¿Qué significa “eterno” en el Nuevo Testamento? (5)

En esta entrega llegamos al periodo relevante para nosotros, con el uso de las palabras griegas que se traducen como “eterno” (aiṓnios y aḯdios) en el Antiguo Testamento y la literatura intertestamentaria. Hemos visto antes que, según el análisis de Ramelli y Konstan, la palabra estándar para “eterno” en la literatura griega antes de Platón era aḯdios, nunca aiṓnios. La Septuaginta (la antigua traducción griega de la Biblia hebrea) refleja este uso, y plantea interesantes preguntas acerca de qué significan expresiones como “vida eterna” (aiṓnios) en relación con la “era por venir” mencionada en muchos textos judíos antiguos.

Términos para eternidad: aiṓnios y aḯdios en textos clásicos y cristianos (Parte 4)

por Ilaria Ramelli y David Konstan

[…] “Dada la prevalencia del término aḯdios en la literatura griega a lo largo de la época helenística, parece una sorpresa que, en la Septuaginta, aḯdios esté casi ausente, apareciendo de hecho sólo dos veces, ambas en libros tardíos escritos originalmente en griego: 4 Macabeos y Sabiduría. Además, hay una instancia del sustantivo abstracto, aïdiótēs, de nuevo en Sabiduría.

Por otra parte, aiṓnios aparece con impresionante frecuencia, junto con aiṓn; detrás de ambas está la palabra hebrea ‘olām.

Unos pocos ejemplos de sus usos deben ser suficientes. En Génesis [Génesis 9:16], al pacto perpetuo con los seres humanos después del diluvio, conmemorado por el arco iris, se le denomina diathḗkē aiṓnios, al igual que al que existe entre Dios y Abraham y sus descendientes [Génesis 17:13, 19]; en Éxodo es el pacto entre Dios e Israel, santificado por la observancia del sábado, el que a su vez es llamado “un signo eterno” de este convenio a través de las generaciones y edades (aiṓnes) [Éxodo 31:16]. Aquí vemos el sentido de aiṓnios en relación con aiṓn, entendido como un tiempo en el remoto pasado o futuro.

En general, el sentido de aiṓnios es el de algo duradero a lo largo de los siglos, o en relación con la antigüedad remota, en lugar de eternidad absoluta.

Ahora bien, cuando se emplea el mismo término en referencia a Dios, por ejemplo, theòs aiṓnios, surge la pregunta: ¿significa aiṓnios simplemente “de larga duración” en estos contextos también, o hay una idea clara de la perdurabilidad de Dios presente en al menos algunos de estos pasajes? Tomemos, por ejemplo, Éxodo 3:15: «Y dijo Dios a Moisés: “Así dirás a los hijos de Israel: El Señor, el Dios de vuestros padres, el Dios de Abraham, el Dios de Isaac y el Dios de Jacob, me ha enviado a vosotros: este es mi nombre para siempre [aiṓnion], y por lo tanto seré recordado por todas las generaciones [geneôn geneaîs]”». El énfasis en las generaciones sucesivas, pasadas y futuras, sugiere tal vez que aiṓnios aquí connota edades repetidas, en lugar de un período de tiempo estrictamente infinito. Muchos de los otros ejemplos proceden de textos relativamente tardíos, pero incluso en estos es difícil decidir cuál sentido se pretende, en ausencia del tipo de lenguaje preciso que se encuentra en los filósofos pero que es ajeno a las Escrituras hebreas. En algunos casos, por otra parte, la referencia puede ser a la siguiente época o aiṓn, en lugar de a un tiempo infinito como tal.

De particular interés es la mención de Tobías (3:6) del lugar de la otra vida como un tópos aiṓnios, el primer lugar en la Biblia en que aiṓnios inequívocamente se refiere al mundo por venir. En 2 Macabeos, se afirma la doctrina de la resurrección y aiṓnios se utiliza con referencia a la vida del mundo futuro [2 Macabeos 7:9].

En resumen, la Septuaginta casi invariablemente emplea aiṓnios, en asociación con los distintos sentidos de aiṓn, en el sentido de un período de tiempo remoto o indefinido o muy largo (como ‘olām), con la posible connotación de un sentido más absoluto de “eterno” cuando el término se utiliza en referencia a Dios, pero esta connotación se deriva de la idea de Dios. En ciertos libros tardíos, como los de Tobías y los Macabeos, hay una referencia a la vida en el aiṓn, entendida en un sentido escatológico como el mundo por venir, en oposición al actual (kósmos, kairós).

El adjetivo aḯdios aparece sólo dos veces en la Septuaginta. En Sabiduría, que está saturado con el léxico filosófico griego, la Sabiduría es definida como “un reflejo de la luz eterna [aḯdion]” que es Dios. En 4 Macabeos, un tirano impío es amenazado con “fuego aiṓnion” para toda la edad o mundo por venir (eis hólon tòn aiôna). Pero aquí nos encontramos también con la expresión bíos aḯdios o “vida eterna”, en referencia a la vida después de la muerte de los mártires; este estado bendito, por otra parte, está en oposición a la destrucción duradera de su perseguidor en el mundo por venir. Este contraste entre las expresiones paralelas pero antitéticas ólethros aiṓnios y bíos aḯdios es notable. Ambos adjetivos se refieren a la vida futura, es decir, a un aiṓn futuro, pero mientras que el castigo es descrito con el término más general y polisémico aiṓnios, a la vida en el más allá se le aplica el término más técnico aḯdios, lo que denota una condición estrictamente sin fin“.


