El fundamentalismo bíblico explicado con conejitos

lógica religiosa

Aunque esta imagen es muy usada para mostrar la negación de la evidencia científica de algunos cristianos fundamentalistas en los temas que no les gustan, también sirve para mostrar la manera en que esos mismos cristianos razonan respecto a la Biblia que dicen defender. Y es que en lugar de tratar de discernir qué es lo que tienen en las “piezas de rompecabezas” de los libros bíblicos, se encierran en una imagen de la “Palabra de Dios” idólatra creada por ellos mismos y que no tiene sustento. Por ejemplo, frente a la clara evidencia histórica y literaria que muestra que el Génesis no entrega un relato científico de la creación del mundo* prefieren seguir lo que según ellos dice la Biblia; se guían por sus propios razonamientos en lugar de las pruebas que la Biblia muestra. Desde este punto de vista decir “Dios no mentiría diciendo que creó el mundo en seis días si no fue así” no es muy distinto del “Es un pato. La caja no mentiría” de la imagen, ¿no les parece?

* No hacemos referencia a la abrumadora evidencia científica en contra de esa idea a propósito. El punto es señalar que el estudio de la Biblia misma es suficiente para desmontar la falsa noción de un relato científico en Génesis 1.

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Adán, Eva y la serpiente de Génesis 3

La siguiente columna del biblista argentino Ariel Álvarez Valdés explora la historia de Adán, Eva y la serpiente de Génesis 3 en el contexto histórico y las controversias religiosas del antiguo Israel con la religión canaanita. Enlace original aquí.

La serpiente del paraíso

por Ariel Álvarez Valdés

Una víbora que habla

Hay un enigma que siempre ha intrigado a los lectores de la Biblia, y que tiene que ver con el relato del pecado original: es el de la serpiente que tentó a la mujer en el Paraíso. ¿Quién era realmente? El Génesis afirma que se trataba de un simple animal del campo, uno más de los que Dios había creado (3,1). Pero poco después vemos que la serpiente conversa con Eva. ¿Cómo pudo hablar, si era una víbora? ¿Y cómo podía tener una inteligencia superior a la del hombre (como dice en 3,5)? No puede ser, evidentemente, un animal real. ¿Quién era entonces?

Algunos sostienen que sí era un animal real pero que estaba poseído por el Diablo para engañar a Eva. Pero si la serpiente era sólo un instrumento del Diablo, ¿por qué entonces Dios la castiga a ella haciendo que se arrastre sobre su vientre y coma polvo por el resto de su vida (3,14), en vez de castigar al Diablo? Una segunda creencia, la más común entre los lectores de la Biblia, es que aquí la serpiente no era un animal real sino un símbolo del Diablo, una imagen, un disfraz literario del autor para referirse a este ser maligno, que fue quien en realidad tentó a nuestros primeros padres en el Paraíso. Pero esta solución choca con una gran dificultad, y es que en ninguna otra parte del Génesis se lo nombra al Diablo. Más aún, el Diablo (o Satanás, que es lo mismo) es un personaje desconocido para los autores de los libros bíblicos más antiguos; por eso jamás aparece en el Pentateuco; ni en los libros históricos; ni siquiera en los libros proféticos. ¿Cómo podía conocerlo el autor de este capítulo del Génesis? Los actuales estudios bíblicos afirman, por lo tanto, que aquí no se trata del Diablo.

Un tercer grupo de pensadores sostiene que la serpiente no es ningún personaje concreto, sino un símbolo de los malos deseos y de los placeres sensibles. Así, el pecado original habría consistido en una transgresión de tipo sexual, y la serpiente no sería más que un símbolo sexual. Por eso se insiste tanto en que Adán y Eva “estaban desnudos”. Pero esta hipótesis es inadmisible, pues el mismo Génesis dice que Dios santificó y bendijo el matrimonio cuando le ordenó a la primera pareja: “Sean fecundos y tengan muchos hijos, llenen el mundo y gobiérnenlo” (1,28). No hay, pues, connotaciones sexuales en el pecado original. ¿Quién es entonces esta serpiente? ¿Y todo por una manzana?

El enigma de la serpiente nos lleva a un segundo problema: ¿qué pecado cometieron Adán y Eva en el Paraíso? Popularmente se responde que comieron una manzana prohibida. Pero conviene notar, ante todo, que en ninguna parte del relato se menciona manzana alguna. ¿De dónde salió la idea de esta fruta? Esto viene de cuando la Biblia estaba escrita en latín. En efecto, en esta lengua manzana se dice “malus”, y mal se dice “malum”. Y como Adán y Eva comieron el fruto del mal (malum), se pensó que habían comido una manzana (malus). Hoy, que las Biblias ya no están en latín sino en castellano, vemos que no comieron una manzana sino “un fruto” malo.

Volvamos, pues, al planteo. ¿Por comer un simple fruto Dios los mortificó con semejantes castigos? Si fuera así, lo que sucedió en el paraíso no fue sino ¡un fatal error gastronómico! Pero como sabemos que la serpiente es un símbolo (ya que no puede tratarse de un animal real), también el fruto prohibido tiene que ser simbólico. ¿Pero símbolo de qué? Si aclaramos quién es la serpiente, descubriremos también cuál fue el pecado del paraíso.

¿Quién era la serpiente?

Lo primero que debemos tener en claro es que la serpiente simboliza a algún personaje o realidad entendible para los lectores de aquella época, porque si no, éstos se habrían quedado sin comprender el mensaje.

