguo Testamento: ser los gobernantes representantes de Dios sobre su creación. Esa imagen fue estropeada, y finalmente restaurada y transformada en Jesús, el Hijo del Hombre, la representación exacta de la imagen de Dios. Los que están en Cristo toman parte en esta nueva humanidad.


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Parte 1

Parte 2

Parte 3

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También la Biblia… (Umberto Eco)

umberto-eco

Ayer murió el intelectual italiano Umberto Eco, y hoy el diario español El país publica una recopilación de sus mejores frases, una de las cuales (en la imagen arriba) aplica particularmente bien al tema de interés de este espacio.

Sería interesante saber qué opinan, sobre todo los lectores creyentes: ¿Debe tener la Biblia una consideración especial al respecto, distinta de otros libros? ¿Les parece que una lectura exclusivamente “literalista” (“qué dice”) empobrece o incluso pueda ocultar la comprensión de lo que quiere decir el texto (lo que “significa”)? ¿Qué estrategias para leer la Biblia se pueden desarrollar en ambientes que no fomentan una lectura más allá de lo literal?

 

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¿Qué significa “imagen de Dios”? (Parte 3 de 4) – Peter Enns

“Cristo el mediador”, de William Blake (1799-1800)

Tercera parte del significado de la “imagen de Dios” explorado por Peter Enns. Pueden ver las partes anteriores de esta serie aquí. En esta entrega, Enns pasa del Antiguo al Nuevo Testamento y explica por qué Jesús es el verdadero portador de la imagen de Dios. Enlace original (en inglés) aquí.

 por Peter Enns

Peter EnnsUno de los retratos que el Nuevo Testamento pinta de Jesús es el del portador definitivo de la imagen de Dios. Jesús refleja totalmente la imagen de Dios; él es el verdadero representante de Dios en su creación. Nadie encarna más plenamente esta cualidad verdaderamente humana.

Podemos empezar donde lo dejamos la semana pasada, con el Salmo 8. Este salmo alaba a Dios por la forma en que ha exaltado a la humanidad: el hombre es un poco menor que Dios, coronado de gloria y honor, y todo ha sido puesto bajo sus pies. La humanidad, en otras palabras, está un paso por debajo de Dios, se le ha dado autoridad para gobernar la creación. Salmos 8 es plenamente compatible con Génesis 1:26-27, donde “imagen de Dios” se describe como gobernar sobre toda la creación.

En Hebreos 2:5-9, el autor anónimo cita el Salmo 8 por una razón que podría no ser obvia a primera vista: el estatus de Jesús es superior a los ángeles, un tema que se inició en 1:5. (De hecho, todo Hebreos es un largo argumento de “Jesús es mejor que…”, por ejemplo, que Moisés, el sumo sacerdote, y el tabernáculo).

Salmos 8 apoya su argumento. La creación no estaba sujeta a los ángeles, sino a la humanidad. El autor de Hebreos nos recuerda que “todo” es puesto bajo la autoridad regia humana, todo está sujeto a él (v. 8). Pero el autor de Hebreos se lamenta: “Sin embargo, en la actualidad no vemos que todo esté sujeto a él” (v. 8). El “él” se refiere a la humanidad. Lo que vemos, sin embargo, es Jesús quien ahora está coronado de gloria y de honor, a causa de su muerte (v. 9).

Jesús, que es igual que sus hermanos y hermanas en todos los sentidos (2:17), es el “humano absoluto”, porque todo está realmente bajo su autoridad. La elevada condición de la humanidad como portadores regios de la imagen de Dios, aunque verdadera, no está realizada plenamente en la humanidad en su conjunto. Está realizada plenamente en Jesús como, paradójicamente, el Hijo de Dios crucificado y resucitado.

Jesús es el verdadero portador de la imagen. Se podría decir que Jesús es la única figura verdadera y plenamente humana que ha vivido. Al observar al Hijo crucificado y resucitado, vemos lo que “humano” significa en realidad, no la versión corrupta y disfuncional que nos devuelve la mirada desde el espejo, o que vemos en otros.