  • Para aprovechar la argumentación de los autores, es imprescindible tener presente que, para el pensamiento judío desde un par de siglos antes de Cristo en adelante (incluyendo el periodo del Nuevo Testamento), la historia de mundo está dividida en dos eras: la era (aiṓn) actual, dominada por poderes malignos, en la cual los judíos sufrirían, y una era futura, una “era por venir” en la cual Dios intervendría de manera decisiva poniendo fin a los poderes del mal y construyendo un reino de armonía y paz (ver este posteo anterior por el especialista en Nuevo Testamento Bart D. Ehrman).
  • Esa es la visión de mundo que tenían en mente los escritores bíblicos al decir que algo era aiṓnios: no necesariamente significaba “para siempre jamás”, sino que en muchos casos, cosas que habían sido aiṓnios durante la era actual dejarían de serlo (o de ser) en la era por venir. A la inversa, cuando se habla de cosas que serán aiṓnios en la era por venir, no necesariamente significa que serán “eternas” en el sentido de “para siempre jamás”. Puede que sí se esté diciendo que lo serán, pero eso no se puede simplemente suponer de antemano: tiene que ser argumentado en base a otros elementos.
  • Por ejemplo, si aiṓnios en muchos casos tiene que ver, para la mentalidad judía antigua, con esta “era por venir” de la que hemos estado hablando, ¿puede ser mejor traducir en pasajes como Mateo 25:46 “vida de la era por venir” y “castigo de la era por venir” en lugar de “vida eterna” y “castigo eterno”? (Observen que esa traducción no hace un juicio respecto a la duración de esa vida y ese castigo: puede que duren para siempre o sólo por un tiempo, pero ¿cómo saberlo sólo con ese pasaje?). Eso es lo que están argumentando cada vez más historiadores y teólogos, entre ellos un inglés llamado Robin Parry (muy interesante y honesto en sus planteos) del que posteremos próximamente un interesante entrevista (también pueden verlo y oír sus puntos vista en el documental Hellbound? y en este video en nuestro canal de Youtube).

El posteo de mañana revisará el uso de aiṓnios y aḯdios en el Nuevo Testamento. Para ver todas las partes de esta serie, hacer click aquí.

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¿Qué significa “eterno” en el Nuevo Testamento? (4)

Detalle de “La escuela de Atenas” de Rafael Sanzio (c. 1510-1512), que representa a Platón, Aristóteles, Epicuro, Heráclito y otros grandes filósofos griegos de la Antigüedad

Continuamos con la tercera parte de las conclusiones de Ramelli y Konstan sobre la palabra griega aiṓnios, habitualmente traducida en nuestras biblias como “eterno”. Para consultar las referencias a las fuentes, ver el artículo de Ramelli y Konstan citado en una entrada anterior (los textos se encuentran disponibles en nuestra entrada de la Biblioteca Clásica Gredos). Para ver toda las partes de esta serie, hacer click aquí.

Términos para eternidad: aiṓnios y aḯdios en textos clásicos y cristianos (Parte 3)

por Ilaria Ramelli y David Konstan

[…] «Para empezar con aiṓnios en los presocráticos, el Pseudo-Plutarco atribuye a Anaximandro la idea de que la corrupción y la génesis ocurren en ciclos “de un aiṓn infinito”, pero éstas seguramente no son las palabras de Anaximandro. Del mismo modo, Hipólito en su Refutación explica que Heráclito “llama al fuego eterno ‘rayo’”. Usos similares son atribuidos a los pitagóricos, pero éstos a su vez son claramente invenciones posteriores.

En contraste con aiṓnios, el adjetivo aḯdios está atestiguado en el sentido de “eterno” o “perpetuo” tan temprano como en el Himno Homérico a Hestia y el Escudo de Heracles hesiódico, pero en ninguno de los casos la expresión implica un sentido técnico de “eterno”.

Con los presocráticos, sin embargo, el término aḯdios en el sentido de “eterno” parece entrar en vigor, en una serie de testimonios que comienzan con Anaximandro y continúan hasta Meliso y más allá, aunque aquí de nuevo hay que tener cuidado de distinguir entre paráfrasis y terminología original. En el caso de Anaximandro cualquiera de las frases atribuidas, por sí sola, sería de dudosa autoridad; en conjunto, los diversos pasajes quizás sugieren que el propio Anaximandro puede haber aplicado el adjetivo aḯdios al movimiento. Para Jenófanes tenemos testimonios de su uso de aḯdios en el sentido no sólo de “indestructible” o “inmortal”, sino también la de agénētos, “no creado”. Una vez más, la convergencia de los diversos reportes sugiere que Jenófanes puede de hecho haber empleado el adjetivo aḯdios en referencia a dios o el universo. Dos testimonios referentes a Heráclito citan aḯdios en referencia al movimiento perpetuo de las cosas que son eternas y al fuego cíclico, que es dios. El uso de Heráclito del término aḯdios en relación con fenómenos cíclicos es particularmente notable, ya que en textos posteriores los eventos recurrentes o periódicos tienden a describirse más bien por la palabra aiṓnios.

Con Empédocles, tenemos el uso del término aḯdios en sus Katharmoi, garantizado por la métrica: “hay un oráculo de la Necesidad, un antiguo decreto de los dioses, eterno”. Entre los eleáticos, se dice que Parménides describió el “todo” como aḯdios, en que es no-generado e imperecedero. En cuanto a Meliso, Simplicio ofrece lo que parece ser una cita directa al afirmar que “nada de lo que tiene un principio y un final es eterno [aḯdion] o infinito”. Vale la pena señalar que en ninguna parte el término aiṓnios es atribuido a los eleáticos. Por último, Demócrito también argumentó que el tiempo era aḯdios, sobre la base de que era no-generado, y que el conjunto de las cosas también era eterno (aḯdion tò pân).

Pareciera, en resumen, que la expresión técnica para las cosas eternas —todo lo que es no-generado e imperecedero— entre los pensadores cosmológicos en el período anterior a Platón era aḯdios, nunca aiṓnios. Además, aḯdios es también el adjetivo estándar que significa “eterno” en el discurso no filosófico del siglo V.

Cuando llegamos a Platón, nos encontramos con los usos de ambos adjetivos, aiṓnios y aḯdios, en el sentido de “eterno”. Es en el Timeo que Platón entra más de lleno en la cuestión de la eternidad, y ahí encontramos aḯdios seis veces, aiṓn cuatro veces, y aiṓnios dos veces.

Platón introduce el concepto en referencia al modelo que el demiurgo siguió en la creación del universo sensible, mirando “a lo eterno” (pròs tò aḯdion, bis). Luego, en un pasaje crucial, Platón señala que el universo creado fue visto como que se movía y vivía, una imagen de los dioses eternos (tôn aḯdiōn theôn, 37C6), y añade que era en sí mismo un “ser viviente eterno” (zôion aḯdion). Platón prosigue diciendo que la naturaleza del ser vivo era ser aiṓnios, pero que este atributo no se le puede otorgar a algo que fue engendrado (gennētón). Por lo tanto, el creador decidió hacer “una cierta imagen móvil de la eternidad” (eikṑ d’epenóei kinētón tina aiônos), y así al ordenar el universo hizo “de la eternidad que permanece siempre en un punto una imagen eterna que marchaba según el número” (ménontos aiônos en henì kat’arithmòn ioûsan aiṓnion eikóna), y a esto llamó “tiempo”.