Ahora bien, por los modernos estudios bíblicos y arqueológicos sabemos que la serpiente, en aquella época, era el símbolo de la religión cananea, que los israelitas encontraron al entrar en la Tierra Prometida. ¿Por qué los cananeos emplearon como símbolo de la divinidad a la serpiente, cuando para nosotros es un animal dañino y peligroso? Porque los pueblos antiguos veían en ella tres cualidades. Primero, la serpiente tenía fama de otorgar la inmortalidad, ya que el hecho de cambiar constantemente de piel parecía garantizarle el perpetuo rejuvenecimiento. Segundo, garantizaba la fecundidad, ya que vive arrastrándose sobre la tierra, que para los orientales representaba a la diosa madre, fecunda y dadora de vida. Y tercero, transmitía sabiduría, pues la falta de párpados en sus ojos y su vista penetrante hacían de ella el prototipo de la sabiduría y las ciencias ocultas. Por eso el Génesis la presenta como “el más astuto de todos los animales del campo” (3,1). Estas tres características hicieron de la serpiente el símbolo de la sabiduría, la vida eterna y la inmortalidad, no sólo entre los cananeos sino en muchos otros pueblos, como los egipcios, los sumerios y los babilonios, que empleaban la imagen de la serpiente para simbolizar a la divinidad que adoraban, cualquiera sea ella.

Una religión más seductora

¿Y qué les sucedió a los israelitas con la religión cananea? Para entenderlo es necesario tener en cuenta las circunstancias históricas por las que atravesaron.

Los hebreos fueron durante siglos un pueblo nómade. Desde épocas remotas, el Dios que los acompañaba era el Dios de las estepas, de las montañas, de lo desolado y agreste. Era un Dios trashumante, que viajaba y se movilizaba junto con el grupo o el clan a todas partes, a fin de protegerlos de los peligros que entrañaba este tipo de vida. El Dios de los hebreos era, pues, especialista en los problemas del desierto: los cuidaba en caso de ataque de tribus enemigas (Ex 17,8), los ayudaba a encontrar agua entre las rocas (Ex 17,1), los guiaba para hallar alimento en medio del páramo (Ex 16), enviaba plagas contra los pueblos opresores (Ex 7,1), se mostraba poderoso y terrible en los truenos y rayos (Ex 19,16-19), velaba por la justicia y el orden en el campamento (Ex 21,22) Y Dios amparaba con tanta delicadeza a su pueblo, que durante el día se transformaba en una inmensa nube (para taparles el sol), y durante la noche en una columna de fuego (para iluminarlos en la oscuridad) (Ex 13,21). El Dios de los hebreos era, en suma, una divinidad práctica y experta en cuestiones de trashumancia.

Durante siglos, los israelitas sintieron que su Dios era un excelente compañero de viaje y protector en los caminos. Pero cuando los israelitas empezaron a instalarse en la tierra prometida, en Canaán, y a volverse sedentarios, las cosas empezaron a cambiar. Allí entraron en contacto con la población local, es decir, los cananeos, mucho más evolucionados y desarrollados que ellos.

Ahora bien, los cananeos llevaban siglos instalados en la tierra, y por lo tanto eran completamente sedentarios, conocían muy bien la agricultura, y vivían de los frutos del campo, de las viñas y del producto de sus ganados. El dios de ellos se llamaba Baal y, por supuesto, era el Dios que les proporcionaba las lluvias, la cosecha y la fertilidad de los campos. La forma más común con que lo representaban era la de una serpiente, símbolo de la vida y de la inmortalidad. Baal tenía una compañera femenina, la diosa Asherá, diosa del amor y de la fecundidad. Y según las creencias cananeas, Baal y Asherá mantenían permanentes relaciones para asegurar la fecundidad de la tierra, de los rebaños y de los seres humanos. Por eso todas las fiestas religiosas cananeas estaban relacionadas con la cosecha.

¿Y cómo le rendían culto los cananeos a sus divinidades? Mediante la prostitución sagrada. En efecto, al ser un pueblo eminentemente agrícola, los cananeos pensaban que la fertilidad del campo y el éxito de la cosecha, su principal fuente de vida, dependían de la unión sexual de Baal con su esposa Asherá. Y que había que reproducir, aquí en la tierra, esas mismas relaciones, a fin de mantener la fecundidad. Para ello acondicionaban pequeñas habitaciones al lado del templo, y allí los cananeos actualizaban aquellas relaciones divinas, con prostitutas sagradas que estaban dedicadas a eso en los templos.

En un principio la religión cananea no significó ningún problema para los israelitas. Ellos tenían en claro que sólo Yahvé era su Dios, el que los había sacado de Egipto y los había acompañado a lo largo del desierto durante años, cuidándolos y protegiéndolos. Pero a medida que pasaban los años y se iban sedentarizando, los hebreos empezaron a dudar de que Yahvé les fuera útil. Este Dios, originario del desierto, ¿entendería de las lluvias, los trabajos del campo y la cría del ganado? Este Dios solitario, sin esposa ni experiencia en la fecundidad, ¿podría ayudarlos a ellos ahora, en su nueva tarea de agricultores? ¿No sería preferible dejarlo y acudir a alguien con mayor experiencia en materia de cosechas, como eran Baal y su esposa?

Además, la religión cananea era muy sencilla y fácil de cumplir. Consistía exclusivamente en ceremonias rituales. No incluía ninguna exigencia moral, ni compromiso personal, ni conversión alguna, ni obligaba a practicar la justicia, el amor o el respeto a los demás. Bastaba con la prostitución sagrada, un rito mágico y supersticioso, para agradar a Dios y obtener la bendición de las cosechas. Semejante religión era más agradable que las duras exigencias de la Ley de Dios. Es fácil, pues, imaginar el serio peligro que la religión cananea comenzó a significar para los hebreos, herederos de la austera religión de Moisés.

Fue así como, poco a poco, si bien Yahvé siguió siendo el gran Dios nacional, a la hora de asegurar la fertilidad del suelo y la regularidad de las lluvias empezaron a volverse hacia la serpiente, símbolo de Baal. Comenzaron a visitar sus templos, a participar de sus ritos, y a introducirse furtivamente en las chozas de las prostitutas sagradas durante las grandes fiestas. El culto a las divinidades de la fertilidad fue, durante siglos, una permanente tentación para los israelitas. A veces con más fuerza, otras con menos, lo cierto es que Baal y Asherá terminaron seduciendo a los israelitas, que honraban a Yahvé, pero rendían culto apasionado a estos otros dioses.