Colosenses 1:15-20 hace la misma observación de una manera diferente. Jesús es la “imagen del Dios invisible” (v. 15): gobierna la creación porque todas las cosas fueron creadas por él. Es comprensible leer este pasaje y pensar que sólo se centra en la divinidad de Jesús, pero eso se perdería la mitad del punto. Como el hijo resucitado, Jesús es “cabeza del cuerpo, la iglesia, el principio y primogénito de entre los muertos” (v. 18). Por su resurrección, Jesús es el primero en incorporar plenamente el papel de portador de la imagen conferido a toda la humanidad en Génesis.

Jesús hace esto no para sí mismo, sino para los que vendrían después, el pueblo de Dios. Jesús no es simplemente “sobre toda la creación”. Él es el “primogénito de toda la creación” (v. 15). Los cristianos, en otras palabras, siguen sus pasos. Como primogénito de la creación se encarga de que los nacidos después logren el mismo estado. En pocas palabras, en su resurrección, Jesús “completa” Génesis 1: 26-27, para él y para nosotros.

Este tema ya se anunció a principios de Hebreos, 1:1-4. En el pasado, Dios había hablado a través de profetas, pero ahora él está hablando a través del Hijo que él mismo ha nombrado. El eco del Salmo 2, donde el rey de Israel es el Hijo nombrado por Dios, es confirmado en v 5, donde el autor cita Salmos 2:7. Como Hijo, Jesús es el rey davídico recién nombrado, el monarca representante. Pero este Hijo lo lleva a un nivel superior: él es el “resplandor de la gloria de Dios y la imagen misma de su ser”. Jesús es el representante de Dios como ningún otro.

La imagen de Dios en el Génesis no se trata de “lo que nos hace humanos”, tal como el alma de uno. Se trata de la elevada función que Dios ha dado a la humanidad para ser sus gobernantes representantes. Eso es lo que significa la imagen: nada más, pero nada menos.

Entendido de esta manera, podemos y debemos hablar de la imagen de Dios como estropeada, incompleta, sujeta al pecado en todos nosotros. La verdadera imagen de Dios es realizada sólo en el Hijo de Dios crucificado y resucitado. Y esto nos da una comprensión más plena de la encarnación. El Hijo de Dios encarnado es plenamente Dios y plenamente humano.

Jesús es el completo portador de la imagen de Dios. Él es el más humano de cualquier ser humano que haya vivido alguna vez. Por la fe, nosotros también participamos en la humanidad restaurada. La próxima semana vamos a ver lo que esto significa para nosotros hoy.


 

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Parte 1

Parte 2

Parte 4

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¿Qué significa “imagen de Dios”? (Parte 2 de 4) – Peter Enns

“Elohim creando a Adán”, de William Blake (1795)

Segunda parte de cuatro en la serie de Peter Enns sobre la “imagen de Dios”. Enlace original (en inglés) aquí.

por Peter Enns

Peter EnnsLa semana pasada vimos que la “imagen de Dios” en Génesis 1: 26-27 significa ser gobernantes representantes de Dios en su creación. Esto es similar a dos prácticas antiguas: reyes poniendo imágenes de sí mismos en lugares distantes de su reino y el uso de ídolos en el culto del templo. Ambos representan al rey  o al dios y señalan que ellos están presentes.

Vamos a tomar esta idea y ver a dónde va en el Antiguo Testamento.

Sin ídolos

En la antigua Mesopotamia, toda nación tenía panteones de dioses y todos adoraban a sus dioses a través de imágenes. Los primeros dos Mandamientos de Israel estaban totalmente fuera de sincronía con el Mundo Antiguo. A los israelitas se les dijo: “Yo soy el único Dios que van a adorar” (Éxodo 20:3), y “no adoren ninguna imagen en absoluto” (20:4-6). El segundo mandamiento incluye hacer imágenes de Yahvé, que los hijos de Israel quebrantaron en el incidente del becerro de oro en Éxodo 32.

Hay dos razones por las que a Israel se le dijo que no hiciera imágenes de Yahvé. En primer lugar, a diferencia de los otros dioses, Yahvé es distinto de lo que él ha hecho. Él no puede ser capturado por una imagen tallada de animales o cualquier otra parte de la creación.

En segundo lugar, Dios ya hizo una imagen de sí mismo: la humanidad, una imagen viva. Al tallar imágenes para adorar a Jehová, Israel estaría creando una “conexión” alternativa con el Señor.