Por un lado, aḯdios y aiṓnios parecen ser prácticamente intercambiables: el modelo para el universo es “un ser viviente eterno” (zôion aḯdion) y su naturaleza es eterna (toû zṓiou phúsis oûsa aiṓnios). Y, sin embargo, Platón parece haber encontrado en el término aiṓn una designación especial para su noción de eternidad como atemporal; y con este nuevo sentido de aiṓn, aiṓnios también parece haber entrado en vigor como un significante para lo que está más allá del tiempo.

Fue Platón quien articuló por primera vez esta idea de la eternidad, y él parece haber creado una terminología para darle expresión. La concepción de una eternidad sin tiempo de Platón se mantuvo específica del platonismo y las escuelas estrechamente relacionadas de la Antigüedad. Aristóteles, como hemos dicho, parece nunca utilizar el término aiṓnios, aunque hay cerca de 300 instancias de aḯdios, que es la palabra preferida de Aristóteles para designar cosas eternas. Está claro que Aristóteles no fue movido a adoptar la novedosa terminología de Platón, ya sea porque percibió alguna diferencia entre su propio concepto de la eternidad y el de su maestro, o porque sentía que aiṓnios era una adición innecesaria al vocabulario filosófico, dada la respetabilidad de aḯdios como el término técnico apropiado.

En los estoicos, aḯdios aparece más de treinta veces en el sentido de lo que es para siempre. Se aplica a los cuerpos y la materia, el ónta o realidades que realmente existen según el materialismo estoico, y sobre todo a dios o Zeus. En la medida en que los estoicos emplearon aiṓnios y aiṓn, sin embargo, hay una conexión con su visión específica de los ciclos cósmicos, en oposición a la duración estrictamente infinita, o bien el sustantivo aparece en frases que indican un largo período de tiempo.

Los epicúreos, a su vez, emplean regularmente aḯdios para designar la eternidad de constituyentes imperecederos del universo como los átomos y el vacío. Epicuro utiliza aiṓnios en referencia a la vida futura que los no epicúreos esperaban, con sus terribles castigos: es decir, una vida futura en la que epicúreos no creían y que no merece el nombre de “eterno” (aḯdios), debidamente reservado para elementos verdaderamente perpetuos».


En la siguiente entrega, Ramelli y Konstan revisarán la idea de “eterno” en la Septuaginta (LXX). Una vez más, quedan tod@s invitad@s.

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“Hellbound?”, documental sobre los distintos puntos de vista acerca del infierno

Hellbound? es un interesante documental de 2012 acerca del uno de los temas más controversiales entre creyentes y no creyentes por igual, cuya descripción en su página oficial dice más o menos así:

“Para muchas personas, la creencia en el infierno como un lugar de tormento eterno para los malvados es un principio indiscutible de la ortodoxia cristiana. En su opinión, rechazar o modificar esta creencia es equivalente a rechazar el cristianismo en sí. Sin embargo, un número creciente de creyentes no están de acuerdo. Ellos argumentan que podemos tener un Dios de amor o podemos tener infierno eterno, pero no ambas cosas.

Hellbound? es un documental provocativo y aclamado por la crítica que va justo al centro de este debate. Presentando entrevistas con el controvertido pastor de la Iglesia Mars Hill Mark Driscoll; el gurú de los escritor de guiones (y ateo) Robert McKee; el autoproclamado exorcista Bob Larson; los organizadores de una “casa del infierno” en Dallas, TX; “Oderous Urungus”, cantante de la banda de rock GWAR; y los conocidos bautistas de Westboro, Hellbound? presenta una mezcla desafiante, ecléctica y entretenida de puntos de vista desde todo el espectro teológico.

¿Existe el infierno? Si es así, ¿quién va allí, y por qué? Hellbound? es un viaje penetrante e incendiario que garantiza que los espectadores nunca más verán al infierno de la misma manera”.

Debido a las limitaciones de tiempo de la página Dailymotion, lo hemos subido en dos partes (parte 1 aquí; parte 2 aquí). Recuerden activar los subtítulos en español en la configuración del video (botón “cc”).

Actualización 24/08: también pueden descargar el documental de manera directa aquí: http://uptobox.com/be2tpm6ior4q (el archivo .rar no tiene contraseña e incluye los subtítulos). Disfruten.

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¿Qué significa “eterno” en el Nuevo Testamento? (3)

RamelliKonstan

Términos para eternidad: aiṓnios y aḯdios en textos clásicos y cristianos (Parte 2)

por Ilaria Ramelli y David Konstan

[…] “La noción de “eternidad” no es sencilla, en parte debido a que “eternidad” tiene varios sentidos, en parte también porque algunos de estos significados implican un alto nivel de abstracción filosófica.

Por un lado, los términos para “eterno” pueden llevar el sentido amplio de “mucho tiempo”, como en “siempre”, sin que ello implique una noción rigurosa de tiempo infinitamente extendido. Incluso a este nivel, el adverbio griego aieí, como la palabra “siempre” tiene al menos dos connotaciones distintas, que hacen referencia tanto a un tramo de tiempo indefinidamente prolongado, lo que equivale a “para siempre” (“siempre te amaré”) , y a una acción que se repite regularmente (“él siempre llega tarde a clase”). Una vez más, hay usos intermedios, por ejemplo, “la casa siempre ha estado en esa calle”, lo que significa que, en tanto y cuanto la casa ha existido, ha estado en el mismo lugar, sin ninguna implicación de duración ilimitada.

Por otro lado, “eterno” puede significar una medida de tiempo estrictamente sin límites, es decir, mayor que cualquier medida numérica que uno pueda asignar. Esta última descripción es en sí imprecisa, por supuesto. Puede significar nada más que “innumerable”, es decir, demasiado grande para comprender o comprender fácilmente. Pero el tiempo eterno se entiende comúnmente como estrictamente sin fin, sin conclusión en absoluto.

