Tony Jones acerca de la doctrina de la expiación

Tony Jones es teólogo del Solomon’s Porch, en Minneapolis, EE.UU. Tiene un blog en Patheos.com. Este artículo fue publicado originalmente en Huffington Post (link aquí).

¿Qué es lo que soluciona la crucifixión de Jesús?

por Tony Jones

Los cristianos sabemos por qué murió Jesús: Él murió por nuestros pecados. Eso es lo que nos enseñan desde los primeros días de Escuela Dominical.

Y todos sabemos cómo murió: una forma particularmente horrible de ejecución pública conocida como crucifixión.

Sin embargo, muchos cristianos están menos seguros acerca de cómo funciona. ¿Cómo es que la muerte de Jesús logra el perdón de mi pecado? ¿Por medio de qué mecanismo cósmico ocurre esto?

En otras palabras, llega un momento en la vida de todo cristiano en que la respuesta de Escuela Dominical, “Jesús murió por mis pecados”, se queda corta. Queremos saber cómo funciona.

Se podría pensar que esta es una de las doctrinas cristianas más centrales que resolver. Y, de hecho, se ha vertido mucha tinta y escrito muchos píxeles con respecto a esta doctrina, llamada “expiación” por los teólogos. Pero también es digno de mención que nunca en los 2.000 años de historia de la iglesia la postura personal sobre la expiación ha sido una cuestión de ortodoxia contra herejía. Nunca fue objeto de un concilio ecuménico, ni fue nunca consagrada en un credo de la iglesia primitiva.

Esa realidad histórica nos da cierto margen para considerar las principales formas en que los cristianos han entendido la expiación lo largo de los años, y también para reflexionar sobre algunas opiniones minoritarias. En cada caso, la crucifixión es la solución. En lo que difieren es el problema. En otras palabras, ¿cuál es el problema que resuelve la crucifixión?

La primera opinión mayoritaria

Durante el primer milenio de la Iglesia, predominó una visión particular de la expiación. En esta postura – llamada también “liberar al cautivo” y Christus victor – el problema es Satanás. Cuando Adán y Eva comieron del fruto prohibido y fueron expulsados ​​del jardín, dice esta teoría, la humanidad fue entregada al diablo, y él nos tuvo como rehenes durante generaciones. Con el tiempo, Dios hizo un trato con el diablo, dando a su propio Hijo en nuestro lugar. Nosotros fuimos puestos en libertad y Jesús murió. Pero – ¡sorpresa! – Dios jugó una mala pasada a Satanás cuando Jesús resucitó en la mañana de Pascua. Dios obtuvo su pastel (el reencuentro con la humanidad) y también se  lo comió (la resurrección de su Hijo).

Si esta versión de la crucifixión suena familiar es porque fue consagrada por C. S. Lewis en “El león, la bruja y el armario”. Sustituya a Edmund por la humanidad, las delicias turcas por el fruto del jardín del Edén, la Bruja Blanca por Satanás, y Aslan por Dios/Jesús, y tenemos el elenco. Aslan se ofrece como rescate por Edmund y se sacrifica en la Mesa de Piedra (léase, la Cruz).

Pero esta explicación de la expiación está plagada de problemas, y no es el menos importante el que, en la versión de Narnia, Aslan está vinculado por una “profunda magia de la noche de los tiempos.” Un Dios que tiene que obedecer reglas arbitrarias como ésa es un Dios muy débil. Y parece muy poco probable que Dios tuviera que negociar nada con el diablo.

La segunda opinión mayoritaria

Por estas razones, una nueva versión de la expiación saltó a la fama hace unos 1.000 años. Esta teoría, llamada “expiación sustitutiva”, plantea que el problema no es Satanás, es el pecado.

En esta versión, cuando Adán y Eva comieron del fruto cometieron un crimen mortal. Su rebelión contra Dios fue castigada con la muerte, y perdieron su inmortalidad. Todo ser humano posterior ha sido culpable del mismo crimen, y cada uno de nosotros ha sido condenado a muerte.

Pero no es sólo la muerte física. El sentido de justicia de Dios es perfecto, postula esta teoría, así que Dios no puede permitir que un ser pecaminoso esté en su presencia eterna en el cielo. Por lo tanto, no sólo estamos condenados a morir, también estamos condenados a una eternidad en el infierno.

De hecho, la ofensa a Dios es tan grande que la deuda sólo se puede pagar por un ser perfecto, sin pecado, y hay sólo un ser en toda la creación que cumple esto. Así que el Hijo de Dios desciende a la Tierra y paga el precio de todos nosotros al morir en la cruz. Jesús actúa como un sustituto para la humanidad, interponiéndose entre nosotros y Dios, absorbiendo la ira y el castigo que por derecho debería ser nuestro.

La interpretación de la expiación sustitutiva también tiene problemas. Por un lado, ata a Dios a un sentido de la ley y la justicia; y si Dios está al servicio de un código legal de crimen y castigo, entonces ese código legal se convierte en Dios. Y por otro, el Hijo es degradado a socio menor de la Trinidad, simplemente cumpliendo las órdenes del Padre. Esto ha llevado a algunos teólogos a caracterizar esta teoría como “abuso infantil divino”.

Opiniones minoritarias

René Girard

Recientemente, se han propuesto interpretaciones alternativas de la expiación. El antropólogo francés René Girard considera que los sistemas de sacrificios de las religiones primitivas son como una válvula de escape en la sociedad humana. Queremos lo que otros tienen, esto conduce a rivalidades, lo que conduce a la violencia. En las religiones antiguas, los seres humanos ponían sus pecados en una víctima inocente y la sacrificaban, con la esperanza de que la sangre apaciguara a los dioses enojados.

La crucifixión de Jesús – la muerte de la mayor víctima inocente - demuestra de una vez por todas que el sistema de sacrificios está en bancarrota, probando que la violencia no expía a la violencia.

El teólogo alemán Jürgen Moltmann sugiere que la vida y muerte de Jesús es una acción de solidaridad entre Dios y la humanidad. Después de tratar de reunirse con nosotros a través de leyes y sacrificios, por medio de profetas y reyes, Dios da el paso definitivo de la reunificación, convirtiéndose en humano. El grito de Jesús en la cruz - “Dios mío, Dios mío, ¿por qué me has desamparado?” – muestra que en la crucifixión Dios experimentó el más humano de todos los sentimientos: la ausencia de Dios. De este modo, Dios llenó el vacío que el pecado había causado entre nosotros.

Alcanzando conclusiones

Uno de los beneficios de que la expiación no sea una cuestión de ortodoxia es que los cristianos son libres de tener más de una teoría acerca de cómo funciona. Por lo demás, no existe ningún requisito de que un seguidor de Cristo afirme cualquiera de estas nociones.

Al igual que con toda la teología, hablar de la expiación es una conjetura. La verdad de Dios es en última instancia un misterio del cual ningún ser humano está al tanto. Sin embargo, cuando nos acercamos al Viernes Santo, los cristianos consideran con razón la crucifixión y sus implicancias. Espero que podamos hacerlo con gracia y buen humor.

Por mi parte, está claro. No estoy interesado en un Dios que tenga que negociar con el diablo, o en un Dios que está atado a un sistema legal, no importa lo justo que nos parezca. La crucifixión fue el acontecimiento más decisivo en la historia del cosmos. En él, vemos que el verdadero carácter de Dios es el amor. Dios ama con una inmensidad que es difícil de comprender. Tanto, de hecho, que él abandonó gran parte de esa divinidad a fin de encontrar solidaridad con usted y conmigo.

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