Michael Hardin: Cómo leía su Biblia Jesús (parte 4 y final)

Detalle de “Cristo apareciendo a sus discípulos después de la resurrección”, de William Blake (c. 1803-5)

Cuarta parte y final de esta serie por Michael Hardin, autor del libro La vida impulsada por Jesús. Enlace original (en inglés) aquí. Disfruten.

Cómo leía su Biblia Jesús (parte 4)

por Michael Hardin

Si Dios habla a través de las Escrituras, y creo que Dios sí lo hace, ¿cómo debemos comprender a Dios hablando? Comienzo con varios criterios.

El primero es que en Jesús “habita corporalmente toda la plenitud de la Deidad” (Colosenses 2:9). Jesús es la figura que se revela el carácter del Padre (Hebreos 1:1-3, Juan 1:1-18, etc.)

El segundo es éste: Dios habla a través de vasos resquebrajados. El más grande de discurso/acción de Dios puede encontrarse en la cruz. Dios hizo su mejor trabajo en la cruz, reconciliando a la humanidad obstinada, ciega y rebelde al perdonar sus pecados.

La cruz es el mayor lugar de quebrantamiento de Dios. Es en este quebrantamiento que vemos con mayor claridad el afecto de Dios por la humanidad, un afecto o amor que recibe incluso malos juicios, tortura,  humillación y vergüenza, y todavía anuncia el perdón.

Pablo en 2 Corintios 4 dice que tenemos “este tesoro en vasos de barro”. Este tesoro es el evangelio (versículo 3). Si un vaso pudiera contener la luz, por ejemplo la luz del Evangelio, y fuera perfecto, entonces esa luz no se vería, ya que no tendría ningún lugar través del cual brillar. Si estuviera agrietado, entonces habría lugares para que la luz se filtrara y resplandeciera.

Para mí, la Escritura es como un vaso agrietado, es porque está agrietado que la luz es capaz de brillar. Si en nuestro resquebrajamiento Dios hace brillar su luz, en y a través de nosotros, ¿no podemos también afirmar lo mismo de los profetas y de los apóstoles? ¿No podemos decir que somos más parecidos a Dios, no cuando estamos completos sino cuando estamos resquebrajados? ¿No lo sugiere el Cuarto Evangelio (Juan) en su visión de la relación entre la “gloria” (dóxa) y la cruz?

En otras palabras, no necesitamos una teoría de la Escritura donde la Biblia deba ser perfecta para que Dios revele el ser de Dios.

Algunos pueden objetar y decir que si es así, ¿cómo distinguimos entre qué es “la palabra del hombre” y qué es “la Palabra de Dios?” Esto ya ha sido respondido al sugerir que la revelación viene a través de la voz de la víctima que perdona.

Es el Crucificado el que nos habla la palabra eterna: shalom. El perdón anunciado por Jesús en la cruz no es diferente del “shalom” anunciado por el Jesús Resucitado. Son las dos caras de una moneda. Dios está en paz con la humanidad.

Por esta razón, no veo la cruz como la evacuación de todos los conceptos de la ira divina, existencial y escatológica. No hubo ira de Dios derramada sobre Jesús en la cruz; la ira es estrictamente nuestra. Tampoco existe una ira escatológica, como si Dios se hubiera aliviado sólo en parte en la cruz, pero que luego se asegurará de dar rienda suelta a la ira santa en el Final.

La cruz es la muerte de todos nuestros conceptos de Dios, y nosotros los seres humanos somos los que, a través de la justificación de los chivos expiatorios, creemos que Dios es uno con nosotros cuando victimizamos. Después de todo, “Dios” victimizó a muchas personas y grupos de personas en el Antiguo Testamento.

Esta manera sacrificial de pensar es acabada por el anti-sacrificio de Jesús. La sangre de Jesús cubre nuestros pecados, no a través de alguna transacción divina, sino cuando levantamos nuestras manos manchadas de sangre y escuchamos la voz divina: “Están perdonados, todos y cada uno de ustedes, todos ustedes”. Sigue leyendo

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Michael Hardin: Cómo leía su Biblia Jesús (parte 3)

Juan el Bautista enviando a sus discipulos a Cristo (c.1240-1310). Mosaico en el domo del Battistero di San Giovanni, Florencia, Italia.

Continuamos con la tercera parte de esta serie de Michael Hardin, autor del libro La vida impulsada por Jesús y co-fundador de Preaching Peace (Predicando Paz), una organización cuyo lema, muy relacionado con este posteo, es “Educando a la Iglesia en la visión de paz de Jesús”. Enlace original (en inglés) aquí. Disfruten.

Cómo leía su Biblia Jesús (parte 3)

por Michael Hardin

Terminamos el último mensaje diciendo:

Nada molesta más a algunas personas que perder un Dios iracundo, enojado, retributivo y castigador. Esto es sólo porque queremos creer que Dios toma partido, y que ese partido es inevitablemente el nuestro.

Gran parte de la enseñanza de Jesús subvierte esta forma sacrificial de pensar.

Un ejemplo es la parábola del fariseo y el publicano en Lucas 18:9-14, ¡donde lo que cuenta como justicia está completa y totalmente patas arriba!

Si, como sostuve en mi último posteo, Jesús comienza su ministerio preguntando cómo sería un Dios sin el castigo divino (Lucas 4), y si él actúa de esta manera en su ministerio y si interpreta la Biblia para decir esas cosas, surge la pregunta:

  • ¿No deberíamos también seguir a Jesús en interpretar nuestra Biblia de la misma manera?
  • ¿Es la interpretación bíblica también una parte del discipulado?
  • ¿Seguir a Jesús incluye algo más que vivir una vida virtuosa?
  • ¿Podría también tener que ver con ayudar a la gente a cambiar la forma en que se imaginan a Dios?

Tal fue el caso de Jesús, quien constantemente llamó a la gente a “cambiar su forma de pensar”. Esto es lo significa el arrepentimiento, cambiar la forma de pensar sobre las cosas (en griego, metanoia). Cuando cambiamos nuestra forma de ver y entender el carácter de Dios, todo lo demás cambia y nos volvemos (en hebreo, shuv) al Dios vivo y verdadero.