Incluso en esta concepción más rigurosa, hay dos sentidos en los que se puede decir que el tiempo es eterno. Puede tener un principio pero no fin; o puede no tener ni un principio ni un fin, sino que se extiende infinitamente en el pasado y en el futuro. Lo que es más, además de todas estas variedades de “eterno”, el adjetivo ha sido apropiado también para denotar algo así como “atemporalidad”, un estado inmutable que no tiene duración y por lo tanto no está sujeto al tiempo en absoluto”.


En línea con lo que señalan Ramelli y Kontan, hay muchos pasajes en el Antiguo y Nuevo Testamento en que, a pesar de que se usan las palabras clave que se traducen como “eterno”, la hebrea ‘olām y las griegas aiṓn, aiṓnios y similares, no hay forma de que signifiquen “eterno” en el sentido de “para siempre”, sino que deben entenderse de alguna otra manera (como, por ejemplo, un tiempo muy largo pero no sin fin). Algunos casos incluyen:

  • “Porque los palacios quedarán desiertos, la multitud de la ciudad cesará; las torres y fortalezas se volverán cuevas para siempre (‘olām; gr. héōs toû aiônos), donde descansen asnos monteses, y ganados hagan majada”, pero eso sólo “hasta que sobre nosotros sea derramado el Espíritu de lo alto, y el desierto se convierta en campo fértil, y el campo fértil sea estimado por bosque” (Isaías 32:14-15).
  • El “salmo” de Jonás 2 dice: “Descendí a los cimientos de los montes; La tierra echó sus cerrojos sobre mí para siempre (‘olām); Mas tú sacaste mi vida de la sepultura, oh Jehová Dios mío” (Jonás 2:6). Jonás en realidad sólo estuvo tres días en el vientre del pez (Jonás 1:17), aunque seguramente le deben haber parecido una “eternidad”.
  • Un esclavo puede decidir ser “para siempre” (‘olām; gr. eis tòn aiôna) siervo de su amo (Éxodo 21:5-6); esto es, hasta su muerte (supongo que tod@s estaremos de acuerdo en que la idea de esclavitud después de la muerte es por lo menos problemática).
  • Hay colinas de las que se dice que son “eternas” (‘olām) (Génesis 49:26; Deuteronomio 33:15) y piedras que serán para siempre (‘olām; gr. héōs toû aiônos) monumentos conmemorativos para los israelitas (Josué 4:7), lo que claramente no significa eternidad en el mismo sentido en que, por ejemplo, Dios es eterno.
  • Igualmente, hay disposiciones, prácticas y leyes que son “perpetuas” (‘olām) pero que luego son sustituidas, como el pacto mosaico (Levítico 24:8; cf. Jeremías 31:33, Hebreos 8:10), el sacerdocio de Aarón (Éxodo 40:15, Números 25:13; cf. Hebreos 7:14-22) o la circuncisión (Génesis 17:9-13; cf. 1 Corintios 7:19, Gálatas 5:6).
  • Judas 1:7 no tiene problemas en decir que Sodoma y Gomorra sufren “el castigo del fuego eterno (aiṓnios)”, aun cuando en Ezequiel 16:53-55 se promete que serán restauradas y volverán a su anterior condición.
  • Para finalizar, Romanos 16:25-26 muestra claramente dos usos de la palabra aiṓnios, como 1) un tiempo muy largo, pero finito: “…según la revelación del misterio que se ha mantenido oculto desde tiempos eternos”, (chronois aiṓnios; es evidente que si el secreto ya fue revelado en Cristo, los “tiempos eternos” ya acabaron); y 2) “eterno” en el sentido que lo es Dios: “pero que ahora ha sido manifestado, y por las Escrituras de los profetas, conforme al mandamiento del Dios eterno” (toû aiōniou theoû).

En resumen, hay mucho más en las palabras que estamos examinando que simplemente la afirmación de un tiempo de duración ilimitada. En el siguiente posteo, Ramelli y Konstan revisarán la historia de la idea de eternidad y sus palabras asociadas en la literatura y la filosofía griega. Quedan tod@s invitad@s.

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¿Qué significa “eterno” en el Nuevo Testamento? (2)

Mosaico bizantino en la Basílica de Sant’ Apollinare Nuovo, en Rávena, Italia, que representa al Hijo del Hombre juzgando a las naciones y separándolas como un pastor separa las cabras de las ovejas (Mateo 25:31-46) (c. siglo VI d.C.)

Comenzamos con la revisión de los argumentos de Ilaria Ramelli y David Konstan acerca del significado del término griego aiṓnios, habitualmente traducido en el Nuevo Testamento como “eterno”. El texto que hemos traducido fue publicado con permiso de uno de los autores en el blog Theological Scribbles, en seis partes. Una forma más completa de ese ensayo se encuentra publicado como “Terms for Eternity: αἰώνιος and ἀΐδιος in Classical and Christian Texts” en la revista mexicana Nova Tellus, vol 24, núm 2, 2006, pp. 21-39, que pueden leer o descargar aquí.

Ilaria Ramelli tiene un Doctorado en Filología clásica por la Universidad de Milán; David Konstan es un destacado historiador de la Antiguedad grecorromana y actualmente se desempeña como Professor of Classics en la Universidad de Nueva York.

Términos para eternidad: aiṓnios y aḯdios en textos clásicos y cristianos (Parte 1)

por Ilaria Ramelli y David Konstan

“En el breve tiempo que tenemos hoy, ofrecemos un resumen de la investigación que estamos realizando sobre los usos de dos términos griegos antiguos que se traducen habitualmente como “eterno”. Los términos son aiṓnios y aḯdios. Ninguna de las dos palabras se encuentra en las epopeyas homéricas o en los grandes poemas de Hesíodo, aunque el sustantivo aiṓn, del que aiṓnios se deriva, es muy común, sobre todo en el sentido de una “vida” o “tiempo de vida”. Aḯdios entra al griego antes, mientras que aiṓnios aparece por primera vez, sorprendentemente, en Platón. La introducción de Platón del término es filosóficamente importante, como lo es el hecho de que Aristóteles lo evitó por completo en sus propios copiosos escritos.

La historia posterior de estos términos, y la danza en la que se involucran entre sí a lo largo de la literatura y la filosofía griega, es fascinante en sí misma, pero la verdadera recompensa está en la forma en que son utilizados en la Septuaginta y el Nuevo Testamento, y a partir de entonces en escritores cristianos, que por lo general están igualmente familiarizados con sus connotaciones tanto en la tradición pagana como en las Escrituras. Lo que es más, mucho resulta estar en juego en cómo se interpretan estos dos términos: de hecho, nada menos que la posibilidad de la condenación eterna de los pecadores frente a la salvación universal de todos. Por lo tanto, lo que puede parecer ser una investigación árida de sutiles distinciones terminológicas demuestra ser una clave para entender el pensamiento filosófico y religioso antiguo”.