El rey de Israel a imagen de Dios

Hay otro ángulo importante que traer al cuadro. En el Mundo Antiguo de Mesopotamia, los reyes eran los gobernantes representantes de los dioses; gobernaban al pueblo en nombre de los dioses. Los reyes eran considerados como un dios, a veces se les llamaba “hijos” de uno u otro dios, y a menudo eran adorados como dioses.

Miren el Salmo 2. Este salmo se trata de la coronación del rey de Israel. Este rey no es un hombre común: él es el “ungido” de Dios (v. 2). Dios mismo instaló a este rey “en Sion, mi santo monte” (v. 6).

El corazón del salmo es v 7. Dios dice al rey “Eres mi hijo; hoy me he convertido en tu padre”. Dios ha puesto rey de Israel, su hijo, en el trono para gobernar al pueblo en su nombre. Esta relación padre/hijo entre Yahvé y el rey se alinea con el pensamiento antiguo de Mesopotamia. También tiene algunas implicaciones para comprender a Jesús, a las que llegaremos la próxima semana.

A diferencia de las otras naciones, los reyes israelitas no eran adorados. Israel incluso tenía una actitud escéptica hacia la monarquía (por ejemplo, 1 Samuel 8). De hecho, los reyes estaban tan sujetos a la autoridad de Dios como cualquier otra persona (por lo tanto, los profetas eran libres para llamar a los reyes a rendir cuentas). Pero todavía eran ungidos para encarnar el papel regio de portador de la imagen. La historia de la monarquía de Israel es tan trágica porque los reyes fracasaron en gran medida en reflejar esta imagen.

La humanidad a imagen de Dios

Único de Israel, el papel regio de portador de la imagen fue conferido no sólo a un linaje de reyes, sino también a todas las personas, una idea sorprendente en el Mundo Antiguo.

El Salmo 8:4-6 resume acertadamente lo que “imagen de Dios” significa.

4 ¿Qué es el hombre para que te acuerdes de él,
el hijo del hombre para que de él te ocupes?
5 Le has hecho un poco menor que Dios
y lo coronaste de gloria y honor.
6 Le has hecho señorear sobre las obras de tus manos;
pusiste todo debajo de sus pies.

Una reacción común de los cristianos al leer Salmos 8 es decir, “Sin duda, esto no puede describir al ‘hombre’ en general. Se debe estar hablando de Jesús”. No tan rápido. Llegaremos a él la próxima semana. Más bien, lean este salmo a la luz de Génesis 1:26-27.

Este salmo habla del alto estatus de la humanidad. Al igual que en español, “el hombre” aquí significa “humanidad”. Los pronombres en singular “él” y “su” simplemente reflejan el hecho de que “el hombre” es gramaticalmente singular (hacemos lo mismo en español). Del mismo modo, es tentador leer “hijo del hombre” en el v. 4 y saltar adelante al Nuevo Testamento y pensar que quiere decir Jesús. No lo hace (no aquí, no todavía). Simplemente significa “humano”.

Así “el hombre” es hecho “un poco menor que Dios” (v. 5). Esto es sorprendente, de hecho, la NIV pone un poco de obstáculo traduciendo “Dios”[“God”] como “seres celestiales” [“heavenly beings”]. En una nota al pie, sin embargo, la NIV agrega “Dios” como una lectura posible. La NRSV tiene “Dios” [“God”]. La Jewish Publication Society (Tanaj) tiene “lo divino” [“the divine”].

En realidad, no deberíamos atascarnos demasiado en ese punto. El hebreo (Elohim) puede significar cualquiera de ellos, y no importa mucho al final. “Seres celestiales” encaja muy bien con “hagamos” en Génesis 1:26, una referencia a una corte celestial divina, una idea común en el Mundo Antiguo. (“Hagamos” no es una referencia a la Trinidad, lo que no habría hecho ningún sentido a los israelistas, como Juan Calvino señaló hace cientos de años). Los seres humanos están un paso por debajo de Dios y de su concilio divino.

Si Elohim significa “Dios”, eso también refleja Génesis 1:26-27. Los seres humanos como el pináculo de la creación, los únicos seres hechos a imagen de Dios. De cualquier manera, el punto es que el ser humano es muy importante.