Por escuchar a la serpiente

Así estaban las cosas, cuando un escritor anónimo del siglo X decidió escribir un relato (nuestros actuales capítulos 2 y 3 del Génesis), para denunciar los peligros que estaba ocasionando la religión cananea entre sus hermanos israelitas. Según él, la sociedad toda (representada en Adán y Eva) debería estar viviendo en un Paraíso. Y sin embargo vivía en medio de injusticias, hambre, dolores, muerte. Y la causa de todos estos males no era otra que la serpiente, la religión cananea, que llevaba al pueblo a refugiarse en meros ritos exteriores y a olvidar las elevadas exigencias de la Ley de Dios. A buscar la protección de Dios y la felicidad no a través de una vida moral, justa, honesta, al servicio a sus hermanos, sino mediante meras prácticas fetichistas.

¿Y por qué dice el autor del Génesis que la serpiente lleva a “comer del árbol de la ciencia del bien y del mal”? En hebreo decir “el bien y el mal”, equivale a decir “todo”, “todas las cosas”. Y como una de las prácticas cananeas consistía en consultar a los adivinos y hechiceros para conocer las cosas futuras, algo inaudito para un buen israelita que sabía que el futuro del hombre está sólo en manos de Dios y no de un adivino, al pecado del Paraíso lo describe como el de pretender “conocer el bien y el mal”, es decir, todo el futuro del hombre.

La Serpiente y Satanás

El autor del Génesis quiso referirse a los males que en su sociedad estaba ocasionando la religión cananea. No habla de un hecho sucedido en los orígenes de la humanidad, ni pretendía culpar a una pareja determinada por los males que existían en el mundo. Si presenta este pecado como cometido en los orígenes, es para decirle a los lectores que ese pecado (el de seguir a la religión cananea) está en el origen, en la raíz, en la base de todos los otros males sociales. Y les advierte sobre las posibilidades futuras (las de construir un Paraíso), que se están perdiendo por su mal proceder. Con el transcurso de los siglos desapareció la religión cananea, y entonces la serpiente perdió su primitivo sentido y pasó a ser para la mentalidad judía un símbolo del mal, del adversario divino, del pecado. Cuando en el exilio de Babilonia, siglos más tarde, los israelitas conocieron la figura de Satanás o Diablo, lo identificaron con su antiguo símbolo del mal, la serpiente del Paraíso. Y por eso, novecientos años después del Génesis, el libro de la Sabiduría dice sin problemas: “Por envidia del Diablo entró la muerte en el mundo” (2, 24). Ésta es la primera vez que la serpiente del Paraíso, que en el Génesis representaba a la religión cananea, aparece identificada con el Diablo. Y desde entonces esta idea se popularizó entre nosotros.

También el Apocalipsis, cuando habla del dragón (es decir, el poder político enemigo de Dios), dice que es el Diablo y la serpiente (12,9; 20,2). Todo enemigo de Dios será, desde ahora, el Diablo y la serpiente.

Nuestra serpiente

El autor del Génesis supo encontrar una respuesta a los grandes males de su tiempo. Descubrió que la pobreza, las injusticias sociales, los problemas laborales, los dramas familiares, la vida misma del pueblo, podrían ser distintas si no anduviesen detrás de aquella serpiente. Denunció, así, la inexcusable responsabilidad de la gente frente a las miserias que se vivían. No era voluntad de Dios la tragedia que envolvía a la sociedad, sino que se debía a que los israelitas se habían volcado hacia la religión de los cananeos. Y peor aún, ellos no parecían percatarse ni ver la gravedad. La serpiente era una voz seductora que, sin que el pueblo se diera cuenta, lo llevaba a abandonar la Ley de Dios, perdiéndose en el marasmo de la magia y en una religiosidad meramente exterior y fetichista.

Hoy el Génesis nos invita a descubrir lo mismo. A hacer una lista de los males que nos rodean, y tomar conciencia de que también a nosotros, subrepticiamente, se nos está colando una serpiente, que con voz seductora habla a nuestro pueblo, a nuestra gente, a nuestros gobernantes, a nuestros dirigentes, para alejarnos de la Ley de Dios. Que nos lleva a construir una sociedad mezquina, de miseria, de opresión, de injusticias, de niños abandonados, de mujeres sometidas, de hombres sin trabajo, de corrupción social, insolidaria, mientras nos sentimos religiosos porque practicamos devociones y ritos exteriores.

Descubrirla a tiempo es el gran desafío. Para desenmascararla, para no escucharla más. Para que por fin amanezca el Paraíso.

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Ariel Álvarez Valdés sobre la Biblia, la Ciencia y Génesis 1-2

Complementando los posteos anteriores sobre leer Genesis 1 en su contexto, les recomiendo enormemente escuchar esta charla. El orador es el biblista argentino Ariel Álvarez Valdés, que resume de buena forma el conflicto histórico entre ciencia y teología y cómo puede resolverse aplicando el estudio de la Biblia en su contexto antiguo. Por ejemplo, desde el minuto 37:15 explica las etapas que ha atravesado la relación entre ambas, y cómo ninguna de ellas resultó satisfactoria. Así, se intentó sucesivamente:

1. El principio de la verdad doble: la científica y la religiosa (“no lo acepto porque la Biblia dice…”).

2. Intentar desacreditar a la ciencia.

3. Descartar a la religión.

4. Hacer “concordar” (con un poco de “imaginación exegética”) lo que dicen la Biblia y la ciencia; por ejemplo: “los seis días de Génesis 1 no son días de 24 horas sino edades geológicas de millones de años”. Pero esto no sirve porque esas interpretaciones pueden llevar a hacer decir a la Biblia cosas completamente alejadas de las intenciones de sus autores antiguos, con lo que el mensaje que se quiere “defender” es distorsionado hasta resultar muchas veces irreconocible. Por eso, propone Valdés, la solución es

5. El estudio de los géneros literarios, que nos informan de qué querían decir los autores del texto y cómo no pretendían escribir ciencia (que ni siquiera existía aún) sino un mensaje religioso. El reconocer esto nos permite discernir qué es literal y qué no, o qué es histórico y qué no, de forma de comprender realmente el significado de esos textos sin generalizar de acuerdo a nuestras propias percepciones modernas. Finalmente, en el resto de la charla, Valdés hace esto con Génesis 1 y 2 y el resultado es interesantísimo.