Probablemente la afirmación más problemática del texto es la que destacamos en negrita (¿Que el infierno puede no ser para siempre? ¿Que todos pueden salvarse?), pero antes de pasar a debatir ese tipo de consideraciones teológicas conviene tener en cuenta lo siguiente:

  • En el pasaje que ilustra la foto arriba (Mateo 25:31-46), por ejemplo (y muchos otros pasajes que veremos luego), el sentido depende precisamente del significado de la palabra aiṓnios: “entonces dirá también a los de la izquierda: Apartaos de mí, malditos, al fuego aiṓnion preparado para el diablo y sus ángeles” (v. 41), “E irán éstos al castigo aiṓnion, y los justos a la vida aiṓnion” (v. 46). Si aiṓnios no fuera automáticamente “eterno” en el sentido de “para siempre”, ¿entonces qué significaría?, ¿qué duración tendrán ese fuego, castigo y vida?, ¿se refiere siquiera ese pasaje al tiempo de duración del fuego, el castigo y la vida, o no se puede saber? Quizá en la traducción en castellano parece que “eterno” se refiere al tiempo de duración simplemente por la referencia a la “vida eterna”, que para muchas personas significa sólo “inmortalidad”, la ausencia de la muerte; pero si “vida eterna” tiene más significados (espirituales, etc.), ¿no podría ser también ése el caso con “fuego eterno” o con “castigo eterno”?
  • En los primeros siglos de cristianismo destacados obispos y teólogos, basados en pasajes como 1 Corintios 15:28, defendieron que finalmente todas las personas volverían a Dios y serían reconciliadas con Él, incluso si eso incluía antes un periodo de castigo en el infierno. El más conocido de ellos es probablemente Orígenes de Alejandría (185-254 d.C.), cuya doctrina de la apocatástasis o restauración universal incluía la salvación al final de los tiempos no sólo de los condenados sino hasta de los demonios, de forma que realmente Dios fuera “todo en todos”. Otro destacado defensor de esta doctrina fue Gregorio de Nisa, el redactor final del Credo niceno.
  • ¿Cómo es posible que alguien sostuviera esas opiniones, si el texto de Mateo supuestamente es tan claro como dicen quienes defienden la visión tradicional? Justamente porque el sentido de la palabra clave (aiṓnios) es ambiguo y necesita ser interpretado. Hay que recordar siempre que la Biblia no se autointerpreta, no se interpreta por sí misma, sino que depende de quienes la leen hacer todo lo posible por entenderla, incluyendo acudir a investigaciones como la de Ramelli y Konstan (o Keizer).
  • En tanto historiadores, Ramelli y Konstan no están defendiendo o apoyando como verdadera o legítima ninguna de esas interpretaciones (como dice otro historiador, “para eso consulte a su sacerdote, su rabino o su pastor”), sino que sólo pretenden entender cómo pudieron surgir esas opiniones y visiones en la Antigüedad y qué fenómenos históricos se encuentran detrás (prestar atención a la frase final del texto). Esto no pretende defender una falsa idea de la “objetividad del historiador” (la verdad, no tengo idea de cuáles son sus opiniones en materia de fe, o si de hecho las tienen), sino separar aguas e instar a distinguir cuándo se está dando un argumento (o haciendo una hipótesis) basado en evidencia según la metodología de la investigación histórica y cuándo no. Gusten o no las conclusiones propuestas por ellos, deben evaluarse o criticarse según criterios históricos y no por preferencias personales o religiosas.

La parte 2 del texto de Ramelli y Konstan, que postearemos mañana, tratará de la complejidad de la idea de la “eternidad” y lo “eterno”, que incluso en español tiene muchos más significados que tan sólo “duración ilimitada de tiempo”. Quedan tod@s invitad@s.

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¿Qué significa “eterno” en el Nuevo Testamento? (1)

En esta serie que iniciamos, exploraremos el significado de las palabras que se traducen en nuestras biblias como “eterno” o “eternidad” y son entendidas en el sentido de “perpetuo” o de “periodo ilimitado de tiempo”. El objetivo es doble, y tiene que ver con revisar los dos usos más frecuentes del término, vida eterna y castigo eterno; aunque no, como se podría pensar, para cuestionar de manera inmediata doctrinas como la existencia o no del infierno (lo que requiere una reflexión mucho más profunda y considerar múltiples alternativas). Más bien se trata de que, por ejemplo, cuando un elemento tan importante del Nuevo Testamento como vida eterna ha quedado reducido a nada más que “vida por un periodo ilimitado de tiempo” —es decir, a inmortalidad—, se hace necesario y puede ser útil recuperar su sentido original para enriquecer la discusión y las posibles aplicaciones en la vida de personas (en este caso, no para rechazar a priori que en la Bibia se prometa la inmortalidad, sino porque el significado de vida eterna es mucho más rico y profundo que tan solo eso).

Material de diversa calidad acerca de este tema circula por internet, por lo que nuestro esfuerzo será ante todo presentarlo de una manera responsable. Este es un tema muy técnico que, si bien es perfectamente comprensible a nivel general de la argumentación, requiere un conocimiento profundo del griego antiguo para refutar o desmentir las conclusiones a las que llegan los especialistas en la materia. Es por eso que no haremos aseveraciones temerarias, sino que pretendemos sólo presentar la evidencia, explicando donde sea necesario, y haciendo preguntas y comentarios para fomentar la reflexión.