El resto del v. 5 y v. 6 rellena lo que “un poco menor que Dios” significa. Los seres humanos son “coronados de gloria y honor” (v. 5), una frase típicamente reservada para Dios. También gobiernan sobre la obra de las manos de Dios (v. 6), una clara alusión a Génesis 1:26-27. El salmista incluso va tan lejos como para decir que Dios ha puesto todo bajo los pies de la humanidad.

Este salmo es un buen resumen de lo que significa la imagen de Dios. No hay nada en toda la creación que tenga un rango superior al de la humanidad. No hay nada en toda la creación que sea más semejante a Dios que la humanidad. El salmo es recogido por el autor de Hebreos para hablar de Jesús. La próxima semana veremos Hebreos y otros pasajes del NT para ver cómo Jesús, y los que lo siguen, son la “imagen de Dios”.


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Parte 1

Parte 3

Parte 4

 

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¿Qué significa “imagen de Dios”? (Parte 1 de 4) – Peter Enns

Detalle de “Creación de Eva”, de William Blake (c. 1803-5)

Comenzamos con esta serie de 4 partes acerca de la “imagen de Dios” a cargo de Peter Enns. Enns es Ph.D. por la Universidad de Harvard en lenguajes y cultura del Antiguo Cercano Oriente, y un autor sumamente estimulante e interesante de leer en muchos temas, pero particularmente en uno clave: la doctrina de la inspiración de la Biblia y la presencia de errores (y horrores) en ella (pueden leer más artículos suyos en español aquí, gracias a l@s muchach@s de La conversación en curso). Publicado originalmente en BioLogos (enlace en inglés aquí).

por Peter Enns

No el alma

Génesis 1:26-27 dice que Dios hizo al hombre a su “imagen” y “semejanza”. Ambos términos significan lo mismo, y así generalmente se le conoce como la “imagen de Dios” (del latín imago Dei).

Algunos entienden a la imagen de Dios en el sentido de esas cualidades que nos hacen humanos, por ejemplo: poseer un alma, el razonamiento de orden superior, la auto-conciencia, la conciencia de Dios y la capacidad de tener una relación con él. Esto parece una buena definición, ya que sólo los humanos son a imagen de Dios y estas son cualidades que nos hacen humanos.

La interpretación de la imagen de Dios como el alma también ayuda a algunas personas a conciliar la evolución y el cristianismo. En algún lugar a lo largo de la línea evolutiva Dios dio a dos homínidos almas inmortales, convirtiéndose así en los primeros seres humanos verdaderos. En otras palabras, a pesar del largo proceso evolutivo, los seres humanos fueron “creados” sólo en este punto. Estos dos homínidos “con alma” son Adán y Eva. Algunos dicen que esto podría haber ocurrido hace unos 10.000 años, lo que alinea las cosas muy bien con la cronología aproximada presentada en el Génesis.

Comprendo la motivación para esta explicación: mantener de alguna manera la descripción bíblica de los orígenes humanos de cara a la evolución. Pero soy bastante escéptico al respecto. Por un lado, es pura conjetura. También es difícil ver lo que se gana aquí. Preservar la descripción bíblica de los orígenes humanos de esta manera significa que tiene que ser reajustada mucho más allá de lo que dice.

Más importante aún, equiparar la imagen de Dios con el alma u otras cualidades que nos hacen humanos impone una carga a Génesis 1:26-27 que no puede soportar, lo cual nos lleva al siguiente punto.

Los gobernantes representantes de Dios

La imagen de Dios es importante teológicamente, y el tema está abierto a la discusión, pero no es que “todo vale”. Génesis, otros pasajes del Antiguo Testamento y la cultura alrededor de Israel nos dan una buena idea de lo que significa la imagen de Dios.

Estatua de Asubanipal, rey de Asiria (668-627 a.C.)Muchos estudiosos establecen un paralelismo entre la imagen de Dios en Génesis y las imágenes de los reyes en el Mundo Antiguo. Los gobernantes no podían estar en todas partes a la vez, y viajar era lento. Por lo tanto, ellos erigían monumentos o estatuas de sí mismos a lo largo de sus reinos. Estas “imágenes” dejaban a todos saber que el gobierno del rey se extendía allí donde se encontraba su imagen.