Podemos ver a Jesús haciendo lo mismo en Lucas 7:18-23 cuando responde a los seguidores de Juan el Bautista. Herodes había encarcelado al Bautista por su predicación contra la familia de Herodes. Juan no quería morir sin saber si Jesús era el que había de venir.

Ahora bien, ¿qué pudo haber creado esta duda en la mente de Juan? La respuesta está en la respuesta de Jesús a los discípulos de Juan: “Id, haced saber a Juan lo que habéis visto y oído”, dice Jesús, y luego sigue una lista de los milagros. ¿Está Jesús diciendo: “Díganle a Juan que han visto a un hacedor de milagros y que Dios está haciendo grandes cosas a través mío?”

¿Acaso Juan no sabe ya estas cosas sobre Jesús? Seguramente sí. Los sanadores eran algo raro pero no infrecuente en la época de Jesús. ¿Qué está diciendo realmente Jesús?

Lucas 7:22 y ss. es una selección de textos, sobre todo de Isaías, pero que incluye también los milagros de Elías y Eliseo (ciegos: Isaías 61:1-2, 29:18, 35:5; cojos: 35:6; sordos: 29:18, 35:5; pobres: 29:19; muertos/leprosos: 1 Reyes 17:17-24 y 2 Reyes 5:1-27).

Todos los textos de Isaías incluyen una referencia a la venganza de Dios, ninguna de las cuales cita Jesús. Como en Lucas 4, lo que está en juego es la violencia retributiva de Dios, que era un aspecto importante de la proclamación de Juan (Lucas 3:7-9).

Juan, como los profetas anteriores a él, creía que Dios iba a traer una ira apocalíptica. En ninguna parte de la predicación de Jesús encontramos algo así, y esto es lo que confundió a Juan, al igual que confundió a los oyentes en la sinagoga de Jesús.

Jesús le dice a Juan implícitamente, a través de su mensaje a los seguidores de Juan, que la ira de Dios no es parte de su mensaje, más bien lo son las curaciones y las buenas noticias. Es decir, ¡Jesús estaba invitando a Juan a leer Isaías como él lo hacía!

Lo último que Jesús le dice a los discípulos de Juan el Bautista es “bienaventurado el que no se escandaliza por causa mía”. ¿Qué podía causar este escándalo? ¿Qué había dicho y hecho Jesús que haría que las personas tropezaran con su mensaje? Las pistas están aquí, en Lucas 4 y 7.

Jesús no incluyó como parte de su mensaje la idea de que Dios derramaría su ira sobre los enemigos de Israel con el fin de salvar a Israel. La violencia no es parte de la “economía divina” de Jesús.

Es triste decirlo, pero la mayoría de los cristianos siguen pensando más como Juan el Bautista que como Jesús.

Los cristianos han vivido mucho tiempo con un Dios castigador.

  • Decimos que Dios es perfecto y por lo tanto tiene el derecho de castigar a los que él considere conveniente.
  • Decimos que Dios traerá su justa ira sobre todos los que rechazan a Dios.
  • Decimos que Dios puede hacer lo que quiera, porque Dios es Dios.

Toda esta lógica es ajena a la enseñanza del evangelio de Jesús sobre el carácter de su Abba celestial.

Jesús no parte de una noción abstracta de Dios o de la metafísica platónica, sino con el Dios Creador a quien conoce como amoroso, amparador y preocupado por todas las personas, independientemente de su condición moral, su política, su origen étnico o su condición social o económica. Dios cuida de todos por igual.

Al eliminar el castigo divino de la obra y el carácter de Dios, Jesús, por primera vez en la historia humana, abrió un nuevo camino, un camino que nos invita a recorrer también.

Lamentablemente, pocos han encontrado este camino y la historia de la iglesia está llena de cientos, incluso miles de ejemplos de un dios con la cara de Jano, un dios que es misericordioso y colérico, amoroso y castigador. Algunos han dicho que tenemos que mantener unidos estos dos lados.

Jesús no lo hizo, y tampoco debemos hacerlo nosotros. Ya es hora de que sigamos a Jesús en reconsiderar cómo es una divinidad sin justicia retributiva.


Otras partes de esta serie:

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Michael Hardin: Cómo leía su Biblia Jesús (parte 2)

Seguimos con esta serie del autor y orador estadounidense Michael Hardin (para una presentación más completa de él, ver esta entrevista). En el posteo anterior, Hardin introdujo el incidente en la sinagoga en Nazaret en Lucas 4; en este continúa analizando la forma en que Jesus cita el texto de Isaías y por qué eso provocó la reacción airada de quienes lo escuchaban. Debo decir que antes de oír y leer a este autor, siempre asumí la interpretación tradicional (que lo que enojó a los judíos fue que Jesús estaba diciendo que él era el Mesías), pero el argumento de Hardin va mucho más allá, hasta la interpretación de la doctrina de Dios y de la violencia de Dios, de una manera que resulta muy estimulante para la reflexión.

Para un análisis más detallado y los argumentos completos, ver el libro La vida impulsada por Jesús. (También, para una interesante “versión moderna” del incidente en la sinagoga, ver “Alboroto en Nazaret por el hijo de José” en Periodista Digital). Enlace original (en inglés) aquí. Disfruten.

Cómo leía su Biblia Jesús (parte 2)

por Michael Hardin

Cuando yo enseño sobre Lucas 4, señalo que Isaías 61:1-2 era uno de los pasajes más populares en el judaísmo. Es citado en los Manuscritos del Mar Muerto y otros escritos, así como en la literatura rabínica. ¿Alguna vez han visto uno de esos letreros que dicen “Juan 3:16”? En la época de Jesús ése letrero habría dicho “Isaías 61:1-2”.

Lo que lo hacía tan importante era que se trataba de un pasaje típico para el Año del Jubileo. Era un texto que expresaba la esperanza de Israel, de liberación no sólo de la opresión espiritual, sino también de la opresión política y económica. La visión de Isaías era de shalom, de plenitud de todo en la vida.

La primera cosa a notar es que Jesús no cita el texto entero, sino que elimina una línea muy importante: “y el día de la venganza de nuestro Dios”. La pregunta es: ¿por qué hizo esto?