KonstanRamelliTermsForEternityUna de las formas de determinar el significado de una palabra en un idioma diferente al propio es básicamente reunir la mayor cantidad de usos y ver en qué contextos se la utiliza, en este caso las palabras griegas aiṓn (vida, tiempo de vida, era) y aiṓnios, derivada de la anterior. Hay dos estudios recientes que han estudiado las palabras relevantes en la literatura griega, la Septuaginta (traducción al griego de la Biblia hebrea realizada en Alejandría, Egipto, un par de siglos a.C.) y la literatura cristiana temprana: el primero, la tesis doctoral de Heleen M. Keizer, Life, Time, Entirety: a study of AIŌN in Greek literature and philosophy, the Septuagint and Philo (1999); el segundo, el libro de Ilaria Rameli y David Konstan, Terms for Eternity: aiônios and aïdios in Classical and Christian Texts (2007). Keizer analiza no sólo aiṓn, sino también la palabra hebrea ‘olām (traducida como aiṓn en la Septuaginta), y concluye: “Nuestro estudio ha llevado a la conclusión de que la infinitud no es una connotación intrínseca o necesaria de aiṓn, ni en el griego ni en el uso bíblico (‘olām)” (p. 250). Por su parte, Ramelli y Konstan señalan que “aparte del vocabulario filosófico platónico, que es específico de unos pocos autores, aiṓnios no significa ‘eterno’; adquiere este significado sólo cuando se refiere a Dios, y sólo porque la noción de eternidad fue incluida en el concepto de Dios…” (p. 238). A nivel general, se podría decir que el significado de aiṓnios depende de a quien modifica, por lo que no significa necesariamente “eterno” en el sentido de “para siempre”, puede tener otros significados.


A partir del posteo de mañana, comenzaremos a revisar la argumentación de Konstan y Ramelli. Quedan tod@s invitad@s. Para ver toda las partes de esta serie, hacer click aquí.

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Dios, el infierno, y la parábola del hombre enamorado

Michael Hardin y Sharon Baker

«Hay una historia que cuenta Michael Hardin —escribe sobre ella en La vida impulsada por Jesús— donde compara a Dios con un hombre que ama a una mujer.

El hombre ama a esta mujer, y le dice:

“Quiero casarme contigo, quiero estar toda la vida contigo. Te amo: haré todo por ti, te trataré bien, te apoyaré cuando estés en problemas, estaré allí cuando estés triste. Seré tu compañero constante, tu mejor amigo para siempre, no hay nada que pidas que no haré, te amo tanto que toda mi existencia estará dedicada a ti. Tanto así te amo y quiero estar contigo para siempre… pero si tú no correspondes a mi amor, te arrepentirás para siempre del día que me rechazaste: voy a hacer tu vida tan miserable que te gustaría estar muerta”.

Eso es lo que decimos de Dios cuando hablamos de castigo eterno en el infierno».

[Sharon Baker, teóloga y escritora cristiana estadounidense, en entrevista con Nomad Podcast (minuto 09:30 y ss.)]


La cita anterior plantea una serie de problemas a cómo muchos cristianos piensan en Dios y la doctrina del infierno: ¿es correcto describirla sólo como una “venganza” de un dios que se comporta como un celópata? ¿Qué hay de la duración ilimitada que usualmente implica la palabra “eterno”? ¿Es justo aplicar un castigo infinito a pecados finitos? Si en el Nuevo Testamento Jesús dice que hay que hacer el bien a los que nos aborrecen y perdonar hasta setenta veces siete, incluso a nuestros enemigos (Mateo 5:43-45; 18:21-22; Lucas 23:34), ¿por qué Dios no perdona también a sus enemigos? Si Dios es amoroso y justo a la vez, ¿el infierno es Dios siendo justo pero no amoroso? ¿Hay formas mejores de pensar el infierno? ¿Es esto realmente lo que enseñan los autores bíblicos acerca del destino último de (¿algunos?) seres humanos?

Todas estas son preguntas quizá incómodas para algun@s, pero necesarias, ya que la forma en que pensamos acerca de Dios, el infierno, o el uso de la violencia como correctivo y/o castigo influye sobre nuestras convicciones políticas, sociales, la crianza de nuestros hijos, el cómo tratamos a los demás, y un largo etc. Como es habitual en este espacio, la invitación no es a cambiar de punto de vista (aunque puede ser que alguien necesite hacerlo), sino a examinar el porqué creemos lo que creemos: ¿tiene fundamentos o requerimos un ajuste? (Los comentarios son bienvenidos).

En entregas posteriores comenzaremos a examinar estas y otras preguntas, comenzando por qué significa “eterno” en el Antiguo y en el Nuevo Testamento. Como adelanto, podemos señalar que entender el concepto como “duración ilimitada de tiempo” es cuando menos problemático. El sentido que tenían las palabras que traducimos en español como “eterno”, qué otras interpretaciónes son posibles y qué implicancias tienen para el estudio de la Biblia, lo iremos desarrollando de aquí en adelante.

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Cuatro características del apocalipticismo judío imprescindibles para entender a Jesús

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En una entrada anterior, se hablaba de la literatura “apocalíptica”, en esta (de la que ofrecemos la traducción) el especialista en Nuevo Testamento Bart Ehrman aborda las características centrales de la visión de mundo detrás de esa literatura: el apocalipticismo judío antiguo, compartido por esenios, fariseos, y, según el punto de vista principal entre los especialistas competentes, muy posiblemente por el mismo Jesús de Nazaret. Uno de los elementos que se mencionan (la visión dualista de la “era presente” y la “era por venir”) resultará de gran importancia para entregas futuras en este espacio (acerca del significado de “eterno” en el Nuevo Testamento), así que recomendamos especialmente su lectura. Esta columna fue publicada originalmente en ehrmanblog.com (enlace en inglés, aquí).

Las cuatro características que menciona su autor son las siguientes:

por Bart D. Ehrman

Dualismo

Los apocalipticistas judíos eran dualistas. Es decir, sostenían que había dos componentes fundamentales a toda la realidad: las fuerzas del bien y las fuerzas del mal. Las fuerzas del bien eran dirigidas por el mismo Dios, las fuerzas del mal por su enemigo sobrehumano, a veces llamado Satán, Belcebú, o el Diablo. En el lado de Dios estaban los ángeles buenos; en el lado del Diablo estaban los demonios. En el lado de Dios estaban la justicia y la vida; en el lado del Diablo estaban el pecado y la muerte. Estas eran fuerzas reales, poderes cósmicos a los que los seres humanos podían ser sujetados y con los que tenían que estar alineados. No había nadie en territorio neutral. La gente estaba, ya fuera con Dios o con Satanás, estaban en la luz o en la oscuridad, estaban en la verdad o en el error.