Otra clase de imagen en el Mundo Antiguo es un ídolo, un objeto físico que representaba al dios en el templo. Los ídolos no eran considerados en sí mismos dioses. Eran estatuas que te permitían saber que el dios estaba, en cierto sentido misterioso, “presente”.

Las estatuas de los reyes y de los dioses nos ayudan a entender lo que significa para los seres humanos estar hechos a imagen de Dios: los seres humanos son colocados en el reino de Dios como sus representantes.

J. Richard Middleton (del Roberts Wesleyan College) lo plantea bien en The Liberating Image. Él plantea que la imagen de Dios describe “el oficio o vocación regio de los seres humanos como representantes y agentes de Dios en el mundo”. Imagen de Dios significa que a los seres humanos se les ha dado “poder para participar en el gobierno o administración de Dios de los recursos y criaturas de la tierra”.

Cuando uno lee Génesis 1:26-27 teniendo esto en cuenta, el punto se vuelve bastante obvio: “Hagamos al hombre a nuestra imagen, conforme a nuestra semejanza; y señoree sobre los peces … aves… animales domésticos … animales salvajes … reptiles” (NVI).

A la humanidad, creada en el sexto día, se le ha dado la autoridad para gobernar sobre las otras criaturas que Dios había hecho en los días cuarto y quinto. Tiene esa autoridad, porque la humanidad está hecha a imagen de Dios.

No hay nada aquí sobre un alma, la capacidad de razonar, ser consciente de Dios o cualquier otro rasgo psicológico o espiritual. Como señala John Walton, por importantes que son estas cualidades para hacernos humanos, no definen qué significa imagen de Dios en el Génesis. Por el contrario, esas cualidades son herramientas que sirven a los seres humanos en su rol de portadores de la imagen.

La frase “imagen de Dios” no es acerca de lo que nos hace humanos. Es acerca del papel único de la humanidad en ser representantes regios de Dios en la creación. Una vez que entendamos lo que significa la imagen de Dios en el Génesis, estaremos en una mejor posición para ver cómo esta idea es elaborada en otras partes de la Biblia, lo que comenzaremos a ver la próxima semana.


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Parte 2

Parte 3

Parte 4

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N. T. Wright explica qué es la “imagen de Dios” (Génesis 1)

“La imagen que a menudo utilizo para ayudar a la gente a entender lo que quiere decir Génesis por la imagen de Dios —y de hecho lo que Pablo quiere decir con la imagen de Dios, porque él utiliza eso también— es la imagen de un espejo en ángulo. A menudo pensamos en una imagen como un espejo: “Esto es un espejo, me miro en él. Me veo a mí mismo”. Pero supongamos que tenemos un espejo en ángulo.

Recuerdo cuando yo era un niño pequeño estar enfermo en la cama, y a mi madre poner un espejo en la puerta de mi habitación, para que a través de ese espejo pudiera verla a ella y otros miembros de la familia ir y venir en el pasillo fuera de la habitación, para que no me sintiera tan solo y aislado. Y el punto sobre el espejo en ángulo es que se puede ver en ambas direcciones.

Me parece que Dios ha puesto a los seres humanos como un espejo en ángulo en su mundo, para que Dios pueda reflejar su amor, cuidado y administración del mundo a través de los seres humanos, y para que el resto del mundo pueda alabar al creador a través de los seres humanos. Y la forma en que esto aparece en muchos pasajes bíblicos es ver al pueblo de Dios —se tiene esto en Éxodo 19, se tiene esto en el libro del Apocalipsis, se tiene mucho en Pablo— como el sacerdocio real, sacerdocio porque están reuniendo las alabanzas de la creación, presentándolas ante Dios.

Cuando los seres humanos alaban a Dios, deben darse cuenta de que lo están haciendo como los representantes de todo el mundo, reflejando el resto del mundo hacia Dios. Pero cuando los seres humanos cuidan de la creación y traen la sanadora justicia restaurativa de Dios a la creación, en toda clase de maneras diferentes, allí están reflejando a Dios hacia el mundo. Así que la imagen de Dios no es, creo, algo acerca de nosotros, nuestra memoria o nuestra consciencia o nuestra imaginación o nuestra espiritualidad o nuestra razón, los teólogos han intentado todo eso como si hubiera algo sobre nosotros que es exactamente igual a Dios.