Algunos sugieren que ahora es el tiempo de la gracia, así que Jesús no cita el texto acerca de la venganza de Dios porque esta vendrá más adelante, al final de los tiempos. Pero en ningún otro lugar Jesús parece citar el texto bíblico de esta manera, y nunca parece dividir la obra de Dios en dispensaciones o períodos de tiempo. Algo más está pasando aquí.

En segundo lugar, está el problema de traducción que surge en Lucas 4:22. La mayoría de las traducciones indican que la multitud estaba satisfecha con Jesús. Estos mismos oyentes de la sinagoga después comentan: “¿No es éste el hijo de José?”

La entonación que se supone debemos usar sería algo así como: “¡Qué buen sermón y qué buen predicador ha resultado ser Jesús, su padre estaría muy orgulloso!” Pero, ¿es este el caso?

El texto griego es bastante sencillo y varias versiones tradicionales lo traducen adecuadamente como “todos daban testimonio de él”. Este testimonio no es ni positivo ni negativo. ¿Por qué entonces los traductores dicen “todos hablaban bien de él”?

Los traductores tienen que hacer lo que se conoce como una decisión sintáctica, tienen que decidir si el “dar testimonio” es negativo o positivo. Técnicamente hablando, tienen que decidir si el pronombre dativo, “de él”, es un dativo de desventaja o un dativo de ventaja: ¿la multitud daba testimonio a su favor o en su contra?

Si es el primer caso, entonces la entonación que dimos antes a la frase “¿no es éste el hijo de José?” tendría sentido, y a continuación Jesús se pondría sarcástico sin ninguna razón; pero si es el segundo caso, entonces también podríamos traducir este texto como “y todos hablaban mal de su sermón”, es decir, que no les gustó lo que dijo.

De forma que la entonación de la frase “¿no es éste el hijo de José?” debería ser traducida algo así como: “¿Quién se cree Jesús que es entrando en nuestra la sinagoga y diciendo esas cosas?” Con esta traducción alternativa y preferible del versículo 23, Jesús no está siendo sarcástico sino que está respondiendo a la negatividad de los oyentes.

Un tercer punto a destacar se refiere a los dos ejemplos que Jesús cita, de dos de los más grandes profetas de Israel, Elías y Eliseo. En ambos casos Jesús señala que Dios trabajó no dentro de los límites de Israel sino fuera del pueblo elegido cuando envió a estos profetas a alimentar y sanar.

¿Cuál es la conexión entre lo que estos profetas hicieron y lo que Jesús dijo cuando citó el texto de Isaías, y por qué la gente se enojó tanto con él como para querer matarlo?

Hemos señalado que cuando Jesús citó el texto de Isaías no citó la frase “y el día de la venganza de nuestro Dios”. Si, en la opinión popular, parte de la promesa del jubileo era que Dios iba a liberar a Israel de sus opresores, y si esa expectativa era que Dios iba a castigar a sus opresores, entonces la frase “y el día de venganza de nuestro Dios” sería un aspecto de la ansiada y esperada liberación con la que los enemigos de Israel serían derribados.

La liberación política era considerada un aspecto de la ira de Dios sobre los enemigos de Israel. Al eliminar esta línea, Jesús también eliminó la posibilidad de que el jubileo incluyera la ira de Dios sobre todos los que oprimían a Israel. Sus palabras eran de hecho “palabras de gracia”.

La cita de los dos ejemplos de Elías y Eliseo justifica la exclusión por parte de Jesús de este dicho de venganza, porque ambos profetas habían realizado sus milagros de curación entre extranjeros, a los que (en la religiosidad popular) se suponía que Dios odiaba.

En resumen, Jesús les estaba diciendo a sus oyentes de la sinagoga:

“El Jubileo está aquí, no sólo para ustedes sino también para aquellos que ustedes odian; de hecho, Dios también se dirige a sus opresores con este mensaje de jubileo, liberación y salvación. Dios se convertirá en el Dios de ellos, y por lo tanto todos ustedes serán una familia”.

Ahora podemos empezar a entender por qué se enojaron tanto con él.

Pero hay una implicación adicional que puede extraerse de esto. Mediante la eliminación de la frase relativa a la venganza de Dios, Jesús eliminó la noción de violencia retributiva de la doctrina de Dios.

En efecto, él está diciendo que Dios no es como pensamos: amoroso con nosotros y enojado con los que odiamos. Hay una pegatina con una frase que capta este problema. Dice: “¿No es conveniente que Dios odie justo a la misma gente que tú?”

Al igual que los galileos, también nosotros tenemos la tendencia de querer creer que Dios está de nuestro lado y que juzgará “al otro” que está en nuestra contra o es diferente a nosotros. Tal no era el caso con Jesús. El observó que Dios no hace distinciones entre los justos y los malos, entre opresores y oprimidos: ambos necesitan la liberación y la bendición de Dios. ¿No dice él: “Dios hace salir su sol sobre malos y buenos, y hace llover sobre justos e injustos” (Mateo 5:45)?

Este es quizás el punto más importante que trato de hacer en mi libro La vida impulsada por Jesús, que, como Jesús, es esencial para que podamos comenzar a replantearnos la forma de entender la “ira” o violencia retributiva de Dios.

Sugerir que Dios no es violento o mejor aún, que Dios no interviene en el ciclo de venganza y castigo retributivo sin duda le parecerá a muchos algo equivocado. Algunos de lo que hayan leído hasta aquí sin duda estarán dispuestos a expulsarme del pueblo. Si usted se siente así, ¿cuál es la diferencia entre como se siente usted y como se sintieron los oyentes de Jesús el día que él predicó en la sinagoga de su pueblo?

Nada molesta más a algunas personas que perder a un Dios iracundo, enojado, retributivo y castigador. Esto es sólo porque queremos creer que Dios toma partido, y que ese partido es inevitablemente el nuestro.


En la entrada de mañana, Hardin explorará algunas implicancias del eliminar la noción de violencia retributiva de la doctrina de Dios. Quedan tod@s invitad@s.