Este dualismo apocalíptico tenía claras implicaciones históricas. Toda la historia podía ser dividida en dos edades, la era actual y la era por venir. La era actual era la edad del pecado y del mal, cuando los poderes de la oscuridad estaban en ascendiente, cuando los que se ponían de parte de Dios eran hechos sufrir por quienes tenían el control de este mundo, cuando el pecado, la enfermedad, el hambre, la violencia y la muerte aumentaban sin parar. Por alguna razón desconocida, Dios había cedido el control de esta edad a los poderes del mal. Y las cosas estaban empeorando.

Al final de esta era, sin embargo, Dios se reafirmaría a sí mismo, interviniendo en la historia y destruyendo a las fuerzas del mal. Llegaría una ruptura catastrófica en la que todo lo que se oponía a Dios sería aniquilado, y Dios traería una nueva era. En esta nueva era no habría más sufrimiento o dolor; no habría más odio, desesperación, guerra, enfermedad ni muerte. Dios sería el gobernante de todo, en un reino que nunca terminaría.

Pesimismo

A pesar de que, a la larga, todo iba a salir para los que ponían de parte de Dios, en el corto plazo las cosas no se veían bien. Los apocalipticistas judíos mantenían que los que ponían de parte de Dios iban a sufrir en esta era, y no había nada que pudieran hacer para evitarlo. Las fuerzas del mal iban a crecer en poder, en su intento de arrebatar a Dios la soberanía sobre este mundo. Nadie pensaba en ser capaz de mejorar la condición humana a través de la educación de masas o de tecnologías avanzadas. El justo no podría hacer su vida mejor, porque las fuerzas del mal tenían el control, y a los que se ponían de parte de Dios se oponían aquellos que eran mucho más fuertes que ellos. Las cosas iban de mal en peor hasta el final, cuando, literalmente, todo el infierno estaba a punto de desatarse.

Vindicación

Pero al final, cuando el sufrimiento del pueblo de Dios estuviera en su apogeo, por fin Dios intervendría en su favor y reivindicaría su nombre. Porque en esta perspectiva, Dios no sólo era el creador de este mundo, era también su redentor. Y su reivindicación sería universal: afectaría al mundo entero, no sólo a la nación judía. Los apocalipticistas judíos sostenían que la creación entera se había corrompido a causa de la presencia del pecado y el poder de Satanás. Esta corrupción universal requería una redención universal; Dios iba a destruir todo lo que era malo y crearía un cielo nuevo y una tierra nueva, en la que las fuerzas del mal no tendrían cabida en absoluto.

Diferentes apocalipticistas tenían diferentes puntos de vista sobre cómo Dios traería consigo esta nueva creación, a pesar de que todos ellos afirmaron haber recibido los detalles de una revelación de Dios. En algunos escenarios apocalípticos, Dios iba a enviar un mesías humano para dirigir las tropas de los hijos de la luz en la batalla contra las fuerzas del mal. En otros, Dios iba a enviar una especie de juez cósmico de la tierra, a veces también llamado el mesías o el “Hijo del Hombre” para llevar a cabo una destrucción catastrófica de los poderes demoníacos que oprimían a los hijos de la luz.

Esta reivindicación definitiva implicaría un día de juicio para todas las personas. Los que se habían alineado con los poderes del mal enfrentarían al Juez Todopoderoso, y darían cuenta de lo que habían hecho; los que habían permanecido fieles al verdadero Dios sería recompensados e incluidos en su reino eterno. Por otra parte, este juicio no se aplica sólo a las personas que se encontraban viviendo en el tiempo del fin. Es decir, nadie debía pensar que él o ella podría aliarse con los poderes del mal, oprimir al pueblo de Dios, morir próspero y feliz, y así salirse con la suya. Dios no permitiría a nadie escapar. Él iba a levantar físicamente a todas las personas de entre los muertos, y ellas tendrían que enfrentar el juicio, dicha eterna para aquellos que habían tomado su lado, tormento eterno para todos los demás. Y no había nada que se pudiera hacer para detenerlo.

Inminencia

De acuerdo con los apocalípticos judíos, esta vindicación de Dios iba a ocurrir muy pronto. En la tradición de los profetas de la Biblia hebrea, los apocalipticistas mantenían que Dios les había revelado el curso de la historia, y que el final casi estaba aquí. Los que eran malos tenían que arrepentirse, antes de que fuera demasiado tarde. Los que eran buenos, que estaban sufriendo como resultado, tenían que resistir. Porque no pasaría mucho tiempo antes de que Dios interveniera, enviando un salvador —posiblemente en las nubes del cielo para juzgar la tierra— trayendo con él el reino bueno para aquellos que permanecieron fieles a su ley. De hecho, el final estaba a la vuelta de la esquina. En palabras de un apocalipticista judío del siglo primero: “En verdad os digo, hay algunos que están aquí que no probarán la muerte hasta que vean al reino de Dios llegar con poder”. En realidad, éstas son las palabras de Jesús (Marcos 9:1). O como dice en otra parte: “En verdad os digo, esta generación no pasará hasta que todo esto haya tenido lugar” (Marcos 13:30).

Nuestras primeras tradiciones sobre Jesús lo retratan como un apocalíptico judío que respondió a las crisis políticas y sociales de su época, incluyendo el dominio de su nación por una potencia extranjera, proclamando que su generación vivía al final de la era, que Dios pronto intervendría en favor de su pueblo enviando un juez cósmico de la tierra, el Hijo del Hombre, que destruiría las fuerzas del mal y establecería el reino de Dios. En preparación para su venida, el pueblo de Israel necesitaba arrepentirse y volver a Dios, confiando en él como un padre bondadoso y amándose unos a otros como sus hijos especiales. Los que se negaran a aceptar este mensaje serían responsable ante el juicio de Dios, que llegaría pronto con la venida del Hijo del Hombre.

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N. T. Wright sobre la verdadera esperanza cristiana y el reino de los cielos/reino de Dios

En este posteo les ofrezco este video del teólogo inglés N. T. Wright, con su correspondiente transcripción. Hay mucho que aprender en los cortos minutos que dura, además de lo que se indica en el título de esta entrada, por ejemplo, sobre el significado del concepto “juzgar” en el A.T., que será novedoso (y sin embargo familiar, como alguien a quien esperaban conocer hace mucho tiempo) para muchos de ustedes. Pueden encontrar más videos de Wright (y de muchos otros autores y temas) en nuestro canal de Youtube. Disfruten.