Además, si lo prefieren, aquí pueden descargar el audio en mp3. Hasta la próxima.

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Cómo leer Génesis 1 (Afirmaciones sobre los Estudios Bíblicos que los pastores deben dejar de decir a sus congregaciones, parte 2)

En realidad esta entrada muestra que siempre hay que decir “algunos pastores”, porque justamente el autor de la columna de abajo es pastor de una iglesia en Estados Unidos. En ese país, y también en Hispanoamérica, es muy común la lectura literal de la historia de la Creación en Génesis 1, lo que pone al lector ante la falsa disyuntiva de “creer” algo que va en contra de todo el conocimiento que tenemos hoy en día o irse al infierno. Pero es una falsa disyuntiva porque entre cosas, como veremos en éste y en futuros posteos, Génesis 1 no entrega (ni pretende entregar) información científica sobre los orígenes del universo: su mensaje es otro. Enlace original (en inglés) aquí.

Cómo leer Génesis 1: Un pastor compara al Génesis con otros

relatos antiguos de los orígenes del mundo

por Glenn Packiam

“¡Si Génesis 1 no es literal, el Evangelio tampoco es literal!”

“¡Si la Tierra no tiene 6.000 años, entonces no podemos confiar en nada que diga la Biblia!”

Glenn PackiamEstas afirmaciones son una especie de grito de guerra para algunos cristianos. Pero también han sido causa de consternación para seguidores de Jesús sinceros y devotos que no pueden aceptar la idea de una Tierra joven o un relato de seis días literales de los orígenes del mundo. Convencidos de que es un tema de “lo tomas o lo dejas”, algunos se alejan. Muchos otros probablemente nunca se han atrevido a hacer preguntas sobre Jesús, la cruz, la resurrección y la redención porque les han dicho que tienen que aceptar todo o nada [...]

Las cosmologías del Mundo Antiguo

La cosmología (el estudio del origen y desarrollo del universo) de Génesis no está sola. Está en medio de muchas historias antiguas de la creación, cada una de las cuales proporciona respuestas diferentes a preguntas similares. En aquel entonces, nadie preguntaba “¿creó Dios los cielos y la tierra?” La pregunta era: “¿Cuál dios, y por qué?” Al comparar el relato de Génesis con otras historias antiguas, podemos descubrir el significado de la cosmología del Génesis. Y, en el camino, también se verá por qué no creo que el Génesis nos obligue a la falsa elección entre Creación/Tierra joven y Evolución/Tierra vieja.

Los sumerios no tenían ningún texto específico de la historia de la creación, a pesar de que en algunos textos sumerios aparecen descripciones de la creación. Básicamente, había dos tradiciones. En una, el Cielo – el dios An – se une con la Tierra – la diosa Antum o Ki, que fertiliza la tierra y hace que la vida (humanos, animales y vegetación) brote y florezca. En la otra tradición, Enki, el dios de la fertilidad, produce un manantial que lleva a la vida a la tierra a través de arroyos y ríos, y la vida surge a su alrededor. Ernest C. Lucas escribe que en ambas tradiciones los seres humanos existen “para servir a los dioses, para evitar que tengan que trabajar.”

Relieve asirio que muestra a Marduk luchando con Tiamat.

Relieve asirio que muestra a Marduk luchando con Tiamat.

Tal vez la cosmología antigua más conocida además del relato del Génesis es el Enuma Elish. Este relato acadio fue copiado muchas veces y a menudo se recitaba en el festival de Año Nuevo. La historia es larga y sangrienta. Es esencialmente el relato de una lucha de poder entre los dioses, impulsada por los celos y la ira. Marduk, el descendiente de Apsu y Damkina, se vuelve más poderoso que sus predecesores divinos. Aunque al principio esto provoca los celos de los otros dioses, él hace un trato con ellos: luchará en su nombre si le dan el poder de “fijar destinos”. Ellos están de acuerdo. Marduk mata a Tiamat, dividiendo su cuerpo en dos, una mitad se convierte en el cielo y la otra mitad en la tierra. Marduk ordena a Ea que cree a los seres humanos de la sangre de Kingu, el líder de los dioses rebeldes. Una vez más la razón para crear a los seres humanos es para que hagan el trabajo de los dioses.

También hay una cosmología canaanita. Los canaanitas no tenían ninguna “cosmogonía indiscutida”, pero en el ciclo de textos de Baal, El, el jefe del panteón, es llamado “creador de la creación/criaturas “, y su esposa, Asera, es llamada “creadora/progenitora de los dioses”. Estos epítetos son posibles indicios de que los cananeos pensaban en el origen del cosmos en términos de procreación.

Las  cosmologías egipcias son un poco más variadas. Existen varios hilos, cada uno conectado con deidades locales como Ra, Atum y Ptah. Lucas, en el IVP Dictionary of the Old Testament: Pentateuch, las resume señalando que las cosmologías egipcias se ocupan principalmente del origen de los dioses, cada uno identificado con los elementos básicos del cosmos como la tierra, el cielo y el sol.

Entonces, ¿qué está diciendo Génesis?