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Michael Hardin: Cómo leía su Biblia Jesús (parte 1.2)

jesussinagoga

Enlace original aquí.

Cómo leía su Biblia Jesús (parte 1.2)

por Michael Hardin

Los protestantes con frecuencia argumentan que, como Jesús citó la Biblia judía, eso significa que él aceptaba su autoridad en su conjunto. Cuando hacen esto están introduciendo al pasado una visión moderna de la autoridad de la Escritura o el canon.

El hecho es que había muchos y variados puntos de vista de la autoridad de los escritos bíblicos, y no todos los grupos de la época de Jesús tenían la misma visión de la autoridad bíblica. También es cierto que la forma en que Jesús y los escritores del Nuevo Testamento citan e interpretan la Escritura sigue ciertos patrones de su cultura.

Los grupos de la época de Jesús tenían normas o directrices para la interpretación del texto bíblico. La pregunta clave para nosotros (y una que rara vez se plantea) es la siguiente: ¿tuvo Jesús un modo de usar su Biblia que fuera diferente de los que lo rodeaban? Yo digo que sí.

El texto clave para explorar en esta sección está en el sermón inaugural de Jesús en su sinagoga de Nazaret, que se encuentra en el Evangelio de Lucas (4:16-30).

Para ser justos, muchos eruditos críticos ven la mano del editor del Evangelio en este texto, señalando que muchas frases son típicas de Lucas. Sin embargo, sospecho que hay una historia auténtica que subyace a este texto por cuanto el primer sermón de Jesús casi hace que lo mataran.

También hay una gran congruencia con la forma en que Jesús interpreta la Escritura en este texto y su manera de entender la teología y la ética que encontramos en sus enseñanzas, por ejemplo, en el Sermón de la Llanura (Lucas 6).

Escena de "Jesús de Nazaret" (1977).

Escena de “Jesús de Nazaret” (1977).

En Lucas 4, Jesús vuelve a Nazaret después de haber sido bautizado y luego probado en el desierto. Entra en la sinagoga y se le pide que lea la Escritura.

En la época de Jesús esto podía ser de dos modos: primero, como lector (vocalizador) del texto hebreo, que los galileos no habrían entendido. Sería como que alguien leyera el Nuevo Testamento en griego en la iglesia de hoy.

Segundo, como traductor/intérprete, conocido como targumista. Esta persona no leía un pergamino sino que recitaba de memoria una traducción “estándar” en arameo (un tárgum), que era la lengua semítica común en Palestina. Lucas no es claro sobre qué rol adoptó Jesús, quizá fusionando ambas funciones en una sola. Sin embargo, en Lucas, Jesús toma el libro y lee de Isaías:

“El Espíritu del Señor está sobre mí, Por cuanto me ha ungido para dar buenas nuevas a los pobres; me ha enviado a sanar a los quebrantados de corazón; a pregonar libertad a los cautivos, y vista a los ciegos; a poner en libertad a los oprimidos; a predicar el año agradable del Señor”.

Después de esto enrolla el pergamino, lo entrega al asistente quien lo guarda, y luego Jesús se sienta. El sermón fue corto y dulce. Él dice: “Hoy se ha cumplido esta Escritura delante de vosotros”.

Ahora lo que sigue es extraño, porque al principio parece que los oyentes están muy contentos con lo que dijo Jesús. Pero él les replica con cierto sarcasmo y luego cita dos ejemplos (Elías y Eliseo) para justificar su sarcasmo. Es en este punto que la gente quiere acabar con él y matarlo arrojándolo por un precipicio.

Esto no tiene mucho sentido. Algunos intérpretes dicen que lo que puso a Jesús en problemas fue una especie de afirmación “divina”: que Dios lo había ungido para ser especial. ¿Pero es ése el caso?

En mi próximo posteo, con el fin de ver lo que está pasando aquí en Lucas 4, notaremos tres aspectos críticos pero interrelacionados de este episodio. En primer lugar, tomaremos nota de la manera en que Jesús cita el libro de Isaías en comparación con lo que realmente aparece en Isaías. En segundo lugar, veremos el problema de traducción del versículo 22. En tercer lugar, veremos por qué Jesús usa estos ejemplos específicos de Elías y Eliseo [4:25-27].


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Michael Hardin: Cómo leía su Biblia Jesús (parte 1.1)

Estudio Bíblico

Como mencionamos en un post anterior, Hardin es un autor y orador que vale la pena conocer y aprovechar, así que este post y los siguientes van muy recomendados. Artículo publicado originalmente en el blog de Peter Enns; enlace original (en inglés) aquí. Disfruten.

Cómo leía su Biblia Jesús (parte 1.1)

por Michael Hardin

michael-hardinDe los teólogos modernos hemos aprendido que lo que uno dice sobre la Escritura y cómo uno la utiliza pueden ser dos cosas diferentes, y que cómo se utiliza la Escritura es la verdadera indicación de lo que uno cree sobre ella.

Me doy cuenta, por ejemplo, que muchos predicadores usan las Escrituras como un trampolín: la citan y después saltan en una piscina de ideas, dejando el texto bíblico atrás. Lo que dicen puede ser bueno, verdadero, o incluso relevante, pero tiene poca o ninguna relación con el pasaje en discusión.

Otros predicadores que he escuchado tratan las Escrituras como si estuvieran diseccionando una rana en una clase de ciencias de séptimo grado. Se dan cuenta con alguna repugnancia de cosas que no les gustan, y pueden ser bastante críticos en el proceso de averiguar qué es lo que hay frente a ellos.

Algunos tienen un alto concepto de las Escrituras, por lo que quieren decir que las Escrituras son la Palabra de Dios, inspirada y sin error; sin embargo, la forma en que la usan delata que en realidad no se la toman muy en serio. Esas personas ignoran el contexto, y un texto sin contexto es un pretexto, o como dice mi amigo australiano Jarrod McKenna, “un texto sin contexto es un engaño”.

Estas personas tienen un enfoque de la Biblia como de canción de jardín de niños: un versículo por acá, un versículo por allá, un versículo por acullá. La predicación fundamentalista contemporánea es así; una serie de versículos en cadena donde todos dicen lo que sea que el predicador esté tratando de decir.