Transcripción:

Pero cuando los cristianos hablan de la esperanza, hay mucha confusión. Si le preguntas al cristiano promedio cuál es la esperanza cristiana, probablemente dirán ir al cielo o tal vez que tiene que ver con la resurrección. Y luego se preguntan, ¿qué es la resurrección y dónde está el cielo? ¿De qué estamos hablando? ¿Podemos realmente creer esas cosas? E incluso si decimos creer en el cielo o en la resurrección, ¿qué tiene eso que ver con la esperanza real en el mundo real de Dios ahora?

Hay otras personas que dirán que cuando leemos la Biblia, vemos que hay una esperanza que es irnos por completo de este mundo a un maravilloso lugar llamado cielo. Tan sólo vamos a dejar este malvado mundo atrás, así que ¿a quién le importa la crisis económica, si no tienes trabajo, si hay tsunamis? Vamos a morir tarde o temprano, así que mejor que sea antes, si vamos a un lugar mejor que éste. Y a menudo afirman encontrar esto en la Biblia misma.

Ahora bien, la Biblia nos habla de muchas dimensiones de la vida humana, de la vida de este mundo, y nos advierte contra pensar que el mundo actual, lo que podemos tocar, ver y medir, sea todo lo que hay. Pero la Biblia no señala eso con el fin de decir que este mundo actual es tan sólo una pérdida de tiempo y espacio, y que vamos a otro lugar. La Biblia tiene una visión muy diferente.

Algunos de mis poemas favoritos son los poemas que llamamos los Salmos, en medio del Antiguo Testamento y la Biblia. Y algunos de mis salmos favoritos son los que hablan acerca de lo que Dios promete hacer un día. Y no dicen que Dios va tirar este mundo al tarro de la basura, dicen cosas como éstas:

se regocijará el campo y todo lo que en él está,
rugirá el mar y todo cuanto contiene,
todos los árboles del bosque cantarán con gozo delante del Señor,
porque Él viene a juzgar la tierra con justicia y verdad.

Salmos 96:11-13

Algunas personas se equivocan al escuchar la palabra “juzgar”, y piensan que eso significa que Dios va a estar muy enojado con el mundo y que lo va a quemar o freír o tirar a la basura. Pero para los hebreos que escribieron el Antiguo Testamento, la palabra “juzgar” era algo bueno. Imaginen a alguien que ha sido muy agraviado. En la Biblia leemos historias sobre personas mayores y viudas que les han quitado todos sus derechos, y los acosado, oprimido y robado, y que van al tribunal y dicen “Necesito justicia, que alguien me reivindique”. Y, finalmente, si el juez hace su trabajo, dirá que falla en favor de esta mujer, se confirman sus derechos, se le restaura su propiedad. Esa señora va a salir del tribunal y celebrar, porque se ha hecho juicio de acuerdo a verdad y justicia. Y así es como va a ser para todo el mundo.

Y la gran historia de la Biblia de principio a fin, es la historia de Dios haciendo un maravilloso mundo, un mundo que de alguna manera (es difícil decir cómo) realmente va muy mal, pero Dios promete solucionarlo todo un día. Y se puede ir directo desde salmos como ese a pasajes como el libro de Isaías, que está lleno de grandes declaraciones sobre los propósitos de Dios para toda la creación: el lobo yaciendo con la oveja, de toda la creación rectificada, las espinas y cardos en el jardín reemplazadas por preciosos arbustos en flor. Y luego se puede ir desde esos pasajes del Antiguo al final del Nuevo Testamento, en que la última escena del Nuevo Testamento, en el libro del Apocalipsis, no es acerca de personas dejando la Tierra y subiendo a un lugar llamado cielo, sino más bien de la ciudad celestial que baja a estar aquí en la tierra, para que el cielo y la tierra se unan entre sí. Esa es la gran esperanza que es puesta ante nosotros a través de toda la Biblia.

Y en realidad es algo que está, si supiéramos cómo leerlos, en los propios evangelios, Mateo, Marcos, Lucas y Juan. Porque cuando Jesús enseña en Mateo, Marcos, Lucas y Juan, no nos está enseñando cómo dejar este mundo e ir a otro lugar. Después de todo, nos enseñó a orar “venga tu reino en la tierra como en el cielo”, y él iba haciendo eso. La gente suele desconcertarse al leer el Nuevo Testamento por primera vez, cuando en el Evangelio de Mateo, Jesús habla del reino de los cielos, pero en Marcos, Lucas y un poco en Juan habla del reino de Dios. En realidad para muchos judíos aquellas eran dos maneras de decir lo mismo: como a menudo eran reverentes de no decir “Dios” con demasiada frecuencia, a veces decían “cielo” cuando se referían a “Dios”.

El problema es que muchos cristianos, sobre todo al leer el Evangelio de Mateo, encuentran a Jesús diciendo cosas como que si haces esto o aquello, serás llamado ya sea el menor o el mayor en el reino de los cielos. Y como muchos cristianos asumen que la idea de todo es ir al cielo, piensan que Jesús está hablando de un reino, un lugar llamado cielo, donde puedes o no ir al final de los tiempos o al final de tu vida. Pero el mismo Jesús deja claro en los mismos pasajes que no se trata de eso.

En Mateo capítulo 6, justo en medio del Sermón del Monte, y está por así decirlo en el medio de la mitad del Sermón del Monte, si nos fijamos en la forma que ese gran sermón funciona y está estructurado, Jesús nos enseñó a orar

venga tu reino

hágase tu voluntad

en la tierra como en el cielo.

En otras palabras, el reino de los cielos no es un lugar llamado cielo donde vas para escapar de la Tierra. Reino de los cielos significa el gobierno soberano del cielo que está llegando a la tierra.

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Carnaval de Estudios Bíblicos en español de Febrero

Como se anunció, Masora digital ha publicado la versíón en español del Carnaval de Estudios Bíblicos correspondiente a Febrero, que en esta versión trae varios artículos muy interesantes, por ejemplo, por qué en el Nuevo Testamento se come tanto pescado, lo que se dice en la Biblia sobre el diablo y los demonios y el origen de esas creencias, comentarios de pasajes de Proverbios, Marcos y Hechos, y también alguna modesta contribución de este espacio.

Felicitaciones a los promotores de la iniciativa y esperamos que se repita en los próximos meses y podamos contar con una comunidad mayor de difusores hipanoparlantes de Estudios Bíblicos en internet, porque falta hace.

Enlace a Masora digital

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