El significado de Génesis 1 puede sacarse por medio de dos consideraciones. La primera es su contexto: imaginar lo que estaba ocurriendo en la historia de Israel cuando estos capítulos estaban siendo formados y entrelazados. La segunda es considerar las posturas antagónicas: contrastar la historia de la creación de Génesis con las otras historias de la creación del Antiguo Cercano Oriente.

El primer y quizás más obvio significado de Génesis 1 para los hijos de Israel se puede resumir en la “Shemá”, que aparece en el Deuteronomio: “Escucha, oh Israel, el Señor es uno”. Génesis 1-11 revela una visión totalmente diferente de la esfera de lo divino o lo espiritual. En contraste con los muchos dioses que llenan las escenas de otras historias de la creación en el Antiguo Cercano Oriente, en Génesis YHWH aparece como el único soberano sobre la creación. No hay división de la jurisdicción divina, ningún dios del mar, de la tierra o de la guerra. Sólo hay un Dios. “Escucha, oh Israel, el Señor es uno”.

Como personaje principal en las primeras escenas, Dios no sólo existe, también actúa. A lo largo del pasaje inicial, Dios es el único personaje activo. No hay rivales, nadie más hace aportes o agrega ideas. Es simplemente Dios. Él es el personaje principal. Dios habla, Dios forma, Dios hace, Dios llama, Dios bendice, Dios comisiona. La primacía de Dios debe haber parecido sorprendente para un niño israelita que escuchara estas historias por primera vez .

En segundo lugar, este único Dios soberano crea el mundo a propósito. La creación no es el resultado de una sangrienta batalla entre los dioses, o el resultado de las excreciones divinas mutantes, ni tampoco sólo la manera de los dioses de conseguir un poco de ayuda en el universo. El Dios del Génesis se dispone a hacer el mundo cuidadosa, deliberada, metódica, y sí, incluso poéticamente. El primer capítulo, después de todo, tiene una cadencia parecida a una canción.

En tercer lugar, como el único Creador Soberano e intencional, YHWH no solamente crea sino que también bendice lo que Él hace. De esta manera, todo lo que es bueno y bello en el mundo – en hebreo, tov – es el resultado de la bendición de YHWH. Uno puede imaginar a la gente de Judá en Babilonia forzando sus ojos para ver un poco de la mano de YHWH, entrenando sus oídos para escuchar un poco de la voz de YHWH, cuando, de repente, recuerdan: el mismo mundo fue hecho por YHWH. Este árbol, este arroyo, esta flor, esta fruta – todo lo que florece a su alrededor – prospera porque YHWH lo ha bendecido. La bendición de YHWH al mundo material debió haber sido una fuente de consuelo y una chispa de adoración en la complicada tierra del exilio.

Génesis 1:31

Génesis 1 es un himno de alabanza al único Dios verdadero que hizo el mundo a propósito y con placer, y que con amor lo bendijo y lo llamó bueno. Si eres cristiano, esa es la historia que deberías estar contándole al mundo.

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Génesis 1 como lo veían los antiguos israelitas

En este video la invitación es a dejar de lado las interpretaciones modernas sobre Génesis 1, y en cambio verlo como lo hacían las personas de la Antigüedad. Tanto si su interés en ese texto es puramente histórico o si tiene una motivación religiosa, hay muy buenas razones para hacerlo y tomar en cuenta lo que John H. Walton* tiene para decir. El Génesis (la Biblia) es un libro antiguo, escrito por personas con mentalidad diferente a la nuestra, así que para entender lo que dice debemos “traducir” no sólo el idioma sino también la cultura en que fue escrito. Y este video nos hace ver eso muy claramente.

Recuerden activar los subtítulos en el reproductor de Youtube, y disfruten.

* John H. Walton es profesor de Antiguo Testamento en el Wheaton College y anteriormente lo fue en el Moody Bible Institute, las dos instituciones evangélicas de EE.UU y no muy liberales que digamos, lo que dice mucho de lo transversal de los puntos de vista que expresa.

Actualización:

Este video es la parte 1 de 4. Las tres primeras partes se encuentran subtituladas, próximamente lo estará la parte 4 y final. Los videos originales, en inglés, aquí.

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Pastor evangélico murió por algo que Jesús no dijo (Marcos 16:18)

La semana pasada se informaba de un pastor de Kentucky, EE.UU., que falleció tras ser mordido por una serpiente venenosa y no querer ser medicado. Esta persona era uno de los llamados snake handlers [manipuladores de serpientes], un pequeño gupo de evangélicos estadounidenses que en sus reuniones religiosas toman a los peligrosos reptiles con las manos, intentando mostrar que realmente creen en Jesús. Así, según informa CNN en Español, “el férreo creyente pentecostal dijo que creía que un pasaje en la Biblia sugería que las mordeduras de serpiente venenosas no causarían daño a los creyentes siempre que fueran ungidos por Dios”. El pasaje en cuestión es Marcos 16:17-18, que en la versión Reina-Valera 1960 dice:

Y estas señales seguirán a los que creen: En mi nombre echarán fuera demonios; hablarán nuevas lenguas; tomarán en las manos serpientes, y si bebieren cosa mortífera, no les hará daño; sobre los enfermos pondrán sus manos, y sanarán.”

Final del Evangelio de Marcos en el Codex Sinaiticus (s. IV). El texto termina (arriba a la derecha) en el versículo 8. Fotografía: codexsinaiticus.org

Uno de los problemas que surgen con este caso, además de la “temeridad” de aquel hombre (por decirlo de manera amable), no es que el pasaje deba ser leído metafórica o simbólicamente en vez de manera literal, que es el primer comentario que hicieron algunas personas, sino que hace mucho tiempo se sabe que ese pasaje no estaba en el Evangelio de Marcos original. Dicho evangelio terminaba en 16:8: “Y ellas se fueron huyendo del sepulcro, porque les había tomado temblor y espanto; ni decían nada a nadie, porque tenían miedo”.