Eso hace que la Biblia sea plana, y se puede hacer todo tipo de cosas extrañas con una Biblia plana. Es como plastilina. Una lectura plana de la Biblia es como una película muda en blanco y negro comparada con una pantalla de televisión de alta definición con calidad Blu-Ray y sonido envolvente en 4D. ¿Qué preferiría usted? ¿Una delgada capa de mantequilla en un pan tostado frío o un buen banquete?

Hay una manera de leer la Biblia que es dadora de vida, reflexiva y gozosa. La forma en que se implementa la Escritura dice mucho más que lo que se cree sobre ella. Creer que algo es verdad acerca de la Biblia no significa que sea verdad, no importa cuántos lo hayan dicho.

Lo que cuenta, en definitiva, es la manera que la Biblia se interprete en tu vida, es decir, cómo tu vida es la interpretación viva de la Biblia.


En el posteo de mañana, Hardin revisará la forma en que la Biblia era leída en el judaismo c. del siglo I d.C.

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Tradicionalista, aniquilacionista, universalista (parte 3 y final)

Históricamente en el cristianismo ha habido tres opiniones distintas acerca del infierno: la visión tradicional del infierno como castigo consciente eterno, el aniquilacionismo o inmortalidad condicional, que dice que los no salvos dejarán de existir; y el universalismo cristiano o restauración universal, que dice que, eventualmente, todas las personas serán salvas y unidas con Dios a través de Cristo.

En esta serie, tres teólogos (un tradicionalista, un aniquilacionista y un universalista) nos cuentan por qué no comparten el punto de vista de los otros dos acerca del infierno, el castigo y la salvación. En esta entrega, un universalista  nos dice por qué no cree en el aniquilacionismo. Enlace original (en inglés) aquí. Disfruten.

Por qué no soy un aniquilacionista

por Robin Parry, editor para Wipf & Stock Publishers

Yo solía ser un aniquilacionista. Siempre he tenido, y mantengo, mucha simpatía por el aniquilacionismo y los que lo defienden. Sin embargo, en mi estudio y reflexión en los años posteriores, he abandonado mi aniquilacionismo. Aquí hay algunas razones:

# 1. El universalismo es más bíblico.

Me he convencido de que la teo-lógica de toda la historia bíblica, que va desde la creación a la nueva creación, se entiende mejor en términos de salvación universal que aniquilación.

Dios creó todas las cosas para un buen fin, no para el infierno. Mientras que la caída tuvo consecuencias cósmicas, Cristo vino a deshacer todos sus malos resultados. Abrazó nuestra naturaleza humana y se presentó como el representante de todos los seres humanos. Después, murió por todos y fue resucitado para todos.

En él, Dios estaba reconciliando al mundo consigo mismo. En este momento el Espíritu está en acción llevando a la gente a la vida en Cristo, y un día Dios traerá todas las cosas a la unidad bajo Cristo, y Dios será todo en todos.

Todas las cosas son de Dios, por Dios, a través de Dios, para Dios. (Ver Gregory MacDonald, The Evangelical Universalist para mis argumentos completos, incluyendo una discusión sobre el lugar del juicio divino después de la muerte).

Creo que es evidente que si uno cree que Dios finalmente salvará a todas las personas, nadie será aniquilado. Por lo tanto, el caso a favor del universalismo es necesariamente un caso en contra del aniquilacionismo.

# 2. Puede socavar el amor de Dios.

Creo que la aniquilación nos empuja en la incómoda dirección de sacrificar o el amor de Dios o la victoria final de Dios. Empecemos con el amor. Los cristianos afirman que “Dios es amor” en su esencia misma. La lógica es simple: si Dios es amor, entonces la disposición de Dios hacia sus criaturas es amorosa. Amar a alguien es querer lo mejor para ellos. Así que si Dios es amor, Dios desea lo mejor para sus criaturas. ¿Y qué es eso? La unión con Dios en Cristo.

Ahora algunos cristianos creen que Dios es capaz de lograr que todas las personas acepten libremente el Evangelio y estén unidos a Cristo. Yo estoy entre ellos. Pero si esto es cierto y si Dios es amor, entonces, al final, todas las personas serán salvas.

Sin embargo, la mayoría de los que creen que Dios puede salvar a todos sin violar su libertad, creen que no lo hará. ¿Por qué? Porque Dios es libre de elegir redimir o no redimir a sus criaturas, amarlos o no amarlos.

Y, dicen, Dios no ama a todas sus criaturas (al menos no “totalmente”), sólo a algunos de ellos (es decir, los elegidos). Los otros son enviados al infierno, ya sea que conduzca a tormento eterno o a aniquilación. Todavía tengo que escuchar ninguna explicación remotamente plausible de cómo esto es compatible con la afirmación de que Dios es amor.

# 3. Puede socavar la victoria final de Dios.

Podemos salvar el amor divino al mismo tiempo que conservar el infierno, pero sólo poniendo en riesgo la victoria escatológica de Dios. Permítanme explicar. Algunos rechazan la idea de que Dios puede lograr que todas las personas abracen libremente el Evangelio. Ellos argumentan que Dios nos da la libertad para relegarnos al olvido a nosotros mismos. Él nos ama y no desea eso, pero lo permite.

Sin embargo, si la destrucción escatológica es algo que Dios permite a regañadientes a las criaturas infligirse a sí mismas, entonces eso representa el fallo permanente por parte de Dios para llevar a cabo sus propósitos en todas las criaturas. Él trató de detenerlas antes de que fuera demasiado tarde, pero se deslizaron a través de sus dedos como arena.

Si, por el contrario, es algo que Dios inflige de forma activa sobre criaturas pecadoras, entonces representa el abandono permanente por parte de Dios de sus propósitos para tales criaturas. Dios trató de atraer a más de ellas (algo no muy difícil en algunos casos), pero ellas frustraron sus intentos, por lo que dejó de intentar y las eliminó de la existencia.

De cualquier manera, Dios ha fallado en llevar a una parte significativa de su creación al destino que pretendía. En lugar de eso, se queda con el premio de consuelo. Es simplemente inconcebible para mí que Dios pueda fallar de manera tan catastrófica.