Sin duda, mucho de eso es cierto, pero creo que es una imagen mucho más creativa, mucho más dinámica: los sacerdotes y los reyes (o los reyes y reinas) reflejando a Dios hacia el mundo y el mundo hacia Dios. Veo la vocación humana, la vocación del cristiano como recuperar esa imagen. Pablo habla en Colosenses acerca de ser renovados en conocimiento, de acuerdo a la imagen del creador.

Me parece que si realmente miráramos nuestra propia vocación de cara al mundo de esa manera, todo tipo de cosas acerca de cómo tratamos el mundo, la forma en que actuamos de manera responsable dentro de él, aparecerían en una luz muy diferente que podría ser muy saludable”.

N. T. Wright (transcripción de este video de BioLogos)

Creo que nunca tuve mucha idea de qué quería decir estar hecho a imagen y semejanza de Dios (Génesis 1:26-27) hasta que leí a Tom Wright. Como la mayoría de las personas que conozco, siempre creí que era una cualidad etérea, indefinida y/o indefinible. Sin embargo, la interpretación de Wright de imagen como una vocación, es decir, una tarea y una función que cumplir en el mundo, parece tener mucho más sentido y entregar múltiples posibilidades de aplicación. Pero para que la cita arriba adquiera aún más fuerza, quizá son necesarias algunas palabras más.

Como vimos en un posteo anterior, la historia que está contando el escritor de Génesis 1 es la historia de Dios haciendo un mundo-templo para habitar en él. Porque a diferencia de los dioses de los otros pueblos que tenían por templo edificios, el templo del Dios de Israel es la creación entera, los cielos y la tierra. Dios da forma su creación a través del poder de su palabra, la bendice y finalmente “descansa” en ella (Génesis 2:2): viene a vivir en su creación (para profundizar en esta interpretación, es imprescindible que vean el video de John H. Walton en el enlace arriba y, si pueden, leer su libro The Lost World of Genesis One [El Mundo Perdido de Génesis Uno]).

Como todos los templos en el Mundo Antiguo, éste quedaría “incompleto” sin una imagen del dios que lo habitaba: la misión de la imagen/estatua de los dioses en los templos antiguos era ser un “recordatorio” para los que entraban allí de que debían adorar a ese poder superior y también “hacer visible lo invisible” de esa divinidad: eran la forma en que el dios podía ser visto y experimentado. Como apunta Wright, era un flujo doble desde el adorador hacia el dios y desde el dios hacia el adorador.

Aquí fue donde el escritor de Génesis 1 tuvo su intuición genial, al sugerir que si los dioses de los otros pueblos tenían en sus templos sólo estatuas, ídolos, imágenes hechas por manos humanas, el Dios de Israel tenía en su mundo-templo imágenes vivas de carne y hueso, seres humanos de verdad. En el resto de la Biblia se desarrolla esta idea diciendo que el pueblo de Dios debía ser un “reino de sacerdotes” (Éxodo 19:1-6) o “reyes y sacerdotes” (Apocalipsis 1:5-6; 3:21; 5:9-10; 20:4, 6; 22:3-5) como su actividad principal: ser el medio a través del cual el Dios de Israel es conocido y adorado, y ser los representantes de Dios y responsables del florecimiento y el bienestar de la creación de Dios (si bien el lenguaje en Génesis 1:28 parece demasiado de “dominación”, Jesucristo se convierte en el Nuevo Testamento, en especial en Pablo, en el modelo de la administración sabia y responsable sobre la creación). Es únicamente al cumplir con esta doble función que los seres humanos están siendo la imagen de Dios el creador, y por tanto cumpliendo su verdadera misión, su verdadera vocación. Si hay algo que podemos llamar “la visión bíblica” de la imagen de Dios, es esto.

* En los próximos días complementaremos qué implicancias tiene esta interpretación de la imagen de Dios con una serie de posteos por Peter Enns, también del portal BioLogos. Si quieren leer más del excelente material disponible en esa excelente página, pero no leen inglés, pueden revisar las traducciones del Centro Ciencia y Fe en la sección Documentos BioLogos  (muy recomendable).

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