Sabemos esto porque los versículos del 9 al 20 no aparecen en los manuscritos más antiguos y confiables que tenemos y porque ese texto era desconocido hasta una fecha más bien tardía. Pero además, los versículos 9-20 es sólo uno de varios “finales” de Marcos que aparecen en los manuscritos antiguos, y que probablemente fueron añadidos debido a lo extraño que resulta que el texto termine en el versículo 8 (por ejemplo, “¿cómo que las mujeres no les dijeron a nadie?”).(1) Quienes tengan una Biblia Nueva Versión Internacional (NVI) o Nueva Traducción Viviente (NTV), por ejemplo, notarán que en la nota al pie de página dice algo así como “los manuscritos más antiguos y confiables del Evangelio de Marcos terminan aquí/no incluyen Mc 16:9-20″. Pero también se informa que otros manuscritos incluyen otros finales. Así, el de 16:9-20 es el llamado “final largo” de Marcos; pero en otros manuscritos, después de 16:8 aparece el siguiente “final corto”: Luego ellas informaron todo eso a Pedro y a sus compañeros brevemente. Tiempo después, Jesús mismo los envió del oriente al occidente con el sagrado e inagotable mensaje de salvación que da vida eterna. Amén (NTV). Y curiosamente, como mencionamos antes, el verdadero final del evangelio no era ninguno de esos dos textos. Lo malo es que muy poca gente lee siquiera esas notas, y muchas menos saben qué quiere decir todo aquello y qué desafíos les plantea como creyentes.

Al final, la pregunta es qué hay que hacer con pasajes como estos: si ninguno de esos dos finales estaba en el Evangelio de Marcos tal como fue escrito por su autor, ¿se los debe considerar Escritura? ¿Sólo el final largo, o los dos? ¿El largo sí y el corto no (o viceversa)? ¿En base a qué criterios? Por favor, noten que no estoy sugiriendo que se los deje de considerar Escritura o “inspirados” porque, por ejemplo, podría ser que la inspiración estuvo también sobre la tradición de la iglesia primitiva que creó el final de Marcos que tenemos en las biblias actuales. La pregunta es en base a qué se los considera Escritura o no. Si Ud. cree que Mc 16:9-20 sí es inspirado, deberá tener también una justificación para su decisión en esto, y en definitiva para su propia fe.

Todo esto es un tema muy complicado y desconocido para la gran mayoría de los cristianos (a quienes más importa todo esto), por lo que es necesario educarse y reflexionar sobre porqué creemos lo que creemos, sin temer perder la fe o la comodidad teológica. Como dice el título de este posteo, es muy probable que Jesús nunca haya dicho “…tomarán en las manos serpientes, y si bebieren cosa mortífera, no les hará daño…”, pero eso no quiere decir que no podamos saber nada acerca de Jesús. Eso sí, los manuscritos antiguos del evangelio de Marcos nos dan una razón menos para tomar serpientes venenosas con las manos.

Notas:

(1) Para una breve discusión de este pasaje, leer las páginas 88-92 del libro “Jesús no dijo eso” (disponible aquí) del especialista en crítica textual del Nuevo Testamento Bart D. Erhman.

Para un comentario más especializado: Metzger, Bruce M., A Textual Commentary on the Greek New Testament: a Companion Volume to the United Bible Societies’ Greek New Testament (Third Edition), United Bible Societies, 1971, pp. 102-106 (que se puede leer aquí), y también el comentario online de Wielland Wilker (disponible aquí).

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La Biblia dice cosas que no están bien, y negarlo no es la solución

     La imagen va a raíz de la entrevista al historiador y teólogo Marcus J. Borg que publicamos anteriormente, y las muchas interesantes reflexiones que se pueden sacar de ella. Mucha gente se ofende al escuchar que la Biblia está equivocada en algunas de las cosas que dice porque creen que tiene un valor especial  (ya sea como Palabra de Dios o alguna otra forma más difusa de reverencia), pero si realmente están comprometidos con esa opinión entonces es más honesto devocional e intelectualmente asumir que hay cosas en ella que no están bien que simplemente ignorar las partes que no nos gustan. Si piensa que al hacerlo puede perder su fe, hay algunos puntos que pueden servir para iniciar una reflexión:

  • Para el cristianismo tradicional (sí, también los protestantes) la Biblia es una guía para la salvación, por lo tanto no hay que buscar ni esperar encontrar en ella verdades de otro tipo, por ejemplo, científicas. Que la Biblia esté equivocada al considerar aves a los murciélagos (Lev 11:19) parece irrelevante y poca cosa comparado con lo que de verdad importa, ¿no? Quizá también lo sea que el Universo no haya sido creado en seis días hace seis mil años, sino que tenga 13.700 millones de años. Entonces, ¿por qué no aceptar que en eso la Biblia está equivocada? 
  • Hay una serie de principios para la lectura de la Biblia que han demostrado ser más fructíferos y útiles que las lecturas “literales” o “al pie de la letra”. Por ejemplo, considerar siempre la intención del autor al escribir el texto y no asumir que la interpretación correcta es la que nos parece a nosotros. Hay dos dichos que resumen bien este principio: (1) “el texto, sin el contexto, no es más que un pretexto para hacerle decir lo que queremos que diga”; (2) “la Biblia fue escrita para nosotros, pero no directamente a nosotros”. Esto último significa que siempre debemos considerar la cultura y forma de pensar del escritor para entender el significado que él quería entregar, o si no además de distorsionarlo no vamos a entender nada.