Resulta algo parecido el doble discurso orwelliano llamar al final de esta narrativa el triunfo de Dios sobre el pecado. El problema es que esta noción de victoria divina es teóricamente compatible con un estado en el que todo agente humano en la creación elige libremente la extinción.

Los ángeles verían un universo en llamas, en el que ninguno de aquellos por quien Cristo murió ha sido salvado, en el que ninguna de las intenciones de Dios para la creación se realizó, y dirían: “¡He aquí el triunfo de Dios sobre el pecado!” En mi opinión, para todo mundo parecería el triunfo del pecado y de Satanás sobre los propósitos de Dios.

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Tradicionalista, aniquilacionista, universalista (parte 2)

Históricamente en el cristianismo ha habido tres opiniones distintas acerca del infierno: la visión tradicional del infierno como castigo consciente eterno, el aniquilacionismo o inmortalidad condicional, que dice que los no salvos dejarán de existir; y el universalismo cristiano o restauración universal, que dice que, eventualmente, todas las personas serán salvas y unidas con Dios a través de Cristo.

En esta serie, tres teólogos (un tradicionalista, un aniquilacionista y un universalista) nos cuentan por qué no comparten el punto de vista de los otros dos acerca del infierno, el castigo y la salvación. En esta entrega, un aniquilacionista nos dice por qué no cree en el castigo eterno en el infierno. Enlace original (en inglés) aquí. Disfruten.

Por qué no soy un tradicionalista

por Chris Date, administrador y colaborador para el proyecto Rethinking Hell.

Me gustaría ser un tradicionalista. Lo fui una vez, antes de emprender un examen cuidadoso de las enseñanzas de la Biblia sobre el infierno, y la ignorancia era la felicidad. Como evangélico conservador, el punto de vista que tengo ahora a menudo hace la vida difícil.

Pero mi compromiso con la autoridad, la fiabilidad y la claridad de la Escritura me arrastró, a regañadientes, al aniquilacionismo. La Biblia es la razón por la que no soy un tradicionalista.

# 1. La Biblia dice que la inmortalidad es un regalo, condicionado a la salvación.

La mayoría de los cristianos desde Agustín han creído que los que mueren en la incredulidad, en última instancia, serán resucitados inmortales para vivir por siempre en tormento. La Biblia, sin embargo, enseña que Dios concederá la inmortalidad sólo a los salvos.

Dios expulsó a Adán y Eva del jardín para que, a falta de acceso al árbol de la vida, ellos no “vivan para siempre” (Génesis 3:22-23). En la otra punta de la Biblia, el acceso al árbol de la vida es restaurado… para los habitantes de la Nueva Jerusalén (Apocalipsis 22:2). Los perdidos son levantados para juicio, no vida (Juan 5:29). Sólo aquellos que están en Cristo serán resucitados incapaces de morir (Lucas 20:35-36); sólo aquellos que son hechos capaces de “heredar el reino de Dios” serán hechos inmortales (1 Corintios 15:50, 53).

# 2. La Biblia dice que Jesús murió en lugar de los pecadores.

Todos los puntos de vista ortodoxos de la expiación incluyen el elemento de la sustitución: Jesús tomó el lugar de los pecadores y sufrió lo que, de lo contrario, ellos hubieran sufrido. Es lógico, entonces, que los que se niegan su don enfrenten ese destino en sí mismos. La Biblia dice que ese destino era la muerte.

Pablo dice que lo más importante para el evangelio es que Cristo murió por los pecados de los impíos (Romanos 5:6; 1 Corintios 15:1-3). Si eso no fuera suficientemente claro, se dice en otro lugar que su muerte fue una muerte física (1 Pedro 3:18; Hebreos 10:10). Si al morir Jesús tomó nuestro lugar, ¿cómo se puede decir que la pena por no creer es la vida eterna en el infierno?

# 3. La Biblia dice que los perdidos morirán y serán destruidos.

Jesús fue entregado al mundo, no para que aquel que no cree escape del tormento eterno, sino para que “no se pierda” (Juan 3:16). “Porque la paga del pecado es muerte”, no vivir por siempre en tormento (Romanos 6:23).

Jesús nos dice que temamos al Dios que “puede destruir el alma y el cuerpo en el infierno” (Mateo 10:28). Pedro dice que la destrucción de Sodoma y Gomorra por el fuego es “un ejemplo de lo que va a pasar a los impíos” (2 Pedro 2:6).

# 4. La Biblia no dice que los perdidos van a sufrir para siempre.

Si un solo versículo enseñara claramente que los perdidos vivirán y sufrirán para siempre en el infierno, yo interpretaría todos los otros versículos a esa luz. Pero no existe tal versículo.

El fuego que no se apaga y los gusanos que no mueren no atormentan para siempre, ellos de manera irresistible consumen “cadáveres” (Isaías 66:24; cf. Marcos 9:48); el fuego inextinguible y los carroñeros imparables devoran por completo (Ezequiel 20:47-48; Jeremías 17:27; Deuteronomio 28:26; Jeremías 7:33).

A Daniel se le dice que sólo a los justos se concederá la vida eterna (Daniel 12:2), la misma promesa hecha por Jesús, cuya amenaza de “castigo eterno”, por lo tanto, debe referirse a la pena de muerte eterna (Mateo 25:46).

Pablo confirma que este castigo consistirá en “destrucción eterna” (2 Tesalonicenses 1:9); “castigo eterno” y “destrucción eterna” no implican ninguna actividad que continúe hacia adelante, más que “salvación eterna” y “redención eterna” implica salvación o redención que continúe hacia adelante (Hebreos 5:9; 9:12). Juan y Dios interpretan la imagen de un lago de fuego como simbolizando la “segunda muerte” en la realidad (Apocalipsis 20:10, 14; 21:8).

* * *

La doctrina de Sola Scriptura (del latín, “la Escritura por sí sola”) no significa que soy libre de interpretar la Biblia de una manera que nadie ha hecho antes. Pero esta visión bíblica del infierno y la inmortalidad estaba viva y coleando en los primeros siglos de la historia cristiana.