  • Pero incluso cuando aplicamos principios de interpretación hay cosas con las que no podemos estar de acuerdo, como los ejemplos de la foto arriba (o Salmos 137:8-9). Lo único decente en esos casos, me parece, es rechazarlos de plano, y entender que si aparecen en el texto bíblico se debe a que sus escritores eran humanos, y como tales se equivocaban. La esclavitud en el Mundo Antiguo era algo que simplemente se daba por hecho; la violencia hacia la mujer es frecuente en las culturas patriarcales (hasta el día de hoy). Una forma básica de tratar esos textos problemáticos es aplicar la regla de oro, ponernos en el lugar del otro, y darnos cuenta de que también podemos aprender de los errores de la Biblia (al respecto ver: ¿Qué hacer con el problema de la violencia en los textos de la Biblia?).
  • Por último, insisto con el tema que ha aparecido en los últimos posteos: una doctrina de la inspiración divina no es necesariamente incompatible con la presencia en el texto bíblico de errores o cosas que están equivocadas (de hecho, parece casi imposible que no los tenga, y eso está bien). Para algunos cristianos que se asoman al tema esto es motivo de mucha preocupación y hasta rechazo, pero buscar la verdad implica seguirla aunque nos lleve a formas de pensar que no nos agradan (¿todavía?). Si ese es el motivo por el cual le cuesta aceptar aunque sea la posibilidad de que la Biblia esté equivocada, depende de usted ser fiel a sus convicciones. Se puede vivir feliz y contento sin preguntarse jamás nada sobre estos problemas, pero si uno se toma su fe en serio una vez que nos planteamos la pregunta no podemos seguir como si no pasara nada.

Respecto a este tema ver también la columna ¿Errores y contradicciones en la Biblia? del biblista argentino Ariel Álvarez Valdés, y el libro de Gordon Fee y Douglas Stuart La lectura eficaz de la Bibliaque pueden descargar en el enlace. Hasta la próxima.

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El (nada extraño) caso de los camellos bíblicos

Esta semana salió en diversos medios la siguiente información:

“Los relatos bíblicos de Abraham, José y Jacob, hablan de camellos domesticados que se utilizaban como animales de carga. Pero, ahora, arqueólogos [Erez Ben-Yosef y Lidar Sapir-Hen, de la Universidad de Tel Aviv] demostraron que estos animales no fueron domesticados en la Tierra de Israel hasta siglos después de la época de los patriarcas (2.000-1.500 a. C.)”. (Fuente

A pesar de los rimbombantes encabezados periodísticos de rigor (“Camellos domesticados contradicen relatos bíblicos”, “Arqueólogos descubren una gran discrepancia en la historia bíblica”, etc.) nada de esto era desconocido antes; por ejemplo, el “reciente” artículo de Paula Wapnish de… 1981.(1) Todo este asunto de los camellos, por supuesto, es un anacronismo en la forma en que se relatan las historias de la Biblia y “es una prueba directa de que el texto [bíblico] fue compilado mucho después de los eventos que describe”, aunque más correcto es decir que es una más de las muchas evidencias que ya existen y que en realidad el mérito de los arqueólogos es haber precisado las fechas más de lo que se había hecho antes. En cambio, de lo que sí me convencen noticias como esta es la necesidad de que la gente interesada en la Biblia-como-Escritura se eduque en estos aspectos relacionados con la Historia y la Arqueología, si no a cada rato se topan con informaciones que sin tener nada de extraordinario se convierten en un problema sin solución o que es mejor negar.

Como la persona que puso por escrito las historias de los patriarcas de Israel (por decir una fecha, en el siglo VIII a.C.) probablemente no tenía motivos para suponer que Abraham, Jacob y el resto no tuvieran camellos (en su propia época sí se usaban como animales de carga, así que desde su posición era razonable que ellos también), y como su intención no era hacer un relato históricamente exacto sino entregar en forma de narración el significado religioso de la historia de su pueblo, hay que tratar de no hacerse mala sangre y aprender algo más acerca de la Biblia y el mundo del que surgió. Ahora, si le sigue molestando la idea de que la Biblia tenga esta clase de errores… perdón,  anacronismos, entonces le puede servir leer este texto de aquí y este otro acá.

Notas:

(1) Wapnish, Paula, “Camel Caravans and Camel Pastoralists at Tell Jemmeh”, Journal of the Ancient Near Eastern Society 13 (1981), pp. 101-121 (enlace aquí).

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La Biblia es como Jesús (en Filipenses 2)

“Comprender cuán influida por la cultura está la Biblia es en realidad una expresión de los extremos a los que llega Dios al ir a hablar a las personas adonde ellas estén. Algunos se refieren a esto como una comprensión encarnacional sobre qué es la Biblia. De la misma manera que Jesús es totalmente un ser humano, pero sin embargo es el Hijo de Dios, la Biblia, también, refleja la época en que Dios se reveló a esas personas.

Esto puede ponerse difícil de aceptar, ya que en el Mundo Antiguo pensaban de manera diferente a nosotros. Creían que la tierra era plana. Creían que había una cúpula sólida sobre nosotros que evitaba que las aguas cayeran. Eso es lo que pensaban acerca de la naturaleza de la realidad. Creo que a veces cometemos el error de asumir que Dios, que es un Dios que dice la verdad, nunca diría eso. Él es un Dios que dice la verdad, pero también es un Dios de amor que habla con las personas en categorías que ellas son capaces de entender. No hay que exagerar, pero creo que vemos la gloria de Dios a través de lo mucho que Él está dispuesto, por decir algo, a humillarse a sí mismo, a hablar en el lenguaje de la época, el lenguaje de la gente común, al igual que Jesús.”