Así que ¿por qué no soy un tradicionalista? Porque al igual que algunos de los primeros cristianos, estoy convencido de que la Biblia dice que Dios dará la inmortalidad sólo a los salvos, que Jesús murió en lugar de los pecadores, que los que se pierdan serán destruidos, y porque en ninguna parte dice lo contrario.

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Tradicionalista, aniquilacionista, universalista (parte 1)

Detalle de escena del infierno de Coppo di Marcovaldo (1265-70), en el Baptisterio, Florencia, Italia.

En el documental Hellbound? vimos que históricamente ha habido tres opiniones distintas acerca del infierno: la visión tradicional del infierno como castigo consciente eterno; el aniquilacionismo o inmortalidad condicional, que dice que los no salvos dejarán de existir; y el universalismo cristiano o restauración universal, que dice que, al final (y esto puede ser incluso después de un tiempo en el infierno), todas las personas serán salvas y unidas con Dios a través de Cristo.

En este y en los próximos dos posteos, tres teólogos (un tradicionalista, un aniquilacionista y un universalista) nos contarán por qué razones no comparten el punto de vista de uno de los otros dos acerca del infierno, el castigo y la salvación (en esta entrega es el tradicionalista contra el universalismo). Enlace original (en inglés) aquí. Disfruten.

Por qué no soy un universalista

por Oliver D. Crisp, profesor de Teología Sistemática en el Seminario Teológico Fuller, EE.UU.

oliver-crisp-320x320Lo primero que debo decir es lo siguiente: Me gustaría ser un universalista. Es decir, me gustaría creer que Dios salvará a todos. Simplemente no estoy convencido de tener una justificación de ese punto de vista en la Biblia o en la voz preponderante de la tradición cristiana.

Tal vez, como varios teólogos históricos y modernos, tendré que conformarme con ser optimista sobre el alcance de la salvación, aunque no puedo decir que todos finalmente se salvarán. Ciertamente me parece que hay dos tipos de datos sobre esto en las Escrituras.

# 1. La Escritura sugiere que algunos serán reconciliados y otros no.

El primero sugiere que (a) el número de los finalmente reconciliados con Dios es menor que el número total de sereshumanos, y (b) los que no son reconciliados con Dios sufren una vida futura separados de las bondades que acompañan la vida con Dios (por ejemplo, la visión beatífica).

Esto es considerado tradicionalmente la enseñanza de Mateo 25, por ejemplo, donde Cristo habla de la separación final de las “ovejas” y las “cabras”. Después hay pasajes que sugieren que el ámbito de la gracia divina es tal que todo será finalmente reconciliado con Dios —por ejemplo, en Colosenses 1:15-23, con su lenguaje de Cristo reconciliando consigo mismo “todas las cosas [tà pánta], ya sea en la tierra o en el cielo, haciendo la paz por la sangre de su cruz”.

Mucho depende de cual dato “controla” al otro, si los pasajes que suenan particularistas controlan a los que suenan universalistas, o viceversa. Tradicionalmente, son los pasajes que son particularistas la lente a través del cual se analizan los lugares que suenan más universalistas en la Escritura. Aunque ha habido una minoría en la tradición cristiana que no mira las cosas de esta manera, que considera a los pasajes que suenan universalistas como más fundamentales.

No todos estos puntos de vista han sido considerados poco ortodoxos, por ejemplo, Gregorio de Nisa, y la política involucrada en volver anatema la versión particular del universalismo propugnada por algunos de los seguidores de Orígenes (apokatástasis) es compleja, como estudios recientes han demostrado.

# 2. Los pensadores cristianos del pasado no han sido universalistas.

Sin embargo, la gran mayoría de los pensadores y confesiones cristianas profesan alguna versión del particularismo, es decir, la afirmación de que el número de los seres humanos que son salvos es menor que el número total. El hecho de que una opinión sea la tradicional no la hace automáticamente la correcta, por supuesto. La esclavitud tiene una larga historia, pero eso no significa que sea moralmente defendible.

Sin embargo, el hecho de que tantos grandes pensadores y confesiones cristianas han tenido este punto de vista no es insignificante, especialmente para aquellos cristianos para los que la tradición tiene algo de peso como autoridad, incluso si se trata de una autoridad subordinada o derivada.

# 3. La teología universalista no muestra la justicia y la misericordia de Dios.

A veces se sugiere que se necesita al infierno para que el pecado tenga seriedad moral. Si alguien como Hitler muere impenitente y su pecado no es castigado en el infierno, entonces ¿dónde está la justicia? ¿No trivializa esto al pecado, haciéndolo moralmente sin peso?

Pero el pecado ha sido tratado de una manera sumamente grave en lo moral: por Dios en la vida y la obra de Cristo, culminando en la cruz. Cristo ha sufrido el castigo por el pecado.

Este no parece ser un argumento particularmente fuerte a favor del particularismo. Tal vez pueda mejorarse con la opinión de que Dios crea un mundo en que la amplia variedad de sus atributos son mostrados en la creación, reivindicando sus propósitos ante sus criaturas. Entonces, la obra de Cristo muestra su gracia y misericordia, y aquellos cuya rebelión continúa hasta la tumba son contados entre aquellos que muestran la justicia y el castigo de Dios. Ambos lados de su naturaleza moral son así mostrados en la creación, reivindicando sus propósitos para el mundo que él ha creado.

* * *

Así que, ¿por qué no soy un universalista? En primer lugar, y fundamentalmente, porque no me es claro que tenga una justificación bíblica para ese punto de vista. En segundo lugar, debido a que la gran mayoría de los pensadores cristianos en el pasado no han sido universalistas, y han entendido el testimonio bíblico de una manera particularista. Parecería extraño que Dios permitiera a la Iglesia persistir en una visión tan equivocada del alcance de la salvación durante tanto tiempo. Y en tercer lugar, porque creo que hay razones para pensar que el propósito de Dios en la creación (tal como lo encontramos en la Escritura y la tradición cristiana) apuntan a su forma de actuar de una manera que muestra su justicia sobre algunos seres humanos caídos, y su misericordia sobre otros.