Peter Enns

El anterior me parece un muy buen argumento para aquellos que temen que el estudio crítico (o científico, o académico) de la Biblia signifique la pérdida de la autoridad que le dan como Escritura. Una vez que se toma en serio la idea cristiana de que Jesús es divino y humano voluntariamente (Filipenses 2:5-8) entonces también es más fácil ver a la Biblia como inspirada por Dios y al mismo tiempo limitada por la cultura, conocimientos e ignorancia de sus escritores humanos. Y así como cualquier idea sobre Jesús que resalte más su lado divino por sobre el humano (o el humano por sobre el divino) es contrario a la enseñanza cristiana tradicional, por analogía también lo es creer que porque la Biblia es la “Palabra de Dios” no puede tener errores, o que no se la puede estudiar como la colección de obras literarias que es. Al contrario, estudiarla de esa manera puede ser para el creyente una forma más de acercarse al entendimiento de Dios y la forma en que actúa en la historia humana.

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Afirmaciones sobre los estudios bíblicos que los pastores deben dejar de decir a sus congregaciones (parte 1)

La inspiración para este texto es doble: primero, un post de tema similar que Peter Enns hizo hace algún tiempo; y segundo, el malestar y la frustración de oír a mi pastor ayer usando a Lee Strobel (¡por Dios!) para defender la historicidad de la crucifixión y la resurrección de Jesús. Ya venía con ganas de escribir acerca de este tema, pero con la cantidad de cosas que tuve que escuchar ayer… Todos sabemos de casos en que hay una brecha muy grande entre las iglesias y la sociedad en general: al valorar negativamente los valores dominantes muchas (sobre todo protestantes) se encierran en sí mismas y canonizan estructuras de dominación que buscan reglamentar, por ejemplo, la cultura, el cuerpo y las relaciones sociales (la música que se escucha, la forma de vestirse y peinarse, las relaciones entre hombres y mujeres, los espacios y roles de género “adecuados”, etc). Pero tan grave como eso (y puede que más) es la brecha que se genera entre las iglesias y el estudio científico de la Biblia, porque como la gente común y corriente no tiene acceso a el en lugar de aprovechar sus resultados y avances (que son muchos y muy valiosos) simplemente son ignorados y en su lugar se usan conceptos e interpretaciones hace ya mucho matizados, complementados o superados. Seguirlos repitiendo puede ser muy efectivo para que un pastor entusiasme y “afirme la fe” de los oyentes pero eso no los hace verdad, y los problemas vienen cuando las personas aprenden que muchas de las cosas que les han enseñado toda la vida en realidad no son tan así:

1. “Moisés escribió el Pentateuco y la Hipótesis Documentaria ya ha sido refutada”.

Falso. Los libros del Pentateuco no fueron escritos por Moisés sino que fueron formados a lo largo de varios siglos a partir de textos individuales (fuentes) que desde el siglo VIII al VI a.C. aprox. fueron sucesivamente combinados y editados hasta llegar a la forma que conocemos hoy.

La Hipótesis Documentaria no significa que todas las historias fueron inventadas tardíamente, como temen algunos. Al contrario, lo que muestra son textos hebreos, algunos de ellos muy antiguos, que fueron adaptados para ser relevantes para las personas de fe de su propia época (y cuyo resultado final es importante incluso para las personas de hoy). Así que aceptarla no implica necesariamente abandonar la fe ni cuestionar la autoridad o el carácter sagrado  del texto. Simplemente es una explicación a la pregunta de cómo llegó a existir el texto que tenemos. En su conjunto, la Hipótesis Documentaria sigue siendo la mejor explicación y es enseñada en todo el mundo en las instituciones de educación superior que se dedican a los Estudios Bíblicos (excepto en las más fundamentalistas). Pese a lo mucho que se afirma que ya ha sido superada, hay pruebas muy fuertes como la evidencia linguística o la de convergencia que nunca son siquiera mencionadas, mucho menos rebatidas. Esto no quiere decir que no haya debates entre especialistas sobre aspectos específicos y que no se sigan proponiendo explicaciones alternativas o complementarias, y que lo que sí ha sido superado es la interpretación de los estudiosos del siglo XIX de cuáles eran las fuentes y de dónde provenían. Pero la Hipótesis Documentaria se mantiene, y cualquiera que quiera decir algo sobre quién fue el autor de Génesis, Éxodo, Levítico, Números y Deuteronomio primero tiene que buscar una explicación que sea mejor que la que dice que son una combinación de distintas fuentes a lo largo de varios siglos.

2. “La Arqueología ha confirmado la veracidad de los relatos de los Patriarcas, el Éxodo y la conquista de Canaán”.

En realidad no. Se han encontrado muchas pruebas de la presencia de los judíos en la tierra de Israel, incluyendo hallazgos muy importantes como la inscripción de Tel Dan en la que se lee “el rey de la casa de David”. Pero respecto a la etapa de formación del pueblo de Israel, incluyendo el Éxodo, los 40 años en el desierto y la conquista de Canaán la arqueología no da evidencia positiva, y no es por falta de búsqueda. Peter Enns resume de la siguiente manera la situación en el posteo que citamos arriba:

“El enorme consenso es que en el mejor de los casos hay escasa evidencia indirecta para estos episodios bíblicos, y para la conquista existe considerable evidencia en su contra. Eso no significa que no haya trabajo por hacer, y que no haya que mantener la mente abierta. ¿Quién sabe qué nos traerá el futuro? Pero mi punto es el siguiente: en la actualidad decir que la arqueología apoya la exactitud histórica de la Biblia puede ser cierto para algunas cosas, pero no para la historia fundacional de los orígenes de Israel: la esclavitud, el Éxodo y la conquista. Este ha sido y sigue siendo un gran problema, y afirmar lo contrario sólo empeora la cuestión.”

En las siguientes entregas de “Afirmaciones sobre los estudios bíblicos que los pastores deben dejar de decir a sus congregaciones” (quizá me puedan ayudar con una abreviación) veremos si tenemos los originales de los libros del Nuevo Testamento, si los evangelios fueron escritos por testigos oculares (o si tienen información de testigos oculares, que no es lo mismo), si la resurrección de Jesús o la tumba vacía pueden ser comprobados históricamente, y si el estudio histórico-crítico de la Biblia lleva a perder la fe.

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