Sin embargo, en el análisis final, y junto con teólogos reformados como Benjamín Warfield, William Shedd, y Karl Barth, espero que la mayoría sean salvos, incluso si hay algún pequeño remanente que, finalmente, es castigado en el infierno.

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Video – Michael Hardin: una expiación no violenta

Michael Hardin es de los autores y oradores más entretenidos, agudos y apasionados que conozco en este tema nuestro de los “estudios bíblicos”. Es un estadounidense director de Preaching Peace (Predicando Paz), una organización que se dedica a difundir una visión pacifista de Jesús y el evangelio que éste predicaba; fuertemente influenciado por el teólogo suizo Karl Barth y sobre todo por el pensador francés René Girard; y del cual he aprendido muchísimo. Uno de sus libros ha sido traducido recientemente al español como La vida impulsada por Jesús, de lectura muy recomendada y que espero llegue pronto (!). (Pueden comprarlo en Amazon en este enlace).

En el video arriba, Hardin trata un temazo (y muy controversial, por lo demás) que podemos resumir como sigue: ¿cómo podemos decir a la vez que Dios es amor y que fue Dios quien castigó a Jesús en la cruz por los pecados de la humanidad? ¿Debemos necesariamente ver a Dios a la vez como amoroso e iracundo, misericordioso y juzgador, es decir, casi como un esquizofrénico? ¿No hay una forma mejor de explicar la cruz? Para Hardin, por supuesto, si hay una mejor manera, y espero que la encuentren tan estimulante, desafiante e inspiradora como yo.

También, l@s chic@s de La Conversación en Curso publicaron hace un tiempo una entrevista con Hardin y tienen otros materiales suyos, todo muy recomendable. Una vez más, la invitación a (re)pensar la propia fe queda hecha. Disfruten.

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¿Qué significa “eterno” en el Nuevo Testamento? (7 y final)

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Términos para eternidad: aiṓnios y aḯdios en textos clásicos y cristianos (Parte 6)

por Ilaria Ramelli y David Konstan

[…] Concluimos con un vistazo al uso de Orígenes de aiṓnios y aḯdios (en nuestro proyecto más amplio llevamos nuestra investigación hasta la época de Dionisio el Pseudo-Areopagita). En Orígenes, hay muchos pasajes que se refieren a la vida aiṓnios, en la fórmula característica del Nuevo Testamento: el énfasis parece estar no tanto en la eternidad, es decir, el infinito temporal, como en la vida en el siguiente mundo o aiṓn.

Un ejemplo particularmente claro es (creemos) Philocalia, donde la vida aiṓnios se define como aquella que se producirá en el aiṓn futuro. Orígenes afirma que Dios dio a la Escritura “cuerpo para aquellos que existieron antes de nosotros [es decir, los hebreos], alma para nosotros, y espíritu [pneûma] para aquellos en el aiṓn por venir, los cuales obtendrán una vida aiṓnios”. Así también, en el Comentario a Mateo, la vida futura (aiṓnios) es contrastada con la del presente (próskairos). Una vez más, Orígenes en una serie de pasajes opone las entidades sensibles efímeras de la actualidad (próskaira) a los objetos invisibles y duraderos del mundo por venir (aiônia).

En consonancia con el uso de la Septuaginta y el Nuevo Testamento, Orígenes también aplica el adjetivo aiṓnios a los atributos de Dios. En un pasaje particularmente iluminador, Orígenes habla del Dios eterno (toû aiōníou theoû) y de la ocultación del misterio de Jesús por períodos de tiempo aiṓnios (chrónois aiōníois), donde el sentido es claramente “desde tiempo inmemorial”. Así también, Orígenes menciona los “días del aiṓn” y “años aiṓnia” (étē aiṓnia), es decir, períodos muy largos de tiempo, y la frase eis toùs aiônas significa aquí, “durante mucho tiempo”.

En Orígenes, el adjetivo aḯdios aparece con mucha menos frecuencia que aiṓnios, y cuando es utilizado, es casi siempre en referencia a Dios o Sus atributos; probablemente se refiere a “eterno” en el sentido estricto de sin límites en el tiempo o más allá del tiempo.

En Sobre los principios 3.3.5, Orígenes da una clara señal de que entiende aiṓn en el sentido de una sucesión de aiônes antes a la apocatástasis final, momento en el cual se llega a la verdadera eternidad, es decir, aïdiotḗs. Eternidad en sentido estricto se refiere, según Orígenes, a la apocatástasis, no a la secuencia anterior de edades o aiônes. Así también, Orígenes explica que Cristo “reinaba sin carne antes de las edades, y reinó en la carne en las edades” (aiōníōs, adverbio). Una vez más, el “aiṓn por venir” indica el otro mundo (epì tòn méllonta aiôna), donde los pecadores de hecho serán enviados al pûr aiṓnion, es decir, el fuego que pertenece al mundo futuro; este bien puede durar mucho tiempo, pero no es, para Orígenes, eterno.

En este contexto, parece especialmente significativo que Orígenes llama el fuego de la condenación pûr aiṓnion, pero nunca pûr aḯdion. La explicación es que él no considera que esta llama sea absolutamente eterna: es aiṓnion porque pertenece al siguiente mundo, en oposición al fuego que experimentamos en este mundo presente, y dura tanto tiempo como los aiṓnes en su sucesión. Del mismo modo, Orígenes no habla nunca de thánatos aḯdios, o de castigos, tormentos y similares aḯdia, a pesar de que sí habla de thánatos aiṓnios o muerte en el mundo por venir, y de koláseis aiṓnioi, es decir, el castigo en el mundo por venir.

Orígenes era profundamente docto en la Biblia y la tradición filosófica clásica; lo que es más, él sostenía que la condenación no era eterna, sino que más bien servía para purificar a los malos, quienes al final serían salvos en la apocatástasis universal. Su cuidada utilización de los adjetivos aiṓnios y aḯdios refleja, hemos argumentado, tanto su sensibilidad hacia el significado de este último entre los filósofos griegos, y la distinción que aparentemente se observa en el uso de estos términos en la Biblia. Para Orígenes, esto era una prueba más en la Escritura para la doctrina de la salvación universal.


Para ver todas las partes de esta serie, hacer click aquí.

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